Víctor Correa, un médico de izquierda que quiere curar a Medellín

Foto de: Google

Por: Mariana Benincore

Las sociedades son organismos vivos que se pueden estudiar desde la política, y los problemas sociales son síntomas de una enfermedad profunda. Es la premisa de Víctor Correa, un médico de la Universidad de Antioquia que busca sanar los males de Medellín siendo Alcalde.

Intervenir en las causas más profundas, salir de los quirófanos a recorrer las calles, cambiar la bata blanca por un sombrero del mismo color que le recuerda su infancia campesina en Concordia, al suroeste de Antioquia.

Proveniente de una familia grande, conformada por seis hermanos, desde muy joven, y sin saberlo ni ponerle un nombre, se inclinó por las ideas de izquierda: que la salud no sea un negocio sino un derecho, priorizar las exportaciones por encima de las importaciones, producir lo que necesitamos y luchar para que la educación sea financiada por el Estado para generar progreso.

Cuenta que desde que tiene memoria ha querido ayudar a la gente. Fue bombero voluntario y miembro de la Cruz Roja, “me llamaban el abogado de los pobres, porque siempre quería meter la mano para evitar injusticias”, comenta.

Nunca pensó en ser político. Siendo un niño de las montañas de Antioquia, sin conocer el mar, soñaba con ser biólogo marino. Después, aterrizando un poco sus ideas, comenzó a estudiar Ingeniería Química, sin estar muy convencido.

Con su familia aún en su pueblo, Víctor se trasladó a Medellín y se la pasaba de casa en casa donde sus tías y familiares que lo acogían, hasta que decidió ser voluntario de la Defensa Civil Colombiana, que le permitió alojarse en una de las bases. Esta época de su vida, en la que atendió incendios y tripuló ambulancias fue decisiva para su futuro.

“Me enfrenté a la pobreza y la vulnerabilidad de mi territorio; conocí de frente las injusticias del país motivadas por realidades estructurales políticas y me cuestioné acerca de lo que estaba estudiando y cómo podía servir más a la sociedad”.

Fue en ese momento cuando se presentó a Medicina en la UdeA, sin saber que terminaría la carrera siendo congresista de la República.

Médico de la sociedad

Desde los primeros semestres combinó las arduas jornadas de estudio con ejercicios de organización social y movilización. Fue vocero nacional del Movimiento Dignidad Cafetera, integrante de la Mesa Nacional de Dignidad Agropecuaria, miembro de la Mesa Nacional por el Derecho a la Salud y de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil.

Durante las cirugías defendía ante otros médicos los principios sociales y salía de la rotación a continuar su labor política en la Cámara de Representantes.

“No había dimensionado que la política fuera un escenario tan importante para servir y aportar a que la gente viva mejor en una sociedad más justa”, comenta Víctor, quien comprendió que la medicina no solo es una vocación clínica sino también social.

Consciente de que Medellín es una de las ciudades más inequitativas del país, Víctor Correa manifiesta que la forma en la que se ha gobernado la ciudad en los últimos años no ha contribuido a solucionar los problemas, porque se han atacado los síntomas, sin curar la enfermedad.

“Si uno está aplicando un tratamiento y no funciona hay que cambiarlo. Por ejemplo, tenemos niños que mueren por deshidratación aguda, si no se tiene un acueducto no se va a solucionar nada, lo vas a tener cada semana enfermo en el consultorio”, dijo, insistiendo en que la política es la medicina de la sociedad.

Considera que los temas de seguridad también deben tratarse desde las cusas y no desde los efectos. Según él, “no se trata de perseguir y capturar delincuentes, porque siempre tendrán nuevos alias con la misma fuerza; se trata de desarticular las empresas criminales”.

Explica que la criminalidad existe porque es un negocio y que se trata de afectar los lugares de distribución, intervenir, embargar, perseguir los comercios ilegales y desarticular las estructuras para aumentar los costos de las transacciones, desincentivar las empresas criminales y hacer que el crimen deje de ser un buen negocio.

Para Víctor, los criminales se van por ese camino “porque la gente tiene que comer y la oferta institucional no es buena, y entonces,  el narcotráfico resulta más atractivo que sembrar alimentos”.

