Es el momento de vivir…

man-2704694_960_720Yo creo que, al momento de mirar el reloj de mi vida, confirmo que cada día que pasa, no estoy más vivo, sino más muerto que ayer.

Mi reloj marca una cuenta regresiva. Y al tomar conciencia de ello, disfruto cada minuto con mayor intensidad, pues cada instante, y cada momento lo considero de manera significativa.

En mi época de adolescente, era importante dormir para recuperar la energía que demandaba el proceso de crecimiento. Ahora hacer pereza, impide que valore cada minuto del resto de mi vida.

Es por esto es por lo que he decidido darle mejor uso al tiempo que me queda y dedicarme a tareas significativas, a relaciones que aporten, y a actividades llenas de goce, sin sufrimiento innecesario, para disfrutar el sagrado arte de vivir.

Viene a mi memoria el poema “Mi Alma tiene prisa”, del brasileño Mario de Andrade, novelista, ensayista, poeta y musicólogo, donde expone de manera sencilla pero hermosa, lo que es su diseño de vida consciente. Dice el poeta:

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discutan estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilen egos inflados.
No tolero a manipuladores y oportunistas.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos dulces en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…
Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta de que sólo tienes una.

Yo creo, como el poeta que, es el momento de vivir…con plena conciencia.

Dime lo que más deseas y te diré lo que más temes

lampara magica deseos

Yo creo que el deseo es la otra cara del miedo.

Esta semana volví a ser niño al disfrutar la película Aladdin, basada en el cuento sirio de Aladino  y la lámpara maravillosa, incoporado a Las mil y una noches, pues no pertenecía a la colección original árabe, sino que fue añadido en el siglo XVIII por el francés Antoine Galland, quien la tomó del cuentista cristiano maronita sirio Anṭūn Yūsuf Ḥannā Diyāb.

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Controlar lo incontrolable.

city-731334_960_720Yo creo que el problema está en pretender el control de cada situación que sucede en mi vida.

Como también he aprendido, que no es posible el control absoluto de los actos y pensamientos de los demás, a menos que ellos decidan dejarse controlar.

Entonces el control como tal no existe.

Dirigir es sinónimo de buscar la manera de extender nuestro poder sobre una persona o situación, como cuando estoy conduciendo un automóvil y logro que el vehículo se dirija hacia donde yo quiero ir.

Esto me recuerda la historia cómica del empleado que como de costumbre, iba retrasado para su trabajo. Decidió tomar un taxi. Apenas entrando al auto de servicio público, le gritó al conductor: – ¡acelere porque voy de mucho afán para una reunión importante! -. El taxista obedeció, mientras conducía a muy alta velocidad. De pronto, el pasajero se dio cuenta de que no había dicho a donde ir. Entonces volvió a gritar desesperadamente - ¿señor usted sabe a dónde quiero ir?-. - No caballero, respondió el taxista, pero conduzco lo más rápido que puedo-.

¿Cuál control, si no tengo claro lo que quiero?

El control total, ni siquiera es posible, cuando el dispositivo remoto falla y el televisor no responde a mis necesidades de querer cambiar de canal.

Así en la vida real, en una relación de pareja, en una convivencia con amigos, en el mundo laboral donde se espera que los demás actúen de acuerdo con los parámetros o estrategias preestablecidas, el control no es posible, a menos que cada uno de los miembros de ese colectivo, decida adherirse y siga al pie de la letra, por convicción, la instrucción recibida.

Ahora ¿qué sucede cuando no hay un criterio unificado en torno al proceso de obedecer?

Obedecer se dificulta, cuando recibimos órdenes del exterior que, al tratar de llevarlas a cabo, es imposible lograrlas, porque no son coherentes o van contra toda lógica operativa.

Es aquí cuando la situación amerita que cada individuo aporte su opinión interpretativa de cómo se ejecuta la instrucción y entonces esa lectura particular, genera un caos, un nuevo desorden, un descontrol total, porque tantas lecturas creativas de la instrucción desvirtúan el concepto de control unificado.

De otro lado, espero que este diálogo teatral, relate el conflicto que surge cuando creo, o supongo tener el control de mis amigos.

Amigo uno: – ¿Supiste que el vicepresidente piensa lanzarse como candidato para las próximas elecciones y ser tu oponente? –
Amigo dos: -Ese estúpido, ¿cómo me hace eso? Pero sé que esa candidatura no va a prosperar, porque él no tiene apoyo político y además es un pésimo administrador público-.
Amigo uno: -Además me enteré de que tu “mejor amigo” del colegio piensa anunciar también su candidatura-.
Amigo dos: -Ese imbécil, ¿acaso no tiene miedo de que lo procesen por corrupción?
Amigo uno: Viejo, no te pongas mal, estaba charlando; realmente acabo de hablar con ellos dos y piensan apoyar tu campaña-.
Amigo dos: -Lograste enojarme y me hiciste hablar de temas oscuros de mis dos mejores y entrañables amigos y a quienes valoro tanto y sé que trabajan con tanta entrega por nuestro partido.

