Lo que se aprende de la dificultad.

tiger-2535888_960_720Yo creo que la dificultad, pone a prueba nuestra capacidad de adaptación y la inteligencia emocional para asimilarla y sacarle el mejor provecho.

Cuando ingresé a la universidad, para comenzar mis estudios en la facultad de psicología, llegó a mis manos el texto del filósofo colombiano Estanislao Zuleta, con su título provocador e inquietante:” Elogio de la dificultad”.

El deslizarme por sus páginas, me generó una crisis existencial profunda. Me di cuenta de que mi vida había transcurrido sin detenerme a evaluar la riqueza oculta que se encuentra en las dificultades. Y desde ese momento decidí que, si el Universo me regalaba una, la iba a aprovechar para aprender mucho de mí mismo.

Pienso que las dificultades mayores que he enfrentado, fueron provocadas por la equivocación y por el error. Así al pasar los años, cada vez más, les hablo a mis estudiantes de la importancia de erigirle un altar a la equivocación. Porque es precisamente allí, donde más información obtengo, si me acompaña el coraje suficiente para hacer las preguntas adecuadas y de esta forma, investigar a fondo, dónde estuvo el error. Porque cuando me va muy bien en un examen, y saco buena nota, me limito a celebrar el triunfo sin preguntarme por qué obtuve ese resultado tan satisfactorio.

Cuando hago inventario de mis aciertos y equivocaciones, puedo corregir el futuro.

“Errar es de humanos”, dice el refranero popular, y además nos enseña que si se comete un error y no se corrige, el resultado, son dos errores.

Para recordarme, como estoy de equivocado, traigo a mi mente la fábula del místico árabe Sa’di:

Que narra la historia de un hombre que, cuando paseaba por el bosque, vio a un zorro mutilado, pues había perdido sus patas. Al mirarlo así, se preguntó ¿cómo podría este zorro sobrevivir con esa condición?. En medio de sus reflexiones sobre la vida y la muerte, observó a un tigre que llevaba una presa en su boca. Al parecer el tigre estaba satisfecho y dejó el resto de la carne para el zorro.

Al día siguiente, se produjo de nuevo el milagro y Dios alimentó al zorro por medio del mismo tigre. Nuestro hombre dio gracias al Creador del Universo por su inmensa bondad y de manera entusiasta se dijo a sí mismo -voy a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor y Él me dará todo cuanto necesite-.

Lo hizo así durante muchos días, pero nada sucedió y este hombre, casi frente a las puertas de la muerte, sintió desfallecer su fe. Cuando oyó una voz que le decía: -Óyeme tú que te encuentras en el camino del error, toma conciencia, abre tus ojos a la Verdad y por favor sigue el ejemplo del tigre y deja de imitar al zorro mutilado.

Cuando pretendo tener la razón, siempre es bueno consultar al Universo, para que me envíe algún sabio mensajero y me saque del error, porque es necesario para mí aprendizaje, distinguir si juego a ser el tigre o el zorro. Por supuesto, se necesita una buena dosis de humildad para escuchar y ver las señales que continuamente nos da la vida.

Yo creo que la dificultad no está en el acontecimiento mismo, sino en la manera como me permito ver y reaccionar frente a la situación. Al fin y al cabo, quien está a prueba soy yo. El problema, realmente no se encuentra en el examen, sino en mi preparación para resolverlo.

El trasteo.

package-2366468_960_720Yo creo que mi madre tiene razón cuando dice que un trasteo equivale a dos incendios.

En una mudanza, se mueven todo tipo de energías, sentimientos, emociones, recuerdos y esperanzas.

El camión llegó a la hora acordada. Un grupo de hombres, dispuestos a trabajar embalando cajas y muebles, se presentaron con una sonrisa comercial, aunque poco sincera. Comenzaron por desbaratar camas, y procedieron a sacarlas a la velocidad de la luz. En un abrir y cerrar de ojos, las habitaciones, lugares muy importantes para nosotros, como familia, ya tenían un aspecto desolado y triste.

