Por favor, no dañemos los semáforos

La semana pasada me fui con mi tío David a montar en bici por el Estadio y llegando a un lugar que tradicionalmente se le conoce como Caballo Blanco (calle 51 con carrera 70) nos encontramos un semáforo en pésimas condiciones y ni siquiera funciona.

Mi tío me contó que el semáforo lleva varios días así y que, al parecer, fue dañado por los integrantes de alguna hinchada. A mí esas cosas me hacen poner rojita de la rabia porque creo que el fútbol es una ocasión para celebrar y compartir y no para destruir la ciudad ¡Guácala!

Así que llamé a la Secretaría de Movilidad para saber qué se podía hacer en este punto y ellos programaron una visita técnica. Luego de realizarla.
me escribieron para contarme que este semáforo ha sido atacado varias veces ¡qué rabia! y me dijeron además que en el punto donde está ubicado se puede hacer el giro en rojo con precaución, lo cual ya estaba explicado en un letrero allí dispuesto.

Sin embargo, decidieron retirar el semáforo averiado y solo dejaron el letrero y la cara vehicular que se encuentra en el brazo del poste ménsula.

Ojalá todos tomáramos conciencia del mal que hacemos si atentamos contra los enseres de nuestra ciudad, y más si estos son para nuestra seguridad.

Con los semáforos, ¿al fin qué queremos?

Me acuerdo de que cuando pusieron los semáforos de la 80 hubo aplausos y también críticas muy duras. Una gente decía algo así como “por fin, ahora los peatones podemos cruzar las glorietas sin tener que correrles a los carros”, mientras otra, al mejor estilo de mi ¡guácala!, peleaba porque tendría más demoras en su carro.

Yo creo que por mucho afán que uno tenga en su carro, el minutico largo que hay que esperar tampoco pues es que le acabe a uno la vida. En cambio, piensen en el problema de tener que salir de la casa y comenzar a correr porque los carros no dan paso. Tenga uno 14 años o 70.

Esta semana me escribieron sobre otro semáforo, que según dice uno de sus usuarios “obstruye la movilidad”.

Está ubicado en la zona de la Fundación Universitaria Luis Amigó, de la transversal 51A con la carrera 67B-90, en el barrio Carlos E. Restrepo.
Visité el sector y lo que vi es un aparato que detiene el tráfico de carros que van hacia la 70 para darles paso a los estudiantes de la Luis Amigó. Al frente hay sitios de comidas, fotocopias y otras tiendas.

Si me preguntan, yo digo que vale más la vida de los que se mueven a pie, que el tiempo “perdido” esperando la luz verde. Igual, le dejo el mensaje al Tránsito para que revise si la luz roja da para un ¡guácala!

Demoras en semáforos de glorietas de la 80

Como saben ya se me ha vuelto costumbre recorrer las calles de la ciudad con mi tío David en la moto. Imagínense que esta vez ibámos por la 80 cuando, preciso, nos cogió en rojo el semáforo de una de las glorietas que hay por esa vía.

Huácala, nos toco esperar un rato súper largo a que cambiara. No, no, no, ¡qué pereza eso! Yo he escuchado por ahí que esos semáforos los pusieron dizque para reducir la accidentalidad, pero es que el taco que se forma en las horas pico en esos sitios es impresionante. Y uno sin saber qué resultados han tenido se aburre de tanto esperar.

Cansada de no entender qué pasa con ese tema me fuí para el Tránsito a que me explicaran cuál es la cosita de estar poniendo tantos aparaticos de esos, que les molestan tanto a los que manejan.

En la Secretaría me explicaron que, en Medellín, el 83 por ciento de las personas se movilizan en transporte público, bicicletas o a pie y que solo el 17 por ciento lo hacen en vehículos particulares.

De ahí que los peatones sean una prioridad y deban ser protegidos y respetados. Ahhh, ¡ahora si entiendo! dije yo, pero les comenté que lo que me parecía raro era que hubiera tantas demoras. Me explicaron que eso pasaba porque había muchos carros circulando en las horas pico.

Y es que según me contaron, ya hay un 50 por ciento más de vehículos de los que había en 2005. En todo caso, lo que oí de que los semáforos ayudaban a bajar la accidentalidad resultó ser cierto. Imaginénse que en la glorieta de la calle 44 hubo una disminución de la accidentalidad del 18 por ciento, en la de la calle 35 del 6 por ciento y en la de la calle 33 un 28 por ciento. Solo en la Glorieta de la calle 30 aumentó la accidentalidad en un 19 por ciento.

La respuesta me convenció. Es que definitivamente proteger la vida de los peatones debe ser lo primero. Ahí sí vi bien a los del Tránsito. ¡Les doy un aplauso!

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