¿Qué opina de la Alborada decembrina en Medellín?

Aquí estoy sin poderme dormir. Opté por no hacerlo, pues la llegada del mes de diciembre en Medellín, se recibe de una manera muy particular. Cientos de habitantes, desde los más diversos rincones de la ciudad, se dedican a lanzar pólvora de manera simultánea (juegos pirotécnicos artesanales).

Aunque las autoridades prohiben el uso de este tipo de cosas por las graves quemaduras que provocan y la generación de un mercadeo negro ilegal; nada impide que se realice esta atronadora quemazón que dura más de 30 minutos, llena el cielo de la ciudad de una nube densa, afecta el aire que respiramos, contamina con su ruido, perturba a los animales, fastidia a los que tienen que madrugar o desean descansar y – lo más grave- es el fiel reflejo de una cultura del exceso, la extravagancia y la ruptura con la legalidad.

¿Será muy mojigato?

¿Les gusta la alborada decembrina?

De regreso

Luego de algunas semanas de receso por actividades profesionales que no me permitían contar mis historias de actualidad y vigencia política, con todo el equilibrio que intento hacerlo, regreso a esta deliciosa bitácora que es puente digital para dialogar con todos ustedes, sobre temas que nos apasionan.

Último año de gobierno: La percepción es la clave

En la recta final de un gobierno suelen ser más visibles sus defectos y virtudes para la opinión pública, pues se trata de un momento final que es paralelo a un turbio año de elecciones. Los alcaldes y Gobernadores del país ocupan estas dignidades hasta el 31 de diciembre de este año, pero no hay duda que el poder se les mengua en el segundo semestre de este 2011 y desde el 31 de octubre, con sucesores electos, ya solo les corresponde hacer balance y empacar.

Este será un año complejo para alcaldes, gobernadores e incluso para concejales, diputados y ediles. La ejecución presupuestal, el plan de desarrollo propuesto y el balance final que entreguen; serán insumos sobre los cuales caerán tomates o flores por parte de los ciudadanos con información, argumentos y altura. De otro lado están los ataques rastreros, mentiras, ignoracia y refritos que emplearán algunos enemigos de estos gobiernos en pleno año electoral.

Muchos le temen a los tomates luego de presentar su "obra" Muy buenos gobiernos vienen recibiendo una tomatada anticipada porque fallan en comunicar mejor. Foto cortesía Infoagro.com

Sin embargo creo que un aspecto clave para poder ganarse más flores que tomates y capitalizar políticamente un último año de gobierno, es la forma cómo se comuniquen a la opinión pública los resultados de la gestión que se ha realizado.

Hay gobiernos con una excelente evaluación en relación con su ejecución presupuestal, han actuado con transparencia, han cumplido con las obras propuestas en su plan de desarrollo; sin embargo fallan desde la comunicación, entendida de manera holística e integral como un ejercicio cotidiano que cuida hasta el más pequeño de los detalles de cara a los públicos que tienen contacto con el gobierno.

las flores deben caer de manera espontánea sobre una buena obra. Los ciudadanos comprenden cuando las flores son sinceras y cuando son pagadas. Foto: Cortesía

Es un error pensar que la comunicación sólo es un ejercicio de entregar información o invadir con publicidad y publi-entrevistas los medios masivos. La buena comunicación es natural, espontánea, cercana, toca a la puerta del ciudadano, acaricia, le habla a los ojos, de frente, aprieta su mano y se muestra franca y sincera en el plano individual y no solo masivo.

Todas las decisiones en forma y fondo son actos de profunda interpretación semiótica, cuyos detalles deben cuidarse al extremo, con obsesión, con interés, pero sobretodo: con coherencia. Poco o nada se gana el gobierno que trate de endulzar o embadurnar de crema una gestión de gobierno buena o mala, cuando no ha entendido que la coherencia es la columna vertebral por medio de la cual el ciudadano más humilde y más “de a pie” toma sus decisiones.

¿Qué balance hace de la gestión del Alcalde y del Gobernador?

Se abre la Plaza Pública

En silencio, sos menos carga

“Lo breve si bueno, dos veces bueno” Esta muy sabia frase la solía leer del profesor Juan José García Posada en algunos de sus buenos textos. Adelgazar las palabras de tamaño y engordarlas de sentido debería ser una constante para la vida. Esa última si es mi frase y la suelo compartir con mis alumnos en la universidad.

