A Valencia le sobran ideas para quedar entre los 23 que irán al Mundial

Edwin Valencia le da mucho equilibrio a sus equipos.

Edwin Valencia le da mucho equilibrio a sus equipos.

En una casa hogar del América de Cali Edwin Valencia empezó a construir sus sueños en el fútbol. Llegó allí gracias al ojo clínico de Robert Carabalí, un formador que apenas lo vio llegar cargado de ilusiones de la escuela San Antonio de los Caballeros se propuso potencializar su talento.

Hoy sacando pecho, porque su pupilo es figura en Fluminense de Brasil y candidato a jugar con Colombia el Mundial, ya que estuvo entre 26 preinscritos, admite que “la única manera de evitar que se nos perdiera era acogiéndolo y brindándole facilidades, porque tenía muchos problemas familiares y dificultades económicas para desplazarse a los entrenamientos desde Florida.

Gracias a las garantías que le ofrecieron en la categoría juvenil del América, Edwin sólo tuvo que preocuparse por jugar bien y, gracias a la amistad que entabló con Pablo Armero, Hárrison Otálvaro y otros jugadores que hacían parte del semillero escarlata dejó de lado la timidez que lo caracterizaba, muy pronto se hizo notar.

Carabalí recuerda que “siempre le han sobrado ideas, pero su puesto original no era volante 6 en la que triunfa hoy; Edwin arrancó como creativo y tenía el número 10. Fue el técnico Alberto Suárez quien lo puso de recuperador en la Primera C y después jugó de lateral con Eduardo Lara en el Suramericano y Mundial Juvenil de 2005”.

Valencia marcaba tanta diferencia con su condición física y técnica que en el torneo amistoso de Gradisca, Italia, el Milán intentó ficharlo para proyectarlo en Europa.

Carabalí no olvida que “lo iba a comprar el Milán gracias a que fue el mejor en Gradisca siendo juvenil; también estaban interesados en Carlos Preciado, Adrián Ramos, Pedro Tavima y Hárrison Otálvaro, pero se metieron los empresarios y le dañaron el futuro al muchacho”.

Ese intento fallido no desanimó a Valencia en 2002, antes lo fortaleció y a los 18 años, después de superar múltiples obstáculos, debutó con América en el fútbol profesional colombiano gracias a la confianza que le cogió Alberto Suárez.

Ocurrió en 2003 y a partir de ahí terminaron los problemas económicos que tanto atormentaron en sus inicios a este morocho vallecaucano que hoy tiene 29 años de edad y cuenta en su historial con cinco partidos con el combinado patrio en la Eliminatoria.

Apunta de orden, valorando cada oportunidad, dispuesto a “jugar de cabeza de área o de zaguero cuando haya necesidad” y convencido de que “hay que trabajar bien para consolidarme todos los días”, Edwin marcó diferencia durante tres años en los Diablos Rojos hasta que sus condiciones lo llevaron al Paranaense de Brasil (fue campeón en 2009) en compañía de su amigo David Ferreira.

Al principio tuvo problemas para que la dirigencia escarlata le cediera parte de sus derechos, pero con la disciplina y “la valoración que le doy a cada una de las cosas que me ocurren”, Valencia se hizo importante en el país de la samba y fue fichado por Fluminense, conjunto en el que ha logrado cinco títulos y generó su llamado a la Selección.

De manera sorpresiva para muchos aficionados, más no para él, ya que “siempre he trabajado para llegar el combinado patrio”, Edwin apareció en los planes del seleccionador José Pekerman en 2012 y llegó dispuesto a quedarse. El año pasado una lesión de rodilla lo tuvo por fuera un buen tiempo, pero su aporte también sirvió para que Colombia volviera a la Copa Mundo.

En el combinado patrio vivo feliz y quiero ganarme un puesto entre los 23 que irán al Mundial en Brasil, una tierra donde tratan bien a los colombianos y se vive el fútbol de una manera especial” es el deseo de este volante campeón Juvenil con Valle en 2003. Ya está entre los 30 que viajarán a Argentina para hacer los ajustes en los amistosos ante Senegal y Jordania.

