No somos perfectos.

summer-1617203_960_720Yo creo que la perfección es un ideal inalcanzable por lo poco práctico, más tratándose de humanos, aunque no puedo negar que es el sueño de todo obsesivo compulsivo.

En el mundo laboral, un jefe o un empleado con este tipo de trastorno, es calificado como eficiente, exigente, exitoso y productivo porque no descuida detalle y tiene la meta entre ceja y ceja a pesar de las circunstancias desfavorables, pues su terquedad lo lleva a conseguir lo que quiere, en contra de todo pronóstico, dejando, eso sí, un reguero de cadáveres emocionales a su paso.

En la vida de pareja el cuento es diferente. No es posible pretender la perfección del otro, sino amarlo desde sus imperfecciones, físicas, emocionales, comportamentales y actitudinales entre otras.

En tanto soy un ser en construcción, las equivocaciones, fallos, y conductas inadecuadas son materia de evaluación y corrección permanente. Y es la pareja, la primera invitada a reconocer que el otro no puede pensar, sentir y actuar como ella desearía, o en el peor de los casos, ser una especie de copia exacta, pues lo que le da equilibrio a una relación, es precisamente la diferencia y no la similitud.

Así que, en materia de sana convivencia, el secreto está en reconocer que el otro es distinto y en consecuencia tiene una forma de ser, pensar y actuar diferentes al ideal esperado… que por supuesto, no se alcanza a percibir en la fase de enamoramiento, sino un tiempo después cuando empiezo a verlo como es y no como yo desearía que fuera.

Darle gusto a otra persona, es adecuado siempre y cuando no afecte mi propia identidad, pero dejar de ser yo mismo para actuar y pensar como el otro quiere, es un suicidio emocional.

Cuentan que un joven simpático y festivo entró a un almacén para comprar pantalones. La asesora comercial le ofreció unos de color amarillo fosforescente, escandalosamente llamativos.

El muchacho quedó encantado con ellos y salió feliz con su compra.

Al día siguiente regresó muy triste diciendo que quería cambiar los pantalones. Al preguntarle el motivo dijo: - a mi novia no le gustan-.

Una semana después, entró sonriente al almacén, pretendiendo comprar de nuevo aquellos pantalones. Esto le generó curiosidad a la dependienta, quien se inquietó por la razón de tal deseo. Entonces le pregunta: – ¿Cambió de opinión su novia? –

No, -respondió el joven…yo he cambiado de novia-.

También recuerdo la historia de la mamá que, conversando con su hija, con respecto a su nuevo novio, la cuestiona: -Mi corazón, ¿qué es lo que le gusta a tu novio de ti? –

La muchacha se queda pensativa y dice: – ¡que soy linda, inteligente, atractiva y que bailo muy bien!

– y ¿qué es lo que te gusta de él? Mami, responde la hija, ¡me gusta que él piensa que soy linda, inteligente, atractiva y que bailo muy bien!

Finalmente, llega a mi memoria, la historia de un hombre muy rico y poderoso que dedicó toda su vida, tiempo y dinero, a buscar la mujer perfecta. Para lograr este propósito, recorrió medio mundo durante muchos años. Al final de su vida, a punto de morir, alguien le pregunta: -Maestro, ¿encontró la mujer perfecta que buscaba? A lo que el hombre responde: -Si, así fue…la encontré después de mucho buscar, pero ella quería encontrar al hombre perfecto-.

Yo creo que buscar la perfección en los otros es inútil, como es imposible lograrla en nosotros mismos.

Las malas acciones

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Yo creo que el Universo tiene una sabiduría perfecta, donde no existen acciones malas o buenas por sí mismas, sino más bien comportamientos correctos o incorrectos, cuando se realizan iluminados por la realidad de la situación. Esto permite evaluar si dicha conducta, es adecuada o inadecuada, a la luz de las circunstancias.

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Abrir las puertas del infierno o del paraíso.

matsumoto-3030153_960_720Yo creo que, gracias a la sombra, todo aquello que pensamos, sentimos, decimos y actuamos, abre las puertas del infierno o del paraíso.

El efecto es proporcional a la energía que transformamos, para lograr que la mente module el cerebro.

En el proceso de la psicoterapia se confirma este axioma:  “Dime lo que piensas y te diré que tipo de infierno o paraíso creas. Dime lo que sientes y seré capaz de anticipar la reacción en cadena… que se produce.

Tengo claro que, si cambio mi manera de pensar…cambio mi manera de actuar.

