Las apariencias engañan…

Yo creo que las apariencias engañan.

A primera vista, juzgamos a los demás de una manera rápida y sin profundidad. Decimos cosas terribles de los otros, gracias a nuestra desbordada imaginación o ensalzamos a nuestros semejantes, porque nos caen en gracia y cumplen con nuestras expectativas.

Subimos de nivel al bien vestido y bajamos a los estratos más profundos, a quien se sale de los cánones del vestuario esperado.

Soltamos comentarios dañinos y mal intencionados para afectar la honra y reputación del colega o para ganar puntos irreales frente a otros, quienes también juegan el deporte lingüístico de destruir el buen nombre de los demás. Todo esto para ser aplaudidos como héroes, sin derecho a que la víctima pueda defenderse.

Será que los ciudadanos del mundo podremos algún día, descubrir cómo la verdadera sabiduría está en el silencio respetuoso, que sabe guardar distancia.

Ahora puedo reconocer que no soy quién para juzgar. Y mucho menos cuando estoy en igualdad de condiciones, como ser humano falible.

A propósito: ¿Se dejaría guiar por este individuo, en la Plaza de Bolivar de Sante Fé de Bogotá, Colombia?

Padre no es quien engendra un hijo…

Yo creo que padre no es quien engendra un hijo.

Desde la psicología, padre es aquel hombre quien, alimenta, educa, acompaña, brinda afecto, protección, ejemplo, a un niño o una niña. Esto significa que el abuelo, el tío, el hermano mayor, el novio de la mamá etc, se convierte en un modelo significativo para el niño y por lo tanto adquiere la función de padre.

Ser padre es una función, un proceso y un aprendizaje; por lo tanto, el hecho de aportar la semilla, no nos convierte automáticamente en padres. Se necesita algo más, que depende de nuestra vocación de servicio, que por supuesto nace del amor incondicional. Difícil palabra para quienes, su egoísmo, les impide entregarse concientemente, a esta tarea tan importante.

Los padres perdemos mucho tiempo ganando dinero.  Propongo entonces, que al menos un día a la semana, en nuestra agenda, separemos un buen rato para la junta más importante de nuestras vidas: encontrarnos con nuestros hijos, para verlos crecer, madurar y volar.

A mi manera…

Yo creo que cuando somos originales, o mejor dicho auténticos, se logra el primer paso en el sagrado arte de vivir.


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Definitivamente no nos entregan el manual…y si lo tuviéramos, tampoco lo leeríamos…

Se trata entonces, (en forma creativa), de ir elaborando el propio manual, en forma de Proyecto de Vida.

¿Cómo y de qué manera… quiero vivir?

Educar es preparar hijos para el futuro

Yo creo que educar es preparar hijos para el futuro. Y como padres, nuestro sagrado encargo, es acompañarlos hasta que estén en capacidad de seguir su propio camino. Mientras tanto nos preguntamos ¿cómo hacer ese acompañamiento en los tiempos actuales, si definitivamente no estamos preparados?

Sospecho que el secreto está en el manejo de la autoridad desde la ternura.

Algunos papás, a partir del temor, dirigen a sus hijos, desde los gritos y la violencia, sin pensar que precisamente esa actitud, muestra el propio pánico de los padres.

Además, siento obligatorio, el conocimiento de cómo son los jóvenes en la postmodernidad, pues obviamente,  son muy diferentes a la juventud que nosotros vivimos. Por lo tanto es un error decir: ” hijo, yo a tu edad…”, porque los signos de los tiempos han cambiado. 

Tenemos miedo de equivocarnos. Tenemos miedo de no ser buenos papás.  Realmente no existen buenos o malos padres, más bien existen hombres y mujeres quienes desde el amor, buscan formar hombres y mujeres de bien para el mañana, pero debemos reconocer, con humildad que nos falta mucho por hacer como constructores del futuro.