La certeza de la incertidumbre

Yo creo que en los momentos difíciles de nuestra vida, percibimos en forma errónea la realidad, pues desde la ansiedad por encontrar una salida, sentimos que las puertas se cierran y que no hay alternativa posible. Sin embargo creo que existe una nueva posibilidad, un nuevo amanecer, una última oportunidad para aquel que tiene fe.

Son precisamente las certezas de que siempre hay un amanecer, o las creencias en varias ventanas que se abren, o la ilusión en una mano que se tiende en lo más profundo del hoyo, las que nos permiten confirmar el poder de la esperanza.

Cuando la noche se pone más oscura, es cuando sabemos que va a amanecer. Y en esta nueva claridad, las cosas y los hechos se perciben de forma distinta.

El secreto está en habilitar nuestra capacidad para ver diferente. En leer distinto, los signos de los hechos.  En encontrarle nuevas y variadas lecturas al mismo fenómeno; es decir la clave radica en la habilidad de encontrar significados nuevos y alternativos para todo aquellos que nos parece en el momento, catastrófico y atemorizante; para mirarlo como algo maravilloso que está por suceder.

Es allí, en la incertidumbre, donde habita el duende de la comprensión. Es en el mundo de todas las posibilidades, donde vive el poder de la imaginación transformadora.

Dice Deepak Chopra en Las Siete Leyes Espirituales del Éxito que la sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento anterior. Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.

La incertidumbre, por otra parte, agrega Chopra, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy, es el yo, que ha quedado de ayer.

Yo creo que la incertidumbre merece una oportunidad en nuestras vidas, para tentar al universo y de esta forma extasiarnos con el porvenir.

El poder de una ilusión

Yo creo que hemos perdido la capacidad del asombro, gracias a hechos y acontecimientos humanos, que por lo reales y contundentes, acaban con nuestra posibilidad de creer o soñar o mejor dicho, tener una ilusión.

Según el Diccionario de la Lengua Española, ilusión es un concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. Y más adelante agrega…ilusión es la esperanza en algo cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

Creo que las ilusiones le permiten al ser humano tener esperanza. Y que precisamente, cuando todo está perdido, la esperanza nos devuelve las ganas de vivir.

Creer en la pareja, creer en el matrimonio, creer en la gente, creer en se puede cambiar, creer en que podemos construir un mundo mejor, no son simples ilusiones.

Las ilusiones tienen mucho poder en los niños. Cuando les prometemos un paseo, un regalo o una visita a un sitio especial, sabemos que sueñan con ese suceso y lo esperan con la certeza de que va a ocurrir. Sin embargo, los mismos adultos, nos encargamos de romper el encanto, cuando incumplimos la promesa. Entonces esto hace que el niño pierda su capacidad de creer que algo es posible. La psicología lo llama la “desesperanza aprendida”, y consiste, según Renny Yagosesky en un estado de pérdida de la motivación, de la esperanza de alcanzar los sueños, una renuncia a toda posibilidad de que las cosas salgan bien, se resuelvan o mejoren.

En este orden de ideas, frente a un terremoto, un robo, una pérdida significativa etc, es importante aferrarse a la esperanza o la ilusión de que se va a salir de ese estado y que se va a superar adecuadamente, en el futuro más cercano.

¿Qué haríamos sin esperanza?…dejar que el miedo, la angustia y la desesperación, se apoderen de nosotros. Y sabemos que mucha gente ha salido adelante, gracias al poder de una ilusión. 
 

Hola soledad

Yo creo que le tenemos miedo a la soledad y es porque no la conocemos realmente.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella tenemos la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos desde el silencio delator de la palabra interior. Y en la mayoría de los casos le huimos.

La soledad, es el sentimiento de estar solo, unido con frecuencia a situaciones como el desamor y a problemas de comunicación. Debido a que, durante los estados de soledad, la incomunicación es absoluta y se opone al hombre como ser social. Sabemos que la función humana más básica es comunicarse con los demás y que en las comunidades primitivas, la soledad era un fenómeno poco frecuente, pues el destierro se consideraba el castigo supremo. 

