Las malas acciones.

thailand-2630772_960_720Yo creo que el Universo tiene una sabiduría perfecta, donde no existen acciones malas o buenas por sí mismas, sino más bien comportamientos correctos o incorrectos, cuando se realizan iluminados por la realidad de la situación. Esto permite evaluar si dicha conducta, es adecuada o inadecuada, a la luz de las circunstancias.

Cuentan que, en cierta ocasión, un joven aspirante a monje consultó al maestro Dogen sobre el profundo llamado de su corazón para entrar a un templo y dedicarse de lleno al estudio del budismo; pero dudaba de hacerlo debido a que sus obligaciones con la familia se lo impedían, pues su madre ya era anciana y dependía de él completamente. Por lo tanto, si entraba a un templo, ya no podría enviarle dinero para su mantenimiento y ella moriría en virtud del abandono.

– ¿Qué debo hacer en esta situación? – preguntó. ¿Hago bien o hago mal, si me dedico completamente a ser monje?

El maestro Dogen, de manera sincera pero prudente respondió: -esa es una pregunta muy difícil, que no puedo responder por ti. Definitivamente es tu problema y sólo tú puedes encontrar la respuesta indicada. Sin embargo, continuó -siento que encontrarás la manera de hacerte monje, y al mismo tiempo, cuidar de la salud y seguridad de tu madre-.

Me doy cuenta de que la respuesta del maestro Dogen, estuvo basada en la lectura de esa realidad específica del joven discípulo. Tal vez en otro caso, la respuesta podría haber sido diferente.

Ahora, ¿cómo saber qué es lo correcto? Buda con frecuencia decía que: “si hacemos una buena acción seremos felices, si hacemos una mala acción seremos infelices”, al referirse a la ley de causa y efecto del karma. ¿Pero me pregunto cómo saber si la acción que estoy haciendo es buena o mala? ¿cómo distinguir perfectamente lo que es el bien del mal?

En el budismo, este problema, no es un tema intelectual que se pueda resolver desde una definición teórica; más bien es un asunto visceral, intuitivo, que parte de la lectura juiciosa del cuerpo y su malestar interior, frente a una situación práctica de la vida real. Algo parecido a lo que el mundo católico llama la conciencia moral, cuando hacemos algo que nos incomoda desde el deber ser.

Aquí lo fundamental es evaluar la situación total, desde todos los ángulos.

Yo creo que, el mal o el bien, no siempre concuerdan con nuestros conceptos. Por lo tanto, no podemos juzgar lo que es correcto e incorrecto sobre la base del sentimiento o del pensamiento

En la filosofía budista, la pregunta por el bien y el mal, no se considera un problema para resolver en la mente sino un fenómeno tangible, de la vida real, práctica y cotidiana. Y la respuesta es contundente: la acción buena corresponde a la acción correcta.

En otras palabras, es la acción más apropiada para la situación real… si quiero actuar adecuadamente, debo sintonizarme con dicha situación, tal como es, dado que, paradójicamente, la misma acción puede ser buena o mala, adecuada o inadecuada, dependiendo de las circunstancias.

La meta es alinearme con el Universo para armonizarme con él.

Esto se logra, trabajando por un estado de equilibrio interior, que se refleje en el exterior. Lo que va a ser palpable en el equilibrio físico y mental, para que esté a tono con la situación.

De tanto practicarlo, se volverá “la norma” de mi vida. Con esta “norma”, podré ver que es correcto y que es incorrecto, o que es bueno y qué es malo a cada momento, en forma intuitiva.

Debido a que la vida está llena de problemas, lo que le da sentido, precisamente es el proceso de resolver problemas difíciles, pero no desde lo que siento o pienso, sino con la práctica de “hacer silencio”, para observar la realidad y con base en ella, actuar desde la lógica del Universo que muchas veces, no es mi lógica.

Porque, las mismas circunstancias me dicen qué hacer y qué no hacer, independientemente del prejuicio, el deseo, o del apego.

Abrir las puertas del infierno o del paraíso.

matsumoto-3030153_960_720Yo creo que, gracias a la sombra, todo aquello que pensamos, sentimos, decimos y actuamos, abre las puertas del infierno o del paraíso.

