Dejar ir…

pexels-photo-5588318Yo creo que el secreto de la felicidad está en el desapego. Es decir, en desarrollar la capacidad de dejar ir.

Porque si me apego y me resisto a soltar, estoy negando el libre fluir de la vida que va y viene destruyendo para construir. La muerte es necesaria para la vida. La disolución es necesaria para que se produzca un nuevo crecimiento.

Por lo tanto, la estrategia consiste en aceptar los momentos de descenso, para aprovechar la conexión con lo espiritual, es decir lo inmaterial, para de esta forma darme cuenta de lo verdaderamente esencial que es invisible a mis ojos.

Experimentar el fracaso o una pérdida a cualquier nivel, es fundamental para observar el regalo que brinda la liberación de la esclavitud asociada con el éxito, el prestigio, la posesión material, la fama, la belleza o la riqueza. Porque todo es relativo.

El fracaso vive oculto en cada éxito y el éxito se agazapa en el fracaso.

En el mundo material, el fracaso hace parte del inventario. Lo interesante de este asunto es que, lo material no es permanente. Por ello lo único que me queda, en este momento de mi vida, está en el plano espiritual, que es eterno por lo permanente.

Por lo tanto, la enfermedad del cuerpo-material, es una condición natural, que hace parte del proceso de deterioro. Es normal que el cuerpo entre en fases de baja energía, que son vitales para la regeneración. Las células están programadas para sobrevivir, reproducirse, crecer, pero finalmente su ciclo termina. Sin embargo, la inteligencia del cuerpo necesita de la pausa y del reposo, cuando hay baja energía, para lograr el proceso de regeneración. Para mí, es tiempo de quietud, reposo y espera paciente, confiado en la regeneración de mi cuerpo.

pexels-photo-5694144Entonces, gracias a la meditación, uso mi mente creativa y entro profundamente en mi cuerpo…no lo pienso, lo siento, me conecto con La Fuente Invisible de todas las cosas, El Ser Eterno dentro de mí. Y visualizo que estoy sano, armonioso, alegre, feliz, completo pues, al fin y al cabo, tener acceso al reino de lo informe es liberador… porque si no, me quedo anclado en la forma.

Siento el cuerpo, desde dentro, como un campo energético unificado, fortaleciendo mi sistema inmunológico e inundo mi cuerpo de conciencia.

Ahora estoy consciente de que hay períodos de éxito y otros de fracaso. Momentos en los cuales lo material se marchita, se desintegra, para darle paso a la transformación, y permitir de esta manera que llegue lo nuevo.

Yo creo que, lo más maravilloso que me está pasando ahora, es adquirir la consciencia de dejar ir el pasado, dejar ir lo material, dejar ir la fama y el prestigio, para darle paso a lo espiritual donde me encuentro en esencia, pues todo lo demás es relativo.

Al dolor le molesta la alegría.

pexels-photo-3851309Yo creo que al dolor le molesta la alegría.

Durante este período de tratamiento oncológico, he venido observando que la intensidad del dolor depende más de mi grado de resistencia a aceptarlo y de la identificación que haga o no para convertirme en víctima o sanador.

Continuamente busco la manera de no desconectarme del ahora, porque si lo hago, me identifico con el dolor, al fin y al cabo, la mente cree que “lo correcto” es sentir dolor. Por lo tanto, la tarea consiste en aceptar y valorar el dolor en el ahora, para liberarme del sufrimiento y permitir que la consciencia tome las riendas de la situación.

Así, me he dado cuenta de que todo dolor es “ilusorio”, porque está asociado con el cuerpo, que tiene allí, un mecanismo de alarma para avisar que algo no está bien en el sistema y no porque algo esté mal en mí, o en mi ser.

El dolor es inevitable mientras siga identificándome con mi mente victimizada. Además, porque si acepto que el dolor existe, puedo minimizar el sufrimiento, en tanto no lo necesito.

De otro lado, también he descubierto que el dolor emocional es la principal causa del dolor físico y de las enfermedades físicas. Es decir, cuando experimento resentimiento, odio, autocompasión, culpabilidad, ira, depresión, celos e incluso la menor incomodidad psíquica, todo ello se representa en el cuerpo como enfermedad y por supuesto como dolor.

