¿Existen parejas felices?

cactus-2927920_960_720Yo creo en la posibilidad de vivir felizmente en pareja y  siento que no es un juego de palabras motivadoras a la manera de los libros de crecimiento personal. Creo que el amor en pareja se cultiva en cada momento y que además de las condiciones básicas, de respeto, responsabilidad y amor, es muy importante descubrir el papel sanador del perdón.

Podríamos afirmar que la sanación de recuerdos actúa como la materia prima para recibir los regalos del perdón en pareja. No al azar se dice que: “Examinar, observar y comprender es perdonar”; entonces la idea es olvidar el agravio…pero nos encontramos con el muro que opone el ego para evitar, de esta manera ser lastimado nuevamente.

Eso significa que ¿parte del crecimiento como personas consiste en desarrollar la capacidad de olvidar el daño que nos han causado? Ya que precisamente, no olvidar, es el mecanismo de defensa que aparece de manera inmediata.

Algunos tratadistas del perdón sostienen que perdonar es recordar de manera selectiva y que incluso se puede elegir recordar sin dolor. Pero yo creo que perdonar, más que un tema de recuerdo, es concederle al otro la oportunidad de la equivocación; debido a que perdonar es reconocer que mi pareja, de alguna manera, creía actuar desde su derecho.

Traer a la memoria ofensas pasadas es más una necesidad de auto-castigo Y sospecho que el recuerdo se sana cuando descubro que pude haber sido yo mismo, el causante de la ofensa.

Joven centenario

Yo creo que cuando se cumplen cien años de vida…el respeto y la reverencia son obligatorios. Y en este caso en particular me refiero a toda una vida dedicada a la información y a la comunicación social. Si embargo también percibo que cien años son muy pocos para la labor por desempeñar. Por ejemplo, en mi condición humana, lentamente me estoy acercando al medio siglo y me siento muy joven e inexperto en relación con la vida por vivir. Por ello me refiero a El Colombiano como un joven centenario, que está iniciando un largo recorrido.

También es cierto que en cien años, son muchos los acontecimientos locales y mundiales por reportar así como los hechos por venir. Entonces es necesario reinventarse cada día para poder responder a las nuevas generaciones y a sus nuevas tecnologías y de esta forma seguir a la vanguardia formativa e informativa.

En este primer centenario de trabajo, la maestría se impone y por lo tanto todos sus lectores encontramos en El Colombiano el referente informativo con la seriedad que caracteriza sus contenidos.

Que estos cien años sean el estímulo para evaluar lo cosechado y en esta condición lograr que cada día sea una preparación para los desafíos del futuro.

Felicitaciones para todo el equipo de El Colombiano y para el diario leer de los antioqueños.

El día que yo me vaya. In-memorian del juglar.

Yo creo que sobran las palabras cuando el maestro, en su propia voz, nos puede iluminar con ellas.

Facundo Cabral, hizo parte de mi historia personal, cuando hace algún tiempo, oficiaba como psicólogo radial en Caracol Radio, al lado de Baltasar Botero. Entonces tuve el inmerecido privilegio de entrevistarlo. Y fué así como, saboreando las palabras de Facundo, comprendí que lo mejor que puede pasar en la vida…es hacer lo que a uno le gusta.

Así que, en memoria del juglar…¡quiero simplemente                                              re-escucharlo!

Joven con-sentido

Yo creo que siguiendo el pensamiento de Viktor Frankl, puedo concidir con él en que: “cada época tiene sus neurosis, y cada tiempo necesita su psicoterapia”. En palabras del Doctor Frankl: sólo la psicoterapia rehumanizada puede comprender los signos de los tiempos, y sólo ella puede hacerse cargo de las necesidades de nuestra época”.

En esta dimensión y de manera casi apocalíptica Frankl nos recuerda la posibilidad del vacío existencial, cuando plantea el paralelo entre el animal y el hombre: “Contrariamente al animal, -dice: el hombre carece de instintos que le digan lo que tiene que hacer y, a diferencia de los hombres del pasado, el hombre actual ya no tiene tradiciones que le digan lo que debe ser; entonces, ignorando lo que tiene que hacer e ignorando también lo que debe ser, parece que muchas veces ya no sabe tampoco lo que quiere…”

Entonces en este nuevo siglo, teniendo en cuenta la vivencia del absurdo de la propia existencia para algunos jóvenes, la pérdida de un horizonte diseñado por valores, y la falta de sentido de la vida, llevan a estos muchachos a la experiencia de vacío existencial.

De ahí la importancia de trabajar en la educación y en la formación de jóvenes en el encuentro del sentido vital o en la certeza del para qué se vive.

En un proyecto educativo, podríamos hablar de tres niveles de sentido:

1. Sentido del momento: Aquel que se descubre en cada situación concreta que se vive.

2. Sentido como misión: También llamada vocación. Es el sentido que responde a la pregunta: ¿a qué vinimos al mundo?

3. Sentido último o supra-sentido: El que le da la trascendencia a la vida desde el plano espiritual porque le da sentido trascendente al acto de vivir.