Siguieron con la sala y el comedor, espacios cargados de reuniones familiares y de amigos, que celebraron con nosotros ocho navidades y veinticuatro cumpleaños. En poco tiempo, este par de lugares, ya tenían eco y parecía más grandes, sin las sillas y las mesas respectivas.

Finalmente, salieron con la nevera, la lavadora y un sin número de cajas que contenía nuestras “pertenencías” acumuladas, durante tanto tiempo que, de algunas de ellas, ni nos acordábamos de que existían.

En lo particular, el proceso de empaque de cajas me llevó casi tres semanas, porque los recuerdos, me asaltaban cada vez que descubría un objeto, un álbum de fotos, una cámara vieja, antiguos regalos y las maletas que representaban maravillosos y soñados viajes, dejando todos ellos, una estela de nostalgias y divertidas alegrías, y la posterior decisión de botar todo aquello que se convertiría en una carga, para poder andar ligero de equipaje.

Por supuesto aparecieron elementos perdidos, que busqué durante años y que ahora, gracias al trasteo, se hacían presentes, pero por supuesto, sin ninguna utilidad actual.

Confieso que fue duro, despedirse de dos balcones deliciosos que me asomaban a la naturaleza, y donde cada mañana, sentía el canto de los pájaros y los milagros del sol, cuando leía, hacía sudokus, y pensaba sobre el tema del próximo post para este blog.

Yo creo que los cambios son importantes. Y la única manera de cambiar es cambiando la comprensión sobre los cambios, a partir del entendimiento del apego.

Pienso sobre la manera cómo me esclavizan ciertos apegos, pues me atrapo a mí mismo, tratando de reorganizar mi vida, de manera que pueda conservar estas ataduras.

Entonces realmente, necesito escapar de mi prisión, porque sigo creyéndome un esclavo feliz de mis programaciones, de mis condicionamientos, de mis falsas creencias, de mis fantasías de abandono, porque si no lo hago, seguiré pretendiendo que el mundo se reorganice para adaptarse a mi apego.

Cierro los ojos, respiro profundo y hago este ejercicio durante unos minutos… pienso en algo o alguien de quien esté apegado. Por ejemplo, del apartamento, del cual me he trasladado. Pero puedo hacerlo también con una persona, sin la cual creo, no sería feliz. También puedo hacer esta tarea imaginativa, pensando en mi empleo, mi carrera, mi profesión, el dinero.

Luego me imagino diciéndole, al apartamento: – “No te necesito para ser feliz”-.

Es cierto, viví allí mucho tiempo feliz,  pero ahora puedo destrozar esa fantasía en torno a la supuesta felicidad generada por el apego, pues en realidad todo es transitorio.

Lo impresionante de todo esto es que el tiempo pasa y más adelante me invento otro apego, a otra cosa, a algo que creo más atractivo… y entonces me pregunto: ¿qué pasó con el viejo apego?

Yo creo que es liberador no depender emocionalmente de nada ni de nadie; por eso es por lo que, un trasteo, está lleno de simbolismos, pues representa el abandono, el desapego, la renuncia y el cambio.

¿Cuál es tu prioridad?

family-3343740_960_720Yo creo que el problema no es la falta de tiempo, sino el manejo de la prioridad.

Desde el momento en que nacemos un reloj en retroceso, va marcando cada segundo de manera imperceptible. Los días y las horas se tornan significativos para los que practican el arte de priorizar, y por lo tanto los secretos del manejo del tiempo.

En estos días me encontré, en su oficina, con una persona con quien estoy organizando una actividad conjunta. Y me recibió con esta frase: – “Hola Juan, no te he llamado, porque no he tenido tiempo-. Comprendí que, en el fondo, decía que yo no era su prioridad.

Continué la conversación, dejando de lado mi profesión como psicólogo, para no leer entre líneas y de esta forma no alterar mi propia tranquilidad y le pregunté si había leído el correo electrónico que le envié y nuevamente respondió, -como te conté, no me ha quedado tiempo para leer correos”-. Me di cuenta de que era otra forma de decir, que no estaba en sus prioridades.

