La vida es bella.

pexels-photo-191034Yo creo que la vida es bella si me engaño deliberadamente, como una condición de mi edad. Este fue el mensaje que recibí luego de ver la película que tiene el mismo nombre, donde se narra la experiencia de un padre acompañado de su pequeño hijo en un campo de concentración.

De hecho, la vida ni es bella ni es fea…depende más bien de la manera como la perciba y por supuesto como la enfrente. Es decir, lo que para una persona puede parecer inadecuado, para otra, ese mismo hecho puede ser supremamente conveniente para sus propósitos.

Este dilema me asaltó ayer, luego de la cita médica que acompaña mis radioterapias. Al salir al corredor de la clínica me atrapó la imagen de una pequeña niña vestida como para una fiesta, incluyendo su enorme pava que pretendía cubrir el resultado de la quimioterapia. Lo curioso de la escena era su elocuente felicidad, en contraste con la tristeza de su acompañante adulta.

Mientras la niña jugaba, sonreía, bailaba y se despedía amistosamente de todos los que le abrimos paso, a su paso, la otra persona se veía triste, derrotada y por supuesto cansada por las circunstancias.

Tomé consciencia de la situación y confirmé el significado de la vida y la muerte desde dos puntos de vista, el de la niña y el de su madre.

He descubierto durante este año de mi tratamiento oncológico y en conversaciones con ellos, que los niños en fase terminal son conscientes de su situación y saben que van a morir; además porque parte de su claridad frente al tema, se debe a la manera cómo van viviendo día a día su proceso. Obviamente, su entendimiento de la situación es diferente a la compresión que alcanza un adulto.

Independiente de la edad, la respuesta emocional frente a la certeza de morir es muy grande y debe enfrentarse. De ahí que sea fundamental un ambiente familiar abierto y sincero donde el niño se sienta en libertad para compartir sus miedos y expresar sus preocupaciones y al mismo tiempo le permita recibir amor incondicional, algo de esperanza y seguridad mientras llega el momento final.

La fantasía es la materia prima con la que los niños de tres a seis años tejen sus sueños, por lo tanto, hablar con ellos sobre la muerte no es difícil, porque convierten la idea de morir en algo mágico, al considerarla reversible y temporal a diferencia de los niños mayores.

pexels-photo-6299265La mayoría de estos niños saben que van a morir, independiente de la información que han negado los adultos, pues los niños sospechan que “algo sucede” porque el ambiente que gravita… delata a los padres.

Esto hace que no se favorezca la despedida, porque no se acepta el proceso de morir y menos de un niño. Ese “pacto o conspiración del silencio”, afecta a los adultos porque tienen miedo de hablar de la muerte con sus hijos, porque creen que los niños no lo van a entender, subestimando la capacidad del paciente para afrontar malas noticias.

Yo creo que soy el arquitecto de mi vida y me asemejo a un pintor frente a un lienzo en blanco que debe hacer uso de su creatividad para plasmar una obra maestra. Lo más importante en la construcción del proyecto de vida, es precisamente encontrar el propósito. Una vida sin propósito no tiene sentido y por lo tanto puede llevarme a experimentar vacíos existenciales, negando la realidad. Entonces también puedo imaginar mi muerte como el cierre con broche de oro de mi proyecto de vida y espero no engañarme, ni permitir que me engañen, frente a la realidad innegable del sagrado acto de morir, porque la vida es bella y la muerte también.

El arte de morir.

pexels-photo-7294532Yo creo que la muerte es necesaria.

José Saramago, el portugués, premio Nobel de literatura, lo sospechó cuando dio a luz las “intermitencias de la muerte”, un texto delicioso, por lo complejo, pues decidió presentar la muerte de la muerte, como una posibilidad, frente al deseo de la vida eterna.

Sin la muerte, la vida no tendría sentido, dado que se prolongaría hasta el punto de sentir fastidio por vivir.

Todo ciclo debe terminar, es decir, morir, para que tenga sentido.

Cuando era niño cursando el quinto de primaria, era una costumbre en el Instituto San Carlos de la Salle, que los grupos del mismo nivel, compitiéramos con nuestra buena conducta y disciplina, por el premio más codiciado que consistía en un paseo de día completo a un centro recreativo de la caja de compensación familiar.

Ese día del paseo, el bus del colegio, piloteado por don Carlos, nos esperaba desde muy temprano.

El automotor inició su marcha, en medio de nuestros cantos y expresiones de júbilo mientras el profesor titular del grupo daba un repaso final a la lista de asistencia.