Por estos días, los manifestantes han pasado por el frente de mi ventana. Algunos de ellos caminando en forma pacífica y festiva, van reclamando sus derechos en medio de pancartas multicolores y música alimentada por el alma. Sus pitos, arengas y cacerolazos producen la energía suficiente para llamar la atención del gobierno de turno.

De otro lado, los violentos, encapuchados, llenos de odio y rencor ajeno, van creando un infierno en el paraíso, a partir del miedo y el terror que producen las explosiones de la ira.

Cuando escucho todas sus voces en coro, me doy cuenta de que van dirigidas hacia los gobernantes… pero en el fondo se, que el rumbo de esos reclamos, debería orientarse más bien hacia nuestra propia filosofía de vida, llena de contradicciones, y falsedades porque vivimos instalados en el lujo y en el confort de un paraíso ficticio, creado por la misma sociedad, que anestesia el dolor, con altas dosis de licor, conciertos de reggaeton, finales de futbol y el consumo de sustancias psicoactivas, así como el placer de comer bien y vestir según el qué dirán, para aparentar lo que no somos.

El verdadero infierno o paraíso está muy adentro de nosotros mismos y estas manifestaciones ruidosas y en algunos casos desenfrenadas, tienen más una función catártica, que una real toma de conciencia, para la transformación y la reflexión de fondo.

Nosotros mismos hemos creado las desigualdades, por lo tanto, hemos diseñado el infierno. Y pretendemos soñar al mismo tiempo con la utopía del paraíso, porque seguimos siendo manejados por el placer momentáneo, la apariencia que da el dinero y la sed de poder.

Recuerdo esta historia, que cuenta como una vez un soldado llamado Nobushige fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó: – ¿realmente hay un paraíso y un infierno?

¿Quién eres tú?, preguntó Hakuin. -Soy un Samurai, replicó el guerrero-.

¿Tú un soldado? -preguntó el maestro ¿qué clase de gobernante te tendría como guardián? …tu cara parece la de un mendigo-.

Con esta expresión tocó el orgullo y el ego de Nobushige, quien loco por la furia, mandó su mano a la empuñadura de su katana, frente al maestro. Pero Hakuin continuó muy tranquilo, y mirándolo fijamente exclamó: -así que tienes una espada. Tu arma probablemente está demasiado embotada como tu mente, para cortarme la cabeza-.

Entonces, prisionero del dolor, por su narciso herido, a medida que Nobushige desenvainaba su espada, Hakuin dijo, con una calma pasmosa: “aquí se abren las puertas del infierno”.

Ante estas palabras el Samurái dándose cuenta de la “disciplina” mental y espiritual de ese maestro, guardó su espada, y ahora con una mirada diferente por la iluminación…entonces inclinó su cabeza, en señal de paz. - “Aquí se abren las puertas del paraíso”, exclamó sonriendo el maestro-.

Yo creo que tengo el poder de abrir o cerrar las puertas del infierno o del paraíso, porque además tengo la potestad de decidir… si es el momento correcto para ser y estar consciente.

Mentiras piadosas.

coffee-1869820_960_720Yo creo que es muy importante dejar de mentirme.

A veces me descubro, justificando los comportamientos de otras personas, diciéndome mentiras piadosas, para no afectar la relación que tengo con estos seres queridos. Por lo tanto, termino patrocinando conductas que a todas luces me afectan.

Es común que, entre clases me siente a descansar, en los espacios abiertos que ofrece la universidad. Me tomo un cafecito, para tonificar mi alma, a pesar de la prohibición de mis médicos en relación con el consumo de esta bebida. Dejo que el tiempo se deslice, y entre sorbo y sorbo, voy pensando en la siguiente clase y en la manera y el método que voy a utilizar, para compartir con mis estudiantes de psicoterapia humanista existencial, el trabajo personal que representan estas inquietudes vitales, cuando me doy permiso de mirar para adentro.

Me acompaña un libro del terapeuta de turno, según el programa que he diseñado para el semestre, es decir de Carl Rogers, Gary Yontef, Fritz Perls, Abraham Maslow, Viktor Frankl, Rollo May, o Irving Yalom, para con su permanente lectura, iluminar el flujo de pensamientos que se atropellan, en la oscuridad, antes de salir a la luz, en el salón de clase.

Por un momento, cierro los ojos, respiro profundo y la primera idea que aparece seductora, para comenzar la charla, salta en medio de la maraña de ideas y sentimientos.