¿Qué mantendría de la alcaldía actual?

Del gobierno de Federico Gutiérrez, propone continuar con los avances en el sistema de transporte masivo y las políticas ambientales, dando prioridad al Tranvía de la 80, a desincentivar el uso del vehículo particular y a los esfuerzos de peatonalización del Centro, respetando los derechos y la dignidad de los vendedores informales.

Afirma que mantendría también los esfuerzos en temas de salud, como la atención primaria en las comunas, pero aumentaría el presupuesto de lo social y trabajaría para detener el deterioro de la red pública hospitalaria.

Con padre y hermanos de derecha, Víctor piensa que la izquierda está en un muy buen momento en el país, porque “muchos han logrado derribar el paradigma de que izquierda es el terror o el castrochavismo, y se han comenzado a sentir identificados con los ideales sociales que representa”.

En este momento, Víctor defiende una alianza entre los “sectores alternativos a los que nos han gobernado” y le apuesta a una consulta interpartidista entre quienes buscan el cambio.

Planea seguir ejerciendo la medicina social y aspira hacerlo desde la Alcaldía de Medellín, porque está convencido de que la política, basada en el servicio, la entrega y el amor, es capaz de transformar las condiciones de vida y defender la dignidad.

 

Sobre la comunicación en el Área Metropolitana y la crisis por el aire en el Aburrá

Foto de El Colombiano

Por: Miguel Jaramillo Luján

Concibo la comunicación para la movilización como aquella que da elementos a los ciudadanos para ser corresponsables con lo que ocurre y no se queda en la imagen y la información sobre los hechos. Cuando se trata de decisiones públicas de crisis, esta comunicación debería ser la prioritaria, por encima de la informativa o la publicitaria.

A partir de los lamentables, recurrentes y vergonzosos hechos que ocurren con la calidad de ese bien público universal que es el aire en el Valle de Aburrá,  es lamentable evidenciar que la máxima autoridad ambiental que recoge a los municipios que conforman este Valle, persiste en generar información, publicidad y espacios de opinión que son inaportantes, inapropiados y hasta desafiantes, frente a las necesidades cotidianas del ciudadano de a pie que sigue buscando herramientas para equiparse en la vida cotidiana y saber vivir junto a familiares, vecinos y amigos, un momento de crisis tan preocupante porque atenta de manera directa contra la propia vida de las personas.

Hago una invitación a la evolución en materia de su política de comunicación a una entidad pública como el Área Metropolitana Del Valle De Aburrá.

Hay que reevaluar la naturaleza de las anomalías públicas que están afectando el Valle y articular las urgencias en materia de la información, formación, opinión y de los imaginarios que se logran gestar, transmitir y transformar el lenguaje y el comportamiento del habitante de estos diez municipios, al menos en materia medio ambiental.

Una concepción distinta, hoy sobra en el ejercicio de comunicación pública y en la narrativa de las prioridades misionales de esta entidad si se comprende como una entidad de servicio.

¿Cuáles son los problemas más delicados para resolver por parte del ciudadano con los contenidos que entrego desde lo público?

¿Cómo impacto el comportamiento del ciudadano desde el ejercicio de movilización más allá de concentrarme tanto en publicidad o simple emisión de información?

¿Es útil y funcional invertir tanto dinero en frentes de medios (antes masivos y hoy sin audiencia) como un programa de TV en medio análogo y formato anticuado?

¿Es útil y funcional tener medios como periódicos, espacios de radio, pauta en programas que nadie escucha?

¿Hay frentes innovadores que están implementando nuevos canales como contenidos educativos en Gamificación, lúdica, realidad virtual, Big Data o análisis del comportamiento de las audiencias-ciudadanos?

¿Hay investigaciones serias cuantitativas y cuantitativas que soporten las inversiones y decisiones que hoy toma en materia de comunicación pública el AMVA?

¿Hay sinergias que permitan aprovechar el contacto recurrente de los socios desde su ejercicio de comunicación para el desarrollo, comunicación cara a cara o data que permita influenciar comportamientos saludables o de protección propia y de las comunidades frente a esta grave crisis?