Si supieras, agregó, -no me alcanza el tiempo para nada-. Entonces finalmente concluí que le estaba dando prioridad a otros temas.

En este caso, así por donde se le mire, no es un problema de tiempo, sino de prioridad.

Son muchos los campos en donde puedo priorizar, teniendo en cuenta el manejo del tiempo, pero ¿cuál es el más importante? ¿El amor, la familia, la pareja, los negocios, el dinero, el placer, el estudio, la vida espiritual, el trabajo, los amigos, la apariencia, la fama, el cuerpo, la salud? Y creo que no terminaría de enumerar la variedad de aspectos en los que me puedo ocupar, focalizando mi interés.

Sin embargo, en este momento de mi vida, se que mi prioridad es mi familia.

En el sagrado arte de vivir, quisiera abarcarlos todos, dándoles la debida importancia que, por supuesto va cambiando, en cada etapa, con el paso de los años, mientras voy adquiriendo la sabiduría necesaria para saber priorizar.

Por eso valoro más el tiempo, pues cada vez me queda poco, cuando tomo conciencia de esta impresionante reflexión, que alguien me compartió hace pocos días, por redes sociales:

El valor de un año, lo entiende el estudiante que repitió un curso en el colegio. El valor de un mes, lo conoce la madre de un bebé prematuro. El valor de una semana es significativo para quien sabe que va a morir. Una hora, es muy valorada por los amantes. Un minuto, lo lamenta quien perdió el metro, corriendo hacia la estación. Un segundo, es muy importante para quien se salvó de morir, porque estuvo a punto de tener un fatal accidente. Y una milésima de segundo es fundamental para quien ganó la medalla de plata en una competencia contra reloj.

Yo creo que aún tengo tiempo, para hacerme estas dos preguntas fundamentales: ¿cuáles son mis prioridades en el tiempo? Y a ¿qué le estoy dando prioridad, ahora?

Soy agresivo…porque tengo miedo.

man-2364347__340Yo creo que la agresividad es la manera como se manifiesta el miedo.

Entonces reconozco que cuando me enojo, debo investigar las causas de mi miedo, porque es allí, donde está el origen de todos los fantasmas que me acechan.

En el día de ayer, por razón de mi trabajo, me acerqué a la portería de la institución pública, destino de mi charla. El portero muy amable, y con buen manejo del servicio al cliente, me explicó que el vehículo en el que me transportaba no podía ingresar, debido a la política ambiental que restringe el uso del parqueadero a aquellos que tienen “pico y placa”. En mi ciudad, se prohíbe la circulación de automóviles a determinadas horas y en ciertos días de la semana, teniendo en cuenta el último número de la placa que aparece en la licencia de tránsito. Con la misma amabilidad, respondí a la directriz y me dispuse a buscar parqueo fuera de allí.

Cuando por fin llegué a la portería, esta vez a pie, me indicaron que debía registrarme con mi cédula de ciudadanía, para recibir una escarapela de seguridad y además mostrar el número de serial y marca del computador portátil que llevaba conmigo, para poder ingresarlo y así dictar la conferencia.

Estoy acostumbrado a este ritual en cada empresa pública o privada que visito y por lo tanto me preparo mental y emocionalmente para la espera obligatoria que se debe tener en estos lugares.

Sin embargo, mi vecino no tenía la misma energía. Se adelantó pasando por encima del derecho de quienes nos encontrábamos en la fila y puso su dedo índice en el detector electrónico del torniquete. Pero este no funcionó. Insistió cada vez, con más desagrado y desesperación, sin lograr su objetivo. Llamó al vigilante y en tono autoritario le dijo que necesitaba pasar. El vigilante pausadamente respondió: -señor, el sistema lector de huellas está malo, por favor permítame su carné institucional para autorizarlo a pasar-.

