En silencio, sos menos carga

“Lo breve si bueno, dos veces bueno” Esta muy sabia frase la solía leer del profesor Juan José García Posada en algunos de sus buenos textos. Adelgazar las palabras de tamaño y engordarlas de sentido debería ser una constante para la vida. Esa última si es mi frase y la suelo compartir con mis alumnos en la universidad.

Como díria el Rey Juan Carlos: "¿Por qué no te callas?"

La verborrea es la peor de las epidemias que padece hoy nuestra sociedad. El exceso de palabras generalmente viene acompañado de las adulaciones, la pobreza en materia de gestos, la poca hondura en los conceptos, la flaqueza cuando urge la reflexión, la necesidad de rellenar el sin sentido de saborearse o saborear un buen silencio.

La inteligencia se comunica con muy pocas palabras y la riqueza del espíritu también. El silencio no es solo ausencia de voz, es introspección, es escucha, es ir a lo profundo antes que todo.

“En el reino de las palabras todo es posible, de infierno se pasa al cielo sin pestañar. Las promesas se multiplican y solo sirven, para darle un poco de alivio a la enfermedad” Jorge Terren.

Y no me quiero alargar…solo decir que tiene “sabor a asfalto” que en estos tiempos previos a unas elecciones, sea común escuchar y ver ciertos candidatos que hablan y hablan y hablan y hablan y hablan…bla,bla,bla,bla,bla…

Arreglando el país en una embolada

En medio de una embolada de nuevo disfruté el sabor del asfalto

Caminar la calle, olerla, sentirla, acariciar con los pies el asfalto, encontrarme con la gente del común, para comprender quiénes son,  cómo actúan y para dónde van,  es un placer que me hace inmensamente feliz.

Estoy sentado en la banca de algún parque, con un embolador que saca brillo a la punta de mi zapato mientras me cuenta buenas historias y leemos juntos la prensa; sueño en la forma cómo podemos hacer sinergia entre los intereses de todos y lograr un modelo de estado incluyente, evolucionado, culto y con las libertades suficientes para que las personas puedan hacer un ejercicio equitativo de sus  derechos.

Mis dedos sienten con placer la tinta fresca de un periódico,  logro abrirlo – me sorprende-  de un solo movimiento con la ayuda de mis brazos y mi nariz. Allí estoy sentado en la banca de aquel parque lleno de palomas, olor a crispeta, verdura, CO2 y transeúntes que viajan con afán y ceño fruncido en medio de las primeras horas matinales.

Sigo pensando en el modelo de sociedad que nos merecemos y se me vienen a la mente tantas ideas.

Mi oficio como reportero, académico y funcionario público me ha permitido visitar las 16 comunas, los 5 corregimientos de Medellín, mi ciudad y también a 120 de los 125 municipios de mi departamento, Antioquia. En todos he disfrutado observando a las personas, sentado en alguna banca de parque donde las historias deambulan y corroborando que es imposible pensar en justicia o desarrollo si todos no tenemos acceso a las mismas oportunidades.

Pacho el embolador golpea con su cepillo la punta de mi empeine y vuelvo a la realidad. Con la corbata a cuestas recuerdo que tengo el mismo afán que los demás, pero trato de sacudirme de la indiferencia y mientras sostengo en mi mano un billete de 2000 con el que pago mi embolada, comprendo que es la vida misma un don inestimado y su respeto el punto de partida para reconocer el papel que cada uno tiene como ciudadano en medio del caos social que vivimos.