En las actuales sociedades industriales aparece el fenómeno del aislamiento del individuo. La inadecuada comunicación puede provocar algunas enfermedades de tipo emocional y requiere tratamiento psiquiátrico y psicológico. Una de las causas más frecuente de estos problemas emocionales, es la incapacidad para establecer sanas relaciones personales. Entonces la soledad permanente, involuntaria o aparentemente elegida, es un trastorno psicosocial, pues como base de este tipo de problemas, está la baja intensidad o debilidad para relacionarse. 

La soledad está asociada con el inicio de determinadas etapas vitales, como la pubertad o la vejez. Como resultado de especiales estados anímicos o situaciones vitales como la depresión o baja autoestima. También como consecuencia de situaciones de desempleo o por problemas psíquicos durante la pubertad. Los trastornos de relación se inician, sobre todo, durante la primera etapa educativa.

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Escuchar desde el silencio respetuoso

Yo creo que nos pasamos sin escuchar, la mayor parte del tiempo. Es posible que oigamos…el entorno, pero definitivamente no escuchamos. Y en la escucha reside el poder de la terapia.

En medio de tanto parloteo, de tanta información, ruidos y sonidos que hacen parte del ambiente, se hace obligatoria una pausa en el camino para recogernos en el silencio. La magia del silenciarse es tan poderosa que nos permite comunicarnos con nosotros mismos.

Es en el silencio donde habita nuestro ser más profundo y es en el silencio donde le reconocemos la existencia a la mismidad del otro, cuando lo escuchamos atenta y desprevenidamente.

¿Pero qué es escuchar al otro? No es otra cosa que renunciar a nuestro ego, para permitir que mi semejante se exprese en medio de nuestro silencio respetuoso.

En la convivencia humana, lo más difícil es el diálogo, por que no reconocemos en el otro un interlocutor válido y además porque sólo deseamos ser escuchados y escuchar nuestro discurso como si fuéramos los únicos protagonistas del universo.

Hagamos silenciosilenciemos nuestro ego…para descubrir las maravillas de las otras existencias humanas, cuyas historias vitales vale la pena escuchar.

Vaya momento especial

Yo creo que no existen momentos especiales. Más bien creo que cada momento puede ser especial si yo decido que lo sea.  Pues como cada quien habla de la feria según cómo le va en ella, también creo que puedo diseñar momentos especiales desde mi deseo y ver las cosas como quiero verlas, incluso negando la realidad.

En este orden de ideas, me doy cuenta de cómo postergamos asuntos importantes en nuestra vida; creo que dejamos pasar el tiempo, con la frase: “más tarde te llamo”, “luego hablamos”, o dejemos eso para un momento especial.

El poder está en el aquí y ahora como decimos en la Terapia Gestáltica.  No puedo dejar para mañana lo que puedo asumir, enfrentar, conversar, sentir, decir, expresar, ahora. Mañana puede ser demasiado tarde.

Cada cosa tiene su momento y hay tiempo para amar y tiempo para odiar, tiempo para construir y tiempo para destruir, tiempo para la paz y tiempo para la guerra…nuestro contador personal va marcando cada segundo de vida y nos interroga en torno a ese asunto vital: ¿cómo empleaste tu día hoy?… ¿hiciste lo que esperabas hacer en este día?… ¿qué cosas estás postergando?  Porque de alguna manera… al dilatar en el tiempo… estamos evitando el encuentro con nosotros mismos.

Cuando estaba iniciando mi carrera como psicólogo, disfrutaba una serie de televisión donde los protagonistas, un grupo de estudiantes de derecho, recibían clase magistral con un profesor muy particular; pues además de su sabiduría y conocimiento de la vida, enseñaba en forma bastante autoritaria, tal vez simulando un estrado judicial.