El dolor tiene dos niveles en el tiempo: el dolor que siento ahora y el dolor del pasado que aún vive en mi cuerpo y en mi mente, como algo que está por resolver, tramitar y sanar. Entonces el dolor de lo pasado persiste si me identifico con él.

Por ejemplo, si me dedico a buscar señales de infelicidad en mi vida, tengo motivos suficientes para quejarme y culpar a otros de mi dolor. Así necesito de la irritación, la impaciencia, el estado de ánimo triste, la depresión y la ansiedad para “hacerles daño” a los demás, como “compensación” de lo que “supuestamente” me han hecho. Nadie puede hacerme daño, a menos que yo lo permita, es decir, lo manipule para tener argumentos contra los demás.

El dolor se alimentará con cualquier experiencia que resuene con su vibración dañina.

Es aquí donde me doy cuenta de que al dolor le molesta y le estorba la alegría.

Ser y estar feliz es posible como una decisión, donde el centro soy yo y no los demás. No necesito a los demás para ser feliz. Más bien requiero y construyo mi felicidad para aceptar y recibir a los demás.

pexels-photo-1130626Yo creo que la alegría y la felicidad proyectan luz a la sombra del dolor. Y solo puedo construir felicidad en tanto esté iluminado; a diferencia del dolor, que desde la sombra fabrica un yo infeliz que necesita de la tristeza y la derrota para demostrar su hipótesis oscura.

Con todo este proceso del linfoma, estoy aprendiendo a mirar sin interpretar ni juzgar. Simplemente observo el dolor y lo entiendo como algo que debo soltar, porque no lo necesito. Es decir, soy solamente el testigo de mis pensamientos y emociones dolorosas.

En fin, porque estoy dispuesto a enfrentar y aceptar desde la alegría, todo este proceso como algo necesario para mi evolución, y porque estoy consciente de la felicidad y liberación que produce el estar conectado aquí y ahora. 

Lo que nos enseña una crisis.

pexels-photo-7659737Yo creo que cada evento que sucede en la vida merece ser analizado y profundizado para hallar su significado profundo.

En torno a las crisis siempre se ha dicho que son oportunidades. Expresado así, he venido reflexionando sobre el “campo de todas las posibilidades” que se abre frente al cáncer, o como en mi caso, el linfoma: - ¿Qué es lo que debo aprender? ¿Qué necesito reconocer? ¿Qué es aquello que sería adecuado explorar e identificar para darle sentido a lo que hasta este momento no tiene sentido? –

Si me detengo por un momento, en medio del silencio meditativo y dejo que mi cuerpo hable, comienzo a escuchar sus demandas de atención y cuidado y sobre todo la solicitud de que me centre aquí y ahora en su recuperación y sanación.

El proceso de quimioterapia que estoy recibiendo es bastante agresivo dado el enemigo que enfrento. Al interior de mi cuerpo se desata una batalla campal donde las fuerzas se oponen en igualdad de condiciones. Termino exhausto después de la confrontación y espero refugiado en mis cuarteles de invierno, dándole tiempo a la recuperación, para saltar de nuevo al campo de batalla.

Confieso que estoy positivo y motivado, la moral la tengo alta y me acompaña, gracias al apoyo de tantas personas que se han sumado con sus palabras, oraciones y voces de aliento para llenarme de coraje y ganas de vivir, pues al fin y al cabo siento que todavía tengo mucho por hacer. Y me pregunto si: ¿ya he cumplido la misión o todavía la tarea no está completada?

Volviendo a mis reflexiones descubro que no puedo ni debo analizar ni juzgar lo que observo, porque si me identifico con la mente le voy a dar más energía al miedo, mientras que, si solo observo sin mente, el miedo desaparece porque no le doy cabida, imaginando un futuro que no ha llegado…es decir, estoy conectado con el presente y aquí y ahora estoy disfrutando de la vida, sin dolor, sin angustia, sin pánico, ni zozobra por lo que vendrá.

