El ángel que vende bananos y aguacates.

greengrocers-1468809_960_720Yo creo que vivo rodeado por ángeles y sólo en determinados momentos me percato de ello.

Para este fin de semana tengo invitados a almorzar a mi nuevo apartamento. En parte es una maravillosa excusa para compartir con mis seres queridos y al mismo tiempo inaugurar un espacio tan importante para mí y mi familia, al calor de los alimentos.

En la mañana, mi esposa, me pide que compre bananos y aguacates para acompañar el plato típico que piensa preparar para este próximo sábado. Y comienza a dar vueltas en mi cabeza el encargo, pues quiero llevar a casa los mejores frutos. Al fin y al cabo, comprar aguacates buenos, es difícil, si no se tiene la experiencia en la palpación de ciertas áreas de la palta, como le dicen al aguacate, en el sur del continente americano y que, por supuesto, indica la necesaria madurez de esta fruta. De otro lado, evita que tenga que depender de la confianza en el vendedor, para no llevarme un disgusto, por comprar a ojos cerrados.

Pienso y recuerdo entonces, quién puede ser ese, que cumple con los requisitos de ofrecer sus productos con calidad y honestidad. Me dirijo a su puesto. Allí lo encuentro, sentado en una caja de fruta, y con su muestrario en frente, exhibido en forma milimétrica y con aguacates y bananos grandes, hermosos y gustosos. Está protegido por la sombra de un parasol gigante, que evita que se bronceé más oscuro de lo que ya es. Siempre está sonriente, a pesar de los dolores reumáticos que lo acompañan desde hace rato.

Le digo -buenos días, necesito unos aguacates bien buenos para este sábado-. Y mientras los selecciona con sus manos callosas y muy campesinas, se queda mirándome y responde: -Yo no culpo a Dios de nada de lo que ocurre en mi vida-.

Sonrío nervioso por el comentario y lo sigo escuchando. -Se que es mi alma, continúa aquel hombre, la que elige lo que debo vivir para aprender-.

Recibo los aguacates, y le pregunto por los bananos. Él toma un gajo amarillo y precioso. Agrega: -Se que todo lo que sucede tiene una razón de ser y debo aceptarlo como una lección para mi crecimiento-.

Ya deseo pagar la cuenta, por lo impresionado que estoy y mientras empaca lo que voy a llevar, ahora me mira fijamente a los ojos y pretende leer en los míos, la profundidad de lo que acaba de decir. Entonces con una enorme sonrisa, que se ve gigante por el contraste con su piel, acomoda su sombrero “vueltiao”, y concluye…- “vivo feliz porque tengo a Dios que me protege y me da todo lo que necesito”-.

Cuando ya me voy a marchar, mientras recibe el dinero por la transacción que acabamos de hacer, pues no sé, si le estoy pagando por las frutas o por su mensaje espiritual, clava su mirada incómodamente serena en medio de mis cejas y con una voz profunda y amorosa le escucho decir: – Tenga fe, que todo se va a solucionar, como debe ser, para el crecimiento de su alma-.

Me voy de allí, con una sensación extraña, como extraterrestre. Sus palabras calaron hondo en mí. No lo esperaba…pero estaba muy necesitado de escuchar sus expresiones llenas de fe.

Lo recuerdo todo el día y hago conciencia. No me sorprende la confianza, la esperanza y la seguridad que voy ganando.

Yo creo que luego de esto, tiene sentido una historia que leí sobre un pueblo donde decidieron hacer una rogativa para que lloviera, y de esta forma aliviar la intensa sequía que agotaba el ganado y los cultivos. El día pactado para reunirse y hacer la oración, las personas llegaron a la hora convenida…sin embargo solo un niño, llevó paraguas.

Quiero ser ese niño, que tiene fe.

Recuerdos de la radio.

radio-1954856_960_720Yo creo que hoy, en la celebración del día mundial de la radio, tomo conciencia de que ella ha sido una compañera incondicional durante mi vida.

Mis recuerdos infantiles de la magia de la radio, los asocio con mi padre, quien a la hora del almuerzo escuchaba las noticias de Colombia y del mundo, narradas por locutores cuyas voces impresionantes, graves y bien moduladas iban contando los hechos con elegancia y neutralidad.