¿Hay indicadores de impacto desde la política de comunicaciones del AMVA que permitan evidenciar que los ciudadanos sí se movilizan, se convierten en re-editores y obtienen una caja de herramientas para afrontar esta crisis?

Solo algunas preguntas y una opinión que emito con el ánimo de invitar a mirarse a fondo y lograr que los recursos públicos que todos pagamos a una entidad como el AMVA puedan tener un verdadero impacto medible y real y no solo de papel.

Una alcaldía con sexto sentido: Ana Cristina quiere ser la primera mujer alcaldesa de Medellín por voto popular

Ana Cristina Moreno

Por: Mariana Benincore

Una gestión en donde las cosas pasen, donde los recursos rindan, la solidaridad abrace, la intensidad motive y la disciplina genere resultados. Mujer, madre, trabajadora, apasionada y disciplinada, así es Ana Cristina Moreno, quien aspira a ser la primera alcaldesa por elección popular de la capital antioqueña.

La primera vez que Medellín fue gobernada por una mujer fue en 1976, cuando el presidente liberal Alfonso López Michelsen designó a Sofía Medina de López Villa para tal cargo a pesar de ser conservadora. Pero el poder femenino no duró mucho; su gestión como alcaldesa fue interrumpida antes de cumplir un año, debido a una crisis política y conflictos entre partidos.

43 años después toma protagonismo una mujer de 35 años que ama, siente y vibra por Medellín, y que desde donde ha estado, ha buscado aportar a una mejor ciudad que ofrezca oportunidades y calidad de vida.

Sueña con una alcaldía de detalles, donde se combine su juventud, liderazgo y experiencia con la voluntad de servicio y la fortaleza del partido que la respalda. Perteneciente al Centro Democrático, Ana Cristina participó de la creación del partido en Antioquia y continúa siendo convencida, mas no idólatra, de los principios e ideales que lo rigen.

Es administradora de negocios, especialista en gerencia de empresas de desarrollo social, con estudios en Derecho, mercadeo y estructuración de apps. Ha desempeñado importantes cargos en el sector privado en áreas de administración y coordinación de proyectos, pero a pesar de tener buenos resultados, sus ojos no brillaban y su corazón no palpitaba tan fuerte estando fuera de lo público, a donde llegó por casualidad.

A sus 24 años, recién egresada de su pregrado, sin experiencia pero llena de sueños,  la vida y sus proyectos la llevaron a conocer a Luis Alfredo Ramos, quien para ese entonces aspiraba a la gobernación de Antioquia. Trabajó con él durante la campaña, en un grupo de jóvenes que aportaban ideas para el departamento, y se llevó la sorpresa de que Ramos, una vez electo como gobernador, la eligiera como Directora del Departamento Administrativo de Planeación. Aceptó el reto y lo recuerda como una de las mejores experiencias de su vida.

Siete años después, en 2015, volvió al sector público con un arrollador triunfo en la votación a la asamblea departamental. Ahora, con más experiencia, más ideas, con un hijo de tres años y una bebé de 15 días en brazos, cree que es el momento de aspirar a la Alcaldía. Su familia aun no lo dimensiona, sus padres, un sacerdote retirado y una madre Trabajadora Social, nunca fueron muy políticos y sus primos, en las reuniones familiares, entre risas le dicen que no pueden creer que ella, la niña, vaya a ser alcalde.

La familia es su pilar. Su polo a tierra, su presente y futuro, su equipo más fuerte. Camilo, su esposo, quien aspira ser el “primer caballero de Medellín”, se echó al hombro la paternidad y la precampaña, y juntos se la pasan cambiando los pañales de la pequeña Alicia, jugando a los trenes con Mateo, participando en debates, haciendo reuniones y conversando con la ciudadanía sobre sus propuestas.

 

¿Cómo sería la segunda alcaldía femenina de Medellín?

Si resulta ganadora de la consulta interpartidista y posteriormente las elecciones locales, Ana Cristina Moreno le apuesta a una gestión por la sostenibilidad, seguridad y efectividad. Con su sello personal y trabajo en equipo, Ana quiere hacer que las cosas pasen, que no se dilaten, quiere continuar con la estrategia de cultura ciudadana de la actual alcaldía y reforzar las acciones en seguridad y movilidad.