Cuando llegamos a nuestro destino y antes de bajarnos del vehículo escolar, el maestro se dirigió a nosotros recomendando el buen comportamiento, y sobre todo el respeto por el horario de salida hacia el colegio. Dijo: -en mi reloj son las nueve de la mañana, disfruten del centro recreativo y tengan la bondad de estar aquí, en el bus, a las cuatro de la tarde, hora en que termina el paseo-.

En ese instante, el embrión de psicólogo que ya habitaba en mi cerebro se despertó con esas palabras del profe. Pensé: - “la vida es un paseo”, es decir un paso por la tierra, para luego al conocer la hora de partir, estar preparado para la muerte del paseo. Por lo tanto, mi obligación es sacarle provecho a este tránsito mientras dure-.

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Como ya tenía la pantaloneta de baño preinstalada, al momento de bajar del bus, la piscina fue el primer destino que elegí. De manera que desde muy temprano pude gozar del agua y del juego con mis amigos. Sin embargo, otros compañeros aún no habían decidido que hacer con sus vidas, debatiéndose entre sí jugar un partido de futbol, tomar el refrigerio, ir a la piscina o tirarse en la grama a observar el universo.

Confieso que el secreto de mi disfrute estuvo en conocer de manera anticipada la hora de la muerte del paseo, para poder distribuir las actividades en ese lapso. Apliqué sin saberlo, la consigna de los estoicos cuando afirmaban: “si quiero vivir, debo contemplar la muerte”.

Yo creo que el sagrado arte de morir consiste en vivir como si fuera a fenecer mañana, para entregarlo todo, abandonarme, soltar los apegos, amar y perdonar para partir ligero de equipaje.

Y esto se logra viviendo intensamente, cumpliendo con los encargos del Universo, para que, al terminar el paseo, sea tanto el agotamiento por lo vivido, que mi mayor deseo, solo sea en ese momento, descansar.

Lo que puede una creencia…

pexels-photo-6509146Yo creo que soy el reflejo de mis creencias.

Debo reconocer que siento, pienso y actuó proporcional a lo que creo. Y por lo tanto me doy cuenta de que mis creencias me pueden limitar, pero de otro lado también pueden significar el motivo para que obtenga grandes resultados durante el proceso de vivir.

Desde hace buen rato, vengo dándole vueltas a la pregunta: - ¿Cómo creo que soy?.-

Entonces observo que la respuesta a dicho interrogante define la manera como creo que es el mundo y por supuesto la manera como percibo a los demás.

Así, frente a mi mapa de creencias, que se ha convertido en una cartografía representacional del mundo, me he llenado de argumentos, la mayoría de las veces falsos, para respaldar mis creencias. Y me he dado cuenta de esto, porque al confrontarlo con la realidad, descubro lo engañado que he estado durante todos estos años.

Reflexiono sobre todas aquellas creencias que han limitado e impedido mi movimiento hacia la acción; y de las ganancias secundarias que he obtenido falsamente.

Ahora sé que las creencias se pueden cambiar y que esto se logra cambiando el mapa representacional del mundo, a partir de la deconstrucción y el desmontaje de aquello que creía cierto, pero que al amplificar el marco de conciencia … no ha sido otra cosa que una ilusión creada por una educación llena de miedos y prevenciones.

Definitivamente el cerebro cree lo que le diga. Hace lo que le ordeno. Pero para ello debo estar absolutamente consciente de lo que digo, pienso, siento y hago.

Por lo tanto, la clave está en cambiar el lenguaje.

No es un secreto que, para lograr esto, se requiere tiempo y práctica. Luchar contra algo aumenta la resistencia. Para convertir un propósito en un hábito, los expertos en el tema recomiendan repetirlo durante al menos veinte días, con disciplina y plena conciencia, hasta que el cerebro lo convierta en una nueva costumbre.

La raíz de una creencia limitadora es el miedo.

De manera que, me he propuesto reconciliarme con lo pasado. Y lo estoy logrando al descubrir que: -No soy el pasado. Que en mi pasado está lo que he vivido y lo que he hecho hasta el momento…y que puedo sentirme en paz con aquellas experiencias, porque han servido para aprender y corregir la marcha y centrarme en el presente, aquí y ahora, para darle forma y sentido al futuro-.

Al fin y al cabo, es necesario estar en paz con el pasado para poder focalizarme en el presente.

La fuerza del temor se puede canalizar y convertirla en energía para la acción.

pexels-photo-2681319Ahora estoy consciente de que he postergado la acción por temor a la culpa, al fracaso, a la vergüenza y al rechazo y en muchos casos al mismo triunfo.

Está claro, que el temor al rechazo está vinculado al miedo a perder el amor, el poder o el conocimiento. Si soy rechazado puedo aprender mucho de dicho rechazo. Por ejemplo, de las redes sociales, he aprendido que las personas admiran a los que tienen el valor de decir lo que piensan, aunque no estén de acuerdo con ellos-.

