Ser y estar feliz son una construcción cotidiana.

pexels-photo-3975266Yo creo que, si tuviera un nieto, le enseñaría los secretos del sagrado arte de vivir.

Lo vería crecer, avanzar y disfrutar, así como sufrir con cada situación cotidiana de la vida.

Y si algún día me preguntara, en medio de su juego infantil, acerca de mí mismo y mi proyecto de vida, seguro le respondería desde el corazón, amoroso y sensitivo, cuál ha sido mi método para caminar por la existencia.

Le diría: -el secreto para llevar una vida plena y mejor, está en reconocer que soy el arquitecto de mi propio destino-.

Y si me preguntara: -Abuelo ¿eres feliz?… mirándole profundamente a los ojos, mi respuesta sería: -ser y estar feliz es una construcción cotidiana que depende sólo de ti-. Aunque en esa construcción, los demás son importantes, si les doy el lugar adecuado en mi proyecto, logrando su participación en su justa medida.

Hijo, no es la vida la que me gratifica, sino que soy yo quien, desde el agradecimiento, le doy sentido y oportunidad a la vida. Por ello, soy feliz porque no he necesitado ni riquezas ni reconocimientos para el ego. Entonces tengo la certeza de que el agradecimiento es el primer paso.

En vez de criticar, he decidido edificar. -Tengo mucho que agradecer, pequeño, le diría-; sobre todo a aquellas personas que, con sus comportamientos y comentarios, han pretendido hacerme daño. Pues gracias a sus acciones y movimientos intencionados, he logrado encontrar los aspectos de mi propia vida que debo reforzar y trabajar para hacerle frente a la adversidad.

Si quieres saberlo, aún cada mañana me levanto, repitiendo varias afirmaciones que se convierten en mi escudo y mi motivo, pues tengo la convicción, de que soy yo mismo mi propio obstáculo, si no venzo a mi demonio interior, que está cargado con altas dosis de pesimismo y poca fe.

pexels-photo-5591247Acto seguido, decido poner en práctica todo lo que digo que soy; en vez de llenarme de argumentos y palabras que se las lleva el viento, más bien actúo de manera inteligente, es decir, cumplo lo que prometo desde la acción, donde materializo con hechos, mis propósitos.

Mi querido nieto, -lo importante no es ser cariñoso, sino actuar de manera cariñosa-.

-Lo fundamental no es decir que soy valiente, sino actuar con valentía cuando las circunstancias lo exijan-.

-Sospecho que el otro secreto ha sido, no compararme con nadie, ni medir mi éxito a partir del éxito de los demás, porque yo tengo mi propio éxito-.

-Recuerda que de nada sirve sentir, ni tener rencor por los demás. Perdonar debe ser la constante-

Además -ten presente la importancia de respetar y cuidar la posesión de otros, porque no es tuya, sino que más bien, es tu obligación, buscar tus propios tesoros-.

Y, sobre todo -procura no maltratar a nadie y mucho menos a ti mismo-.

Yo creo que, si tuviera un nieto, en medio de conversaciones profundas, le enseñaría el sagrado arte de vivir, para ser y estar feliz, como una construcción personal, inaplazable e intransferible.

¿Soy competente?

pexels-photo-3013980Yo creo que la Vida a cada momento me regala maravillosas oportunidades para auto descubrirme. Por lo tanto, es necesario que desarrolle, con cada experiencia, la habilidad para aprender, desaprender y reaprender.

De vez en cuando y principalmente ahora que se acerca el día de mi cumpleaños, voy haciendo el inventario de cómo me fue en este periodo que culmina; pues al fin y al cabo celebro cada nueve de noviembre, como el comienzo de un nuevo ciclo de vida…en otras palabras como un renacimiento.

Entonces si miro hacia atrás, tengo que decir que definitivamente el 2020 fue un año atípico en todo sentido. Sin embargo, de otro lado y de manera paradójica, también fue el tiempo más rico de mi existencia, porque aprendí y descubrí bastantes asuntos que habían estado ocultos en la sombra, relacionados conmigo mismo.

Para ayudarme en este proceso de autoevaluación, me apoyo en un cuestionario que respondo de manera juiciosa y con total sinceridad, para darme cuenta y hacerme cargo de mis logros y asuntos por mejorar.

Me pregunto si en este 2020, logré comunicar mis más profundos deseos, anhelos y temores a las personas muy cercanas y reconozco que me faltó mucho por expresar, pues aún siento el temor y la angustia de ser rechazado por lo que siento realmente.

Descubro que, en este año, pude obtener algunos de los resultados que me propuse, pero quedan pendientes otros como por ejemplo, bajar de peso y hacer más ejercicio, pues debido a la cuarentena, se fueron al traste, porque la nevera con su disponibilidad las veinticuatro horas del día durante toda la semana, se convirtió en el “gigante a vencer”, a pesar de que mi Sancho, me hablase al oído, actuando como mi conciencia auxiliar.

Mejoré mucho en el trabajo en equipo, pues para un hombre acostumbrado a trabajar en solitario y con un repertorio amplio de conductas autosuficientes, las condiciones del encierro y del trabajo en casa, me obligaron a tomar conciencia de la importancia de la cooperación y la colaboración entre todos, para mantener la paz y la armonía interior y exterior.

En este tiempo se puso a prueba mi flexibilidad y adaptabilidad para solucionar grandes, medianos y pequeños problemas.

Desde la decisión de meterme de lleno en la virtualidad y renunciar al goce y al deleite de ir a la universidad a dictar clase, tomarme un café con mis amigos, estudiantes y colegas para hablar de lo humano y lo divino y abrazar a mis seres queridos sin miedo a la muerte. Hasta organizar un sitio de trabajo en casa que tuviera todas las condiciones ergonómicas para ser más productivo sin cansancio acelerado, haciendo pausas activas y revisando con frecuencia mi postura frente al computador, para no afectar mi salud lumbar.

