La distancia entre los dos…

pexels-photo-3692609Yo creo que la sabiduría popular sabe lo importante de las distancias.

A partir del distanciamiento, comienza un proceso de encuentro consigo mismo que permite darle paso a la razón y al entendimiento.

En más de una canción, bolero, poema o rima, la palabra distancia está asociada con la separación de dos amantes que al ver frustrada su relación, deciden instalar un espacio entre ellos, para iniciar el proceso de duelo y darle la oportunidad a cronos para que produzca su efecto sanador.

Recuerdo, que hace muchos años, estando en una relación de noviazgo, tomé la decisión de separarme y le dije esta dolorosa y al mismo tiempo amorosa expresión a mi novia: – “te amo tanto, que más bien… no me caso contigo”-. Desde ese día comprendí que las separaciones no se producen solamente por el odio, sino todo lo contrario, por un inmenso y profundo amor, que respeta el peso de las circunstancias. Aunque se que ella nunca comprendió lo que yo le estaba diciendo.

Más adelante, también me di cuenta de cómo la distancia permite ver al otro. En esta oportunidad sucedió que, con quien estaba en ese momento, tomó la decisión de retirarse de la relación. Y me di cuenta de algo maravilloso pero impactante: que sólo cuando se alejó, pude verla, porque necesitaba no verla…para verla, dado que la convivencia no me había permitido valorar su presencia.

Hay otro tipo de distancias muy importantes. Por ejemplo, las que se deberían establecer en relación con las ideas y opiniones de otros. A veces al involucrarse en discusiones sin sentido, lo único que se obtiene es un triunfo con sabor amargo. Para facilitar la convivencia es bueno decir de vez en cuando: – “respeto lo que dices, pero permíteme establecer distancia y no compartirlo”-.

Así también, tenemos distancias necesarias, como las de los hijos, que cuando se van de casa, estas operan en ellos un milagroso efecto que se refleja en sus emociones, conductas y pensamientos, es decir… maduran.

Ahora con el tema de la pandemia, la distancia se hace obligatoria. El beso, el abrazo y la caricia se convirtieron en artículos de lujo, escasos y prohibidos. El distanciamiento social, es la pauta que marca los signos de los tiempos y según los expertos en epidemiología, es lo que mantiene a raya la propagación del virus.

Sin embargo, yo creo que es importante, al menos por el momento, establecer distancia física, pero no emocional. Porque ahora es cuando más cercanos, unidos y fraternos debemos estar, para apoyarnos, acompañarnos y darnos valor frente al miedo y a la incertidumbre.

Para una cultura como la nuestra que gusta del contacto, el abrazo cálido y el beso fraternal, al saludar o al despedirse, esto se vive como un proceso de soledad, abandono y pesimismo. Y precisamente es aquí cuando nuestra presencia en la vida del otro se hace obligatoria, para darle sentido a la vida, a la esperanza y al optimismo.

De nuestra actitud, también dependen nuestras defensas. Por esto es por lo que, este es el momento del distanciamiento social, pero no del emocional. Es el momento para estar más presentes, más conscientes y conectados para sentirnos acompañados, con valor y fortaleza para enfrentar… lo que viene.

Feliz navidad diferente.

pexels-photo-6033614Yo creo que esta navidad marcó un hito en mi historia.

En medio de las restricciones por el toque de queda, ya hacia las cuatro de la tarde, este veinticuatro de diciembre, habíamos rezado la novena de aguinaldos, cenado, y finalmente entregado los pocos regalos que se dispusieron debajo del árbol.

El único niño presente en la reunión de individuos mayores con tapabocas seguía jugando alrededor de la sala, cuyas sillas estaban dispuestas a unas distancias impresionantes, aunque en un orden irregular. Algunos buscaron lugares lejanos para evitar el contagio. Hasta el almuerzo navideño se sirvió con todos los protocolos de bioseguridad y cada uno tomó sus alimentos en silencio, porque era bueno no hablar durante la comida.

Luego, los adultos pudieron conversar de los mismos temas de siempre, mientras el niño miraba anhelante los regalos sin marcar, esperando encontrar el suyo.