Luego, mientras intentaba dormir la siesta, me invitaba a escuchar a Montecristo; un programa de humor, con Guillermo Zuluaga, que facilitaba la risa, con sus apuntes y ocurrencias y que en más de una ocasión sugería situaciones pasadas de tono, que obligaba a mi papá a darme explicaciones no pedidas.

Y los fines de semana, la magia del futbol, en las tardes, llenaba la casa con los gritos de gol del narrador deportivo, quien lograba con su alegría, el milagro de que yo estuviera casi presente en el estadio, viviendo los movimientos, pases y cobros que hacían los jugadores en la cancha.

Mi primer radio transistor de baterías me llegó en navidad, cuando tenía nueve años, como regalo de mis padres. Y desde ese día, nunca me ha faltado la radio. Ahora tengo uno de varias bandas, que me regaló mi esposa y que me acompaña, al despertarme muy de madrugada, mientras me organizo para salir a laborar.

Desde niño, soñaba con trabajar en la radio. Sueño que empezó a cumplirse en el colegio, cuando pise por primera vez el estudio radial de RCN, para promocionar la feria de la ciencia que estaba organizando en compañía de mi profesor Bernardo Isaza Echeverry.

Ya en la universidad, fui invitado por Nestor Armando Alzate a su programa: “Hablemos de todo” para conversar de temas de interés general, visitas que se repitieron, hasta que la emisora se convirtió en Radio Deportes.

Y fue allí en Caracol, donde Baltasar Botero Jaramillo, uno de los grandes hombres de la radio en Colombia, creyó en mí para que lo acompañara por muchos años, a conversar con él y sus oyentes en los programas: “Hola… Buenos días”, programa nacional y “Pase la tarde” programa local, como psicólogo asesor en temas de salud mental y crecimiento personal.

Mucho tiempo después, participé en el programa: “En Familia”, con Alfredo Velásquez, experiencia rica y llena de momentos inolvidables.

También realicé y conduje mis propios programas radiales: “Juan Quiero Hablar Contigo” programa dedicado a los niños, en la emisora Colibrí, que permitía que ellos llamaran a la radio-difusora y contaran sus pequeños grandes problemas psicológicos y encontraran consejo y primeros auxilios emocionales.

rptnbY en mi última temporada radial, el programa diario: “Muy íntimo”, en la emisora Todelar, dedicado a intercambiar ideas sobre temas de psicología y espiritualidad, y donde conversábamos con los oyentes de crecimiento personal, familiar y de pareja.

Añoro esos días. Y me doy cuenta de que, la radio sigue viva, porque tiene la magia de penetrar en los lugares más recónditos llevando la música, las noticias, los programas de entretenimiento y la ayuda emocional para aquellos que tienen como única compañía una radio de pilas, que estando allí incondicionalmente, no los discrimina, en los momentos de soledad, tristeza, enfermedad, secuestro, prisión o trabajo.

Yo creo que, en el día mundial de la radio, es justo y necesario hacerle un homenaje a ese maravilloso invento de la humanidad, que comunica, entretiene, acompaña y consuela a todos por igual, y que nos permite estar conectados con el mundo.

Cuando un amigo se va.

hitcher-1693014_960_720Yo creo que despedir a un amigo es muy triste y doloroso. Y más aún cuando la despedida es obligatoria por la presencia de la inexorable muerte. Pero hoy debo admitir que despedir a tu mascota, cuando muere, deja un vacío profundo en el alma, porque sigue habitando en el espacio, en cada rincón de la casa, en su plato de comida y en los juguetes, que ahora inmóviles invitan a los fantasmas de la soledad, y principalmente al mirar las fotos que tienen la magia que logra mantener el recuerdo vívido.

Sin que nadie lo advirtiera, aquel día presentó una falla respiratoria. Afortunadamente, en ese momento, tuvo el auxilio de una médica de humanos, que con la misma pericia que muestran en las películas de emergencias vitales, logró reanimarlo, soplando nueva vida en sus pulmones, para conducirlo rápidamente a la clínica veterinaria.