El poder del ahora me regala las fuerzas suficientes que necesito para enfrentar la pelea cotidiana que tengo con mi enemigo. Solo puedo enfrentarlo aquí y ahora, no en el pasado ni mucho menos en el futuro.

Dice Eckhart Tolle que –“el foco principal de la persona iluminada esta siempre en el ahora, aunque sigue manteniendo una conciencia periférica del tiempo. En otras palabras: continúa usando el tiempo del reloj, pero libre del tiempo psicológico”-

Por lo tanto, es una certeza para mí, que el único tiempo que tengo para producir los cambios que necesito… es ahora.

Juan Carlos Posada MejíaDe otro lado tengo la ventaja, a diferencia de otros, de que estoy observando la muerte de frente.

Entonces si tengo esta maravillosa oportunidad, la debo aprovechar para ser y estar más consciente de mi ahora y adelantar mi tarea con mayor claridad y diligencia, para completar la obra, antes de que sea el momento de partir.

Yo creo que cuando creo un problema, creo un dolor, entonces hago la elección de que pase lo que pase no generaré más dolor para mí mismo.

Decido que no “tengo” un dolor, no “tengo” un linfoma; más bien elijo que esto es un estado transitorio, que puedo cambiar desde la alegría y el optimismo, porque dispongo de todos los recursos necesarios para lograrlo.

¿ A qué le tengo miedo?

pexels-photo-4229162Yo creo que le tengo miedo al dolor. Pensándolo bien, creo que es al sufrimiento al que le tengo miedo.

De pronto si me preguntase si le tengo miedo a la muerte diría que no, porque al fin y al cabo es el fin del proceso y supone descanso. Pero sentir dolor ya es otra cosa.

En este nuevo camino, la muerte se insinúa, aunque la percibo distante. A lo mejor estoy pensando con el deseo, pero realmente, no la veo cercana. Tal vez porque he decidido vivir aquí y ahora, conectado con el presente, y por ello, no me permito otear el horizonte donde el futuro inexorable me espera.

Mientras llega ese momento, estoy observando todo alrededor. Vivo cada día intensamente como un regalo maravilloso de la vida y agradezco todo lo que me acontece, incluso el dolor, que señorea las veinticuatro horas, en tanto observo el deterioro de mi cuerpo como consecuencia de la quimioterapia.

Los primeros síntomas se manifestaron en la piel, que ahora parece un desierto. La boca y las encías acusaron la presencia de varias heridas, que en su momento dificultan comer. Y luego ese cansancio infinito, como si hubiera participado en una pelea, donde me siento el vencedor, pero absolutamente exhausto. Duermo la mayor parte del tiempo y doy gracias por la reparación que me produce dicho descanso.

Con frecuencia elimino líquidos, lo que me obliga a hidratarme a cada rato, acompañado de la obligación de comer, aunque el apetito haya desaparecido.

Todo tiene un sabor metálico y hasta percibo mi propio olor diferente.

El momento más glorioso es cuando llega la experiencia del baño. Mi esposa, en su ritual amoroso, me envuelve el catéter instalado en la vena basilar, para que no se humedezca y al terminar la ducha, me baña con crema humectante para rehidratar cada zona del cuerpo. Aprovecho para sentir su contacto y me recreo agradecido porque siento su amor.

Estoy feliz porque los amigos se conocen en la adversidad y en esta ocasión puedo decir con orgullo que cuento con tantas personas que han manifestado su afecto y acompañamiento sincero, cada uno desde su capacidad, percepción y entendimiento de la situación.

Han pululado las recetas caceras, las mixturas mágicas y los potajes que protegen y aumentan las defensas para resistir mejor la quimio; doy gracias por ello, así como agradezco las oraciones, las bendiciones y los mensajes maravillosos que reconocen el aporte hecho a la vida durante estos años, haciendo lo que más me gusta hacer, que no es otra cosa que ser profe y terapeuta.

Definitivamente el miedo se refiere a algo que podría ocurrir y no en relación con algo que ya está ocurriendo. Mi poder está centrado en el presente y nunca en el futuro que no puedo anticipar o controlar. Y que si le doy pensamiento al futuro sólo generaría ansiedad frente a ese constructo hipotético de lo que vendrá.