Valora el esfuerzo de perseguir y capturar cabecillas, pero haría énfasis en las acciones tangibles para persuadir a quienes cometen los delitos hacia otra forma de vida. No daría el mensaje de que el alcalde es el gran Policía, sino que existe todo un grupo articulado desde lo local y nacional, que desde sus ramas del poder deben cumplir con sus labores, generar resultados y rendir cuentas.

Con respecto a la movilidad y el medio ambiente, plantea que se debe continuar con  los corredores verdes, la recuperación del espacio público y las ciclorrutas, sin embargo, cree que las medidas han sido insuficientes y se deben realizar otras acciones como una “red caminera” y “la última milla”, en donde se solucione la movilidad y la conexión en esos últimos trayectos.

Detalles que enamoren, que impacten la cotidianidad, pequeñas grandes obras que mejoren la calidad de vida de quienes habitan Medellín, su amada ciudad.

En un contexto nacional más equitativo y evolucionado, con una vicepresidente mujer y un 50% del gabinete ministerial femenino, Ana Cristina considera que ella y los habitantes de Medellín están preparados para tener la primera alcaldesa por elección popular.

Luis Fernando Begué, de las gerencias a la precandidatura a la Alcaldía

Luis Fernando Begué

Por: Mariana Benincore

No quiere una alcaldía de Medellín mediática sino gerencial. Más que ejecutar un presupuesto con acciones pasajeras y aparición en redes sociales, Begué le apuesta a los resultados y las transformaciones de raíz, porque según él, “los problemas de base todavía están ahí”.

Honesto, transparente, trabajador, justo y preciso; así se considera Luis Fernando Begué, un paisa de 60 años con ascendencia española que ha dedicado su vida al deporte, a su familia y a liderar empresas.

De sonrisa y mirada profunda, su pelo rojizo se ha combinado con las canas y su  energía y vitalidad siguen intactas, a pesar del camino recorrido y las lesiones que le dejó uno de sus más grandes amores: el voleibol.

Desde temprana edad hizo parte de la Selección Antioquia y fue capitán del equipo cuando representó a Colombia en un mundial en Brasil. Para poder asistir, tuvo que hacer una pausa en su pregrado de Ingeniería Química, de lo cual jamás se arrepentirá, porque además de haber ocupado el octavo lugar en el mundo, quedar un semestre atrás de sus compañeros de universidad lo llevó a conocer a su otro amor, Ana Lucía, su esposa.

Begué considera que la familia es el fundamento y piensa que sus primeros años con sus padres y ocho hermanos le dieron las bases y valores para aportar a sus tres hijas y a la sociedad.

“En Medellín existen alrededor de 800.000 hogares, de los cuales el 50% están conformados por madres cabeza de familia, y solo un 20% cuenta con trabajo”, comenta, e insiste que es desde la base donde comienza la transformación.

Gratitud…

Agradecido con Dios y con las oportunidades que tuvo para llegar tan lejos en el deporte que practicaba, y convencido de que la actividad física y la vida sana tienen repercusiones positivas para el tejido social, Luis Fernando, de forma voluntaria, trabajó como tesorero de la Liga Antioqueña de Voleibol, lo cual, sin planearlo, fue el inicio de su carrera como dirigente.

Lo nombraron presidente de las Ligas Antioqueñas de Voleibol y Levantamiento de Pesas, vicepresidente de la Confederación Suramericana de Levantamiento de Pesas, director de cinco campeonatos Suramericanos de Voleibol en Medellín, entre otros cargos y eventos bajo su liderazgo.

Uno de sus más memorables recuerdos fue haber sido el gerente del Centro de Alto Rendimiento Deportivo, lugar en donde 500 deportistas antioqueños, entre estos Caterine Ibargüen, tuvieron la oportunidad no solo de formarse como deportistas sino de encontrar allí una casa para vivir, un lugar para estudiar y un hogar en donde los sueños se hacían realidad. “Colombia actualmente es una potencia deportiva; hoy se están viendo los frutos de un proceso que inició años atrás”, afirma Begué.