Allí, comenzaron los protocolos de exámenes y estudios necesarios para determinar, luego de un mes de incertidumbres y angustias, acompañados de la fe profunda de quien sueña con un milagro, el veredicto, que sentenciaba lo que tanto temíamos, y que los mismos médicos sospechaban al observar el deterioro paulatino del paciente.

Un cáncer pulmonar muy raro, invadía a nuestro compañero de juegos felices, y que además en aquellas noches de llanto, y depresión profunda, con un silencio cómplice, ofrecía su peluda existencia como apoyo emocional, para que las lágrimas fueran menos amargas.

lacan corbatinHace algunos años, cuando pisó por primera vez el apartamento, que sería su hogar definitivo, lo nombramos presidente del Club de los Incomprendidos. Nuestro lema: “Qué difícil ser nosotros”, era la carta de presentación en el ambiente familiar, debido a ese estilo particular de pensar y de sentir que tenemos.

Lo bautizamos Lacan, en honor al famoso psicoanalista, como un presagio de que su infinita “sabiduría gatuna”, sería de mucha ayuda para nosotros, por su manera de escuchar en silencio, nuestras alegrías, penas, sueños y esperanzas.

Era blanco, peludo, distinguido y distante. Calientito y amoroso cuando se dignaba a acompañarnos en la cama, a dormir las pelis españolas, en aquellas tardes de descanso eternas y a veces depresivas, antes de comenzar las labores de la semana.

Tenía una mirada profunda y enigmática, curiosamente serena. Con “estoicismo” soportó sin quejarse, los procesos médicos que le practicaron para luego de cada sesión de trabajo en el quirófano, regresar agarrado a la vida, sin rendirse.

Ayer, tomamos la decisión de cesar su sufrimiento. Y en un largo, hermoso, desgarrador y sentido ritual de despedida, vimos como la luz de sus maravillosos ojos, se apagaba lentamente.

Se fue el amigo, el confidente, el parcero, el presidente vitalicio del club, el que escuchó y acompañó tantos momentos tristes y felices. Y quien le dio sentido a la vida, pues al adoptarlo, se estableció un compromiso de cuidado mutuo, solidario e incondicional.

Adiós, amigo mío, y muchas gracias por darle propósito a nuestras vidas, al ayudarnos a comprender el inmenso papel que cumplen los animales, como tú, en la tierra.

davSe que “Pelusis”, como le decíamos en confianza familiar y amorosa, llegó a nuestras vidas para ser más conscientes del poder del amor incondicional, que todo lo sana y todo lo puede.

Yo creo que cuando un amigo gatuno se va al cielo de los mininos, deja un dolor profundo, mezclado con agradecimiento, melancolía y felicidad por aquel que se fue, luego de cumplir su propósito en la tierra.

La conciencia de la oportunidad.

fireworks-2085451_960_720Yo creo que cada nuevo año, trae esperanza. Y la promesa del nuevo día aparece ante mis ojos como la oportunidad que estaba esperando, para volver a comenzar.

Aprovecho la quietud de las actividades cotidianas  y disfruto de estas vacaciones, para consultar a mi sabio interior.

Mientras tanto, los familiares y amigos van llegando lentamente a la fiesta de fin de año.

Los adultos mayores, se acercan en primer lugar, aconstumbrados desde su disciplina, a cumplir con la hora pactada para la reunión. Ocupan lugares de privilegio y se benefician de las viandas ya servidas. Se sientan estratégicamente, para poder escuchar las conversaciones, pues la sordera va en aumento y los ha convertido en expertos lectores de los labios, por eso necesitan de sus lentes para oír, además porque la música baila en altos decibeles.

Los más niños, corretean peligrosamente entre las mesas y los refrigerios de la cena de fin de año, gritando de alegría, con los primos de su misma edad.

No ocurre así con los preadolescentes que, de pie, mal encarados y en posiciones corporales extrañas, permanecen recostados contra la pared, denotando el peso de la transición hormonal y el desinterés emocional que para ellos, causan los demás invitados.

Los jóvenes universitarios, flirtean con sus miradas fijas en las primas, que ya están más grandes y este fin de año debutan con su belleza de cisne, pues años atrás, no se podía pronosticar qué  tipo de belleza les correspondería.