Uno de los miembros de aquel grupo familiar tan especial, miraba el reloj, marcando el orden del día. -Ya es hora de rezar la novena dijo- y luego de entregar los regalos, debemos marcharnos para que no nos coja el toque de queda en el camino.

Aquel último día de novena fue diferente; se rezó con solemnidad, pero sin alegría. Los cantos se entonaron sin instrumentos de percusión caseros y sin el alborozo de otros años. Las distancias no solo eran físicas, sino emocionales.

Se sintió la nostalgia por los ausentes y las ayudas electrónicas fueron importantes para invitarlos de manera virtual a la reunión. Saludos emocionados y deseos de una feliz navidad, flotaban en el ambiente esperando arrebatarle alegría a la tristeza.

A la hora señalada, los participantes fueron tomando sus aperos y desfilaron hacia la puerta para dirigirse a sus respectivas casas. No hubo abrazos, no se repartieron besos, y los codos fueron los únicos testigos de un pequeño y rápido contacto corporal con los demás.

Yo creo que esta navidad tan diferente, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron para continuar la vida en “normalidad”, marcó un hito en mi historia, porque me di cuenta de lo importante del abrazo, la cercanía, el compartir los alimentos y de la alegría de la música y del ambiente festivo, como el verdadero significado de este día tan especial, al reunirme con mis seres queridos a celebrar el nacimiento espiritual del amor, la paz, la armonía y el perdón, entre nosotros; porque a pesar del tapabocas y del distanciamiento, confirmé que la fiesta está dentro de cada uno y esa energía se debe y se puede expresar, para llenar el ambiente de motivación y ganas de vivir, es decir… renacer.

Cómo manejo la soledad en la cuarentena?

people-peoples-homeless-maleYo creo que, en este tiempo de cuarentenas y aislamientos preventivos, para evitar el contagio del virus covid-19, algunos pudieron reunirse en familia, pero otros quedaron aislados del resto del mundo; por ejemplo, la población de las personas mayores, por supuesto más vulnerables y con mayor riesgo.

Con los viejos, al tomar la decisión de que los íbamos a cuidar de “nuestra presencia”, les obligamos a pagar un precio muy alto, dada la tristeza y la sensación de abandono que produce la soledad.

De otro lado me pregunto: ¿por qué le tengo miedo a la soledad? Y de repente me llega esta respuesta: -Precisamente porque no la conozco realmente-.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella, tengo la oportunidad de iluminarme, desde el silencio delator de la palabra interior; por lo tanto, en la mayoría de los casos le huyo, para evitar el encuentro conmigo mismo.

Además, he descubierto que la soledad, realmente no es la ausencia de personas en mi vida, sino un sentimiento de estar solo, precisamente por el vacío de mí mismo.

Ahora, a propósito de los últimos acontecimientos, sí que estoy viviendo en una cultura de la soledad, porque al perder el sentido de la comunidad y de las relaciones con otros seres humanos principalmente con la familia, tengo la sorda sensación de que debo abastecerme solo.

El miedo a la soledad ataca las relaciones afectivas, porque me hace inseguro, celoso y prevenido frente a todo lo que signifique o represente perder a mis seres queridos.

Es importante, continuamente revisar el enfoque acerca de las relaciones con los demás, para recuperar mi sensibilidad para dar amor, en vez de esperar recibirlo y de esta forma, sostener relaciones humanas sin falsas expectativas.

Se que cuando aprenda a manejar la soledad, ganaré autonomía, independencia y conocimiento personal.

Finalmente, la pregunta es: ¿Cómo vivir una soledad creativa?

Practicando terapia ocupacional, para estar entretenido y útil, al tiempo que evito pensar en lo catastrófico de mi estado.

Disfrutando plenamente de los momentos de encuentro conmigo mismo a través de la meditación.

Aceptando la nueva realidad, como preparación para los cambios.

Generando espacios para compartir, dentro del límite de las posibilidades.

Y desde el punto de vista espiritual, cultivando la oración, para comunicarme y sentir la compañía del poder infinito del Universo.

