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	<title>Revelaciones del bajo mundo &#187; marginal</title>
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		<title>LA MUERTE DEL MARGINAL no es menos muerte</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Jul 2008 02:04:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[El Inspector]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El 11 de julio de 2007, la relación amorosa que sostenían el travesti Dayana Michel y su novio de 16 años, terminó de la manera más triste por una puñalada. La pareja discutía en la habitación de un hostal, en el sector Barbacoas del centro de Medellín. El motivo fue que el novio mantenía un romance paralelo<br /><a class="moretag" href="https://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/la-muerte-del-marginal-no-es-menos-muerte/49">Continuar leyendo</a><div class="addthis_toolbox addthis_default_style addthis_32x32_style" addthis:url='https://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/la-muerte-del-marginal-no-es-menos-muerte/49' addthis:title='LA MUERTE DEL MARGINAL no es menos muerte ' ><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a><a class="addthis_button_compact"></a></div>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El 11 de julio de 2007, la relación amorosa que sostenían el travesti Dayana Michel y su novio de 16 años, terminó de la manera más triste por una <strong>puñalada</strong>.</p>
<p>La pareja discutía<img class="alignleft" style="float: left; margin: 10px; border: black 4px solid;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/wp-content/uploads/2008/07/pareja-travestiblog.jpg" alt="Dayana besándose con el novio." width="194" height="284" /> en la habitación de un hostal, en el sector Barbacoas del centro de Medellín. El motivo fue que el novio mantenía un romance paralelo con “una niña de casa” y Dayana Michel le exigió que la abandonara. El drama se hizo más intenso cuando, en confusos hechos, una navaja ‘patecabra’ terminó clavada en la espalda del travesti y le perforó el pulmón.</p>
<p> El chico afligido, acompañado de otro travesti, llevó a su amado a la Unidad Intermedia de Buenos Aires, donde murió. Una patrulla policial llegó al sitio y sorprendió al adolescente tratando de salir. Le encontraron el <strong>arma homicida</strong> y lo capturaron.</p>
<p>Él dijo que se trató de un <strong>accidente</strong>, que fue Dayana quien sacó la navaja y lo atacó, pero él le detuvo el brazo, le dio la vuelta y la empujó. Según el detenido, ella tropezó con un nochero y al caer se clavó el filo en la espalda. El nombre real de Dayana era Johnatan Alberto Guerrero Chico, de 19 años y oriundo de Turbo, Antioquia.</p>
<p><span id="more-49"></span></p>
<p>El 27 de julio de 2007 una madre que había perdido a su hijo por culpa de las drogas, volvió a perderlo para siempre. “La <strong>droga</strong> es lo más maldito, ¡qué destino tan fatal!”, dijo en esa oportunidad la aseadora María Gómez Rúa, contemplando a los agentes del CTI que envolvían en una bolsa blanca el cuerpo de Brayan Roldán Gómez, de 18 años.</p>
<p>El muchacho consumía estupefacientes desde los 13, según su mamá. Aquella madrugada estaba en compañía de un sujeto apodado ‘Nano’, entre la maleza a un costado de la quebrada La Pena, en una zona boscosa del sector Gualandayes, en el municipio de Envigado.</p>
<p>Las autoridades indicaron que se presentó una <strong>riña</strong> y la víctima fue Brayan. Quedó tendido en la cañada, desangrado por múltiples puñaladas en el tórax, la espalda y la cara. La Policía hizo una redada y del fondo del matorral emergió ‘Nano’, con las manos heridas y el bluyin manchado de carmín. “Casi me matan a mí también, pero me volé”, dijo el sujeto. Los de uniforme no le creyeron y lo capturaron como sospechoso del crimen.</p>
