Una ciudad que huela a limpio

Es cierto, la ciudad está contaminada. Uno lo nota cuando la mira desde lejos. Hay una niebla marrón que la cubre todo el tiempo y suena como si tuviera hambre, un rugido armado por la infinidad de sonidos que hay en la calle. Pero en medio de todo es una ciudad afortunada.

Creo que es una bendición que haya árboles, zonas verdes, quebradas… Este fin de semana me fui de caminata y no tuve que ir muy lejos para explorar lo que considero una verdadera selva. Estuve en el nacimiento del río Medellín y casi no creía lo que veían mis ojos. Agua cristalina y monte enmarañado. Quién podría adivinar que pocos kilómetros más adelante, ese bello riachuelo se transforma en un río triste y sin vida. Ver la naturaleza en su estado puro hizo que se avivaran mis ganas de cuidar hasta los insectos del jardín de mi casa.

A mí me gustaría que todo el mundo tuviera esta misión, pero hay tanta gente indiferente, sobre todo la gente grande que ensucia el agua, tira basura a la calle o corta los árboles.

Yo vivo muy pendiente. Hasta mi mamá ya se ganó un regaño mío porque la vi arrojando aceite por la cañería. ¿No es el colmo? Por lo menos le sirvió para seguir haciendo las cosas bien y darme buen ejemplo. Yo creo que entre todos se puede convertir la ciudad en un lugar que huela a limpio. ¿Me ayudan?

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