Por eso yo creo que el miedo se minimiza, cuando conectado con el presente, continuamente afirmo: -al menos por hoy, he decidido vivir sin miedo y aprendiendo del dolor y de la fragilidad de la naturaleza humana-.

La quimio.

pexels-photo-4625626Yo creo que lo más importante en este momento de mi vida es conectarme con el ahora; sobre todo porque vivo tan inconscientemente que sólo cuando se presenta una situación límite comienzo a darme cuenta y a hacerme cargo.

Como preparación psicológica y moral para la quimio, le pedí al peluquero de la casa que procediera a pasar la cuchilla para irme acostumbrando a mi nuevo aspecto. Las barbas que me acompañaron en este último periodo fueron cayendo al suelo en compañía del abundante pelo de la cabeza.

Con mi nueva imagen, a las siete de la mañana, me dirigí asustado a la sala de oncología de la clínica, donde todo estaba preparado de manera milimétrica para mi llegada. Tenía asignado un espacio con mi nombre, una silla cómoda y una enorme cantidad de bolsas con diferentes líquidos que iban a pasar por mi sangre gracias a un catéter preinstalado en la vena basílica.

-Don Juan, usted va a estar hoy aquí todo el día, ¿trajo almuerzo y algo con que entretenerse? – dijo con cariño y amabilidad sincera la enfermera.

Primero me tomaron los signos vitales, me pesaron e hicieron las preguntas de rigor en torno a cómo me sentía, por si tenía algún dolor.

Luego comenzó la preparación del cuerpo, con sueros que acondicionaban el estómago para evitar las náuseas y el vómito. Y casi al medio día, las primeras cargas de la quimioterapia.

Mas tarde me visito el médico, y me explicó todos los cuidados que debía tener por la inmunosupresión.

Miré a mi alrededor y vi otros combatientes, de diversas clases y actitudes. Los vencedores y los vencidos. Los derrotados y los valientes con ganas de vivir. Decidí unirme al clan de los ganadores.

De pronto apareció un violinista que rompió la tensión del momento. Tocó melodías dulces y románticas, pero debo reconocer que las cuerdas me suenan tristes y nostálgicas. Hubiera preferido una papayera estridente que despertara del letargo a todos en aquella sala.

La jornada se hizo larga…pero logré pasarla alegre y optimista. Trabajé, soñé, dormí y medité.

En este momento, estoy en reposo, esperando la nueva sesión de quimioterapia, con la certeza de que el éxito de este tratamiento está en mi actitud y en la manera optimista, como aquí y ahora construya futuro.

Yo creo que cada cosa que sucede trae muchos aprendizajes si estoy dispuesto a recibirlos con agradecimiento.

No hay peor enfermedad, que el diagnóstico.

pexels-photo-6436252Yo creo que no hay peor enfermedad que el diagnóstico.

Esa mañana la sala de espera del médico estaba fría y llena de caras largas. Algunos se quejaban otros miraban al infinito y los más resignados cerraban sus ojos, no sé si porque dormían, oraban, o con su gesto pretendían aislarse del mundo.

Esperé mi turno con paciencia. Luego el llamado cálido pero distante.

Con una sonrisa verídica, mas de amigo que de médico me invitó a pasar y sentarme en la silla asignada.

No había terminado de sentarme, cuando de manera directa y sin rodeos, mi cirujano me dijo que las noticias no eran buenas. -Juan tienes un linfoma y te voy a remitir a oncología-.

Sentí, mucho miedo e indefensión. Estaba con mi esposa a quien miré y estaba llorando también.

Sólo alcancé a preguntar: – ¿y el pronóstico? – No es bueno, respondió el galeno, porque estamos frente al papá de los linfomas, según la interconsulta que hice con el oncólogo. Es un linfoma anaplásico de células T.

En ese instante, desfilaron por mi mente, el pasado, el presente y el futuro.

Al salir del consultorio tomé la mano de mi compañera y en un silencio profundo y muy amoroso caminamos por un corredor que ahora se hacía más largo, oscuro y tenebroso. La muerte estaba frente mí, tocándome con su mano fría e inexorable.

