Lo que nos enseña una crisis.

pexels-photo-7659737Yo creo que cada evento que sucede en la vida merece ser analizado y profundizado para hallar su significado profundo.

En torno a las crisis siempre se ha dicho que son oportunidades. Expresado así, he venido reflexionando sobre el “campo de todas las posibilidades” que se abre frente al cáncer, o como en mi caso, el linfoma: - ¿Qué es lo que debo aprender? ¿Qué necesito reconocer? ¿Qué es aquello que sería adecuado explorar e identificar para darle sentido a lo que hasta este momento no tiene sentido? –

Si me detengo por un momento, en medio del silencio meditativo y dejo que mi cuerpo hable, comienzo a escuchar sus demandas de atención y cuidado y sobre todo la solicitud de que me centre aquí y ahora en su recuperación y sanación.

El proceso de quimioterapia que estoy recibiendo es bastante agresivo dado el enemigo que enfrento. Al interior de mi cuerpo se desata una batalla campal donde las fuerzas se oponen en igualdad de condiciones. Termino exhausto después de la confrontación y espero refugiado en mis cuarteles de invierno, dándole tiempo a la recuperación, para saltar de nuevo al campo de batalla.

Confieso que estoy positivo y motivado, la moral la tengo alta y me acompaña, gracias al apoyo de tantas personas que se han sumado con sus palabras, oraciones y voces de aliento para llenarme de coraje y ganas de vivir, pues al fin y al cabo siento que todavía tengo mucho por hacer. Y me pregunto si: ¿ya he cumplido la misión o todavía la tarea no está completada?

Volviendo a mis reflexiones descubro que no puedo ni debo analizar ni juzgar lo que observo, porque si me identifico con la mente le voy a dar más energía al miedo, mientras que, si solo observo sin mente, el miedo desaparece porque no le doy cabida, imaginando un futuro que no ha llegado…es decir, estoy conectado con el presente y aquí y ahora estoy disfrutando de la vida, sin dolor, sin angustia, sin pánico, ni zozobra por lo que vendrá.

El poder del ahora me regala las fuerzas suficientes que necesito para enfrentar la pelea cotidiana que tengo con mi enemigo. Solo puedo enfrentarlo aquí y ahora, no en el pasado ni mucho menos en el futuro.

Dice Eckhart Tolle que –“el foco principal de la persona iluminada esta siempre en el ahora, aunque sigue manteniendo una conciencia periférica del tiempo. En otras palabras: continúa usando el tiempo del reloj, pero libre del tiempo psicológico”-

Por lo tanto, es una certeza para mí, que el único tiempo que tengo para producir los cambios que necesito… es ahora.

Juan Carlos Posada MejíaDe otro lado tengo la ventaja, a diferencia de otros, de que estoy observando la muerte de frente.

Entonces si tengo esta maravillosa oportunidad, la debo aprovechar para ser y estar más consciente de mi ahora y adelantar mi tarea con mayor claridad y diligencia, para completar la obra, antes de que sea el momento de partir.

Yo creo que cuando creo un problema, creo un dolor, entonces hago la elección de que pase lo que pase no generaré más dolor para mí mismo.

Decido que no “tengo” un dolor, no “tengo” un linfoma; más bien elijo que esto es un estado transitorio, que puedo cambiar desde la alegría y el optimismo, porque dispongo de todos los recursos necesarios para lograrlo.

¿ A qué le tengo miedo?

pexels-photo-4229162Yo creo que le tengo miedo al dolor. Pensándolo bien, creo que es al sufrimiento al que le tengo miedo.

De pronto si me preguntase si le tengo miedo a la muerte diría que no, porque al fin y al cabo es el fin del proceso y supone descanso. Pero sentir dolor ya es otra cosa.

En este nuevo camino, la muerte se insinúa, aunque la percibo distante. A lo mejor estoy pensando con el deseo, pero realmente, no la veo cercana. Tal vez porque he decidido vivir aquí y ahora, conectado con el presente, y por ello, no me permito otear el horizonte donde el futuro inexorable me espera.