 Lo cierto del caso, es que en un capítulo de Paper Chase, el profesor Kingsfield está muy enfermo y su alumno preferido, el señor Hart va a visitarlo con una botella de licor que sabe, el profesor disfruta por referencias de conocidos suyos. Como lo ve postrado en la cama del hospital, lo único que se le ocurre decir es –Profesor le traje esta botella para que se la tome en un momento especial. El profesor lo mira con cara de ironía y le responde…Señor Hart, acaso no sabe que no existen momentos especiales. Y luego transformando su posición de paciente, se incorpora de la cama para narrar una historia personal, ahora hablando como el maestro que es: -Mi padre hace muchos años, recibió una botella de vino como esta y me dijo: muchacho…esta bebida tan exquisita nos la vamos a tomar en un momento especial. Me pidió que la guardara en el mejor sitio de la casa y allí permaneció por tiempo indefinido. Con frecuencia le preguntaba a mi padre cuando llegaría ese momento especial y él respondía…no sé. Curiosamente en este mismo hospital muy gravemente enfermo, mi padre recordó la famosa botella y me ordenó que la trajera, pues iba a morir y no había sacado tiempo, durante su vida, para disfrutar de esa bebida, en compañía de sus seres queridos. Vaya momento especial…esperar hasta la muerte para terminar asuntos pendientes. Así es pues, mi querido señor Hart, vaya por un par de copas que ahora es el momento de tomarnos este vino.

 
Es aquí y ahora, cuando podemos crear momentos especiales, pues la vida se construye, como dice Jorge Luis Borges…de instantes. Entonces no posterguemos más.

Poema atribuido a Borges, pero cuyo real autor sería Don Herold o Nadine Stair.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años…
y sé que me estoy muriendo.

Vivir como para morir mañana

Yo creo que sería bueno prepararnos para la muerte. Y estoy seguro que a muy pocos de nosotros la vida nos prepara para nuestro encuentro con la parca. Propongo que en los colegios y universidades se instaure una cátedra para aprender a morir. Y la principal materia del curso debe llamarse: “Cátedra sobre la vida”…principios básicos para saber morir, pues al fin y al cabo se aprende a hacerlo cuando se sabe vivir.

La muerte es un fenomeno natural y obligatorio, cuando llega su momento.  Y cuando se entiende esta lógica ineludible, comprendemos el valor de vivir aquí y ahora, desde el poder mágico del presente.

Perdemos mucho tiempo amargándonos con lo que pudo haber sido y no fue, en vez de utilizar el presente para corregir el futuro.

Curiosamente, cuando se acerca el fin del año, algunos lloran más por la incertidumbre del porvenir, como una preocupación por lo que vendrá, en lugar de ocupar su valioso tiempo en la construcción de un mañana productivo.

Todo debe morir para garantizar la oportunidad de lo nuevo. Es en el cambio precisamente donde se verifica la capacidad de adaptación y aceptación de lo novel como una constante del universo para renacer.

Nos aferramos al pasado y a las personas y a las cosas y a las relaciones y a los “modus operandi” de nuestra vida, como si fueran las únicas maneras, personas o relaciones obligatorias para continuar viviendo.

La propuesta es simple y sencilla, vivir la vida intensamente, en forma adecuada, sin angustia, sin temor ni culpas,  y principalmente en paz consigo mismo y con los demás… porque se que al momento de morir, el examen de conciencia es obligatorio…como cuando se va a entregar un puesto, un cargo o una tarea, la pregunta perentoria es sólo una : ¿Cómo lo hice?

Si sólo tuviera una semana de vida… qué haría durante esa semana?

Dice la sabiduría popular que “se muere como se vive” entonces, me propongo vivir ahora, como si fuera a morir mañana…

Creo en la amistad

Yo creo que en esta navidad, es bueno hacerle un homenaje a la amistad. Y qué mejor exponente que Henry David Thoreau, uno de los grandes filósofos de Norte América, quien nació en Massachusetts en 1817 y murió tempranamente a la edad de 45 años.