El efecto es proporcional a la energía que transformamos, para lograr que la mente module el cerebro.

En el proceso de la psicoterapia se confirma este axioma:  “Dime lo que piensas y te diré que tipo de infierno o paraíso creas. Dime lo que sientes y seré capaz de anticipar la reacción en cadena… que se produce.

Tengo claro que, si cambio mi manera de pensar…cambio mi manera de actuar.

Por estos días, los manifestantes han pasado por el frente de mi ventana. Algunos de ellos caminando en forma pacífica y festiva, van reclamando sus derechos en medio de pancartas multicolores y música alimentada por el alma. Sus pitos, arengas y cacerolazos producen la energía suficiente para llamar la atención del gobierno de turno.

De otro lado, los violentos, encapuchados, llenos de odio y rencor ajeno, van creando un infierno en el paraíso, a partir del miedo y el terror que producen las explosiones de la ira.

Cuando escucho todas sus voces en coro, me doy cuenta de que van dirigidas hacia los gobernantes… pero en el fondo se, que el rumbo de esos reclamos, debería orientarse más bien hacia nuestra propia filosofía de vida, llena de contradicciones, y falsedades porque vivimos instalados en el lujo y en el confort de un paraíso ficticio, creado por la misma sociedad, que anestesia el dolor, con altas dosis de licor, conciertos de reggaeton, finales de futbol y el consumo de sustancias psicoactivas, así como el placer de comer bien y vestir según el qué dirán, para aparentar lo que no somos.

El verdadero infierno o paraíso está muy adentro de nosotros mismos y estas manifestaciones ruidosas y en algunos casos desenfrenadas, tienen más una función catártica, que una real toma de conciencia, para la transformación y la reflexión de fondo.

Nosotros mismos hemos creado las desigualdades, por lo tanto, hemos diseñado el infierno. Y pretendemos soñar al mismo tiempo con la utopía del paraíso, porque seguimos siendo manejados por el placer momentáneo, la apariencia que da el dinero y la sed de poder.

Recuerdo esta historia, que cuenta como una vez un soldado llamado Nobushige fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó: – ¿realmente hay un paraíso y un infierno?

¿Quién eres tú?, preguntó Hakuin. -Soy un Samurai, replicó el guerrero-.

¿Tú un soldado? -preguntó el maestro ¿qué clase de gobernante te tendría como guardián? …tu cara parece la de un mendigo-.

Con esta expresión tocó el orgullo y el ego de Nobushige, quien loco por la furia, mandó su mano a la empuñadura de su katana, frente al maestro. Pero Hakuin continuó muy tranquilo, y mirándolo fijamente exclamó: -así que tienes una espada. Tu arma probablemente está demasiado embotada como tu mente, para cortarme la cabeza-.

Entonces, prisionero del dolor, por su narciso herido, a medida que Nobushige desenvainaba su espada, Hakuin dijo, con una calma pasmosa: “aquí se abren las puertas del infierno”.

Ante estas palabras el Samurái dándose cuenta de la “disciplina” mental y espiritual de ese maestro, guardó su espada, y ahora con una mirada diferente por la iluminación…entonces inclinó su cabeza, en señal de paz. - “Aquí se abren las puertas del paraíso”, exclamó sonriendo el maestro-.

Yo creo que tengo el poder de abrir o cerrar las puertas del infierno o del paraíso, porque además tengo la potestad de decidir… si es el momento correcto para ser y estar consciente.

Lo que se aprende de la dificultad.

tiger-2535888_960_720Yo creo que la dificultad, pone a prueba nuestra capacidad de adaptación y la inteligencia emocional para asimilarla y sacarle el mejor provecho.

Cuando ingresé a la universidad, para comenzar mis estudios en la facultad de psicología, llegó a mis manos el texto del filósofo colombiano Estanislao Zuleta, con su título provocador e inquietante:” Elogio de la dificultad”.