Mientras llega ese momento, estoy observando todo alrededor. Vivo cada día intensamente como un regalo maravilloso de la vida y agradezco todo lo que me acontece, incluso el dolor, que señorea las veinticuatro horas, en tanto observo el deterioro de mi cuerpo como consecuencia de la quimioterapia.

Los primeros síntomas se manifestaron en la piel, que ahora parece un desierto. La boca y las encías acusaron la presencia de varias heridas, que en su momento dificultan comer. Y luego ese cansancio infinito, como si hubiera participado en una pelea, donde me siento el vencedor, pero absolutamente exhausto. Duermo la mayor parte del tiempo y doy gracias por la reparación que me produce dicho descanso.

Con frecuencia elimino líquidos, lo que me obliga a hidratarme a cada rato, acompañado de la obligación de comer, aunque el apetito haya desaparecido.

Todo tiene un sabor metálico y hasta percibo mi propio olor diferente.

El momento más glorioso es cuando llega la experiencia del baño. Mi esposa, en su ritual amoroso, me envuelve el catéter instalado en la vena basilar, para que no se humedezca y al terminar la ducha, me baña con crema humectante para rehidratar cada zona del cuerpo. Aprovecho para sentir su contacto y me recreo agradecido porque siento su amor.

Estoy feliz porque los amigos se conocen en la adversidad y en esta ocasión puedo decir con orgullo que cuento con tantas personas que han manifestado su afecto y acompañamiento sincero, cada uno desde su capacidad, percepción y entendimiento de la situación.

Han pululado las recetas caceras, las mixturas mágicas y los potajes que protegen y aumentan las defensas para resistir mejor la quimio; doy gracias por ello, así como agradezco las oraciones, las bendiciones y los mensajes maravillosos que reconocen el aporte hecho a la vida durante estos años, haciendo lo que más me gusta hacer, que no es otra cosa que ser profe y terapeuta.

Definitivamente el miedo se refiere a algo que podría ocurrir y no en relación con algo que ya está ocurriendo. Mi poder está centrado en el presente y nunca en el futuro que no puedo anticipar o controlar. Y que si le doy pensamiento al futuro sólo generaría ansiedad frente a ese constructo hipotético de lo que vendrá.

Por eso yo creo que el miedo se minimiza, cuando conectado con el presente, continuamente afirmo: -al menos por hoy, he decidido vivir sin miedo y aprendiendo del dolor y de la fragilidad de la naturaleza humana-.

La quimio.

pexels-photo-4625626Yo creo que lo más importante en este momento de mi vida es conectarme con el ahora; sobre todo porque vivo tan inconscientemente que sólo cuando se presenta una situación límite comienzo a darme cuenta y a hacerme cargo.

Como preparación psicológica y moral para la quimio, le pedí al peluquero de la casa que procediera a pasar la cuchilla para irme acostumbrando a mi nuevo aspecto. Las barbas que me acompañaron en este último periodo fueron cayendo al suelo en compañía del abundante pelo de la cabeza.

Con mi nueva imagen, a las siete de la mañana, me dirigí asustado a la sala de oncología de la clínica, donde todo estaba preparado de manera milimétrica para mi llegada. Tenía asignado un espacio con mi nombre, una silla cómoda y una enorme cantidad de bolsas con diferentes líquidos que iban a pasar por mi sangre gracias a un catéter preinstalado en la vena basilar.

-Don Juan, usted va a estar hoy aquí todo el día, ¿trajo almuerzo y algo con que entretenerse? – dijo con cariño y amabilidad sincera la enfermera.

Primero me tomaron los signos vitales, me pesaron e hicieron las preguntas de rigor en torno a cómo me sentía, por si tenía algún dolor.

Luego comenzó la preparación del cuerpo, con sueros que acondicionaban el estómago para evitar las náuseas y el vómito. Y casi al medio día, las primeras cargas de la quimioterapia.

Mas tarde me visito el médico, y me explicó todos los cuidados que debía tener por la inmunosupresión.

Miré a mi alrededor y vi otros combatientes, de diversas clases y actitudes. Los vencedores y los vencidos. Los derrotados y los valientes con ganas de vivir. Decidí unirme al clan de los ganadores.