Como díria el Rey Juan Carlos: "¿Por qué no te callas?"

La verborrea es la peor de las epidemias que padece hoy nuestra sociedad. El exceso de palabras generalmente viene acompañado de las adulaciones, la pobreza en materia de gestos, la poca hondura en los conceptos, la flaqueza cuando urge la reflexión, la necesidad de rellenar el sin sentido de saborearse o saborear un buen silencio.

La inteligencia se comunica con muy pocas palabras y la riqueza del espíritu también. El silencio no es solo ausencia de voz, es introspección, es escucha, es ir a lo profundo antes que todo.

“En el reino de las palabras todo es posible, de infierno se pasa al cielo sin pestañar. Las promesas se multiplican y solo sirven, para darle un poco de alivio a la enfermedad” Jorge Terren.

Y no me quiero alargar…solo decir que tiene “sabor a asfalto” que en estos tiempos previos a unas elecciones, sea común escuchar y ver ciertos candidatos que hablan y hablan y hablan y hablan y hablan…bla,bla,bla,bla,bla…

¿Sirvió de algo remangarse el pantalón?

Esta fue una de las piezas publicitarias empleadas por la campaña del Día Internacional para la Sensibilización contra las Minas Antipersonal. Cortesía: http://www.remangate.org/

Un seguidor de este blog nos preguntaba al inicio de la semana por nuestra opinión sobre la manifestación simbólica del pasado 4 de abril, cuando muchas personas se remangaron la bota derecha de su pantalón, como protesta contra las minas terrestres y en solidaridad con las personas que han perdido alguna parte de su cuerpo o incluso la vida,  por culpa de este tipo de armamento.

Mi opinión: Como pasa en la política, con este tipo de iniciativas hay una postura que gana y otra que pierde. La ganadora siempre es la postura masiva, que moviliza, motiva, que se contagia, que se comprende; y la perdedora es la iniciativa que no logra ser replicada en el ejercicio de movilización colectiva.

Las teorías occidentales sobre comunicación pública nos ubican como ciudadanos en el rol de reeditores (ver este texto de Juan Camilo Jaramillo). A diario tomamos decisiones que se convierten en signos por medio de los cuales nos relacionamos con lo cotidiano. A la decisión individual se suma la decisión del colectivo y en un entorno donde la democracia se erige en el paradigma de legitimidad, la postura masiva es la ganadora y la minoritaria, aunque exprese lo moral o éticamente correcto; no siempre es la que logra expresarse y validarse.

En resumen: Yo me remangué el pantalón porque me duele que seamos el segundo país del mundo con más minas sembradas, me duelen las personas mutiladas, los campos vacíos y todo el dolor de las minas. Para mí tiene un valor mi mensaje,  sin embargo el hecho de que solo un bajísimo porcentaje de personas en la ciudad hubiese acatado el valioso llamado a remangarse la bota del pantalón aquel día, hace que el mensaje colectivo no fuera masivo y por ende, quizás no hubiera llegado con la fuerza disuasiva que esperaríamos los simpatizantes,  hacia las personas que fabrican, trafican o emplean este armamento.

9133 zapatos rotos que representan al número de víctimas de minas terrestres desde 1990 en Colombia, fue otro signo empleado el 4 de abril en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Foto: Jaime Morales

El argumento político que no se masifica en occidente pierde legitimidad como instrumento disuasivo y más cuando se trata de mensajes dirigidos a actores de una sociedad que se oponen radicalmente al sistema vigente o cuya lógica político-económica no les permite el diálogo desde el sentido común colectivo.

¿Usted cree en los resultados positivos de este tipo de manifestaciones?

No guardaré silencio…la vida es sagrada

Imposible permanecer como si nada, como si esto no fuera conmigo y la vida pudiera seguir su rumbo…Por estos días cientos de ciudadanos se movilizan en Medellín para reclamar el respeto a la vida. Como lo cuenta aquí el periódico El Colombiano, esta vez el la razón – o mejor sinrazón- es que han asesinado una voz cantante, un artista, un joven con un morral repleto de sueños. Como muchos niños de Medellín, Yhiel a sus 17 años, clamaba por durar mucho más que una ilusión, por tener entre sus manos el don de haber nacido pa´ semilla como se titula un célebre libro de nuestro actual alcalde.