<p><img class="alignright" style="float: right; margin: 10px; border: black 4px solid;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/wp-content/uploads/2008/07/gualandayesblog.jpg" alt="Escena del crimen en caso Gualandayes." width="296" height="272" /></p>
<p>El 20 de febrero de 2008 en una cuadra llamada ‘La Chirria’ y ubicada en la zona urbana del municipio Rionegro, dos personas fueron brutalmente asesinadas en medio de una atroz <strong>disputa de combos</strong> por el control del tráfico de estupefacientes.</p>
<p>Ocurrió dentro de una casa de vicio, en cuyo interior se consumían en las drogas unas 20 personas, de acuerdo con información policial.<br />
A las 4:00 p.m. ingresaron varios sujetos y discutieron de forma airada con el cotero Luis Carlos Restrepo Valencia, de 49 años, y una mujer llamada Ana Belén y apodada ‘La Anaconda’. Ambos eran señalados de ser <strong>jíbaros</strong> y sus agresores querían sacarlos del camino, por eso los atacaron ferozmente con cuchillos.</p>
<p>A Restrepo le propinaron 18 puñaladas en el sótano de la casa, y a la mujer unas 15. Los homicidas remataron su faena degollándolos, ante la mirada desorbitada de los demás drogadictos.<br />
Dos meses después, la Sijín capturó a cuatro sujetos <strong>sospechosos</strong> de cometer el doble asesinato.</p>
<p>El 6 de marzo de 2008, un pasajero frustró un <strong>atraco dentro de un bus</strong>, asesinando a balazos a uno de los asaltantes e hiriendo a su compinche.<br />
La situación se presentó dentro de un microbús que cubría la ruta Amagá-Caldas, justo cuando el vehículo circulaba por el barrio Mandalay de este último municipio. Al mediodía, un pasajero se levantó del puesto para oprimir el timbre de parada, pero en vez de eso sacó un arma y gritó <strong>“¡bájense de todo!”</strong>, según testigos.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left; margin: 10px; border: black 4px solid;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/wp-content/uploads/2008/07/atracobuscaldasblog.jpg" alt="Escena del crimen del bus en Caldas." width="297" height="197" /><br />
Un compinche lo secundaba y comenzó el atraco, mas había un pasajero que no estaba dispuesto a dejarse robar. También sacó un arma y <strong>disparó</strong> contra los bandidos.</p>
<p>Uno de ellos se desplomó junto a la cabina del chofer, con seis impactos de bala.<br />
Su parcero resultó herido, pero se tiró del microbús y escapó.</p>
<p> </p>
<p>El pasajero armado también emprendió la huida. El occiso no tenía documentos y fue registrado como N.N.</p>
<p>El 4 de mayo de 2008, dos patrulleros de la Policía ingresaron a una reconocida <strong>olla de vicio</strong> en el barrio Lovaina, al nororiente de Medellín.<br />
Era una casa abandonada y sellada con un muro, al cual los habitantes de la calle le habían creado un acceso rompiendo un orificio de un metro de diámetro. El sitio era conocido como ‘El Caguán’ y en su interior las almas perdidas se dedicaban al consumo de alucinógenos.</p>
<p><img class="alignright" style="float: right; margin: 10px; border: black 4px solid;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/wp-content/uploads/2008/07/granadablog2.jpg" alt="Escena del crimen en la casa de vicio de Lovaina." width="316" height="263" />Los uniformados pretendían realizar una inspección de rutina, pero adentro se encontraron con un <strong>indigente</strong>, al parecer drogado, que les opuso resistencia. La situación llegó al clímax  cuando el mendigo, conocido como ‘Salsero’ o ‘Pipe’, esgrimió una <strong>granada</strong> de fragmentación IM-26, con la intención de arrojarla a los policías.</p>
<p>Un patrullero actuó más rápido y desenfundó el revólver. El cuerpo de ‘Salsero’ se dobló oprimido por los balazos y la granada rodó por el carcomido suelo, sin explotar.</p>
