¿Es posible hacer campañas amables con el medio ambiente?

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Si hablamos de publicidad política en tiempos de cambio climático es urgente priorizar nuevas metodologías de contacto con el ciudadano que nos permitan el menor deterioro de recursos naturales, pero sin desconocer lo que funciona y aquello que no funciona en el contacto para el posicionamiento de un líder político o candidato a un cargo con los ciudadanos que serán sus potenciales votantes.

El mito de no usar papel resulta convertirse en un saludo a la bandera cuando entendemos que la producción de un volante, afiche, pasacalles no supone un gasto tan grande para el medio ambiente como la producción de una prenda de vestir como unas medias, una camiseta o una bandera por el uso de tinturas, agua y procesos de secado que son mucho mas complejos y con una durabilidad muy parecida a la de ciertos plásticos o materiales poco biodegradables, como si ocurre con el papel que se ha convertido en una especie de caballito de batalla de quienes dicen proteger el medio ambiente pero que optan por otros caminos mucho más nefastos para el medio ambiente mientras se hacen automarketing por no usar papel en la campaña.

 

Hoy las grandes y medianas ciudades latinoamericanas entre los 10 y los 3 millones de habitantes cuentan con una población migrante de estratos medio bajo con un contacto con herramientas digitales que apenas alcanzan el 37%. Estas poblaciones representan entre un 65 y un 70% de la población votante de estas ciudades y la pregunta clave sería ¿Si no uso volantes, impresos, vallas, libros u otro material, ¿cómo puedo quedarme y multiplicarme más allá de la presencia física del candidato, la tropa de campaña o los enlaces de la campaña delegados cuyo tiempo es limitado en el territorio y no tienen la capacidad de multiplicación que tienen estas piezas físicas?

 

La respuesta es clara: Hay que usar papel, pero hacerlo de manera responsable, es decir generando piezas con un gran saldo pedagógico, es decir con elementos que provoquen aprendizajes en los públicos y por lo mismo o por elementos informativos, de entretenimiento u orientación, hagan que los usuarios conserven las piezas que suelen ser destruidas de inmediato y las lleven a hogares, oficinas o los lugares donde pueden fijarlas o compartirlas con otras personas y de esta forma hacer más eficiente su uso.

 

El uso de material biodegradable para la entrega de alimentación y refrigerios como el uso de canastas, pitillos, vasos que muchas veces son de plástico también son mensajes muy valiosos que también deben ir acompañados de procesos de recolección y disposición de residuos.

 

Otro hábito nocivo para el aire es el uso excesivo de medios de trasporte motorizado para el movimiento de personal en el territorio o las tradicionales caravanas que se convierten en pulsos entre candidatos con grandes cantidades de combustibles que contaminan el aire de pueblos y ciudades, solo con la excusa de mostrar fuerza desde la percepción, pero con un alto costo para nuestro medio ambiente.

 

El llamado, como pasa con casi todo en la vida, es a entender que menos es más y que el uso racional de recursos como papel, textiles e incluso otros factores que incrementan la huella de carbono no necesariamente es funcional para los objetivos de una campaña política, donde la creatividad no nos debe conducir a no satanizar ciertos canales de contacto y endiosar otros que muchas veces son mas perjudiciales y nocivos para el medio ambiente.

 

Mg. Miguel Jaramillo Luján, Consultor y estratega político

 

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