¿Qué tan valiente o cobarde es un suicida?

Yo creo que el suicidio es un comportamiento más complejo de lo que parece.  El psiquiatra y profesor Sergio Andrés Pérez Barrero experto en el comportamiento suicida, dice que abarca las siguientes manifestaciones:

1- El deseo de morir. Representa la inconformidad e insatisfacción del sujeto con su modo de vivir en el momento presente y que puede manifestar en frases como: “la vida no merece la pena vivirla”, “lo que quisiera es morirme”, “para vivir de esta manera lo mejor es estar muerto” y otras expresiones similares.

2- La representación suicida. Constituida por imágenes mentales del suicidio del propio individuo, que también puede expresarse manifestando que se ha imaginado ahorcado o que se ha pensado ahorcado.

3- Las ideas suicidas. Consisten en pensamientos de terminar con la propia existencia y que pueden adoptar las siguientes formas de presentación:

–Idea suicida sin un método específico, pues el sujeto tiene deseos de matarse pero al preguntarle cómo lo va a llevar a efecto, responde: “no sé cómo, pero lo voy a hacer”.

–Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado en la que el individuo expone sus deseos de matarse y al preguntarle cómo ha de hacerlo, usualmente responde: “De cualquier forma, ahorcándome, quemándome, pegándome un balazo.”

–Idea suicida con un método específico no planificado, en la cual el sujeto desea suicidarse y ha elegido un método determinado para llevarlo a cabo, pero aún no ha ideado cuándo lo va a ejecutar, en qué preciso lugar, ni tampoco ha tenido en consideración las debidas precauciones que ha de tomar para no ser descubierto y cumplir con sus propósitos de autodestruirse.

–El plan suicida o idea suicida planificada, en la que el individuo desea suicidarse, ha elegido un método habitualmente mortal, un lugar donde lo realizará, el momento oportuno para no ser descubierto, los motivos que sustentan dicha decisión que ha de realizar con el propósito de morir.

4- La amenaza suicida. Consiste en la insinuación o afirmación verbal de las intenciones suicidas, expresada por lo general ante personas estrechamente vinculadas al sujeto y que harán lo posible por impedirlo. Debe considerarse como una petición de ayuda.

5- El gesto suicida. Es el ademán de realizar un acto suicida. Mientras la amenaza es verbal, el gesto suicida incluye el acto, que por lo general no conlleva lesiones de relevancia para el sujeto, pero que hay que considerar muy seriamente.

6- El intento suicida, también denominado parasuicidio, tentativa de suicidio, intento de autoeliminación o autolesión intencionada. Es aquel acto sin resultado de muerte en el cual un individuo deliberadamente, se hace daño a sí mismo.

7- El suicidio frustrado. Es aquel acto suicida que, de no mediar situaciones fortuitas, no esperadas, casuales, hubiera terminado en la muerte.

8- El suicidio accidental. El realizado con un método del cual se desconocía su verdadero efecto o con un método conocido, pero que no se pensó que el desenlace fuera la muerte, no deseada por el sujeto al llevar a cabo el acto. También se incluyen los casos en los que no se previeron las complicaciones posibles, como sucede en la población penal, que se autoagrede sin propósitos de morir, pero las complicaciones derivadas del acto le privan de la vida (inyección de petróleo en la pared abdominal, introducción de alambres hasta el estómago o por la uretra, etc.).

9- Suicidio intencional. Es cualquier lesión autoinfligida deliberadamente realizada por el sujeto con el propósito de morir y cuyo resultado es la muerte. En la actualidad aún se debate si es necesario que el individuo desee morir o no, pues en este último caso estaríamos ante un suicidio accidental, en el que no existen deseos de morir, aunque el resultado haya sido la muerte.

De todos los componentes del comportamiento suicida, los más frecuentes son las ideas suicidas, los intentos de suicidio y el suicidio consumado, sea accidental o intencional.

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La segunda oportunidad

Yo creo en segundas oportunidades. Y además creo que, en todas las culturas alrededor del mundo, esta figura del renacimiento o resurrección tiene significado profundo.