¿Usted no sabe quién soy yo? – gritó enfurecido. -No señor, usted sabrá disculparme, solicitó el guarda de seguridad, soy nuevo y hoy es mi primer día de trabajo aquí-.

Es que yo soy… y describió su pomposo título. Agregando: -a mí nunca me han dado una identificación para entrar, solo el registro de mi huella-.

Señor, lo comprendo, ahora le pido que me entienda… ¿cómo hago para identificarlo?

La furia de este hombre no tenía comparación, incluso a costa de su salud cardíaca, porque estaba exageradamente enrojecido y con la respiración entrecortada, faltó poco para que colapsara y así desencajado, jadeante y furioso, pretendía seguir caminando delante de la portería, sin autorización.

Pensé: ¿de qué tiene miedo? Probablemente, este indefenso hombre…tenía miedo de que los demás, allí presentes incluyendo el novel portero, no le hiciéramos reverencias a su ego. Pues su vanidad pedía a gritos reconocimiento, y clamaba por retomar el supuesto poder de su título.

Quizá tenía pánico de no “ser nadie” frente a los otros. Y lo que logró en cambio, fue demostrar, a los muchos testigos que presenciábamos su metamorfosis psíquica, su falta de capacidad directiva para manejar un tema de seguridad y protocolo tan delicado y sensible, pues es el primero que debe dar ejemplo de respeto por la persona encargada del acceso seguro a la institución y respeto por las ordenes, que más que un capricho, en este caso, son necesarias para la tranquilidad de todos.

Cuando se actúa desde la humildad, el sufrimiento es menor, porque quien se encuentra instalado en lo más alto de su orgullo, cae y se golpea muy fuerte.

En el juego del poder, aquel que necesita de la aprobación, y el reconocimiento, en el fondo sabe que su estado es tan etéreo, temporal y veleidoso como la vanidad misma.

Ahora, pensando en mí, cada vez que me enojo, identifico que tengo miedo de no ser valorado y apreciado por lo que pienso, digo, o siento.

También sucede que este miedo agresivo aparece, cuando me siento impotente, por lo tanto, veo muy claro mi miedo a estar vulnerable.

Yo creo que encuentro mi serenidad, cuando desde la humildad me acepto, y acepto las circunstancias, sin esperar ser aceptado. Y entonces el miedo desaparece y con él la agresividad, porque ya no necesito defenderme, al no sentirme atacado.

Lo que hago…mientras muero.

beach-2179624__340Yo creo que pensar en la propia muerte causa miedo, por la incertidumbre que produce responder a las preguntas: - ¿cómo voy a morir? -. ¿cuándo? ,- ¿adónde voy? -.

Cuando duermo…vivo una muerte parcial. Todo se apaga…bueno, la mente sigue funcionando, más allá de lo que yo quisiera y se manifiesta en forma de sueños o pesadillas.

Y cuando despierto, es común que, en medio del silencio de mis reflexiones más profundas, me transporte a un mundo imaginario, ideal, tranquilo y relajado, al que llamo mi santuario, para encontrarme con mis temores, entre ellos el de morir, como dice la canción…” sin haber hecho lo suficiente”.

Frente a mí, está el mar, representación magnífica de lo inconsciente. Me encuentro sentado mirando el horizonte, las olas vienen y van, la brisa juega con las caprichosas palmeras, que han crecido con una inclinación característica. Algunos cangrejos luchan contra la corriente y el sol se oculta majestuoso, en un ritual de despedida, como en este atardecer.

Yo también estoy atardeciendo. Me pregunto, como todos los días, - ¿qué voy a hacer hoy, mientras muero? -.

Desde que soy consciente de mi obligatoria muerte, pues al fin y al cabo, cada día que pasa, estoy más muerto que ayer, buscar la respuesta, me ha sostenido durante muchos años, dado que me hago la misma pregunta cada mañana.

Desde esta silla de playa, observo cuidadosamente la clase de vida que he llevado, mientras los alcatraces pescan para sobrevivir.