Robert Carabalí lamenó que una lesión dejara por fuera del Mundial a Valencia, porque “es habilidoso, ambidiestro, tiene juego aéreo, saca la pelota limpia, es práctico, hace la fácil y en la Eliminatoria le dio equilibrio a la Selección“.

Armero pasó de delantero sin gol a lateral con mucha llegada

Pablo Armero suma un gol en la Eliminatoria y fue uno de los de más minutos en la búsqueda del cupo hacia el Mundial.

Pablo Armero suma un gol en la Eliminatoria y fue uno de los de más minutos en la búsqueda del cupo hacia el Mundial.

Eduardo Lara le habían hablado muy bien de un delantero rápido nacido en Tumaco, la misma tierra de Willington Ortiz, y cuyo nombre era Pablo Stifer Armero.

Convencido de que le hablaban de un dichado de virtudes en las redes contrarias le hizo seguimiento al morocho de 1,74 metros de estatura que salió del semillero Nottingham Forest que dirigía Arquimides Mina en el barrio Alfonso López de Cali, pasó por el club Boca y fue formado en América por el difunto Édgar Mallarino.

Vaya sorpresa “me llevé”, relata el exentrenador de las selecciones de Colombia, cuando convocó a Armero para un combinado patrio sub-16 en 2002.

Lara reconoce que “me encontré con un delantero alegre y rápido, pero de muy poco gol. Ante esa situación le dije que lo mejor era que lo aprovecháramos de lateral, porque tenía buena salida, velocidad y centraba bien. Pablito aceptó y empezó su proceso en el Suramericano de Bolivia-2003 y el Mundial sub-17 de Finlandia, donde fuimos cuartos”.

El cambio de posición le sirvió tanto que gracias a su buen funcionamiento América lo puso a debutar en el profesionalismo en 2004 y “lo hizo tan bien, que después fue campeón de Juegos Bolivarianos y Centroamericanos.

Eduardo es respetuoso de su colega José Pekerman, pero admite que debe ser uno de los fijos entre la lista de los 23 que disputarán el Mundial de Brasil-2013. El por qué está en que “se quedó con el puesto porque perfeccionó su estilo jugando en el Palmeiras de Brasil, ganó experiencia en Europa y con el Wesham inglés ganará más elementos”.

Mantiene su alegría

Lara fue el que le dio continuidad a Armero en la selección absoluta y lo hizo porque “le vi progresos”. Pese a que no lo dirige desde finales de 2009, el entrenador vallecaucano considera que “Armero ha cambiado para bien, pero mantiene sus características especiales: la alegría, el buen ambiente, la humildad y la velocidad, con la que enmienda sus falencias en marca y su capacidad para superar las adversidades, ya que salió de una familia humilde de Tumaco”.

Haber sido delantero en sus inicios fue fundamental para que Pablo le dé salida a sus equipos y llegue con facilidad al área contraria, virtud que Lara trató de potencializarle mientras lo dirigió “exigiéndole mucha claridad en los centros”.

Miñia, quien viene armando el baile en la Selección en las dos eliminatorias que lleva, jugó la última Copa América y en 2011 fue el mejor lateral izquierdo de la liga italiana, sigue tan humilde que él mismo se goza. Lara recuerda que “vive mostrando su mocho, ya que en el morro, como llama al mar, perdió parte del dedo gordo de una de sus manos”.

Todavía faltan tres meses para conocer los privilegiados que irán a Brasil-2014 y apenas empieza su adaptación al fútbol inglés, pero el mismo Pablo Armero mantiene intactos los sueños gracias al respaldo de José Pekerman y al sabor que le pone a la Selección.

Sin dejar de darle gracias a Dios por todas las bendiciones, Pablo está convencido de que manteniendo “el compromiso y la mentalidad ganadora que nos ha caracterizado en los últimos años” estará en la lista de los 23.

Para ello tiene claro que no pude dejar de “rendir y correr” si quiere culminar el objetivo que se trazó en 2002 cuando Lara lo acercó a la Sub-16: “jugar el Mundial de mayores y con fe lo vamos a alcanzar”.