El deslizarme por sus páginas, me generó una crisis existencial profunda. Me di cuenta de que mi vida había transcurrido sin detenerme a evaluar la riqueza oculta que se encuentra en las dificultades. Y desde ese momento decidí que, si el Universo me regalaba una, la iba a aprovechar para aprender mucho de mí mismo.

Pienso que las dificultades mayores que he enfrentado, fueron provocadas por la equivocación y por el error. Así al pasar los años, cada vez más, les hablo a mis estudiantes de la importancia de erigirle un altar a la equivocación. Porque es precisamente allí, donde más información obtengo, si me acompaña el coraje suficiente para hacer las preguntas adecuadas y de esta forma, investigar a fondo, dónde estuvo el error. Porque cuando me va muy bien en un examen, y saco buena nota, me limito a celebrar el triunfo sin preguntarme por qué obtuve ese resultado tan satisfactorio.

Cuando hago inventario de mis aciertos y equivocaciones, puedo corregir el futuro.

“Errar es de humanos”, dice el refranero popular, y además nos enseña que si se comete un error y no se corrige, el resultado, son dos errores.

Para recordarme, como estoy de equivocado, traigo a mi mente la fábula del místico árabe Sa’di:

Que narra la historia de un hombre que, cuando paseaba por el bosque, vio a un zorro mutilado, pues había perdido sus patas. Al mirarlo así, se preguntó ¿cómo podría este zorro sobrevivir con esa condición?. En medio de sus reflexiones sobre la vida y la muerte, observó a un tigre que llevaba una presa en su boca. Al parecer el tigre estaba satisfecho y dejó el resto de la carne para el zorro.

Al día siguiente, se produjo de nuevo el milagro y Dios alimentó al zorro por medio del mismo tigre. Nuestro hombre dio gracias al Creador del Universo por su inmensa bondad y de manera entusiasta se dijo a sí mismo -voy a quedarme en un rincón, confiando plenamente en el Señor y Él me dará todo cuanto necesite-.

Lo hizo así durante muchos días, pero nada sucedió y este hombre, casi frente a las puertas de la muerte, sintió desfallecer su fe. Cuando oyó una voz que le decía: -Óyeme tú que te encuentras en el camino del error, toma conciencia, abre tus ojos a la Verdad y por favor sigue el ejemplo del tigre y deja de imitar al zorro mutilado.

Cuando pretendo tener la razón, siempre es bueno consultar al Universo, para que me envíe algún sabio mensajero y me saque del error, porque es necesario para mí aprendizaje, distinguir si juego a ser el tigre o el zorro. Por supuesto, se necesita una buena dosis de humildad para escuchar y ver las señales que continuamente nos da la vida.

Yo creo que la dificultad no está en el acontecimiento mismo, sino en la manera como me permito ver y reaccionar frente a la situación. Al fin y al cabo, quien está a prueba soy yo. El problema, realmente no se encuentra en el examen, sino en mi preparación para resolverlo.

El trasteo.

package-2366468_960_720Yo creo que mi madre tiene razón cuando dice que un trasteo equivale a dos incendios.

En una mudanza, se mueven todo tipo de energías, sentimientos, emociones, recuerdos y esperanzas.

El camión llegó a la hora acordada. Un grupo de hombres, dispuestos a trabajar embalando cajas y muebles, se presentaron con una sonrisa comercial, aunque poco sincera. Comenzaron por desbaratar camas, y procedieron a sacarlas a la velocidad de la luz. En un abrir y cerrar de ojos, las habitaciones, lugares muy importantes para nosotros, como familia, ya tenían un aspecto desolado y triste.

Siguieron con la sala y el comedor, espacios cargados de reuniones familiares y de amigos, que celebraron con nosotros ocho navidades y veinticuatro cumpleaños. En poco tiempo, este par de lugares, ya tenían eco y parecía más grandes, sin las sillas y las mesas respectivas.

Finalmente, salieron con la nevera, la lavadora y un sin número de cajas que contenía nuestras “pertenencías” acumuladas, durante tanto tiempo que, de algunas de ellas, ni nos acordábamos de que existían.

