Aprender a vivir.

Little Girl Reading in Backyard

Yo creo que la familia es el mejor lugar para aprender a vivir.
Era la hora de regresar a casa. El transporte escolar, para iniciar su recorrido, esperaba a la última alumna en la fila. La profesora del preescolar le tendió la mano para ayudarla a subir las escaleras del automóvil. Sin embargo, la pequeña no quería subirse. La profe, frente a la negativa, hizo la pregunta obligada. ¿Qué sucede hija? Es que se me perdió mi muñeca, -dijo. ¿Y dónde crees que la dejaste? Preguntó con ternura la maestra. En el jardín donde salimos a descanso, respondió la niña, ahora en medio del llanto. ¿Confías en mí? le susurró al oído y sin esperar respuesta la profesora agregó: -ve tranquila a casa que yo encuentro tu muñeca y te la cuido-. A pesar de la inteligente solución que estaba escuchando, la niña no quiso abordar el transporte, pues seguía inquieta y triste por su muñeca. La maestra percibiendo que había un asunto pendiente, mirándola a los ojos y secando sus lágrimas le pregunta: ¿qué te preocupa? Y la nena sacando un tetero de juguete del bolsillo de su uniforme, le dice en forma muy solemne y maternal: es que la muñeca no ha comido nada y se debe estar muriendo del hambre.
Desde que nacemos hasta más o menos la adolescencia, en la arquitectura de nuestra personalidad, intervienen muchos factores, como la genética, el colegio, la cultura, la sociedad en la que nos corresponde vivir, los traumas que vamos coleccionando y por supuesto la familia como maestra principal de comportamientos y actitudes.
No podemos negar que el primer aprendizaje en la escala axiológica se da en casa. Cuando con ayuda de padres y hermanos aprendemos el valor del respeto, la responsabilidad, el compromiso, el compartir, el servicio, la generosidad, la fraternidad, el amor y la libertad.
Sin embargo, para algunos, la familia no es precisamente el lugar donde se encuentra dicha maestría. Mas bien, es el campo de batalla donde se enseña, egoísmo, maltrato, venganza, crítica, rencor y ausencia de valores como el de la solidaridad por ejemplo.
En el arte de ser padres, oficio que ninguna escuela o centro educativo enseña, es importante centrarse en el fortalecimiento de la autoestima, la autoeficacia, el autoconcepto y autoimagen.
De otro lado enseñar el papel importante que cumplen las normas y las disciplinas en la sana convivencia con otros.
Así como la comunicación afectiva, efectiva y asertiva entre los miembros de la familia para luego proyectarla en la relación con los demás.
Yo creo que, el fracaso de la familia es el fracaso de la sociedad. en nuestras manos está proteger, con nuestro ejemplo, esta sagrada institución, , para que el niño aprenda a vivir.

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