El ave Fénix, tiene su similar en Bennu y en Garudá. Según la mitología griega, el ave Fénix o Phoenicopterus, es un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras. Se trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años, y una nueva y joven surgía de sus cenizas. Según algunos mitos, vivía en una región que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África.

En el caso del ave Fénix, que según la leyenda cristianizada, vivía en el Jardín del Paraíso, y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser la única bestia que se había negado a probar la fruta del paraíso, se le concedieron varios dones, siendo el más destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas.

Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna. Esto ocurría cada quinientos años.

Dice el Papa Clemente de Roma, en la Epístola a los Corintios (XXV)… que “hay un ave, llamada fénix la única de su especie, vive quinientos años y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altar del Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años”.

En todo caso, lo importante e interesante aquí, es el simbolismo del resurgimiento de las cenizas. Como creo en segundas oportunidades, siento que cada día permite la esperanza de un nuevo comenzar. Luego de esta semana de reflexión y recogimiento, esta pascua representa el paso de la muerte a la vida.

Creo en la muerte que lleva a la vida. Creo en la muerte del ego para que resurja el yo. O la muerte de la envidia, para que nazca la generosidad del altruismo.

Creo en la muerte del odio para que resucite el amor. Y creo que entre nosotros puede existir una segunda oportunidad para comprender la misión de amor y perdón que vinimos a cumplir en la tierra.

Pues al fin y al cabo la vida es una excelente escuela , para crecer espiritualmente, gracias a las segundas oportunidades.

Cultura de la muerte

Yo creo que los jóvenes de hoy viven en la cultura de la muerte. Y digo esto porque muchos de sus comportamientos en vez de apuntar hacia la conservación y el autocuidado integral, se dirigen peligrosamente hacia la autodestrucción de sus vidas y de su entorno.

Son demasiados los riesgos psicosociales que enfrenta nuestra juventud. Y esto se hace tangible en la forma como se relacionan entre ellos y con el ambiente, a través de la manera como utilizan los diferentes medios sociales de comunicación.

Si bien es cierto la herencia marca un elemento importante en la conducta, también es cierto que el tipo de “padres”, la escuela, la cultura, la sociedad, así como los diferentes traumas que nos van aconteciendo en la vida, van moldeando nuestra existencia, nuestras conductas y reacciones; entonces el problema de los jóvenes de hoy, se observa en sus patrones de conducta mal adaptativos que afectan su funcionamiento social y su actividad académica, laboral y emocional.

Todo comienza desde el ambiente familiar, pues se sabe por estadísticas serias, que la familia es la primera fuente de violencia. Entonces frente a este panorama, las demás relaciones con su entorno se afectan también. Si a esto le sumamos problemas en la construcción de la personalidad y conflictos asociados con la maduración, entonces tenemos como resultado: juegos peligrosos, que una forma u otra, demuestran el poco aprecio por la salud, la integridad física o la vida.

Cuando se trata de velocidad excesiva, buscando incrementar la dosis de adrenalina, entonces se desconoce o se ignoran, las consecuencias negativas de este tipo de actos autodestructivos. Sin hablar de las relaciones afectivas inadecuadas, dañinas y dependientes que también indican una búsqueda desesperada de compañía en la mayoría de los casos disfuncional.

En los muchachos de este siglo veintiuno, se volvió una práctica cotidiana el “bullying”; entendido como el hostigamiento del otro a través de intimidaciones verbales, insultos, o apodos.  Por ejemplo hablar mal de alguien o sembrar falsos rumores, también se considera bullying.

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Hola soledad

Yo creo que le tenemos miedo a la soledad y es porque no la conocemos realmente.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella tenemos la oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos desde el silencio delator de la palabra interior. Y en la mayoría de los casos le huimos.

La soledad, es el sentimiento de estar solo, unido con frecuencia a situaciones como el desamor y a problemas de comunicación. Debido a que, durante los estados de soledad, la incomunicación es absoluta y se opone al hombre como ser social. Sabemos que la función humana más básica es comunicarse con los demás y que en las comunidades primitivas, la soledad era un fenómeno poco frecuente, pues el destierro se consideraba el castigo supremo. 