-Colegas, les digo: Una de las tareas más complejas, por lo dolorosa para el ego, es la de aprender a perder y desapegarse, en materia de afectividad-.

Porque el secreto del juego de la vida, en el sagrado arte de vivir, consiste en discriminar cuándo se justifica actuar y cuándo no. Porque el temor a equivocarme acecha en cada movimiento que realizo, en el enorme ajedrez de la existencia, especialmente en el trato y convivencia con los seres queridos.

Parece como si todo el tiempo estuviera buscando aprobación de ellos. Entonces me siento vulnerable, porque en medio del proceso de amar, pierdo el control de muchas situaciones cotidianas, por el miedo a perder la supuesta dependencia que yo mismo he creado, comprando, paz, tranquilidad y compañía, a muy alto precio.

Entonces como buen detective psíquico, comienzo a rastrear el origen de mis temores. Y los ubico en las expresiones parentales y escolares que me educaron para satisfacer las necesidades de los otros, más que las propias. Porque no era bueno ser egoísta, sino todo lo contrario, el mejor de los altruistas.

Así, aún hoy, me preocupa mucho el qué dirán los demás, y me confronto con la sensación de que no voy a merecer su aplauso, sino más bien su reproche y rechazo.

Luego comprendo y acepto que precisamente la rueda de la vida me enseña a trabajar en lo que considere cierto y valioso para mi crecimiento personal, independiente de la aprobación de los otros, porque no se trata de su vida, sino de la mía.

Comienzo por discriminar cuándo es necesario, por no decir obligatorio, decir mentiras piadosas para acariciar el ego de los demás, y cuando son innecesarias, porque terminan afectando mi propia integridad emocional.

Yo creo que, voy a cometer más sincericidios, para liberarme del lastre que representan las mentiras piadosas que agradan a los demás.

Lo que se aprende de la dificultad.

tiger-2535888_960_720Yo creo que la dificultad, pone a prueba nuestra capacidad de adaptación y la inteligencia emocional para asimilarla y sacarle el mejor provecho.

Cuando ingresé a la universidad, para comenzar mis estudios en la facultad de psicología, llegó a mis manos el texto del filósofo colombiano Estanislao Zuleta, con su título provocador e inquietante:” Elogio de la dificultad”.

El deslizarme por sus páginas, me generó una crisis existencial profunda. Me di cuenta de que mi vida había transcurrido sin detenerme a evaluar la riqueza oculta que se encuentra en las dificultades. Y desde ese momento decidí que, si el Universo me regalaba una, la iba a aprovechar para aprender mucho de mí mismo.

Pienso que las dificultades mayores que he enfrentado, fueron provocadas por la equivocación y por el error. Así al pasar los años, cada vez más, les hablo a mis estudiantes de la importancia de erigirle un altar a la equivocación. Porque es precisamente allí, donde más información obtengo, si me acompaña el coraje suficiente para hacer las preguntas adecuadas y de esta forma, investigar a fondo, dónde estuvo el error. Porque cuando me va muy bien en un examen, y saco buena nota, me limito a celebrar el triunfo sin preguntarme por qué obtuve ese resultado tan satisfactorio.

Cuando hago inventario de mis aciertos y equivocaciones, puedo corregir el futuro.

“Errar es de humanos”, dice el refranero popular, y además nos enseña que si se comete un error y no se corrige, el resultado, son dos errores.

Para recordarme, como estoy de equivocado, traigo a mi mente la fábula del místico árabe Sa’di:

Que narra la historia de un hombre que, cuando paseaba por el bosque, vio a un zorro mutilado, pues había perdido sus patas. Al mirarlo así, se preguntó ¿cómo podría este zorro sobrevivir con esa condición?. En medio de sus reflexiones sobre la vida y la muerte, observó a un tigre que llevaba una presa en su boca. Al parecer el tigre estaba satisfecho y dejó el resto de la carne para el zorro.

Al día siguiente, se produjo de nuevo el milagro y Dios alimentó al zorro por medio del mismo tigre. Nuestro hombre dio gracias al Creador del Universo por su inmensa bondad y de manera entusiasta se dijo a sí mismo -voy a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor y Él me dará todo cuanto necesite-.

Lo hizo así durante muchos días, pero nada sucedió y este hombre, casi frente a las puertas de la muerte, sintió desfallecer su fe. Cuando oyó una voz que le decía: -Óyeme tú que te encuentras en el camino del error, toma conciencia, abre tus ojos a la Verdad y por favor sigue el ejemplo del tigre y deja de imitar al zorro mutilado.