Luego con más calma, tomé la decisión de vivir conectado con el ahora, aquí y en este momento decidí que iba a vivir solo el día a día.

Por lo tanto, desde ese instante, agradezco cada amanecer, disfruto el nuevo sol que me enseña el poder del ahora, oigo cantar a la naturaleza que ahora se me antoja una oración. Y agradezco todo lo que vivo incluso el dolor infinito que reporta mi cuerpo.

En el momento que escribo estas líneas estoy en el proceso de quimioterapia. Acá en la unidad de oncología todo está diseñado para la camaradería solidaria. Cada uno de mis compañeros, me recuerda que la enfermedad no establece ningún distingo social y que todos somos iguales.

Miro a mi alrededor y por un momento me siento aliviado.

Esta mañana llegó un paciente recuperado, a darnos ánimo. Acababa de salir de su cita de revisión donde le daban de alta, luego de siete años de lucha contra un cáncer de estómago. -Tengan fe, esperanza, fortaleza y no desfallezcan yo estuve siete años como ustedes y hoy puedo cantar victoria, si yo pude, ustedes también-. Lo aplaudimos con fuerza durante largo rato. Aunque en el fondo, ese aplauso era para nosotros mismos.

Yo creo que no hay peor enfermedad que el diagnóstico. La mente se nubla con negros presagios. Pero al vivir el día a día, descubro y confirmo que todo tiene su propósito, que nada viene al azar y que definitivamente ésta es la siguiente lección de la que debo aprender para mi crecimiento espiritual.

Viviendo…día a día.

pexels-photo-4921275Yo creo que Eckharth Tolle tiene razón cuando dice que: -” la libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres el “pensador”.

En el momento en que empiezas o observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia mas allá del pensamiento, y de que el pensamiento solo es una pequeña parte de esa inteligencia.

También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna, surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar”-.

Desde el lunes estoy viviendo día a día, porque comencé un proceso de centrarme en el ahora.

Cuando despierto en la mañana , doy gracias por un nuevo día para vivir. Me dirijo a la cocina y el olor del café recién hecho, me da un nuevo ánimo y me recuerda que estoy vivo.

Preparo el desayuno, dejando que los aromas penetren y evoquen tantos momentos maravillosos.

El olfato tiene una memoria tan poderosa, que permite que recuerde de manera vívida, aquí y ahora, instantes de mi vida pasada que viajan con la velocidad de la luz, gracias al olor del pan tostado y el crujir del cuchillo esparciendo la mantequilla, mientras degusto cada bocado.

El momento del baño, es majestuoso. Todavía puedo moverme con elasticidad y coordinación.

pexels-photo-66346Cada giro de la mano, mientras paso el jabón, lo hago de manera consciente dando gracias por la coherencia de los movimientos. El agua cae deliciosa y me refresca. Me siento limpio y listo para el día.

Vestirme todavía es posible. La autonomía, hace parte de la libertad y la no dependencia. Elijo la ropa que voy a usar y luego la luzco con la felicidad de un niño que sabe que está estrenando indumentaria.

Me dirijo a mi sitio de trabajo y aún puedo laborar en lo que más me gusta hacer. Al menos esta semana mi garganta respondió a las órdenes que mandó mi cerebro y pudo ser audible y sobre todo entendible para mis interlocutores. Regresé feliz a casa, con la satisfacción del deber cumplido.

Mi cansancio fue compensado con una exquisita cama limpia, almohadas cómodas y la música que más me gusta para relajarme y entrar en sueño profundo.

Y a mi lado una pareja amorosa, que en medio de apapaches y expresiones de afecto profundo, me preguntaba por mi día y por la tarea realizada, al menos por hoy.

Estoy viviendo el día. No estoy pensando en mañana ni mucho menos en el pasado.

Estoy confiado en que todo lo que pasa tiene que pasar y es bueno que pase, pues al fin y al cabo pasará.

Yo creo que he decidido no ser el pensador, sino más bien quien observa.

Para dejar pasar y confiar en un nivel de conciencia superior. Pues al fin y al cabo no soy dueño de mi destino, sino un espectador del viaje… mientras dura.