Yo creo que los viejos, necesitan de nuestra presencia abrazadora, con la alegría amorosa de nuestro encuentro, para que sientan la esperanza de que aún están vivos, en medio de esta situación de salud mundial, que nos cogió desprevenidos y sin preparación para enfrentar largas jornadas de soledad e incertidumbre.

Esta incertidumbre se va a prolongar.

pexels-photo-3831645Yo creo que el temor, la zozobra y la angustia generados por la pandemia van para largo.

Esta semana, en medio de la videollamada que con alguna frecuencia le hago a mi madre para saber cómo va, alcancé a percibir en su tono de voz, que la situación no estaba bien y que se encontraba a punto de quebrarse y llorar.

-Esta incertidumbre se va a prolongar-, fue la expresión triste que escuché de ella, al otro lado de la cámara de su teléfono inteligente, al compartirme las ultimas noticias, donde el presidente de nuestro país confirmaba que el confinamiento se extendía.

Y su cara me corroboró, que la tristeza se había apoderado de ella, y no sólo ahora sino desde hace mucho rato, quizás nueve meses atrás, cuando la obligaron a suspender su voluntariado en el hospital, precisamente porque a su edad, era muy vulnerable y podría contraer el virus. Entonces la rotación que hacía de habitación en habitación, para ofrecer ayuda espiritual y el acompañamiento que les brindaba a sus pacientes, habían terminado, razón por la cual era de esperarse que estuviera en plena elaboración del duelo, por el cese de sus actividades de ayuda humanitaria, que tanto ama y le fascina hacer.

-Estoy muy triste y deprimida-, me dijo. -Sin poder salir tranquila a hacer mi trabajo y con este miedo rondando, cada vez que pienso en recibir a alguien en la casa-.

-Y además me preocupa mucho que los sistemas de salud colapsen y que sea muy difícil acceder a ellos para otro tipo de tratamientos urgentes, diferentes al Covid19-, agregó.

Mi mamá es una mujer muy inteligente, independiente y llena de vida, que ama su libertad y a pesar de su edad, es autosuficiente y se precia de ello.

-Hijo, continuó hablando, ya ni siquiera puedo ir a mercar sin sentir preocupación, ni hacerles visita a mis hermanas y mucho menos tener la presencia de ustedes y de mis nietos, con esta angustia permanente de que nos vamos a enfermar-.

Además, siguió, -esta soledad se hace inmensa, porque los días van muy lentos para una mujer tan activa como yo y siento que el tiempo pasa y no han encontrado una solución para detener la propagación del virus-.

Y sabes Juan -me pregunto ¿Cómo vamos a celebrar la navidad este año?, y ¿Cuándo nos vamos a reunir nuevamente en familia, y sobre todo cuando vamos a poder retomar nuestras actividades normales? -.

Como este caso de mi madre, conozco a muchas personas mayores que sienten el temor de morir en forma anticipada, a consecuencia de un enemigo invisible y poderoso que tiene en jaque al mundo entero por su capacidad de hacer daño además desde la sugestión y el miedo.

Este fenómeno de la pandemia, al menos a mí, me ha cuestionado mucho sobre la evidente fragilidad de la salud, la economía y la estabilidad incluso de los mismos países, pues si “el aleteo de una mariposa en Tokio puede afectar el clima en el resto del mundo”, es claro que un virus que en principio veía lejano, ahora lo siento muy cerca, porque todo en el Universo está conectado debido a que “todos” somos “uno”.

Yo creo que debo estar preparado para lo que viene, con una actitud que me permita adaptarme y desde mi resiliencia, seguir adelante porque tengo el coraje para aprender de la adversidad y encontrarle sentido al sufrimiento, como decía Viktor Frankl.

¿Soy competente?

pexels-photo-3013980Yo creo que la Vida a cada momento me regala maravillosas oportunidades para auto descubrirme. Por lo tanto, es necesario que desarrolle, con cada experiencia, la habilidad para aprender, desaprender y reaprender.

De vez en cuando y principalmente ahora que se acerca el día de mi cumpleaños, voy haciendo el inventario de cómo me fue en este periodo que culmina; pues al fin y al cabo celebro cada nueve de noviembre, como el comienzo de un nuevo ciclo de vida…en otras palabras como un renacimiento.

