El curioso arte de aprender cómo nunca dar consejos…

Yo creo que jamás se deben dar consejos.

En alguna ocasión escuche esta frase que me marcó para el resto de mi vida. -Hijo…”Nunca des consejos; por dos razones: los sabios no los necesitan y los necios nunca los siguen“-.

Y luego en la facultad de psicología escuché varias veces a mis maestros repetir esta sentencia: “los psicólogos no damos consejos”.

Quedó claro para mi forma de ver el mundo, la importancia de aprender el arte de jamás dar consejos…y lo digo de esta manera porque se requiere todo un entrenamiento para contener la lengua o la pluma y abstenerse de soltar alguna insinuacion de buena fe, para mejorar la calidad de vida de otros.

“Nadie experimenta en cabeza ajena”, repetía la abuela y hoy lo sé cuando luego de tantos años de experiencia profesional lo corroboro a diario.

Sin embargo en este video encuentro sabias palabras. Y más bien los invito a verlo y pensarlo y reflexionarlo y meditarlo….bueno, ¡ya estoy dando consejos de nuevo!  de todas maneras, ahí les queda…

El poder del amor creativo desde la fe

romance-1934204_960_720Yo creo en la creatividad del ser humano. Y en las maravillas que puede crear si pone su corazón de por medio. También creo en la maldad que puede producir el odio. Y creo que podemos transformar el mundo si cada uno de nosotros crea con amor y bendice cada día su familia, su labor y su entorno.

Yo creo en el poder de la oración. Y creo en el poder de la fe y por sobre todas las cosas creo en la esperanza.

Porque cuando se tiene fe, todo el poder de la mente y del espíritu, se concentran en ese objetivo.

Sin embargo hay cosas que no se consiguen, con solo rezar, orar o meditar, pues conviene contar con la decisión. el pensamiento y el deseo del otro.

Conviene concertar y llegar a acuerdos de mutuo beneficio…es decir hay que trabajar duro por lo que se quiere.

Y también creo que el miedo hace estragos y nos debilita.

“No temas”... fue la frase más bella y profunda que pudimos escuchar de nuestros padres… y ahora es posible escucharla nuevamente, de labios de mucha gente, en el mundo,  que piensa y siente como nosotros.

A este mundo sólo lo salva el amor…

Yo creo en el poder del amor creativo desde la fe..

Entonces, oremos, meditemos y reflexionemos, para que las noches de lluvia y tempestad cesen y aparezca la luz, en momentos tan convulsionados como los actuales.

Culpa subjetiva

Yo creo que la culpa es innecesaria cuando proviene de una falsa creencia inculcada desde niño. Es decir, creo que los padres, como un mecanismo de manipulación, desarrollamos en los niños culpas que no tienen sentido ni lógica.

Digo que es una forma de manipulación porque de alguna manera controla la conducta del niño, haciéndolo sentir mal, por un hecho o acontecimiento, pensamiento u omisión que le persigue el resto de su vida como una condena perpetua.

Es importante diferenciar las culpas objetivas de las subjetivas.

Entendemos por culpa objetiva, aquella sensación de malestar moral que se produce cuando hemos faltado a una regla, norma o ley y que, de manera consciente, la reconocemos como algo que se ha hecho mal y que ha causado daño real a una persona, objeto, bien, sociedad etc. En este caso, es posible demostrar objetivamente, que nuestra conducta tuvo consecuencias graves en proporción al daño causado y que se hace necesaria una reparación.

En la culpa subjetiva, nuestra mente juega en forma paranóica y asocia cualquier conducta aislada, como causante de un daño; cuando en verdad dicha conducta, no tiene el poder, ni la capacidad de producir efecto negativo en otros.

Así, me refiero a la frase de los papás: ¿Usted va a salir vestida(o) así? En el fondo, los únicos preocupados por la vestimenta del joven, son sus padres quienes no coinciden con los gustos del “diseñador” y creen que con esta frase culpabilizadora van a impedir que el adolescente salga a la calle y/o cambie de vestuario. La realidad es que los otros jóvenes se visten igual y por lo tanto su manera de ataviarse representa la manera de hacer parte del grupo y por supuesto, como consecuencia, la aceptación social de su generación. Mas agresivo y des-adaptado sería salir a la calle con los “jeans” bien aplanchados, con la raya bien marcada y los zapatos-tenis relucientes de limpios. Continuar leyendo

Los abrazos que cambian el mundo

Yo creo en el poder sanador de los abrazos.

Nada tan reconfortante y cálido como sentir el abrazo espontáneo de un niño.

O el abrazo fuerte de la madre cuando está esperando eternidades, la llegada de su hijo perdido.

Creo en el abrazo de la reconciliación entre dos hermanos que se han peleado y además creo en el abrazo protector cuando una catástrofe o emergencia nos ha llegado de sorpresa.

Creo en el abrazo amoroso del padre cuando recibe a su hijo asustado por una pesadilla.

Y creo en el abrazo de felicitación cuando nuestro equipo ha ganado el campeonato.

Creo en el abrazo acompañante cuando un ser querido ha muerto.

Y creo en el abrazo estremecedor de los niños especiales cuando triunfan en sus olimpiadas.

Creo en la ternura del abrazo entre los viejos.

Creo en la verdad del abrazo de la pareja después del erotismo y la pasión.

Y creo que si todos nos abrazáramos, este mundo sería distinto.

Definitivamente creo en la abrazoterapia.

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Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

Sí se puede…

Yo creo que sí se puede cantar y disfrutar, en vez de disparar, odiar o agredir a otros. Y además creo que el amor une y hace milagros cuando nos proponemos lograrlo de corazón.

Creo que cuando alguien habla mal de otros, no habla mal del otro, sino de sí mismo.

Y creo que es mejor cantar y dar gracias para avivar el espíritu, en vez de despotricar.

Creo que cuando se unen voluntades todo es posible y basta con dejarse llevar por el deseo de hacer grandes cosas para conseguirlo.

No es un problema si Dios quiere… sino si yo quiero.

¿Existen cosas imperdonables en pareja?

hamburg-1508779__340Yo creo que una de las experiencias más difíciles en la vida de pareja es precisamente la del perdón; y más aún cuando la falta cometida hace daño y afecta la estabilidad del amor y hace perder la confianza en el otro.

En este mismo blog, publiqué algunas ideas de lo que creo, subyace en el fondo, acerca del perdón .

¿Qué es lo perdonable y lo imperdonable en pareja? Lo valioso de la pregunta radica en descubrir cómo ciertas posturas, desde el orgullo y el ego herido, impiden el proceso de sanación y restauración de la confianza y la credibilidad en el otro.

Algunas personas afirman: “yo no perdono, porque me la vuelve a hacer”.  Y en verdad no hay certeza en cuanto al cambio de conducta del otro o su completa toma de conciencia en relación con el daño causado a su pareja y por supuesto así mismo.

Entonces la propuesta de trabajo gira más bien, en torno a cómo, cada uno de nosotros, aprende de sí mismo en el proceso de perdonar.

Lo importante es que yo perdono…en vez de buscar que el otro cambie…pues se trata de un camino muy personal.

Afortunadamente existe la esperanza de que el cambio sea un darse cuenta responsable que cada quien realiza…desde su libertad y su conciencia.