Así todo joven podría entender el significado de la vida y del para qué vive y de esta forma tener de su lado la fuerza motivadora.

Las investigaciones sobre las causas del suicidio juvenil, entre otras, apuntan al sentimiento de falta de sentido de la vida. Pues se ha descubierto que el joven que sabe para qué vive, tiene la fortaleza para resistir a pesar de las condiciones desfavorables del mundo que le corresponde vivir, entonces ama y protege su vida, porque tiene un proyecto diferente para ella.

Un joven con-sentido, es un joven con un diseño de vida. Y ese diseño tiene la asesoría de un grupo de adultos optimistas, que saben los secretos del sagrado arte de vivir y lo comunican abiertamente.

¿Para qué luchar?

Yo creo que frente a las dificultades, adoptamos posiciones innecesarias, que más bien, lo que consiguen, es paralizar nuestro camino. Dichas reacciones nacen de los pensamientos pesimistas que se alimentan precisamente de la miopía para ver la luz al final del tunel.

Todo se torna oscuro y tenebroso. Sentimos que de ésta no vamos a salir y solo esperamos el más fatal de los desenlaces. Pero como siempre hay un amanecersiempre hay una puerta que se abre, una mano que se tiende, una posibilidad dentro del campo de todas las posibilidades,  entonces el milagro se produce.

Dicho milagro aparece en forma de oportunidad, como una eterna rueda de la vida o samsara, que actualiza la prueba, pues el universo repite las lecciones hasta que se aprenden. Entonces la vida te da otro chance y es el momento de aprovecharlo. Y se trata precisamente de emplear ese instante maravilloso para preguntarnos: ¿qué espera de mí la vida?

Posiblemente algo como lo que John  Bunyan expresó en su texto El progreso del peregrino cuando dice:

“Aun cuando haya pasado por todo lo que pasé, no me arrepiento de los problemas en que me metí, porque fueron ellos los que me condujeron hasta donde deseé llegar. Ahora, todo lo que tengo es esta espada, y la entrego a cualquiera que desee seguir su peregrinación. Llevo conmigo las marcas y las cicatrices de los combates; ellas son testimonio de lo que viví, y recompensas de lo que conquisté.

Son estas marcas y cicatrices queridas las que me abrirán las puertas del Paraíso. Hubo una época en la que viví escuchando historias de hazañas. Hubo otras épocas en que viví simplemente porque necesitaba vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero y porque quiero un día estar en la compañía de Aquel por quien tanto luché”.

Yo creo que la vida nos presenta en cada amanecer la nueva oportunidad para continuar la lucha sin desfallecer. Entonces adquiere sentido la tarea, a pesar de los pesares, a pesar de las circunstancias, a pesar de las personas y principalmente a pesar de nosotros mismos.

Yo creo que sí vale la pena luchar por aquello, que creemos valioso.

Padres: ¿culpables o inocentes?

Yo  creo que no existen padres perfectos…y mucho menos culpables o inocentes; sólo existen hombres y mujeres que desde el amor buscan la felicidad de sus hijos; sin embargo en el cuidado y conducción de muchachos adolescentes cometemos errores que pueden evitarse, si contamos con herramientas eficaces.

A continuación  ofreceré un pequeño listado de algunos de los “pecados” que cometemos los padres. Y que no tiene por objeto desarrollar sentimientos de culpa, sino por el contrario, iniciar una reflexión seria y profunda en relación con nuestro papel como educadores de hijos adolescentes. Esto quiere decir, tomar conciencia de lo qué hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos en materia educativa juvenil.

Pecado No. 1  Evitar que se rebelen.

La adolescencia es la época propicia para la rebeldía y el desacato. Lo normal es que los hijos se rebelen y estén opuestos a muchas de nuestras decisiones en materia de autoridad. Lo importante saber conciliar y vencer con el poder de los argumentos.

Pecado No. 2 Desconocer los nuevos paradigmas del aprendizaje.

Hoy la forma de estudiar y aprender no es la misma del pasado. El libro como lo conocimos hace parte de los museos; ahora el computador es el nuevo paradigma y por supuesto todo lo que se puede hacer con él.

Pecado No. 3 Restarle importancia al ambiente familiar

Para un adolescente, la familia es lo más importante, porque a pesar de discutir y pelear, es su punto de referencia y lugar de acogida y amparo. Lo peor que le puede pasar a un adolescente es tener una familia destruida.

Pecado No. 4 Negar la nueva cultura.

Pelear contra el reguetón  y todas aquellas formas culturales de expresión juvenil, va en contravía de lo que el adolescente gusta y busca. Los padres de familia podemos sacar provecho de esa cultura, para educar.

Pecado No. 5 Compararlos

Nada tan dañino y poco educativo que el acto de comparar a lo hijos adolescentes y mucho más cuando el padre se ofrece como ejemplo a imitar. La frase: “es que yo a su edad ya”… no tiene validez, ni es útil con el joven de hoy. Continuar leyendo