<p>Las anteriores historias tienen un nefasto elemento en común. Mientras las autoridades practicaban las inspecciones técnicas a los cadáveres, los vecinos se acercaban y entre susurros <strong>justificaban las muertes</strong>, con comentarios de este tipo: “¿pero cuál es el problema, periodista, si ese era un vicioso?”, “muy bueno que le pasó eso, por bandido”, “ese era un gamín, nada se perdió”, “eso le pasó por marica”, “ese… bien muerto es”.</p>
<p>El crimen destapó los sentimientos de un sector de la población acerca de los marginales, es decir, personas usualmente <strong>rechazadas</strong> como drogadictos, prostitutas, divergentes sexuales y delincuentes. Y lo que aquellos vecinos tenían adentro no era mejor que lo que pudo motivar a los asesinos.</p>
<p>La gente en esos levantamientos expresó sus secretos deseos de <strong>venganza</strong>, su rabia contenida, ese triste pensamiento de que hay asuntos que solo se solucionan matando al otro. “Es mejor así, porque si los cogen, al otro día los sueltan y siguen en lo suyo”, comentan estas personas.</p>
<p>Pensar así no nos hace diferentes de esa turba ecuatoriana de la localidad de San Vicente, en Bahía de Caráquez (Manabí), que el 7 de abril de 2008 <strong>incineró vivos</strong> a dos colombianos que al parecer estaban implicados en el asalto mortal a un comerciante.</p>
<p><img class="alignleft" style="float: left; margin: 10px; border: black 4px solid;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/wp-content/uploads/2008/07/incineradosblog.jpg" alt="Colombianos incinerados en Ecuador." width="281" height="211" /></p>
<p>Este rencor, que parece de transmisión genética, tiene gran parte de su origen en la desconfianza hacia la <strong>justicia soberana y legal</strong>. Mucha gente piensa que los jueces son alcahuetes del delincuente y es mejor que la muerte dicte la sentencia. Creen, falsamente, que los problemas sociales se resuelven tres metros bajo tierra, pero nuestra historia ha demostrado que tal cosa <strong>no es cierta</strong>.</p>
<p> </p>
<p>Las almas perdidas deben tener un juicio justo y quienes nos consideremos ciudadanos de bien, tenemos que rechazar sus crímenes mas no invocar su muerte. No necesitamos más oscuridad dentro de nosotros.</p>
<p>Con respecto a los decesos de personas con diferentes preferencias sexuales, como el caso de Dayana Michel, el odio nace de la <strong>intolerancia</strong>. Algunos piensan que dichas personas merecían el destino fatal, que con sus actos atrajeron la tragedia.</p>
<p>No obstante, una sociedad es sana si es diversa. Aquí, hablo específicamente de <strong>Antioquia</strong>, hay espacio para todos y quien rechace a un ser diferente debe prestar cuidado a la podredumbre de su propio espíritu.</p>
<p>En medio de tanta desazón, hay historias que demuestran que sí hay <strong>ciudadanos bondadosos</strong>. El 17 de diciembre de 2007 murió en el asfalto Guillermo Antonio Vélez, un habitante de la calle de 42 años conocido como ‘Salserín’.</p>
<p><img class="alignright" style="float: right; margin: 10px; border: black 4px solid;" src="http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/wp-content/uploads/2008/07/salserinblog.jpg" alt="Él era 'Salserín', fallecido en el centro de Medellín." width="173" height="263" /></p>
<p>Estaba sentado en el borde de una palmera en el centro de Medellín, cuando le dio un ataque, al parecer producido por una <strong>intoxicación</strong> de alcohol y alucinógenos.</p>
<p>El cuerpo fue a dar a la morgue y sus familiares no lo reclamaban. Entonces sus amigos, aquellos que conoció recorriendo las calles, decidieron unirse para darle un <strong>funeral decente</strong>. Entre ellos estaba Sebastián Romero, el dueño de una compraventa que le ayudaba cada vez que lo veía. “Por más vicioso que fuera, era humano, somos iguales ante Dios, tenemos el mismo valor”, dijo Sebastián, quien en vida le tomó esta bella foto a ‘Salserín’.</p>
<p>La muerte del marginal no es menos muerte.</p>
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