Luis Fernando, quien se especializó en Economía, también fue gerente de Indeportes Antioquia y miembro de la Junta Directiva de Empresas Públicas de Medellín durante seis años. Con la intensión  de aportar a un sector más amplio de la sociedad, ingresó a la política en el año 2014 con el partido Centro Democrático, cuando gerenció la campaña a la Cámara de Representantes y algunas campañas políticas para la presidencia de Colombia y la Alcaldía de Medellín.

Elecciones locales 2019

“Desde las gerencias he visto pasar políticos, candidatos y pues… creo que es mi última oportunidad, siempre le he ayudado a todos y tengo la convicción de que sería muy buen alcalde”, comentó.

Amante de la cultura y los viajes, estando en Europa con su familia, Luis Fernando tuvo uno una corazonada. Después de haberlo pensado por mucho tiempo, se lanzaría a la precandidatura para la alcaldía de la capital antioqueña.

Consideraba que era su momento, que era ahora o nunca, pero había una situación complicada: Begué ha sido amigo cercano del exalcalde y exgobernador Luis Alfredo Ramos, y este año, su hijo Alfredo Ramos, también sería precandidato por el mismo partido político (Centro Democrático).

“Sentí que debía ser transparente, me senté a hablar con Luis Alfredo, le dije que quería participar y me dio la bienvenida”, cuenta Begué, quien manifiesta también que aunque no es un escenario fácil, ha tenido una buena acogida de la gente.

Luis Fernando manifiesta que sus prioridades, al igual que la de todos los candidatos, son la seguridad, la salud, la educación, la erradicación de la pobreza… “es por lo que todos tenemos que trabajar, lo que marca la diferencia es cómo se va a hacer”, dice.

Considera que su experiencia, conocimiento, madurez y ganas lo podrían llevar a ganar las elecciones y propone entonces un nuevo liderazgo gerencial para resolver los problemas, en donde el alcalde, como una empresa, se mida con resultados.

Finalmente, con una sonrisa y palabras pausadas puntualizó: “No tengo deseo de poder, tengo deseo de ayudar. Ser alcalde me haría muy feliz y creo que lo puedo hacer muy bien”.

Tras su paso por el Senado, Alfredo Ramos quiere gobernar Medellín

Tomada de Twitter @AlfredoRamosM

Por: Mariana Benincore

Soñar y hacerlo realidad. Alfredo Ramos Maya, con su equipo de trabajo, busca inspirar a los ciudadanos para tener una Medellín renovada, segura, sin corrupción, donde primen el bienestar y la calidad de vida.

Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional; casado con Juliana Hernández hace año y medio, cuando dejó de ser un “soltero empedernido” como él lo dice. Tuvo su primer hijo, Rafael, en diciembre de 2018, lo cual para él se ha convertido en el mayor reto de su vida. Hijo de María Eugenia Maya y el exalcalde y exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos, de quien admira su don de gentes, servicio y tranquilidad.

Alfredo Ramos, hijo, actual precandidato a la Alcaldía de Medellín por el Centro Democrático, afirma que una familia bien constituida genera valores en cada persona y en la sociedad, pero respeta las libertades y decisiones, y cree que la familia tradicional no es el único modelo.

Se considera gran soñador, ejecutor y empresario, pero prefiere no definirse para evitar encasillarse en sus propios defectos y virtudes. Sus mejores recuerdos de infancia están en los viajes de tres horas con su padre a Sonsón, municipio en el oriente antioqueño, y cuando dormía en hamaca, sin luz, en una finca ganadera que tenía su familia en el Bajo Cauca.

Alfredo disfrutaba el poder compartir con su papá, porque la vida pública lo hizo estar ausente mucho tiempo. “Lo extrañaba, pero entendí que mientras mi papá fue gobernador yo tenía casi 7 millones de hermanos antioqueños”.

Ramos Maya dice tener desde siempre el servicio público en la sangre y en el corazón. En su vida adulta estuvo al lado de su padre en la gestión pública, pero sin tener visibilidad ni protagonismo, porque en su familia tenían un “pacto sagrado” en el que solo un integrante podía hacer política.

