Así como pienso y como siento…es mi salud.

neck-3739667_960_720Yo creo que en mi cuerpo se reflejan mi manera de pensar y de sentir. Dependiendo del mapa de creencias que he construido, mi cuerpo va creando condiciones para hacer manifiesto eso en lo que creo. Por eso continuamente me pregunto: ¿si cambio mi manera de pensar, puedo sanar las enfermedades que me aquejan?

Sin querer afirmar que la mayoría de las enfermedades tienen condiciones psicosomáticas, si reconozco que las células se convierten en resonadores de lo que pienso, siento y creo.

Entonces a nivel terapéutico, la tarea más importante consiste en identificar cuál es el guion o programa mental que hay detrás de una enfermedad. Lo más prometedor de esto es que tengo la oportunidad de cambiar esa pauta, y por lo tanto la manifestación de la enfermedad que me aqueja.

El cuerpo me habla todo el tiempo; lo importante es aprender a escucharlo. Por ejemplo, sé que la enfermedad es el resultado de un proceso que hace rato viene desde lo inconsciente y que me dice que es importante llevar a la conciencia “eso” que se ha convertido en creencia y por lo tanto en patología.

Así la enfermedad física tiene su lugar en el cuerpo que al estar conectado con el pensamiento, el deseo, el miedo, la ansiedad, la fantasías, las costumbres, los hábitos, y los estilos de vida, es allí donde se debe trabajar para ir creando las condiciones para el proceso de sanación.

Yo creo que el cuerpo frecuentemente me dice que el estilo de vida que llevo, no es el adecuado para mantener la salud y mi tarea consiste en prestarle atención a sus demandas.

Percibo que la enfermedad hasta se puede convertir en un estilo de vida. Como si necesitara estar enfermo para recibir atención y cuidados. Por una pauta educativa en la infancia donde aprendí que una vía para obtener atención por parte de los padres se encontraba en la enfermedad.

Así mismo en nuestra sociedad, hemos hecho de la enfermedad una manera legítima de evadir la responsabilidad. Recuerdo las excusas médicas antes de los exámenes del colegio. Por lo tanto, estar enfermo es igual a incapacitarse para trabajar. Es decir, como siento que no puedo cumplir con mis responsabilidades y hacerme cargo de mí mismo, me enfermo gravemente para lograr incapacitarme y de esta forma culpar a la enfermedad sin hacerme cargo de lo que me compete.

La pregunta terapéutica sería: ¿Estoy dispuesto a liberarme del programa mental interior que ha provocado mi estado de enfermedad? Es decir ¿cuál es mi ganancia secundaria cuando “me pongo” enfermo? y cuando logro enfermarme, ¿qué es lo que estoy evitando o consiguiendo?

Yo creo el estado de enfermedad, como también creo el estado de salud.

Cuando veo a alguien con el ceño fruncido debido a un dolor de cabeza, para mi es obvio que no es el resultado de su alegría, armonía…ni mucho menos de su paz interior gracias al ejercicio de su generosa compasión y el caudal de amor que brota de su corazón. Mas bien indican disgusto, miedo, tensión, ansiedad, enojo, falta de perdón, represión.

O sea que la cefalea tensional además de ser tratada con medicamentos debe ser manejada desde la psicoterapia cognitiva y herramientas como el mindfulness, el yoga, la meditación para diseñar un estilo de vida, con mecanismos para enfrentar nuestros miedos, ansiedades, inseguridades y procesos estresores.

Algunas cefaleas las producen aquellas personas que quieren ser perfectas y que se imponen así mismas una presión excesiva. En otros casos se produce por un intenso enojo que no se expresa y queda disimulado por el manual de urbanidad o por alguna represión aprendida; y en otros puede ser de origen sexual, pues se congestiona la cabeza en lugar de llenarse de sangre otras partes del cuerpo. Así como también puede darse por no saber dormir bien, o porque se consumen alimentos de difícil proceso, que disparan el cuadro doloroso en la cabeza.

Yo creo que a partir de ahora me auto-autorizo para estar bien y sano. Como aquí y ahora estoy lleno de energía y vitalidad, mi actitud de fe y esperanza facilitan el proceso de sanación de mi cuerpo. Me libero de pautas y guiones del pasado que buscaban en la enfermedad una respuesta y permito que la vida siga su curso a través de mí, creando espacios de salud, y autocuidado, debido a que escucho con amor las señales que me manda el cuerpo. Porque así como es mi pensamiento y mi sentimiento, así es mi salud.

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