Concurso, juez supremo de la paloma mensajera

 

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Palomar Walther López y su esposa Mónica, en Girardota, quienes han recorrido Europa y Cuba siempre buscando lo mejor de la colombofilia.

Los concursos de palomas mensajeras son el máximo sueño para los aficionados a las mismas, no importa su experiencia, profesionalismo, trayectoria. Incluso quien acaba de llegar, sueña con hacerse a uno de los trofeos de la temporada de concursos, en los vuelos de velocidad, medio fondo, fondo o gran fondo, este último la máxima copa para los profesionales que conocen los secretos de esta afición y pasan el año observando, alimentando y entrenando sus colonias para poner al tope a sus favoritas.

Quien envía su paloma a concursar espera que si llega una bandada de cien palomas a disputar el primer puesto, ahí venga la suya; si las que llegan en ese primer lote son cincuenta, tiene absoluta fe de que entre estas esté la suya, lo mismo si entran diez o cinco a la recta final. Pero si después de mucha batalla remontando montañas, cruzando extensos valles y cañones solo aparece una paloma en el horizonte, con toda seguridad, sueña que ese puntico negro que visualiza a 200 y más metros de altura sea su paloma.
La pasión por estas aves es tan grande que hay aficionados que recorren continentes, visitando colonias de gran trayectoria y participando en subastas internacionales para hacerse a una súper paloma. En esto se invierten grandes fortunas.
Solo para citar un ejemplo, en el portal Mispalomas.es, algunos diarios europeos y numerosos portales de la red se destaca el precio que pagó un aficionado “en una reciente subasta de palomas mensajeras del portal Pipa, una paloma belga llamada Bolt alcanzó el precio récord de 310.000 euros”.
“El comprador fue un empresario chino, que se supone dedicará el ejemplar adquirido para la cría.
La paloma fue criada por el célebre colombófilo belga Leo Heremans, que vendió toda su colección en dicha subasta. Al igual que un cuadro o una obra de arte, cuando procede de un artista de renombre el precio de venta es mayor. Igual sucede con las palomas mensajeras. El criador avala su calidad con su nombre y los éxitos de su trayectoria deportiva. El lote completo de palomas que subastó el Sr. Heremans constaba de 530 aves. Estas alcanzaron un precio de 4,3 millones de euros”.
Es importante aclarar que en Colombia, aunque hay aficionados que han hecho grandes esfuerzos por obtener ejemplares de las mejores estirpes, la colombofilia es más un jobbie que un deporte del que se pueda vivir u obtener grandes sumas y las compensaciones en los concursos de los clubes no son por dinero sino por trofeos.

Concursos
Para quienes conocen nuestro deporte basta decir que este es su horizonte, su sueño y su desvelo. Para el neófito o quien apenas escucha que la paloma mensajera es real, que en doce horas puede volar más de 900 kilómetros, liberada desde cualquier distancia para que regrese, en tiempo record a su palomar, los concursos son pruebas oficiales, organizadas por distintas asociaciones, que reúnen a un importante números de colombófilos, los cuales envían sus palomas a un sitio determinado donde las liberan, al mismo tiempo, para comprobar la velocidad obtenida por cada una de estas. Gana la paloma que alcance la máxima velocidad en la distancia.
Para enviar las palomas a concursar, estas primero son manejadas en algunos vuelos de entrenamiento que, por lo general, no van más allá de los 150 km, de manera escalonada. Es decir, primero las liberan desde los 10 km, luego 20 km, 40 km hasta ponerlas a punto para enviarlas a las carreras, que en nuestra región, por lo general, comienzan en los 220 km, los cuales, en una prueba de atletismo, serían los 100 metros planos.
Para todo concurso, no importa la distancia, la paloma debe estar debidamente entrenada, haber recibido las mejores dietas y estar en excelentes condiciones físicas.
Dos, trasladarla a la sede del club donde son registradas, antes se hacía con una contraseña que iba puesta sobre su anillo de nacimiento, hoy a cada paloma se le coloca una anilla electrónica en una de sus patas, la cual, una vez la paloma regresa a su palomar, conecta con un dispositivo electrónico, instalado a la entrada a la colonia, el cual marca la hora exacta del retorno de la atleta.
Tres, llevar a todas las palomas hasta el lugar de suelta. Estas viajan acompañadas por uno o más convoyeros que se encargan de liberarlas y reportar la hora exacta de suelta al juez del concurso definido por todos los participantes.
Cuatro, una vez las palomas retornan del vuelo, los colombófilos llevan los dispositivos electrónicos ante el juez, quien recoge la información de cada una de las palomas para determinar la duración del vuelo, la velocidad en que se hizo y la ganadora.
En nuestro medio solo hay concursos locales y regionales. Los primeros cuando solo van palomas de una sola ciudad, los segundos si son de varias ciudades o regiones como el valle de Aburrá o el oriente de Antioquia. En Europa hay carreras locales, regionales, nacionales e internacionales como la maratón alada Barcelona – Bruselas, en la que en sus mejores tiempos han concursado hasta 30.000 palomas por la corona de honor.

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