Entonces recuerdo los instantes más felices de mi vida, hasta ahora, así como también los momentos tristes de mi existencia.

Sin embargo, la evocación de aquellos sucesos que me causaron dolor y aflicción, ya no tienen sabor amargo, como en su momento.

También repaso algunas de las decisiones importantes que he tomado. Teniendo claro que vivir representa un permanente riesgo, que obliga a desarrollar la habilidad de tomar decisiones. Pues el sagrado arte de vivir no es otra cosa que el tiempo que me toma el aprendizaje de la consecuencia de la decisión.

Ahora, desfilan por mi mente, aquellas personas que han tenido especial importancia en mí existencia. Sus rostros, algunos ya borrosos por el paso de los años, tienen la magia y el poder de reconciliarme con la vida, y recordarme lo importante que es desarrollar relaciones profundas y significativas con otros seres humanos.

Respiro profundo, y me lleno de energía gracias a la talasoterapia. Me zambullo nuevamente en el mar, de la paz interior, y nado confiado y soñando con la esperanza de un nuevo día con vida, porque yo creo que, tengo muchas cosas por hacer…mientras muero.

La fogata.

fire-2071860_960_720Yo creo que algunos apegos pueden detener la marcha. Incluso, la marcha del deseo de morir, pues se sabe que, cuando se tienen apegos, son precisamente ellos, los apegos, los que impiden un desenlace fatal como el del suicidio, por ejemplo. Cuando me apego a la vida, disfruto cada momento de mi existencia, porque le encuentro sentido o para qué.

Hay apegos adecuados y otros inadecuados. La sabiduría consiste en identificar cuáles son los más beneficiosos para enriquecer la vida emocional, en vez de minar las reservas de mi alegría.

Recuerdo hace muchos años, en un paseo a Coveñas, la manera deliciosa y espontánea, como decidimos encender una fogata, repartir cervezas muy frías y con ayuda de guitarras y percusión, cantar hasta el amanecer, a la orilla del mar.

La experiencia fue inolvidable. Los que estábamos allí reunidos, disfrutamos ese momento de profunda hermandad, con música interpretada por nosotros mismos, en un ambiente festivo y vacacional, que servía de marco a nuestro espíritu libertario y bohemio.

La inspiración brotaba por todas partes, el aire caribeño, la brisa y el sonido del mar y la compañía grata de amigos y familiares, se confabulaban esa noche para crear un espíritu de amor, felicidad y energía desbordante, simplemente por el placer de vivir, mientras la luna se acostaba a dormir, lo que nosotros no pudimos.

Sin embargo, un año después, pretendimos hacer lo mismo, pero no resultó. Y la explicación a este fenómeno fue sencilla…porque estábamos apegados al momento vivido en el pasado, sin permitir la novedad del momento presente, que siempre trae, emociones y sentimientos diferentes.

A este tipo de apegos, me refiero como paralizantes del proceso de crecer y madurar. Apegarse a un momento vivido, al cuerpo imposiblemente perfecto, a la belleza que va destruyendo los años, al dinero que tiene leyes de abundancia y escasez, a la opinión de los demás tan incierta y amañada, y sobre todo, apegarse a las personas que tienen derecho a vivir sin mí, es inadecuado, en tanto no reconozca la naturaleza cambiante y dinámica de ellos.

Así como apegarse a cosas materiales, temporales, superficiales que alimentan al ego, a la vanidad o al orgullo… no tiene sentido.

Todo cambia en el Universo, yo mismo cambio constantemente, para dejar atrás al hombre viejo, el que ya he vivido, para reemplazarlo por el hombre nuevo, el que estoy por vivir.

¿Entonces cuál es el apego que tiene sentido?

El apego a la tarea por hacer. A la misión por cumplir, al destino a donde quiero llegar, a la suerte que quiero crear, al deseo de lo que está por venir, porque, al fin y al cabo, lo he construido.

Apego a sueños e ideales. A causas sociales y naturales en pro del mejoramiento del planeta. A proyectos colectivos cargados de fe, esperanza y caridad. A dejar huella productiva, diferente a la huella de carbono.