En una de sus conferencias, Thoreau se refería a Confucio quien a su vez decía: “Nunca entables amistad con un hombre que no sea mejor que tú”.

Entonces el conferencista comenta: …Es el mérito y preservación de la Amistad, que toma lugar a un nivel más alto que el que los caracteres de las partes parecieran garantizar. Los rayos de luz vienen a nosotros en una forma tal que cualquier hombre que encontremos parece ser más alto de lo que en verdad es. Tal base tiene la civilidad. Mi Amigo es aquel a quien puedo asociar con mi más alta escogencia. Siempre le imagino, en mi ausencia, una ocupación más noble que aquella en la que nunca le hubiera visto comprometido. Y pienso que las horas que me dedica han sido arrebatadas a una sociedad más alta. El más doloroso insulto que he recibido nunca de un Amigo fue cuando él se comportó con la licencia que sólo un largo y asequible conocimiento le permite a las faltas de uno, en mi presencia, sin vergüenza, y todavía dirigiéndose a mí con amistosos acentos. Hay que precaverse, no sea que tu amigo aprenda de último a tolerar una de tus debilidades, y que tal obstáculo se interponga al avance de tu afecto.

La Amistad es un milagro que requiere pruebas constantes. Es un ejercicio de la más pura
imaginación y de la más rara fe. Y dice, con un silencioso pero elocuente comportamiento: “Estaré en relación contigo tanto como puedas imaginado, incluso más de lo que puedas creedo. Gastaré mi verdad, toda mi riqueza, contigo”. Y el Amigo responde silenciosamente a través de su ser y de su vida, y trata a su Amigo con la misma cortesía divina. Él nos conoce literalmente en las gordas y en las flacas. Nunca exige una señal de amor, pero puede distinguirla por sus rasgos. Nunca necesitamos levantarnos ceremoniosamente ante él para saludar sus visitas. “No esperes a que yo te invite, pero observa cuánto gusto me da el que vengas”.

Confucio decía: “contraer lazos de amistad con alguien, es contraer Amistad con su virtud. No debe haber ningún otro motivo para la Amistad”. Pero los hombres desean que contraigamos también Amistad con sus vicios. Tengo un Amigo que desea que yo vea como correcto lo que yo sé que está equivocado. Pero si la Amistad es privarme de mis ojos, si es oscurecerme el día, no quiero nada de ella. Debe ser expansiva e inconcebiblemente liberadora en sus efectos. La verdadera Amistad puede proporcionar verdadero conocimiento. No depende de la oscuridad ni de la ignorancia. El que ama aprende al fin que no hay personas suficientemente ‘transparentes y dignas de fe, sino que todas tienen en sí un demonio capaz de cualquier crimen, a la larga. Sin embargo, un filósofo oriental ha dicho: ”Aunque la Amistad entre los hombres buenos se interrumpa, sus principios permanecen inalterables. El tallo del loto puede ser quebrado, y las fibras permanecen conectadas” .

Mi Amigo no es de ninguna otra raza o familia humana, sino carne de mi carne, hueso de
mi hueso. Es mi hermano verdadero. Veo su naturaleza buscando más allá, como la mía. No vivimos alejados. ¿No nos ha asociado el destino de muchas maneras? ¿No tiene significado que hayamos, hace mucho tiempo, compartido el mismo pan, bebido de la misma fuente, respirado el mismo aire, verano e invierno, sentido el mismo calor y el mismo frío; que los mismos frutos hayan servido para refrescamos, y que nunca hayamos tenido un pensamiento de diferente fibra el uno del otro?

Yo creo que es bueno reflexionar estas palabras de Henry David Thoreau, para que retomemos nuestra amistad con viejos amigos perdidos y fortalezcamos los lazos con nuevas amistades.

Pues “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”.