En las actuales sociedades industriales aparece el fenómeno del aislamiento del individuo. La inadecuada comunicación puede provocar algunas enfermedades de tipo emocional y requiere tratamiento psiquiátrico y psicológico. Una de las causas más frecuente de estos problemas emocionales, es la incapacidad para establecer sanas relaciones personales. Entonces la soledad permanente, involuntaria o aparentemente elegida, es un trastorno psicosocial, pues como base de este tipo de problemas, está la baja intensidad o debilidad para relacionarse. 

La soledad está asociada con el inicio de determinadas etapas vitales, como la pubertad o la vejez. Como resultado de especiales estados anímicos o situaciones vitales como la depresión o baja autoestima. También como consecuencia de situaciones de desempleo o por problemas psíquicos durante la pubertad. Los trastornos de relación se inician, sobre todo, durante la primera etapa educativa.

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Escuchar desde el silencio respetuoso

Yo creo que nos pasamos sin escuchar, la mayor parte del tiempo. Es posible que oigamos…el entorno, pero definitivamente no escuchamos. Y en la escucha reside el poder de la terapia.

En medio de tanto parloteo, de tanta información, ruidos y sonidos que hacen parte del ambiente, se hace obligatoria una pausa en el camino para recogernos en el silencio. La magia del silenciarse es tan poderosa que nos permite comunicarnos con nosotros mismos.

Es en el silencio donde habita nuestro ser más profundo y es en el silencio donde le reconocemos la existencia a la mismidad del otro, cuando lo escuchamos atenta y desprevenidamente.

¿Pero qué es escuchar al otro? No es otra cosa que renunciar a nuestro ego, para permitir que mi semejante se exprese en medio de nuestro silencio respetuoso.

En la convivencia humana, lo más difícil es el diálogo, por que no reconocemos en el otro un interlocutor válido y además porque sólo deseamos ser escuchados y escuchar nuestro discurso como si fuéramos los únicos protagonistas del universo.

Hagamos silenciosilenciemos nuestro ego…para descubrir las maravillas de las otras existencias humanas, cuyas historias vitales vale la pena escuchar.

Vivir como para morir mañana

Yo creo que sería bueno prepararnos para la muerte. Y estoy seguro que a muy pocos de nosotros la vida nos prepara para nuestro encuentro con la parca. Propongo que en los colegios y universidades se instaure una cátedra para aprender a morir. Y la principal materia del curso debe llamarse: “Cátedra sobre la vida”…principios básicos para saber morir, pues al fin y al cabo se aprende a hacerlo cuando se sabe vivir.

La muerte es un fenomeno natural y obligatorio, cuando llega su momento.  Y cuando se entiende esta lógica ineludible, comprendemos el valor de vivir aquí y ahora, desde el poder mágico del presente.

Perdemos mucho tiempo amargándonos con lo que pudo haber sido y no fue, en vez de utilizar el presente para corregir el futuro.

Curiosamente, cuando se acerca el fin del año, algunos lloran más por la incertidumbre del porvenir, como una preocupación por lo que vendrá, en lugar de ocupar su valioso tiempo en la construcción de un mañana productivo.

Todo debe morir para garantizar la oportunidad de lo nuevo. Es en el cambio precisamente donde se verifica la capacidad de adaptación y aceptación de lo novel como una constante del universo para renacer.

Nos aferramos al pasado y a las personas y a las cosas y a las relaciones y a los “modus operandi” de nuestra vida, como si fueran las únicas maneras, personas o relaciones obligatorias para continuar viviendo.

La propuesta es simple y sencilla, vivir la vida intensamente, en forma adecuada, sin angustia, sin temor ni culpas,  y principalmente en paz consigo mismo y con los demás… porque se que al momento de morir, el examen de conciencia es obligatorio…como cuando se va a entregar un puesto, un cargo o una tarea, la pregunta perentoria es sólo una : ¿Cómo lo hice?

Si sólo tuviera una semana de vida… qué haría durante esa semana?

Dice la sabiduría popular que “se muere como se vive” entonces, me propongo vivir ahora, como si fuera a morir mañana…