De pronto apareció un violinista que rompió la tensión del momento. Tocó melodías dulces y románticas, pero debo reconocer que las cuerdas me suenan tristes y nostálgicas. Hubiera preferido una papayera estridente que despertara del letargo a todos en aquella sala.

La jornada se hizo larga…pero logré pasarla alegre y optimista. Trabajé, soñé, dormí y medité.

En este momento, estoy en reposo, esperando la nueva sesión de quimioterapia, con la certeza de que el éxito de este tratamiento está en mi actitud y en la manera optimista, como aquí y ahora construya futuro.

Yo creo que cada cosa que sucede trae muchos aprendizajes si estoy dispuesto a recibirlos con agradecimiento.

Viviendo…día a día.

pexels-photo-4921275Yo creo que Eckharth Tolle tiene razón cuando dice que: -” la libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres el “pensador”.

En el momento en que empiezas o observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia mas allá del pensamiento, y de que el pensamiento solo es una pequeña parte de esa inteligencia.

También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna, surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar”-.

Desde el lunes estoy viviendo día a día, porque comencé un proceso de centrarme en el ahora.

Cuando despierto en la mañana , doy gracias por un nuevo día para vivir. Me dirijo a la cocina y el olor del café recién hecho, me da un nuevo ánimo y me recuerda que estoy vivo.

Preparo el desayuno, dejando que los aromas penetren y evoquen tantos momentos maravillosos.

El olfato tiene una memoria tan poderosa, que permite que recuerde de manera vívida, aquí y ahora, instantes de mi vida pasada que viajan con la velocidad de la luz, gracias al olor del pan tostado y el crujir del cuchillo esparciendo la mantequilla, mientras degusto cada bocado.

El momento del baño, es majestuoso. Todavía puedo moverme con elasticidad y coordinación.

pexels-photo-66346Cada giro de la mano, mientras paso el jabón, lo hago de manera consciente dando gracias por la coherencia de los movimientos. El agua cae deliciosa y me refresca. Me siento limpio y listo para el día.

Vestirme todavía es posible. La autonomía, hace parte de la libertad y la no dependencia. Elijo la ropa que voy a usar y luego la luzco con la felicidad de un niño que sabe que está estrenando indumentaria.

Me dirijo a mi sitio de trabajo y aún puedo laborar en lo que más me gusta hacer. Al menos esta semana mi garganta respondió a las órdenes que mandó mi cerebro y pudo ser audible y sobre todo entendible para mis interlocutores. Regresé feliz a casa, con la satisfacción del deber cumplido.

Mi cansancio fue compensado con una exquisita cama limpia, almohadas cómodas y la música que más me gusta para relajarme y entrar en sueño profundo.

Y a mi lado una pareja amorosa, que en medio de apapaches y expresiones de afecto profundo, me preguntaba por mi día y por la tarea realizada, al menos por hoy.

Estoy viviendo el día. No estoy pensando en mañana ni mucho menos en el pasado.

Estoy confiado en que todo lo que pasa tiene que pasar y es bueno que pase, pues al fin y al cabo pasará.

Yo creo que he decidido no ser el pensador, sino más bien quien observa.

Para dejar pasar y confiar en un nivel de conciencia superior. Pues al fin y al cabo no soy dueño de mi destino, sino un espectador del viaje… mientras dura.

Agradecer, es lo más importante.

robin-european-robin-erithacus-rubecula-red-46166Yo creo que hoy es el día preciso para agradecer.

Esta mañana, muy temprano me despertaron los sonidos maravillosos de la naturaleza. Cada amanecer, en una increíble precisión por su programa, los cantos de muchos pájaros colmaron con armonías diversas los espacios del cielo, para recordarme que tengo otro día para vivir, otro día para trabajar en lo que amo y otro día para hacer lo que me place hacer.

Sin embargo, si me acostumbro o me descuido, cada día que pasa, lo podría considerar como rutinario y a veces hasta eterno, como algo dado, que es obligatorio y que sucede sin cambio. Pero hoy se me antoja pensar que podría ser el último día que tengo para trabajar, aprender, disfrutar, para sufrir, para llorar, para amar y perdonar.