En fin, se activó mi creatividad, recursividad e iniciativa para resolver los asuntos de la supervivencia y al mismo tiempo, aumentó la reflexión, la conciencia y la certeza de que la vida es frágil y que es un regalo que se actualiza cuando amanezco vivo y que sólo tengo hoy para ser feliz, realizarme, amar, perdonar y reconciliarme con aquellos seres con los que he decidido compartir mi existencia.

Yo creo que soy competente para asumir la vida en la medida en que me arriesgue a vivir. Sin temor, con decisión, y con la certeza de que valió la pena el riesgo de ser yo mismo, desde mi proyecto de ser y estar consciente.

El tiempo de la esperanza.

pexels-photo-277477Yo creo que la esperanza existe, si me doy permiso de que exista.

Y creo que el desaliento me invade, si con los pensamientos pesimistas, le doy entrada en mi vida.

Se que la esperanza se muere si no la alimento a diario.

Desde muy pequeño aprendí que la esperanza es lo último que se pierde y que es una aliada de la fe.

Compañera inseparable de todo aquel que está proyectado hacia el futuro, soñando escenarios posibles, pues la esperanza es la amiga íntima del mal estudiante que ruega que lo acompañe en el momento de presentar el examen, que no preparó a conciencia.

La esperanza está presente en los familiares del paciente que ha ingresado a la unidad de cuidados intensivos.

La esperanza es fundamental para el secuestrado y el prisionero, quienes frente a los hechos que les rodean, albergan la posibilidad de ser liberados.

La esperanza aparece en la oración sincera de aquel que sale a la calle a ganarse la vida.

Está presente en el enamorado de una causa perdida quien, desde su amor no confesado, sueña con que ese otro se dé cuenta de la pretensión de su corazón anhelante.

Creo que la esperanza nace cada vez que me levanto, después de un fracaso y deseo con toda mi fe que las cosas mejoren.

Tengo la esperanza de que cuando pase la pandemia, voy a recuperar el tiempo perdido, en el que dejé de abrazar a mis amigos y seres queridos.

Tengo la certeza de que la economía se va a reactivar.

Tengo la seguridad de que seré más consciente de la fragilidad de la vida y de la necesidad de proteger y aprovechar cada momento que me regale la existencia para vivir intensamente, porque si no es aquí y ahora… entonces ¿cuándo?

La oportunidad para la esperanza nunca llega, porque dicha oportunidad es una decisión que tomo aquí y ahora, por lo tanto, la oportunidad ya está aquí.

Yo creo que es tiempo de sentir esperanza, porque tengo la corazonada, ahora más que nunca, de que siempre hay un amanecer… para renacer.

Engaño perceptual.

pexels-photo-3781544Yo creo que vivo engañado. Al fin y al cabo, la realidad no es la realidad, sino una construcción subjetiva que elaboro a partir de mis percepciones. Por lo tanto, dependiendo de mi punto de vista, no puedo asegurar que lo que veo, escucho o siento, sea una verdad absoluta, sino más bien una interpretación particular de los hechos.

Cuando tomo el teléfono móvil, quisiera que su inteligencia artificial, sirviera para filtrar las noticias y mensajes falsos, y me pudiera ofrecer una información mas apegada a la realidad.

Porque cada día corro el riesgo de juzgar a primera vista, de una manera rápida y sin profundidad.

Y porque me atrevo a expresar, incluso cosas terribles de los demás, gracias a mi desbordada imaginación o porque también puedo ensalzar a aquellos que me caen en gracia y cumplen con mi expectativa ideológica, sexual, política, económica o cultural.

Definitivamente las apariencias engañan. A partir de lo que creo ver, subo de nivel al bien vestido y condeno a la profundidad de los estratos más inferiores, a aquellos que se salen de los cánones del vestuario idealizado y la belleza imposible. Y lo más grave, soy capaz de censurar a quienes tatúan en su piel símbolos personales o se rapan la cabeza o dejan sus cabellos largos y de diferentes colores, porque causan miedo, debido a sus diferencias en el uso de la norma.

Sin tener claro el contexto, suelto comentarios dañinos y mal intencionados para afectar la honra y reputación de los demás; esto con el fin de ganar puntos irreales frente a otros, quienes también juegan el deporte lingüístico de destruir el prestigio y el buen nombre. Todo esto para ser aplaudido como héroe, sin derecho a que la víctima pueda defenderse, porque me creo dueño de la verdad y conocedor único del arte de saber vivir.

Yo creo en la sabiduría del silencio respetuoso, que sabe guardar distancia, para permitir que cada uno viva como le place y desde su filosofía personal.

Creo en la construcción de un proyecto de vida sano sin hacerle daño a nadie, y por supuesto tampoco a sí mismo.

Creo que es posible una convivencia pacífica, desde la tolerancia a la diferencia.

Creo en la responsabilidad personal para evaluar, canalizar y redirigir comportamientos propios dañinos que puedan afectar, perjudicar o destruir a otros.

Creo que mi derecho llega hasta donde comienza el derecho del otro.

Y creo que las apariencias engañan porque desde muy joven aprendí que no puedo juzgar un libro por su portada.

Ahora, con mayor conciencia, me doy cuenta de que no soy quién para juzgar. Y mucho menos cuando estoy en igualdad de condiciones, como ser humano falible y sujeto de la percepción engañosa.

Y más ahora con tanta noticia falsa, donde es mejor observar los acontecimientos que están sucediendo particularmente este año, dibujando en mi rostro, una sutil sonrisa epistemológica, debido al engaño perceptual.