Entonces si miro hacia atrás, tengo que decir que definitivamente el 2020 fue un año atípico en todo sentido. Sin embargo, de otro lado y de manera paradójica, también fue el tiempo más rico de mi existencia, porque aprendí y descubrí bastantes asuntos que habían estado ocultos en la sombra, relacionados conmigo mismo.

Para ayudarme en este proceso de autoevaluación, me apoyo en un cuestionario que respondo de manera juiciosa y con total sinceridad, para darme cuenta y hacerme cargo de mis logros y asuntos por mejorar.

Me pregunto si en este 2020, logré comunicar mis más profundos deseos, anhelos y temores a las personas muy cercanas y reconozco que me faltó mucho por expresar, pues aún siento el temor y la angustia de ser rechazado por lo que siento realmente.

Descubro que, en este año, pude obtener algunos de los resultados que me propuse, pero quedan pendientes otros como por ejemplo, bajar de peso y hacer más ejercicio, pues debido a la cuarentena, se fueron al traste, porque la nevera con su disponibilidad las veinticuatro horas del día durante toda la semana, se convirtió en el “gigante a vencer”, a pesar de que mi Sancho, me hablase al oído, actuando como mi conciencia auxiliar.

Mejoré mucho en el trabajo en equipo, pues para un hombre acostumbrado a trabajar en solitario y con un repertorio amplio de conductas autosuficientes, las condiciones del encierro y del trabajo en casa, me obligaron a tomar conciencia de la importancia de la cooperación y la colaboración entre todos, para mantener la paz y la armonía interior y exterior.

En este tiempo se puso a prueba mi flexibilidad y adaptabilidad para solucionar grandes, medianos y pequeños problemas.

Desde la decisión de meterme de lleno en la virtualidad y renunciar al goce y al deleite de ir a la universidad a dictar clase, tomarme un café con mis amigos, estudiantes y colegas para hablar de lo humano y lo divino y abrazar a mis seres queridos sin miedo a la muerte. Hasta organizar un sitio de trabajo en casa que tuviera todas las condiciones ergonómicas para ser más productivo sin cansancio acelerado, haciendo pausas activas y revisando con frecuencia mi postura frente al computador, para no afectar mi salud lumbar.

En fin, se activó mi creatividad, recursividad e iniciativa para resolver los asuntos de la supervivencia y al mismo tiempo, aumentó la reflexión, la conciencia y la certeza de que la vida es frágil y que es un regalo que se actualiza cuando amanezco vivo y que sólo tengo hoy para ser feliz, realizarme, amar, perdonar y reconciliarme con aquellos seres con los que he decidido compartir mi existencia.

Yo creo que soy competente para asumir la vida en la medida en que me arriesgue a vivir. Sin temor, con decisión, y con la certeza de que valió la pena el riesgo de ser yo mismo, desde mi proyecto de ser y estar consciente.

La sombra…de la sombra.

pexels-photo-2907613Yo creo que es un buen momento para hablar de la sombra.

Esta mañana, me quedé un rato mirando a través de la ventana. Pude sentir la ciudad, con su bullicio y movimiento habitual. Todo transcurría con normalidad hasta que un par de conductores, luego de chocarse aparatosamente, salieron de sus vehículos para discutir y alegar, esperando depositar en el otro la culpabilidad de la colisión.

Uno de ellos estaba más furioso. Desde mi perspectiva, el más enojado, era el mayor responsable del siniestro. Entonces noté como aparecía su sombra, al pretender culpar al otro, de su propia falta de cuidado.

El concepto de la sombra se hizo famoso por el analista Carl Gustav Jung, quien lo utilizó de dos modos diferentes. Por un lado, para definir la sombra como la totalidad de lo inconsciente. Y de otro lado como el aspecto inconsciente de la personalidad, caracterizado por rasgos y actitudes que el yo consciente no reconoce como propios.

Me pregunto ¿Cómo más puedo observar la presencia de la sombra?

La puedo ver entre otras muchas cosas, en los chistes y en las bromas cargadas de sexualidad prohibida, que expresan los propios miedos, los deseos y las perversiones más ocultas.