Controlar, se convierte en obsesión en quienes desarrollan el miedo a perder el supuesto poder que creen tener sobre los demás.

Finalmente, para ilustrar cómo en algunas ocasiones es mejor no jugar a tener el control, cuentan que había una vez un profesor quien, con su estilo particular de enseñar para la vida, proponía ejercicios curiosos y desafiantes a sus alumnos. Una mañana muy temprano en clase, les pidió a sus estudiantes que sacara media hoja de cuaderno, para que por escrito dieran respuesta a esta pregunta: ¿cuándo mide el salón?

Los estudiantes, comenzaron a especular y creyendo tener el control de la situación, en cada papel anotaron su respuesta. Cada alumno había respondido con un cálculo diferente. Incluso, el más sensato completaba su respuesta con la palabra “aproximadamente”, para impresionar a su profesor.

El maestro, luego de revisar el ejercicio, sólo agregó: -ninguno de ustedes ha acertado. – porque la respuesta correcta es: “no lo sé”.

Yo creo que pretender controlar lo incontrolable, es aparentar que se tiene el control, para disminuir el miedo que causa nuestra incapacidad frente al criterio y convicción de los demás. Pues al fin y al cabo, en última instancia, son los demás, quienes nos hacen creer que tenemos poder sobre ellos.

¿Confiar o no confiar?…ese es el dilema.

robin-2103461_960_720Yo creo que observar en silencio es una experiencia maravillosa.

Me gusta detenerme a mirar el comportamiento de la naturaleza, pues para mí, es casi un acto meditativo.

Hace poco, descansando en una finca hotel, en el sector del eje cafetero colombiano, ese día en particular, disfruté mucho el estar acostado en la hamaca y observar el movimiento de un pájaro que, gracias a mi silencio y quietud, se acercaba sin temor.

Iba y venía repetidamente, portando en su pico pedazos de paja para construir un nido. El lugar era estratégico, había elegido la parte alta del techo de la finca, donde se forma un ángulo de noventa grados y entonces sobre la viga, construía como el mejor arquitecto.

Lo seguí con la mirada durante un buen rato, sobre todo para identificar de dónde sacaba la materia prima para su obra. Por un momento, se detuvo en una rama muy débil, la cual se partió por el peso de su propio cuerpo. Sin embargo, el pájaro extendió sus alas y sorteó fácilmente el impase, al salir volando. En ese instante, tuve una iluminación poderosa. Pensé -el problema no está en dónde se para, sino en la confianza que tiene en sus alas-.

Es un tema de confianza. El secreto no está en lo que hago, sino en lo que me permito hacer; porque sé que puedo hacerlo, desde mis propias capacidades. Y para creer en mis capacidades, debo hacerlo obra, es decir, darme cuenta de que sí puedo hacerlo. La ecuación no puede ser: primero creo en mí para hacer algo; más bien, la fórmula es, hago algo y cuando veo el resultado…creo en mí.

Lo asemejo a ese cuento del dragón que cojea, quien se encuentra con un ciempiés y al verle tantas patas le pregunta: -Cómo haces para manejar esa cantidad de pies? pues al menos yo, tengo muchos problemas para controlar esta sola pata que me queda-.

La verdad, responde el ciempiés, -yo no las manejo, ni las controlo…eso sí, confío en que se van a mover, cuando lo deseo-.

Si lo analizo desde otra perspectiva, la confianza se fortalece cuando no tengo a nadie en quien confiar, salvo en mí mismo. La presencia permanente del maestro dificulta la maestría del alumno. El maestro se debe ir, para que el discípulo pueda ver.

Narran que hace mucho tiempo, los alumnos en un áshram estaban muy angustiados por la futura muerte de su maestro. Le preguntaron en su lecho de muerte: -Dices que, si no te vas, no veremos-.

¿Qué es aquello que no somos capaces de ver, mientras tú estás entre nosotros? Y ¿Qué es lo que vamos a ver cuándo te hayas ido? -.

El maestro respondió: -Todo lo que he hecho ha sido sentarme en la orilla del río y darles agua. Cuando me vaya, espero que puedan ver el río-.

No es un asunto de controlar desde el miedo, es un tema de desear y creer.

Yo creo que, cuando confío en mi potencial, puedo lograr grandes cosas.

 

La taza de té

 

la taza de te

Yo creo que el entendimiento comienza, cuando admito mi ignorancia.

Si reconozco que no se nada… Tal vez como el filósofo Sócrates, podré dar el primer paso hacia la sabiduría.

En el mundo de la filosofía Zen, se cuenta una historia muy curiosa sobre un profesor universitario y un monje budista.

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Si tuviera tres semanas de vida…

baby-1399332_960_720Yo creo que, si tuviera tres semanas de vida, las viviría de manera muy diferente, al estilo de vida que he llevado hasta el momento.

Esta semana, en mi ciudad, en una calle que conocemos como la Loma de los González, ocurrió un accidente fatal. El video que circuló en redes sociales ofrecía una escena impresionante, pues mostraba como un camión, en loca carrera, a consecuencia de fallas mecánicas, arrasaba con todo lo que encontraba a su paso. Continuar leyendo

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