Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

Sí se puede…

Yo creo que sí se puede cantar y disfrutar, en vez de disparar, odiar o agredir a otros. Y además creo que el amor une y hace milagros cuando nos proponemos lograrlo de corazón.

Creo que cuando alguien habla mal de otros, no habla mal del otro, sino de sí mismo.

Y creo que es mejor cantar y dar gracias para avivar el espíritu, en vez de despotricar.

Creo que cuando se unen voluntades todo es posible y basta con dejarse llevar por el deseo de hacer grandes cosas para conseguirlo.

No es un problema si Dios quiere… sino si yo quiero.

¿Existen cosas imperdonables en pareja?

hamburg-1508779__340Yo creo que una de las experiencias más difíciles en la vida de pareja es precisamente la del perdón; y más aún cuando la falta cometida hace daño y afecta la estabilidad del amor y hace perder la confianza en el otro.

En este mismo blog, publiqué algunas ideas de lo que creo, subyace en el fondo, acerca del perdón .

¿Qué es lo perdonable y lo imperdonable en pareja? Lo valioso de la pregunta radica en descubrir cómo ciertas posturas, desde el orgullo y el ego herido, impiden el proceso de sanación y restauración de la confianza y la credibilidad en el otro.

Algunas personas afirman: “yo no perdono, porque me la vuelve a hacer”.  Y en verdad no hay certeza en cuanto al cambio de conducta del otro o su completa toma de conciencia en relación con el daño causado a su pareja y por supuesto así mismo.

Entonces la propuesta de trabajo gira más bien, en torno a cómo, cada uno de nosotros, aprende de sí mismo en el proceso de perdonar.

Lo importante es que yo perdono…en vez de buscar que el otro cambie…pues se trata de un camino muy personal.

Afortunadamente existe la esperanza de que el cambio sea un darse cuenta responsable que cada quien realiza…desde su libertad y su conciencia.

El síndrome del villancico…

christmas-2988912_960_720Yo creo que la navidad es una época de contrastes y contradicciones. Mientras que para algunos es la mejor época del año, para otros se convierte en el mayor de los martírios y en motivo de consulta siquiátrica y sicológica. Pues, el solo hecho de ver luces navideñas y escuchar melodías “decembrinas”, desencadena el “síndrome del villancico”. Curioso desorden emocional caracterizado por una apatía, aburrimiento y tendencia depresiva, a todo lo que signifique fiesta, rumba, desorden y caos, característico de esta época del año y que hace que estos pacientes pidan a gritos, que pronto se acabe el último mes del año. Las consultas de los profesionales de la salud mental se incrementan, por estos días, debido a personas que odian la navidad.

En algunos casos el problema surge cuando se asocia diciembre con muertes de seres queridos, separación de los padres o de pareja, cambios en la casa, o retiro laboral forzoso por ejemplo. Lo mismo para quienes por su labor u oficio diciembre es una época de mayor ocupación que aleja de la vida familiar.

En otros, el origen está en las diferencias económicas y la idea de un niño Jesús, injusto y desalmado que quiere más a mis primos que incluso se han portado mal durante el año. O a la competencia, tonta entre quienes hace la mejor novena y regalan mejores viandas.

También por la pelea típica entre esposos y novios por la repartición del tiempo el 24 y el 31 y por supuesto debido a las respectivas culpas creadas por no estar con la familia en épocas tan importantes… como si los demás meses del año no tuvieran importancia para juntas familiares y fuera obligatorio estar en mi casa con los míos. La frase es… todos los 24 los hemos pasado con tu familia… y ¿mi familia qué?… recuerda, cuando nos casamos, vimos lo importante de ponernos de acuerdo y ceder de manera equilibrada y justa para beneficio de ambas partes: tu ganas… yo gano.

Para otras personas el nuevo año genera esperanza o temor. Y si va acompañado de un balance personal y laboral, algunos pierden el año y esto por supuesto deprime. Así como la muerte del año viejo y todo lo que eso representa.

Diciembre agudiza las crisis de pareja; sobre todo la de aquellos infieles, quienes presionados por la “otra” parte, encuentran en las fiestas de fin de año, empresariales, de clientes y amigos, la mejor forma de escaparse, con la consecuencia de que algunos se quedan y no vuelven.

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¿Se casaron y vivieron felices?

Yo creo que para nadie es un misterio que el amor en pareja tiene momentos de crecimiento y otros de crisis. En cada uno de ellos, nuestra preparación y madurez ayuda a encontrar soluciones adecuadas para enfrentar estos momentos.

Cómo les había contado la semana pasada voy a dictar un taller para que juntos trabajemos la pregunta: ¿es posible casarse y vivir feliz?

En este taller buscamos que los asistentes:

  • Encontremos herramientas útiles para crecer como parejas.
  • Alimentemos el erotismo de la relación.
  • Fortalezcamos la alianza estratégica con el otro.

Será el próximo Jueves 30 de Octubre de 2008 a las 6:00 P.M. a 9:00 P.M. en el Piso 11 Torre Norte Centro Comercial San Diego.

Es importante inscribirse previamente en el correo juancarlosposadamejia@gmail.com, pues el cupo es limitado.

Lo importante de esta invitación, es comenzar un intercambio de ideas para saber cómo podemos mejorar nuestra relación en pareja y así seguir creciendo.

Creo en el amor que une; creo en el amor que cree; creo en el amor que no se deja vencer fácilmente.

Celar… vigilar o perseguir …

Yo creo que los celos y la envidia son muy dañinos para la armonía de las parejas y/o las personas que se encuentran en convivencia o necesitan la convivencia como por ejemplo en el mundo laboral o familiar.

Al estudiar con detenimiento la envidia, encontramos que es el deseo de lo que tiene otra persona. En tanto que los celos son el miedo de que otra persona se adueñe de lo que tenemos.

Para darle organización a mi comentario, hablaré en primer lugar de los celos en pareja y más adelante, en otro momento, me referiré a la envidia.

De alguna manera, el celoso, desde la  paranoia obtiene algún placer de sus sospechas, ya que el conocimiento paranoico, satisface al masoquista por ejemplo, que se deleita en que lo hieran.

Sin embargo, los celos no son necesariamente inseguridad o inestabilidad emocional; pues también se podrían explicar desde el aprendizaje de las relaciones, la personalidad o los antecedentes familiares.

El celoso se siente descuidado por el otro, por ejemplo, en relación con el amor, la comunicación, el tiempo dedicado, la belleza, el sexo o el cuerpo entre otros. Es decir, los celos se producen como consecuencia de no atender las “necesidades” del celoso.

Todos queremos esa exclusiva y entonces nuestro propio dolor, nuestras sospechas y nuestros ataques de celos, se dan como consecuencia, de un individuo que cree, que no está recibiendo suficiente atención.  Curiosamente, el celoso siente y piensa que el otro es egoísta y solo se preocupa por sí mismo…no se ve en el espejo.

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