Por ejemplo, para la psicoanalista inglesa Molly Tuby, mi propia sombra se hace palpable cuando manifiesto sentimientos negativos respecto de los demás y me permito criticarlos despiadadamente, porque en el fondo son mi espejo y veo el reflejo de mí mismo en ellos.

También cuando las personas me retroalimentan, luego de un comportamiento mío, que es repetitivo y que les perturba o les molesta y me resisto a verlo, aceptarlo o reconocerlo.

En las acciones impulsivas, sin control y que se escapan inadvertidamente y luego me sorprendo yo mismo, porque en el fondo no quería hacer esto o decir aquello.

En esas situaciones en las que me siento maltratado, humillado, o no tenido en cuenta.

En los enfados recurrentes y exagerados que siento, por los errores cometidos por los demás.

En fin, la sombra se presenta cuando estoy frente a situaciones que sacan lo peor de mi y que prefiero ocultar.

Sin embargo la sombra, dice Connie Zweig, suele retroceder con la misma prontitud con la que aparece, porque descubrirla, puede constituir una amenaza terrible para nuestra propia imagen.

Es por esto por lo que, y debido a un mecanismo de defensa, rechazamos las fantasías asesinas, los pensamientos suicidas, o la embarazosa envidia y los celos que tantas cosas podrían revelarnos sobre nuestra propia oscuridad.

El no darme cuenta, de lo que no me doy cuenta, impide que pueda hacerme cargo para cambiarlo.

Es frecuente, por ejemplo, que el encuentro con la sombra tenga lugar en la mitad de la existencia, cuando nuevas necesidades y nuevos valores me obligan a cambiar el rumbo de la vida y de esta forma romper los viejos paradigmas para desarrollar las habilidades y capacidades que estaban dormidas hasta el momento.

Yo creo que el encuentro con la sombra lo puedo lograr, cuando escucho y presto atención a las señales que me lanza el cuerpo y el pensamiento, siempre y cuando, me dé el permiso de sacar el tiempo necesario para estar solo y con la ayuda de un profundo silencio meditativo, pueda decodificar los mensajes que provienen del mundo donde habita la sombra.

El tiempo de la esperanza.

pexels-photo-277477Yo creo que la esperanza existe, si me doy permiso de que exista.

Y creo que el desaliento me invade, si con los pensamientos pesimistas, le doy entrada en mi vida.

Se que la esperanza se muere si no la alimento a diario.

Desde muy pequeño aprendí que la esperanza es lo último que se pierde y que es una aliada de la fe.

Compañera inseparable de todo aquel que está proyectado hacia el futuro, soñando escenarios posibles, pues la esperanza es la amiga íntima del mal estudiante que ruega que lo acompañe en el momento de presentar el examen, que no preparó a conciencia.

La esperanza está presente en los familiares del paciente que ha ingresado a la unidad de cuidados intensivos.

La esperanza es fundamental para el secuestrado y el prisionero, quienes frente a los hechos que les rodean, albergan la posibilidad de ser liberados.

La esperanza aparece en la oración sincera de aquel que sale a la calle a ganarse la vida.

Está presente en el enamorado de una causa perdida quien, desde su amor no confesado, sueña con que ese otro se dé cuenta de la pretensión de su corazón anhelante.

Creo que la esperanza nace cada vez que me levanto, después de un fracaso y deseo con toda mi fe que las cosas mejoren.

Tengo la esperanza de que cuando pase la pandemia, voy a recuperar el tiempo perdido, en el que dejé de abrazar a mis amigos y seres queridos.

Tengo la certeza de que la economía se va a reactivar.

Tengo la seguridad de que seré más consciente de la fragilidad de la vida y de la necesidad de proteger y aprovechar cada momento que me regale la existencia para vivir intensamente, porque si no es aquí y ahora… entonces ¿cuándo?

La oportunidad para la esperanza nunca llega, porque dicha oportunidad es una decisión que tomo aquí y ahora, por lo tanto, la oportunidad ya está aquí.

Yo creo que es tiempo de sentir esperanza, porque tengo la corazonada, ahora más que nunca, de que siempre hay un amanecer… para renacer.