Las mujeres en varios grupos, en conversaciones secretas e inteligentes, que por supuesto desconocen sus hombres, hablan de lo divino y de lo humano, debido a que ya han pasado varios meses desde el último encuentro.  Y los hombres en cofradía, al calor de las bebidas etílicas, y entre chistes y exageraciones de hazañas financieras, no paran de hablar de futbol, política y dinero.

Observo aquel grupo tan variado, entonces agradezco la diferencia.

Paso a  revisar mi propia vida y tengo claro que lo que fue…ya pasó y debo dejarlo en el pasado.

De pronto, las doce de la noche, al marcar el comienzo de un nuevo año, me llenan de alegría, por la emoción de lo que está por venir.

Este año nuevo trae la maravillosa incertidumbre de lo que me espera más allá, y estoy seguro de que la recompensa llegará, gracias a lo construido hasta ahora.

Cada nuevo año, es un regalo del Universo. Es por esto por lo que mi actitud es fundamental para alcanzar las metas. Con mi cambio de comportamiento abro el campo de todas las posibilidades, y puedo visualizar lo que deseo, con la alegría del logro.

Para lograr mis sueños, me perdono y perdono. 

Sano cualquier recuerdo que me ancle al pasado y me libero de la atadura de la culpa.

Los abrazos van y vienen deseando lo mejor para este nuevo año. Aprovecho el abrazo para decirle al oído, a cada uno de mis familiares, mi deseo de sabiduría, amor y serenidad para ellos.

Yo creo que la conciencia de abundancia me permite ver la oportunidad.

Entonces agradezco al Universo su generosidad para conmigo en este año que termina y en el que comienza, porque el secreto está en agradecer por anticipado lo que ya es.

Atardeciendo.

sunset-1359982_960_720Yo creo que los atardeceres me producen nostalgia.

Representan con sus colores, morado, gris y ocre, el final de un proceso o una etapa. Las luces del cielo se apagan lentamente, y una oscuridad parcial se va insinuando, como queriendo decir que muy pronto, la vida va a dormir un sueño definitivo.

Cada proceso tiene su fin; que tal que no. Los semestres académicos, los cursos escolares, la adolescencia, las relaciones laborales, las transacciones comerciales, la moda, los equipos eléctricos, las personas, todos tenemos un proceso natural de finalización.

Entonces como este año está a punto de terminar, ya es tiempo de hacer un buen balance de logros y pérdidas sin remordimientos ni culpas; por supuesto esto me suscita sentimientos encontrados. Se que la evaluación tiene su más y su menos, pero es el mejor mecanismo para mi autoaprendizaje.

Luego de un año de buenos propósitos, me pregunto: - ¿cuántos de ellos cumplí? -.

Cada año que comienza representa un reto personal que requiere determinación, seguridad y fortaleza espiritual, pero, sobre todo mucha disciplina, para el logro de objetivos.

Los diferentes propósitos que me planteo para este año están asociados con el amor y la familia.

Al evaluar muy bien lo que quiero conseguir, soy más consciente, contando con el acompañamiento de mi pareja.

A nivel laboral, este año, tengo presente que, más allá del dinero, lo importante para mí es la remuneración psicológica y espiritual…desde la satisfacción del deber cumplido.

Teniendo claro qué quiero, veo más fácilmente las metas que deseo alcanzar. Cuando se lo que quiero, puedo hacer una planeación más estratégica de mi vida, usando la creatividad y el amor.

Esto se conecta directamente con mi deseo de poner en marcha estrategias basadas en un plan juicioso, donde el tiempo juega papel importante para tener indicadores más precisos del éxito de mi ejecución.

Aquí mi voluntad, es decisiva. No basta con arrancar, debo estar dispuesto a continuar con disciplina y perseverancia, para hacerlo posible.

De otro lado es obligatorio construir un cronograma, con indicadores de desempeño y fechas, para poder hacer seguimiento a las tareas propuestas en este mapa del tesoro…donde mis metas deben ser realistas.

Así que, para este año, me propuse pocas metas retadoras, pero alcanzables:

Por ejemplo, pasar más tiempo con la familia, para compartir, dialogar y crear nuevos nexos.

Fortalecer mi relación de pareja.

Bajar de peso y adelgazar.

Desconectarme más de las redes sociales.