A partir del año 2013, la familia Ramos vivió un capítulo de la historia que los llenó de incertidumbre y dolor. Fueron tres años y tres meses en los que Alfredo Ramos, papá, estuvo privado de la libertad, lo cual para la familia fue una injusticia. Fue en ese momento cuando él decidió tomar protagonismo, sin romper el pacto que tenían.

Fue elegido Senador de la República entre el 2014 y 2018, aplicó sus ideas y conocimientos del sector privado en lo público, recorrió los barrios, conoció secretos del país, conversó con su gente, descubrió nuevos sabores, y pudo aportar al debate nacional con ideas desde la oposición.

Considera que sus aportes en el congreso estuvieron dirigidos a acabar con el egocentrismo parlamentario, mejorar la cobertura de la educación pública, luchar en contra de la corrupción y trabajar por un control político respetuoso y propositivo.

Ramos terminó el 2018 con nuevos retos. Además de ser padre por primera vez, su pasión por lo público lo hizo liderar el proyecto InspiRamos, con el cual busca escuchar y ser escuchado por los medellinenses y generar ideas audaces, que cambien la dinámica pública; integrales, que impacten a varios sectores, y sobre todo, realizables.

Soñador y ejecutor, Alfredo Ramos Maya considera que los habitantes de Medellín necesitan recuperar la confianza en el Estado, en las instituciones, en la sociedad. Cree que la ciudad requiere cambios profundos, de raíz, para ser realmente una ciudad moderna y sintonizada con el mundo; y antes que nada, una ciudad en la que haya calidad de vida, donde la gente pueda vivir bien.

Defensor de las libertades, Alfredo Ramos busca para Medellín transformaciones en la cultura de los paisas para que, con convicción, aporten a tener una mejor sociedad. Tiene propuestas innovadoras para mejorar el medio ambiente como la transformación  a las fuentes de energía limpias, cero emisiones de carbono y páneles solares; le apostará al transporte masivo interconectado, al cambio en los combustibles y el buen aprovechamiento del agua. Ramos quiere inspirar al liderazgo, a la no corrupción y a una alcaldía de Medellín que no se quede en sueños sino en metas cumplidas.

 

 

¿Quién es el presidente del Concejo de Medellín?

Tomada de Twitter @jaimemejia

Por: Mariana Benincore

Desarrollo, conocimiento, legalidad y presencia del Estado. Para Jaime Mejía, ésta es la fórmula que necesita la capital antioqueña.

Nació en Aranjuez, un día de los inocentes hace 39 años, en una familia tradicional medellinense de clase media, conformada por papá, mamá y dos hijos. En medio de dificultades, esfuerzo y amor, Jaime trabajó desde pequeño con su padre en su taller de calzado. “Recuerdo que me pagaban $5.000, eso era un platal, yo ahorraba para comprar lo que quería y ayudaba a comprar lo que necesitaban en la casa”, cuenta Jaime, quien se ha caracterizado por su disciplina y perseverancia.

Desde sus 16 años se empezó a interesar por lo público, estuvo en entrenamiento militar y posteriormente, llegó a ser vicepresidente de una Junta de Acción Comunal. Tenía una meta clara, ser concejal de Medellín, tan clara, que a veces dejaba de ir a jugar con sus amigos por estudiar para algún día cumplir su sueño.

“Lo que he querido lo he logrado, por mi trabajo y porque la vida lo ha ido alineando para que ocurra, porque si uno tiene el norte claro se prepara para capitalizar cada reto”, comenta, y así fue. En 2015 llegó al Concejo de la capital antioqueña y en 2019 a la presidencia del mismo.

Pero no se piensa quedar ahí. Mejía tiene en sus planes gobernar a Medellín desde el ejecutivo y hoy se presenta oficialmente como precandidato a la Alcaldía por el Centro Democrático.

Abogado y Magister en Procesos Urbanos y Ambientales; describe a su ciudad natal como emprendedora, resiliente y de calidad, en donde se debe trabajar especialmente por la seguridad, la educación y la movilidad.

Tiempos de cambio

Consciente de la denominada Cuarta Revolución que estamos viviendo, Mejía propone que Medellín se adapte a la situación y comience a implementar la tecnología a favor del desarrollo.