En lo particular, el proceso de empaque de cajas me llevó casi tres semanas, porque los recuerdos, me asaltaban cada vez que descubría un objeto, un álbum de fotos, una cámara vieja, antiguos regalos y las maletas que representaban maravillosos y soñados viajes, dejando todos ellos, una estela de nostalgias y divertidas alegrías, y la posterior decisión de botar todo aquello que se convertiría en una carga, para poder andar ligero de equipaje.

Por supuesto aparecieron elementos perdidos, que busqué durante años y que ahora, gracias al trasteo, se hacían presentes, pero por supuesto, sin ninguna utilidad actual.

Confieso que fue duro, despedirse de dos balcones deliciosos que me asomaban a la naturaleza, y donde cada mañana, sentía el canto de los pájaros y los milagros del sol, cuando leía, hacía sudokus, y pensaba sobre el tema del próximo post para este blog.

Yo creo que los cambios son importantes. Y la única manera de cambiar es cambiando la comprensión sobre los cambios, a partir del entendimiento del apego.

Pienso sobre la manera cómo me esclavizan ciertos apegos, pues me atrapo a mí mismo, tratando de reorganizar mi vida, de manera que pueda conservar estas ataduras.

Entonces realmente, necesito escapar de mi prisión, porque sigo creyéndome un esclavo feliz de mis programaciones, de mis condicionamientos, de mis falsas creencias, de mis fantasías de abandono, porque si no lo hago, seguiré pretendiendo que el mundo se reorganice para adaptarse a mi apego.

Cierro los ojos, respiro profundo y hago este ejercicio durante unos minutos… pienso en algo o alguien de quien esté apegado. Por ejemplo, del apartamento, del cual me he trasladado. Pero puedo hacerlo también con una persona, sin la cual creo, no sería feliz. También puedo hacer esta tarea imaginativa, pensando en mi empleo, mi carrera, mi profesión, el dinero.

Luego me imagino diciéndole, al apartamento: – “No te necesito para ser feliz”-.

Es cierto, viví allí mucho tiempo feliz,  pero ahora puedo destrozar esa fantasía en torno a la supuesta felicidad generada por el apego, pues en realidad todo es transitorio.

Lo impresionante de todo esto es que el tiempo pasa y más adelante me invento otro apego, a otra cosa, a algo que creo más atractivo… y entonces me pregunto: ¿qué pasó con el viejo apego?

Yo creo que es liberador no depender emocionalmente de nada ni de nadie; por eso es por lo que, un trasteo, está lleno de simbolismos, pues representa el abandono, el desapego, la renuncia y el cambio.

¿Cuál es tu prioridad?

family-3343740_960_720Yo creo que el problema no es la falta de tiempo, sino el manejo de la prioridad.

Desde el momento en que nacemos un reloj en retroceso, va marcando cada segundo de manera imperceptible. Los días y las horas se tornan significativos para los que practican el arte de priorizar, y por lo tanto los secretos del manejo del tiempo.

En estos días me encontré, en su oficina, con una persona con quien estoy organizando una actividad conjunta. Y me recibió con esta frase: – “Hola Juan, no te he llamado, porque no he tenido tiempo-. Comprendí que, en el fondo, decía que yo no era su prioridad.

Continué la conversación, dejando de lado mi profesión como psicólogo, para no leer entre líneas y de esta forma no alterar mi propia tranquilidad y le pregunté si había leído el correo electrónico que le envié y nuevamente respondió, -como te conté, no me ha quedado tiempo para leer correos”-. Me di cuenta de que era otra forma de decir, que no estaba en sus prioridades.

Si supieras, agregó, -no me alcanza el tiempo para nada-. Entonces finalmente concluí que le estaba dando prioridad a otros temas.

En este caso, así por donde se le mire, no es un problema de tiempo, sino de prioridad.

Son muchos los campos en donde puedo priorizar, teniendo en cuenta el manejo del tiempo, pero ¿cuál es el más importante? ¿El amor, la familia, la pareja, los negocios, el dinero, el placer, el estudio, la vida espiritual, el trabajo, los amigos, la apariencia, la fama, el cuerpo, la salud? Y creo que no terminaría de enumerar la variedad de aspectos en los que me puedo ocupar, focalizando mi interés.