Vivo como si fuera a persistir en el tiempo, pero pocas veces me pregunto – ¿y si hoy fuera mi último día?-.

Entonces busco múltiples opciones en la razón, que me responde con argumentos prefabricados. Pero luego me dirijo al corazón que tiene para mí respuestas salidas del sentimiento y la emoción.

Me dice que, si hoy fuera mi último día, lo dedicara aquello que tengo pendiente desde el amor y el perdón con mis seres queridos más cercanos.

Y posiblemente me invitaría a darles las gracias por tantos aprendizajes compartidos y tantas experiencias ricas en emociones, perdones, reconciliaciones, abandonos y encuentros para de esta forma aquilatar el valor de esas personas tan importantes que han pasado por mi vida.

Encuentro que todo lo que he vivido ha sido necesario para el crecimiento y aprendizaje de mi alma.

Y además porque si la vida me regala otro tramo de existencia, lo debo aprovechar intensamente porque el tiempo es poco para todo lo que tengo por hacer.

Hoy agradezco también, a mis sufrimientos, tristezas, angustias y decepciones.

Agradezco los momentos de dolor profundo que me causaron muchas personas y pido perdón para todos aquellos a los que pude haber hecho daño sin pretenderlo y para aquellos a quienes lastimé desde mi inconciencia.

Hoy es un día maravilloso para decirle gracias al Universo por haberme elegido para cumplir tareas muy específicas en las vidas de las personas con las que he tenido y tendré contacto.

Y sobre todo un día especial para perdonarme por no haber hecho lo suficiente hasta el momento, para cumplir la misión encomendada.

Esta mañana, en medio del festejo de la naturaleza, sentí una profunda necesidad de decirle gracias a la vida al recordar este famoso y bello poema En Paz, de Amado Nervo, que dice: Continuar leyendo

De la invidencia…a la videncia.

pexels-photo-6609589Yo creo que durante estos años he oficiado como invidente. Es decir, lo que veía, estaba distante de la realidad. Mi “ceguera” se había producido como resultado de un estilo de educación estrecho, que me impedía observar el campo de todas las posibilidades.

En mi mapa representacional del mundo, los rincones más oscuros estaban prohibidos gracias al miedo infundado por mis educadores. Y como consecuencia desarrollé unos filtros poderosos que lo único que han hecho es distorsionar la realidad.

En el mundo Zen, hay una fuente maravillosa de elementos que me han facilitado en parte, el proceso de despertar del letargo de la inconsciencia… al estar atento a los engaños perceptuales y entonces poder darme cuenta y de esta forma hacerme cargo…en el fondo para descubrir mi propia realidad y esencia espiritual, que está oculta, agazapada, envuelta en coberturas materiales.

Recuerdo esta frase, precisamente de un monje Zen, que se encontraba pidiendo donaciones, a cambio de un japamala, en el Jardín de Te japonés, el lugar público más antiguo de los Estados Unidos, dentro del Golden Gate Park en San Francisco, California. -El maestro dijo: “Uno mismo es insustituible en el camino espiritual. En este proceso los pies que avanzan son los propios, no los ajenos”-.

Juan Carlos Posada Mejía Janese Tea Garden Golden Gate Park San Francisco CA.Ahora descubro que el proceso de búsqueda espiritual no se trata de conocerse a sí mismo, más bien se trata de verse a uno mismo; en otras palabras, familiarizarme con lo anestesiado que vivo, para luego conseguir el despertar. Se trata de observar el mundo de las apariencias que intentan tapar los vacíos existenciales, que en principio no tienen respuesta.

Al final, el máximo objetivo es llegar a lo más profundo del propio ser, para develar los misterios de la vivencia personal, que está mediada por circunstancias fortuitas, que algunos llaman destino y que logran asombrarme, cuando no comprendo el por qué y para qué suceden.

De nada sirve hacerse una idea de quien uno es, porque el razonar sobre uno mismo, termina jugando con el poder de los juicios desde lo correcto o lo incorrecto. Y creo que nada es correcto o incorrecto, bueno o malo, sino algo que yo prefiero llamar adecuado o inadecuado, según el propósito que tiene el alma, mientras habita el cuerpo.

