Mis aventuras en bicicleta

No me gusta madrugar: se me pegan las cobijas, no escucho el despertador, siempre pido cinco minuticos más. Aunque soy muy de buenas, y pocas veces llego tarde al colegio.

Ustedes dirán que soy una niña perezosa, pero nada de eso; es más, hay un día de la semana que pasa todo lo contrario: me le adelanto al despertador, las cobijas se me despegan ellas solitas y estoy en la calle antes de que mamá pueda gritar “¡Malala, Malala, está listo el desayuno!”. Son los domingos y es porque me encanta la ciclovía. Unos días voy en patines, otros voy en bici y cuando salimos en familia vamos con los perros, Teo y Katara, un labrador chocolate y una sagaz criollita. Algún día se los muestro.

Ayer salí en bici porque me encontré con unas amiguitas del cole y pasamos súper. Yo no sé por qué no sale todo el mundo a la ciclovía, se ven cosas muy bonitas y se conoce la ciudad de norte a sur.

Yo aprovecho el recorrido para mirar lo que me gusta y lo que no. Lindos los árboles, los puestos de frutas, el sol. No me gusta ver basuras ni la inseguridad. ¿Saben qué? A mí también me gustaría que me cuenten lo bueno de nuestra ciudad.

1 comment

  1. Un policía que no se ve

    Quisiera contar que en el barrio Belén las playas, en la carrera 72 con la 10a, hay un policía acostado que no se ve, la pintura se le desapareció del todo y los carros pasan a gran velocidad provocando fuertes frenazos. Los vecinos se impresionan con el sonido que provocan los carros y cuentan que ya han ocurrido varios accidentes por culpa de la poca visibilidad de este policía.

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