“No podemos llegar a proponer lo mismo, tenemos que empezar a generar los espacios para asumir esa realidad, y como Estado, dar las herramientas jurídicas y económicas para que los ciudadanos, los transportadores, los comerciantes, empresarios y emprendedores vayan pasando a esta nueva era”.

Oportunidades para emprendedores, empresarios, millennials y centennialls en lo que realmente necesite la economía del conocimiento; escuelas, colegios y espacios de conocimiento de calidad con docentes capacitados para generar nuevas metodologías que cierren la brecha entre la educación básica pública y privada.

Para el actual presidente del Concejo, mejorar los procesos de educación garantiza seguridad a largo plazo. Para las metas cortoplacistas, considera oportuno seguir implementando cámaras de seguridad y aprovechar la tecnología y la inteligencia artificial combinada con un equipo humano para capturar a los delincuentes.

“En Medellín se han hecho grandes inversiones en tecnología pero no se les ha dado la aplicación y la articulación suficientes para hacer que eso funcione”, afirma.

Según Mejía, otro factor clave para garantizar seguridad y confianza consiste en que la ciudadanía y el Estado se tomen los espacios públicos. Por esto, propone como llevar la institucionalidad de forma diferente a los barrios.

Presentaciones, ejercicios militares, planes culturales o demostraciones del ejército y la Policía, que se vuelvan cotidianos en las calles para que así se acerque el ciudadano a la institucionalidad y la fuerza pública y logren tomarse los espacios públicos para desplazar la criminalidad.

No deja a un lado la movilidad, que conecta con mejoras para el medio ambiente. “A la gente hay que bajarla del carro, pero a cambio de ganancias para ellos. Tenemos que llegar al punto en que los ciudadanos, por su propia voluntad, prefieran tomar el metro para ahorrar tiempo y dinero, viajando cómodos y seguros”.

Planea seguir trabajado por la modernización del sistema de transporte público masivo, combatir la informalidad controlada por bandidos, proteger al transportador público y a quienes toda la vida han construido su empresa en este gremio.

Articulación y liderazgo

Como presidente del Concejo de Medellín, Jaime ha buscado la integración de los municipios del Área Metropolitana, con la intensión de crear en conjunto y articular una agenda metropolitana que pueda afrontar retos y desafíos comunes de forma exitosa.

Expandiendo aún más las fronteras, finalizando enero la mesa directiva del Concejo se reunió con Concejales de Chile para socializar experiencias exitosas del municipio y el modelo de gestión en temas de movilidad, transporte, seguridad, medio ambiente y turismo. El encuentro, que se llevó a cabo en el Concejo de la capital antioqueña,  tuvo como objetivo principal el poder compartir logros y contribuir  al mejoramiento de otras regiones.

Planes para la Medellín del futuro

Obras de infraestructura, ampliaciones, conexiones y segundos pisos viales, ciclorrutas y el Sistema Metro como impulsador inmobiliario son algunos de los proyectos que Jaime Mejía quiere dejar planteados si llegara a cumplir su nuevo sueño: ser alcalde de Medellín.

No solo planea trabajar por la ciudad del momento ni la de los próximos cuatro años.  Pensando en Emanuel, su pequeño hijo, y en las futuras generaciones, el precandidato por el Centro Democrático quiere dejar herramientas suficientes para que los gobernantes en los próximos años sigan una misma línea que realmente lleve desarrollo y bienestar para Medellín y su gente.

A Javier Álvarez Lozano

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Fueron una pesadilla esas primeras clases de relaciones públicas por allá en 1994, el profesor era alguien reconocido y reputado pero exigía puntualidad (demasiado para mis 18 añitos) y además era totalmente radical con la buena calidad de los trabajos teniendo en cuenta  nuestro nivel casi escolar. Su nombre: Javier Álvarez Lozano y llegaba impecable al aula donde pocas cosas salían de su control y parecía como si esa alegre carrera de Comunicación Social se convirtiera en un tormento con cada cátedra de este docente estricto pero de muy fino humor.

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Paz en la tumba de los boletines de prensa

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En los años 60, cuando la profesión de la comunicación era joven e inmadura se pensaba que la relación con los medios masivos de comunicación lo era todo y que comunicar era salir en los medios.

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