Hace algunos meses el cantante Juanes había liderado un evento artístico con raperos para clamar por el respeto a la vida de los jóvenes de Medellín.

Son muchos los jóvenes que caen asesinados a diario en ciudades como Medellín. La triste tragedia no se puede ocultar. El dolor de estos asesinatos sin sentido nos arde en el alma, y aunque muchos clamen por la venganza o presa del miedo se permitan el silencio, nosotros con nuestros pasos vamos a clamar por el derecho a la vida de todos, pues cuando las balas o el hierro cruzan la existencia de nuestra juventud, no me queda duda: todos morimos de “a poquiticos”

El llamado con este sencillo texto y esta canción es a unirse en persona o virtualmente, pero también desde esta Plaza Pública poder gritar: La Vida es Sagrada


Hágale…Patee la lechuza!

Todos invitados a patear La Lechuza. Foto cortesía El Colombiano

Parece inverosímil pero cierto: Una nube de periodistas sin ganas de esforzarse mucho por tener verdaderas noticias, abarrota la zona externa de una clínica veterinaria de Barranquilla esperando el parte médico de un animal pateado por un futbolista. Mientras tanto un país atontado por la “realidad” consume lechuza patiada sin importarle que cientos de hechos políticos nos afectan y por ello pasan desapercibidos, pues el ambiente de fiesta veintejuliera y macondesca, no da tiempo para pensar en algo más que en las cortinas de humo.

Ha subido desmesuradamente la gasolina y ni nos enteramos. Libia se debate entre una dictadura o su libertad y pensamos que Muammar Al-Gadafi es una marca de alfombras. Nuestros niveles de pobreza superan el 65 por ciento  y pensamos que sólo hay mendicidad en los semáforos y las cifras de desempleo “mejoran” y nos sentimos felices porque el vendedor en el bus se la rebusca. ¿fácil forma de hacernos los locos y seguir comiendo compota de realidad?

Invito públicamente a patear la lechuza. Sí señor….basta de cortinas de humo y comida rápida mediática que atrofia la capacidad de ir más allá y nos empuja a encontrar culpables momentáneos para abuchear. Patiemos la lechuza y abramos la mente a la realidad. Puede que las asociaciones defensoras de animales me caigan encima por incitar al maltrato animal, pero no me importa, asumo las consecuencias.

¿Usted se anima a patear la lechuza?

Arreglando el país en una embolada

En medio de una embolada de nuevo disfruté el sabor del asfalto

Caminar la calle, olerla, sentirla, acariciar con los pies el asfalto, encontrarme con la gente del común, para comprender quiénes son,  cómo actúan y para dónde van,  es un placer que me hace inmensamente feliz.

Estoy sentado en la banca de algún parque, con un embolador que saca brillo a la punta de mi zapato mientras me cuenta buenas historias y leemos juntos la prensa; sueño en la forma cómo podemos hacer sinergia entre los intereses de todos y lograr un modelo de estado incluyente, evolucionado, culto y con las libertades suficientes para que las personas puedan hacer un ejercicio equitativo de sus  derechos.

Mis dedos sienten con placer la tinta fresca de un periódico,  logro abrirlo – me sorprende-  de un solo movimiento con la ayuda de mis brazos y mi nariz. Allí estoy sentado en la banca de aquel parque lleno de palomas, olor a crispeta, verdura, CO2 y transeúntes que viajan con afán y ceño fruncido en medio de las primeras horas matinales.

Sigo pensando en el modelo de sociedad que nos merecemos y se me vienen a la mente tantas ideas.

Mi oficio como reportero, académico y funcionario público me ha permitido visitar las 16 comunas, los 5 corregimientos de Medellín, mi ciudad y también a 120 de los 125 municipios de mi departamento, Antioquia. En todos he disfrutado observando a las personas, sentado en alguna banca de parque donde las historias deambulan y corroborando que es imposible pensar en justicia o desarrollo si todos no tenemos acceso a las mismas oportunidades.

Pacho el embolador golpea con su cepillo la punta de mi empeine y vuelvo a la realidad. Con la corbata a cuestas recuerdo que tengo el mismo afán que los demás, pero trato de sacudirme de la indiferencia y mientras sostengo en mi mano un billete de 2000 con el que pago mi embolada, comprendo que es la vida misma un don inestimado y su respeto el punto de partida para reconocer el papel que cada uno tiene como ciudadano en medio del caos social que vivimos.