Estudiar y practicar otro idioma.

Viajar, para conocer otras culturas, otros lugares, divertirme, encontrarme conmigo mismo, con la pareja y la familia.

Ahorrar el 10%.

Visitar al médico mínimo cada seis meses.

Reencontrarme con amigos.

Disfrutar momentos de ocio y diversión.

Estar más al aire libre, en contacto con la naturaleza.

Trabajar menos.

Leer más.

Escribir un libro.

Practicar yoga, orar y meditar.

Ir al gimnasio y caminar.

Yo creo que este año que termina, me voy a dar permiso de atardecer, feliz y consciente, con la esperanza de que el año que viene, va a ser mucho mejor, porque así lo he decidido.

No somos perfectos.

summer-1617203_960_720Yo creo que la perfección es un ideal inalcanzable por lo poco práctico, más tratándose de humanos, aunque no puedo negar que es el sueño de todo obsesivo compulsivo.

En el mundo laboral, un jefe o un empleado con este tipo de trastorno, es calificado como eficiente, exigente, exitoso y productivo porque no descuida detalle y tiene la meta entre ceja y ceja a pesar de las circunstancias desfavorables, pues su terquedad lo lleva a conseguir lo que quiere, en contra de todo pronóstico, dejando, eso sí, un reguero de cadáveres emocionales a su paso.

En la vida de pareja el cuento es diferente. No es posible pretender la perfección del otro, sino amarlo desde sus imperfecciones, físicas, emocionales, comportamentales y actitudinales entre otras.

En tanto soy un ser en construcción, las equivocaciones, fallos, y conductas inadecuadas son materia de evaluación y corrección permanente. Y es la pareja, la primera invitada a reconocer que el otro no puede pensar, sentir y actuar como ella desearía, o en el peor de los casos, ser una especie de copia exacta, pues lo que le da equilibrio a una relación, es precisamente la diferencia y no la similitud.

Así que, en materia de sana convivencia, el secreto está en reconocer que el otro es distinto y en consecuencia tiene una forma de ser, pensar y actuar diferentes al ideal esperado… que por supuesto, no se alcanza a percibir en la fase de enamoramiento, sino un tiempo después cuando empiezo a verlo como es y no como yo desearía que fuera.

Darle gusto a otra persona, es adecuado siempre y cuando no afecte mi propia identidad, pero dejar de ser yo mismo para actuar y pensar como el otro quiere, es un suicidio emocional.

Cuentan que un joven simpático y festivo entró a un almacén para comprar pantalones. La asesora comercial le ofreció unos de color amarillo fosforescente, escandalosamente llamativos.

El muchacho quedó encantado con ellos y salió feliz con su compra.

Al día siguiente regresó muy triste diciendo que quería cambiar los pantalones. Al preguntarle el motivo dijo: - a mi novia no le gustan-.

Una semana después, entró sonriente al almacén, pretendiendo comprar de nuevo aquellos pantalones. Esto le generó curiosidad a la dependienta, quien se inquietó por la razón de tal deseo. Entonces le pregunta: – ¿Cambió de opinión su novia? –

No, -respondió el joven…yo he cambiado de novia-.

También recuerdo la historia de la mamá que, conversando con su hija, con respecto a su nuevo novio, la cuestiona: -Mi corazón, ¿qué es lo que le gusta a tu novio de ti? –

La muchacha se queda pensativa y dice: – ¡que soy linda, inteligente, atractiva y que bailo muy bien!

– y ¿qué es lo que te gusta de él? Mami, responde la hija, ¡me gusta que él piensa que soy linda, inteligente, atractiva y que bailo muy bien!

Finalmente, llega a mi memoria, la historia de un hombre muy rico y poderoso que dedicó toda su vida, tiempo y dinero, a buscar la mujer perfecta. Para lograr este propósito, recorrió medio mundo durante muchos años. Al final de su vida, a punto de morir, alguien le pregunta: -Maestro, ¿encontró la mujer perfecta que buscaba? A lo que el hombre responde: -Si, así fue…la encontré después de mucho buscar, pero ella quería encontrar al hombre perfecto-.

Yo creo que buscar la perfección en los otros es inútil, como es imposible lograrla en nosotros mismos.