Yo creo que, el mayor temor no es ser incapaz, sino todo lo contrario… le tengo miedo a ser capaz.

El arrepentimiento es el primer paso para lograr el perdón.

pexels-photo-4584462Yo creo que el arrepentimiento, es el primer paso para lograr el perdón.

Por estos días transitaba por la ciudad en medio de las congestiones del tráfico, normales por el fin de año. Los vehículos estaban en fila esperando el cambio del semáforo. Sin embargo, un motociclista imprudente, hizo suficientes maniobras indebidas que no solo pusieron en peligro su propia vida, sino que además comprometieron la seguridad de quienes utilizábamos correctamente la vía en el momento del arranque. La persona más afectada le hizo un reclamo airado al infractor. Pero desafortunadamente la reacción de éste fue la de atacar a quien le hacía el reclamo, sin reconocer que la falta la había cometido él mismo con sus piruetas a destiempo, por el camino equivocado y a una considerable velocidad.

Lamenté profundamente el hecho y entré en una reflexión profunda alrededor de la pregunta sobre el arrepentimiento.

¿Por qué es tan difícil arrepentirse?

En primer lugar, porque creo que lo que hice o dejé de hacer está bien hecho.

Hago todo lo posible por convencerme racionalmente, de que lo realizado, tiene una lógica y una razón de ser que me asiste. Por lo tanto, así demuestro que yo no soy el equivocado, sino que los equivocados son los demás. Entonces justifico cada acto, para tranquilizar mi conciencia.

Arrepentirse se torna complejo cuando no me pongo en el lugar del otro. Si carezco de empatía, y me cuesta reconocer el sufrimiento, el dolor y la angustia de los demás, entonces así es muy difícil que reconozca que he hecho daño y he causado inconvenientes en las vidas de los otros.

Además, cuando responsabilizo a mi hermano de su autocuidado y termino afirmando que aquello que sucedió, se produjo porque él lo permitió, sabiendo en el fondo que debo actuar como el protector del posible daño que yo pueda causar a los demás, sin endosarles completamente la responsabilidad.

Lo complejo del arrepentimiento está en el orgullo, que no permite el paso de la humildad que desde el corazón acepta la falta cometida y está dispuesta a reparar el daño causado. Un orgullo que se protege de cualquier toque en su contra porque parte del supuesto de que su pensar y su actuar, son perfectos.

Y en la falta de conciencia en torno a las consecuencias que tienen mis actos en las vidas de los demás, porque cada cosa que hago o dejo de hacer en relación con mis semejantes, repercute de manera diferente, trayendo serias y profundas repercusiones.

En esta etapa de fin de año, es bueno para mí, hacer un alto en el camino para reconocer todo aquello en lo que me equivoqué, para repararlo en la medida de lo posible.

Identificar, cómo mi orgullo y mi falta de humildad, dificultaron procesos de perdón, necesarios en las relaciones con las personas en los espacios que frecuento.

Aprovechar cada momento significativo para mostrar mi arrepentimiento y con ello iniciar una reflexión profunda que me lleve al cambio.

Y modificar mis patrones de conducta que son dañinos, para mí mismo y los demás y de esta forma reconciliarme con la vida y darle sentido a la misma, a través de una convivencia sana y armoniosa con aquellos que necesitan mi arrepentimiento para lograr el proceso de sanación desde el perdón.

Yo creo que el arrepentimiento, definitivamente, es el primer paso para conseguir el perdón.

Los encantos de la permacultura.

conversando con la naturalezaYo creo que la permacultura es la respuesta a los fenómenos ambientales, sociales, económicos y culturales que se vienen presentando a nivel mundial, en las últimas décadas.

Este pasado fin de semana estuve descansando y meditando, en un maravilloso lugar ecológico. Su diseño especial y los materiales que lo conformaban, así como la filosofía de sus creadores me impactaron tanto, que aún hoy, al momento de escribir estas líneas, no puedo dejar de reflexionar entorno a los encantos de la permacultura.

Durante el recorrido, organizado por los guías del lugar, escuché frases con tanta profundidad filosófica, que mi curiosidad de niño inquieto no dejaba de preguntar sobre el origen de estas. Por ejemplo: “No pienses que estás en el sendero correcto sólo porque es un camino conocido”. O esta otra: “La visión no es ver cosas como son, sino como serán”

Hablando de PermaculturaEntonces, terminada la visita guiada, comencé a investigar los orígenes de la palabra permacultura y encontré que es una contracción, que originalmente se refería a la agricultura permanente, basado en la filosofía de la Agricultura Natural de Masanobu Fukuoka, quien fue agricultor, biólogo y filósofo japonés.