Descubrir la propia realidad espiritual es un trabajo personal. Ningún maestro exterior puede ayudarme en eso. Pues al fin y al cabo la tarea consiste en despertar mi sabio interior.

Por esto es por lo que, los que practican Zen, dicen que no tienen problema alguno en quemar o enterrar a Buda, al maestro iluminado, si este se interpone en su avance espiritual.

Entonces he dejado de buscar afuera, para enfocarme en las respuestas que están adentro. Que ya no voy a mirar hacia arriba buscando iluminación del cielo, o de un maestro o de un texto, sino hacia dentro de mí, donde está realmente la fuente de iluminación.

Yo creo que he vivido en un mundo ilusorio, matizado por las necesidades del ego. Y que, al momento de despertar, voy a ver lo engañado que estaba, y voy a sonreír epistemológicamente, porque por fin he comprendido que Jesús el de Nazareth, el Cristo, no era oftalmólogo, sino un facilitador de procesos para despertar… para “ver mejor”, libre de miedos, prevenciones y prejuicios.

¿Existen antídotos contra la tristeza?

pexels-photo-2535859Yo creo que la mejor recomendación para lidiar con la tristeza, es precisamente reconocerla y aceptarla; es decir…reconocer que estoy triste y que me puedo dar el permiso de estarlo, para luego de atravesar por este período, salir avante y pasar al otro lado del abismo.

En la cultura de donde provengo, llorar no es permitido para un hombre. Se niega esta posibilidad con el argumento de que la hombría se demuestra a partir de la dureza de los sentimientos. La inexpresividad es premiada como un acto heroico, y el llanto, las quejas y los lamentos son castigados o censurados porque indican debilidad que puede aprovechar el enemigo.

Toda esta paranoia te convierte lentamente en un super vigilante de ti mismo y de los demás. Y cualquier manifestación sospechosa de afecto, alerta los mecanismos de defensa, entonces las murallas para proteger el sentimiento se yerguen poderosas para evitar que sucumbas y que las lágrimas derritan al débil corazón sentimental.

Yo creo que llorar es necesario, por no decir obligatorio, para sentir precisamente la propia humanidad. Y que no se trata de crear trincheras, diques y fortines para ocultar los verdaderos sentimientos, sino de reconocer que, en medio de la debilidad, las verdaderas fortalezas del alma y del espíritu se manifiestan triunfantes.

Yo creo que más bien se trata de aceptar la tristeza como una compañera ocasional, cuando de pérdidas, rechazos, abandonos e ilusiones rotas se trata.

De otro lado está la alegría, como respuesta contraria. Como un bálsamo que limpia la herida y cicatriza poderosamente aquel vacío que dejó lo que consideraba propio, perteneciente y que reporto como una ausencia.

El tiempo para el duelo es importante, porque es un tiempo para mí. Es un regalo que me permito…para estar en contacto con mi mismidad y para lograr en medio del dolor agudo, el llanto, la melancolía y la tristeza más honda, el desahogo, la tranquilidad, la paz y la serenidad necesaria para continuar el camino, a pesar de la herida profunda que poco a poco va sanando, porque es lo normal, claro, si yo lo facilito y lo tramito.

Por todo esto es por lo que estoy de acuerdo con Buda cuando dice: – “El dolor existe, lo que no debe existir…el sufrimiento…porque el sufrimiento surge cuando me resisto al dolor”-.

Entonces en medio de una pérdida significativa, también acepto que puedo despedir con amor, y agradecimiento lo que pude vivir en su compañía y todo el aprendizaje alcanzado, mientras estuvo presente.

Gracias a esta pandemia, he comprendido aún más, el valor de la vida y la inexorabilidad de la muerte; porque en cada momento, cuando converso con las personas que han perdido seres queridos durante este tiempo, me doy cuenta de lo importante de darse permiso de llorar y estar triste… para luego levantarse en medio de la alegría que regala la resignación y el entendimiento de la ley de la vida, para elaborar un nuevo proyecto de vida…sin lo perdido.

Por eso sé que debo vivir…mientras tenga vida y amar y agradecer mientras llega la hora de partir.