Cuando pretendo tener la razón, siempre es bueno consultar al Universo, para que me envíe algún sabio mensajero y me saque del error, porque es necesario para mí aprendizaje, distinguir si juego a ser el tigre o el zorro. Por supuesto, se necesita una buena dosis de humildad para escuchar y ver las señales que continuamente nos da la vida.

Yo creo que la dificultad no está en el acontecimiento mismo, sino en la manera como me permito ver y reaccionar frente a la situación. Al fin y al cabo, quien está a prueba soy yo. El problema, realmente no se encuentra en el examen, sino en mi preparación para resolverlo.

El trasteo.

package-2366468_960_720Yo creo que mi madre tiene razón cuando dice que un trasteo equivale a dos incendios.

En una mudanza, se mueven todo tipo de energías, sentimientos, emociones, recuerdos y esperanzas.

El camión llegó a la hora acordada. Un grupo de hombres, dispuestos a trabajar embalando cajas y muebles, se presentaron con una sonrisa comercial, aunque poco sincera. Comenzaron por desbaratar camas, y procedieron a sacarlas a la velocidad de la luz. En un abrir y cerrar de ojos, las habitaciones, lugares muy importantes para nosotros, como familia, ya tenían un aspecto desolado y triste.

Siguieron con la sala y el comedor, espacios cargados de reuniones familiares y de amigos, que celebraron con nosotros ocho navidades y veinticuatro cumpleaños. En poco tiempo, este par de lugares, ya tenían eco y parecía más grandes, sin las sillas y las mesas respectivas.

Finalmente, salieron con la nevera, la lavadora y un sin número de cajas que contenía nuestras “pertenencías” acumuladas, durante tanto tiempo que, de algunas de ellas, ni nos acordábamos de que existían.

En lo particular, el proceso de empaque de cajas me llevó casi tres semanas, porque los recuerdos, me asaltaban cada vez que descubría un objeto, un álbum de fotos, una cámara vieja, antiguos regalos y las maletas que representaban maravillosos y soñados viajes, dejando todos ellos, una estela de nostalgias y divertidas alegrías, y la posterior decisión de botar todo aquello que se convertiría en una carga, para poder andar ligero de equipaje.

Por supuesto aparecieron elementos perdidos, que busqué durante años y que ahora, gracias al trasteo, se hacían presentes, pero por supuesto, sin ninguna utilidad actual.

Confieso que fue duro, despedirse de dos balcones deliciosos que me asomaban a la naturaleza, y donde cada mañana, sentía el canto de los pájaros y los milagros del sol, cuando leía, hacía sudokus, y pensaba sobre el tema del próximo post para este blog.

Yo creo que los cambios son importantes. Y la única manera de cambiar es cambiando la comprensión sobre los cambios, a partir del entendimiento del apego.

Pienso sobre la manera cómo me esclavizan ciertos apegos, pues me atrapo a mí mismo, tratando de reorganizar mi vida, de manera que pueda conservar estas ataduras.

Entonces realmente, necesito escapar de mi prisión, porque sigo creyéndome un esclavo feliz de mis programaciones, de mis condicionamientos, de mis falsas creencias, de mis fantasías de abandono, porque si no lo hago, seguiré pretendiendo que el mundo se reorganice para adaptarse a mi apego.

Cierro los ojos, respiro profundo y hago este ejercicio durante unos minutos… pienso en algo o alguien de quien esté apegado. Por ejemplo, del apartamento, del cual me he trasladado. Pero puedo hacerlo también con una persona, sin la cual creo, no sería feliz. También puedo hacer esta tarea imaginativa, pensando en mi empleo, mi carrera, mi profesión, el dinero.

Luego me imagino diciéndole, al apartamento: – “No te necesito para ser feliz”-.

Es cierto, viví allí mucho tiempo feliz,  pero ahora puedo destrozar esa fantasía en torno a la supuesta felicidad generada por el apego, pues en realidad todo es transitorio.

Lo impresionante de todo esto es que el tiempo pasa y más adelante me invento otro apego, a otra cosa, a algo que creo más atractivo… y entonces me pregunto: ¿qué pasó con el viejo apego?

Yo creo que es liberador no depender emocionalmente de nada ni de nadie; por eso es por lo que, un trasteo, está lleno de simbolismos, pues representa el abandono, el desapego, la renuncia y el cambio.