Muchos años después, Bill Mollison y David Holmgren en 1978 utilizaron la expresión permacultura, para describir un sistema integrado y en evolución de plantas perennes o que se perpetúan y de especies animales útiles para el ser humano.

Construcciones desde la PermaculturaHoy por hoy, en la vida práctica, la permacultura se entiende como un sistema de construcción de espacios y de cultivo de la tierra, fundado en principios éticos para establecer, diseñar, coordinar y mejorar todos los esfuerzos realizados por los seres humanos en sus hogares y comunidades para lograr un futuro sostenible.

Bill Mollison, sostiene que la permacultura es: - “una filosofía de trabajar con la naturaleza, en vez de ir en contra de ella; que nace de observar la naturaleza durante mucho tiempo y comenzar una reflexión para aprender de ella, en vez de una acción prolongada y desconsiderada contra ella. Se trata de mirar a los sistemas en todas sus funciones, en vez de esperar sólo un rendimiento y más bien permitir que los sistemas demuestren sus propias evoluciones”-.

Observando como trabaja la naturalezaEn mi investigación encontré que la permacultura se fundamenta en tres principios: cuidar la tierra, cuidar a las personas y cuidar los recursos. Ahora entendiendo porque la naturaleza nos está cobrando nuestro propio descuido.

De otro lado, David Holmgren organizó la diversidad del pensamiento permacultural en doce principios de diseño así:

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Ser y estar feliz son una construcción cotidiana.

pexels-photo-3975266Yo creo que, si tuviera un nieto, le enseñaría los secretos del sagrado arte de vivir.

Lo vería crecer, avanzar y disfrutar, así como sufrir con cada situación cotidiana de la vida.

Y si algún día me preguntara, en medio de su juego infantil, acerca de mí mismo y mi proyecto de vida, seguro le respondería desde el corazón, amoroso y sensitivo, cuál ha sido mi método para caminar por la existencia.

Le diría: -el secreto para llevar una vida plena y mejor, está en reconocer que soy el arquitecto de mi propio destino-.

Y si me preguntara: -Abuelo ¿eres feliz?… mirándole profundamente a los ojos, mi respuesta sería: -ser y estar feliz es una construcción cotidiana que depende sólo de ti-. Aunque en esa construcción, los demás son importantes, si les doy el lugar adecuado en mi proyecto, logrando su participación en su justa medida.

Hijo, no es la vida la que me gratifica, sino que soy yo quien, desde el agradecimiento, le doy sentido y oportunidad a la vida. Por ello, soy feliz porque no he necesitado ni riquezas ni reconocimientos para el ego. Entonces tengo la certeza de que el agradecimiento es el primer paso.

En vez de criticar, he decidido edificar. -Tengo mucho que agradecer, pequeño, le diría-; sobre todo a aquellas personas que, con sus comportamientos y comentarios, han pretendido hacerme daño. Pues gracias a sus acciones y movimientos intencionados, he logrado encontrar los aspectos de mi propia vida que debo reforzar y trabajar para hacerle frente a la adversidad.

Si quieres saberlo, aún cada mañana me levanto, repitiendo varias afirmaciones que se convierten en mi escudo y mi motivo, pues tengo la convicción, de que soy yo mismo mi propio obstáculo, si no venzo a mi demonio interior, que está cargado con altas dosis de pesimismo y poca fe.

pexels-photo-5591247Acto seguido, decido poner en práctica todo lo que digo que soy; en vez de llenarme de argumentos y palabras que se las lleva el viento, más bien actúo de manera inteligente, es decir, cumplo lo que prometo desde la acción, donde materializo con hechos, mis propósitos.

Mi querido nieto, -lo importante no es ser cariñoso, sino actuar de manera cariñosa-.

-Lo fundamental no es decir que soy valiente, sino actuar con valentía cuando las circunstancias lo exijan-.

-Sospecho que el otro secreto ha sido, no compararme con nadie, ni medir mi éxito a partir del éxito de los demás, porque yo tengo mi propio éxito-.

-Recuerda que de nada sirve sentir, ni tener rencor por los demás. Perdonar debe ser la constante-

Además -ten presente la importancia de respetar y cuidar la posesión de otros, porque no es tuya, sino que más bien, es tu obligación, buscar tus propios tesoros-.

Y, sobre todo -procura no maltratar a nadie y mucho menos a ti mismo-.

Yo creo que, si tuviera un nieto, en medio de conversaciones profundas, le enseñaría el sagrado arte de vivir, para ser y estar feliz, como una construcción personal, inaplazable e intransferible.