Sin embargo, en este momento de mi vida, se que mi prioridad es mi familia.

En el sagrado arte de vivir, quisiera abarcarlos todos, dándoles la debida importancia que, por supuesto va cambiando, en cada etapa, con el paso de los años, mientras voy adquiriendo la sabiduría necesaria para saber priorizar.

Por eso valoro más el tiempo, pues cada vez me queda poco, cuando tomo conciencia de esta impresionante reflexión, que alguien me compartió hace pocos días, por redes sociales:

El valor de un año, lo entiende el estudiante que repitió un curso en el colegio. El valor de un mes, lo conoce la madre de un bebé prematuro. El valor de una semana es significativo para quien sabe que va a morir. Una hora, es muy valorada por los amantes. Un minuto, lo lamenta quien perdió el metro, corriendo hacia la estación. Un segundo, es muy importante para quien se salvó de morir, porque estuvo a punto de tener un fatal accidente. Y una milésima de segundo es fundamental para quien ganó la medalla de plata en una competencia contra reloj.

Yo creo que aún tengo tiempo, para hacerme estas dos preguntas fundamentales: ¿cuáles son mis prioridades en el tiempo? Y a ¿qué le estoy dando prioridad, ahora?

Lo que hago…mientras muero.

beach-2179624__340Yo creo que pensar en la propia muerte causa miedo, por la incertidumbre que produce responder a las preguntas: - ¿cómo voy a morir? -. ¿cuándo? ,- ¿adónde voy? -.

Cuando duermo…vivo una muerte parcial. Todo se apaga…bueno, la mente sigue funcionando, más allá de lo que yo quisiera y se manifiesta en forma de sueños o pesadillas.

Y cuando despierto, es común que, en medio del silencio de mis reflexiones más profundas, me transporte a un mundo imaginario, ideal, tranquilo y relajado, al que llamo mi santuario, para encontrarme con mis temores, entre ellos el de morir, como dice la canción…” sin haber hecho lo suficiente”.

Frente a mí, está el mar, representación magnífica de lo inconsciente. Me encuentro sentado mirando el horizonte, las olas vienen y van, la brisa juega con las caprichosas palmeras, que han crecido con una inclinación característica. Algunos cangrejos luchan contra la corriente y el sol se oculta majestuoso, en un ritual de despedida, como en este atardecer.

Yo también estoy atardeciendo. Me pregunto, como todos los días, - ¿qué voy a hacer hoy, mientras muero? -.

Desde que soy consciente de mi obligatoria muerte, pues al fin y al cabo, cada día que pasa, estoy más muerto que ayer, buscar la respuesta, me ha sostenido durante muchos años, dado que me hago la misma pregunta cada mañana.

Desde esta silla de playa, observo cuidadosamente la clase de vida que he llevado, mientras los alcatraces pescan para sobrevivir.

Entonces recuerdo los instantes más felices de mi vida, hasta ahora, así como también los momentos tristes de mi existencia.

Sin embargo, la evocación de aquellos sucesos que me causaron dolor y aflicción, ya no tienen sabor amargo, como en su momento.

También repaso algunas de las decisiones importantes que he tomado. Teniendo claro que vivir representa un permanente riesgo, que obliga a desarrollar la habilidad de tomar decisiones. Pues el sagrado arte de vivir no es otra cosa que el tiempo que me toma el aprendizaje de la consecuencia de la decisión.

Ahora, desfilan por mi mente, aquellas personas que han tenido especial importancia en mí existencia. Sus rostros, algunos ya borrosos por el paso de los años, tienen la magia y el poder de reconciliarme con la vida, y recordarme lo importante que es desarrollar relaciones profundas y significativas con otros seres humanos.

Respiro profundo, y me lleno de energía gracias a la talasoterapia. Me zambullo nuevamente en el mar, de la paz interior, y nado confiado y soñando con la esperanza de un nuevo día con vida, porque yo creo que, tengo muchas cosas por hacer…mientras muero.