Apego a la libertad de los amigos, cuando quieren volar, lejos de nosotros. Apego al respeto por las decisiones de los hijos, cuando desean hacer su vida, porque es el momento adecuado. Apego a la verdad conmigo mismo, que todo lo aclara y disipa, frente a la angustia que genera el vivir en un mundo de mentiras, construidas para guardar una imagen frente a los demás, porque se buscó equivocadamente la aprobación de los otros.

Definitivamente, yo creo que, en mi vida he disfrutado muchas fogatas…algunas de las cuales, es mejor dejarlas pasar… pues no debo apegarme.

La sutil diferencia entre ser terco y ser perseverante.

climbing-2609319_960_720Yo creo que existe una sutil diferencia entre ser terco y ser perseverante.

Cuando soy perseverante, lo hago desde el campo de las posibilidades. Es decir, tengo la certeza de que con ayuda de la disciplina y la voluntad puedo alcanzar mi objetivo porque tiene lógica y sentido común. Muy contrario a la terquedad, pues cuando decido ser terco, le insisto a un tema, que a todas luces no tiene futuro, ni razón de ser, ni posibilidad de éxito porque sólo me mueve el deseo de llevarme el punto, más por vanidad y ego herido…por querer demostrar lo indemostrable.

En aquellos días, cuando me comporto desde la terquedad, dejo de lado la sensatez, a pensar de los buenos consejos de amigos y cercanos, que ya me han dicho que aquello que pretendo, no es posible.

En el I Ching encuentro en sus hexagramas, que “la perseverancia es favorable”. Pero confundo los términos porque se libra dentro de mí, un combate entre el insensato y el cuerdo, entre el lógico versus el estratega, entre el racional en contra del iluso.

He aprendido a lo largo del camino, que la obstinación no sirve de nada. En virtud de que prolonga más de lo necesario, la batalla interior, agotando fuerzas y motivación, pretendiendo tener la razón, cuando esta, no se tiene.

Con el tiempo me voy dando cuenta de que una cosa es la disciplina y otra muy distinta es la terquedad.

Es más importante perseverar, cuando las probabilidades de éxito se alimentan desde la lógica.

Recuerdo a mi padre, cuando me encargaba tareas que obligaban el ejercicio de mi paciencia, como, por ejemplo, desenredar una cuerda. En medio de mi desespero, tiraba con fuerza y terquedad del hilo y eso enredaba más el ovillo; entonces sonriendo con calma me decía: -hijo…” maña y no fuerza”-.

Cuando me voy por la vía de la terquedad, no me permito escuchar opiniones y consejos, que es todo un arte, pues como terco, no me dejo asesorar.

Está claro que los consejos de una madre o un padre están cargados de experiencia vital. He comprendido a punta de golpes existenciales, que es de sabios dejarse asesorar y de alguna manera, la vida continuamente me regala momentos maravillosos, donde debo escuchar lo que dicen los viejos.

Como cuando el hijo pretende sostener una conducta desde el enamoramiento. La madre merced a su visión amorosa y sensata lo invita a reflexionar sobre la manera como él está llevando su relación de pareja, demasiado acelerada y precoz. Entregando tiempo, energía y apasionada generosidad, hasta correr riesgos en contra de su propia seguridad física.

Le dice: -hijo, te das cuenta de que lo que hemos conversado, coincide con lo que te he enseñado en torno a la perfecta sincronía con el Universo. Espero que ya te estés dando cuenta de cómo pones en peligro tu futuro, al tomar decisiones desde la terquedad, y no desde la sensatez-.

Yo creo que, en virtud de la sutil diferencia entre perseverancia y terquedad, en la vida, no hay ni vencidos ni vencedores; más bien lo que encuentro es un proceso que permite el mejoramiento continuo, porque si no soy terco, lo puedo implementar independientemente del ego y la vanidad, eso sí, desde la perseverancia, como resultado de la disciplina y la voluntad.