Las contradicciones de la navidad.

pexels-photo-10539883Yo creo que la navidad, es contradictoria emocionalmente.

Si bien es cierto es un tiempo propicio para la celebración, las festividades, satisfacer gustos gastronómicos e incrementar comportamientos de compra, al mismo tiempo, podría convertirse en un infierno afectivo y en una época de tristeza mayor y depresión profunda.

En algunas personas, las luces navideñas y el escuchar melodías “decembrinas”, desencadena el “síndrome del villancico”; curioso desorden emocional caracterizado por una apatía, aburrimiento y tendencia depresiva, frente a todo lo que signifique fiesta, rumba y desorden comercial y financiero.

En este periodo, las consultas a los profesionales de la salud mental se incrementan, por aquellos que odian la navidad.

El problema surge cuando se asocia diciembre con soledad, muertes de seres queridos, separación de los padres o de la pareja, cambios en la casa, o retiro laboral forzoso, por ejemplo.

Papa noel Juan Carlos Posada MejíaEn otros, el origen de la molestia está en las diferencias económicas y en las injusticias “divinas”, pues descubrieron en sus inocentes infancias, que quienes se portaron bien, no necesariamente recibieron regalos anhelados, mientras que aquellos, cuya conducta no fue decorosa, tuvieron obsequios y privilegios en contravía de la promesa ética.

La tristeza es diferente para quienes, por su labor u oficio, encuentran en diciembre una época de mayor ocupación que los obliga a estar lejos o separados de su vida familiar.

En navidad las peleas entre esposos adquieren un matiz distinto, las infidelidades se enmascaran fácilmente, con la disculpa de las fiestas y reuniones laborales de fin de año.

oso polar Juan Carlos Posada MejíaTambién es frecuente encontrar “rituales de aniversario” … consecuencia de duelos mal elaborados. Entonces del baúl de los recuerdos surgen expresiones como: – “Se imaginan a mi mamá con este pesebre” … – “recuerdas: ¿Cómo le gustaba, la navidad? -. Frases que se repiten, en medio de la evocación de seres queridos; por lo tanto, la alegría de los demás estorba y molesta.

Como las fiestas y parrandas se prestan para excesos en las comidas, bebidas y gastos… la época a nivel económico y de salud, también preocupa y angustia.

De otro lado, los paseos y vacaciones para algunos no terminan bien. Es lógico suponer, que el recuerdo de aquel incidente convierta la navidad en la peor época del año.

Mientras que para un sector de la humanidad el nuevo año genera esperanza, para otro el sentimiento es de temor e incertidumbre, en virtud de la pandemia.

muñeco de nieve Juan Carlos Posada MejíaFinalmente, diciembre se asocia con la elaboración de balances que no arrojan buenos resultados.

Sin embargo, en mi caso, esta navidad en particular, representa un tiempo para el regocijo espiritual y la alegría del nacimiento de la esperanza en mi corazón, porque coincide con mi reconciliación con la vida, después de atravesar por momentos difíciles durante este año.

Yo creo que aquí y ahora, a pesar de las contradicciones emocionales que trae la navidad, para mí es tiempo para celebrar el nacimiento de la vida, desde la esperanza, el amor, el perdón y la armonía interior.

Cuarenta años después.

Reunión exalumnos isc 40 añosYo creo que definitivamente este año, pasará como el más intenso de mi historia, porque me ha permitido darme cuenta de que nada de lo que ha sucedido y está por suceder, es al azar y que todos los acontecimientos están conectados y que lo importante es encontrarles el propósito y sentido.

Uno de los momentos más emocionantes que he vivido en este año, que de por sí ha estado cargado de emociones fuertes, ocurrió el pasado dieciocho de noviembre cuando los compañeros del colegio decidimos reunirnos cuarenta años después.

Los preparativos comenzaron un mes antes. Con ayuda de las redes sociales, iniciamos el proceso de convocatoria y de manera vertiginosa, casi viral, las respuestas no se hicieron esperar.

Cada día se unían más y más compañeros al grupo virtual conformado, con la esperanza grata del reencuentro.

Decidimos fácilmente el lugar, la fecha y hora de la reunión. Y más de uno confirmó por adelantado.

Fui el primero en llegar al sitio acordado. Le pedí a los encargados del restaurante, que organizaran las mesas para la ocasión y me dispuse a esperar la llegada de mis compañeros.

Mientras aguardaba, mi memoria viajó a la velocidad de la luz, para instalarse en los salones de clase, y la estructura misma del Instituto San Carlos, con el objetivo de recordar anécdotas y situaciones graciosas para compartir esa noche.

Daniel Alonso PimientoPinzón, Juan Carlos Posada MejiaUno a uno, iban llegando. Los vi igualitos a como estaban en mis recuerdos. La sensación fue extraordinariamente hermosa, pues “eran los mismos”, pero ahora con sus cabellos pintados de plata y unas cuantas huellas breves indicadoras, en sus rostros, del paso del tiempo.

La energía, alegría y sentido del humor negro, fueron protagonistas durante la noche. A cada comentario histórico, la carcajada sonora hacía eco en el lugar.

También tuvimos momentos de nostalgia, al recordar a los compañeros muertos, al mismo tiempo que lamentamos la inasistencia de algunos que a última hora no pudieron cumplir la cita.

Sin agenda planeada, hablamos de los profesores, de las novias de la época, de los romances turbios y clandestinos, de las fiestas paganas y no santas, de las parejas actuales y de los hijos. Y además de los temas de la prejubilación y por supuesto de salud.

A pesar de la pandemia y de mi reciente proceso de quimioterapia, me di el permiso de abrazarlos uno por uno, con la intención de agradecerles su amorosa presencia en mi vida.

compartiendo la mesa isc 40 añosConversé, me reí mucho, evoqué, comí deliciosos alimentos y nuevamente me sentí vivo en el recuerdo, porque volví a ser joven y vital al lado de mis compañeros de clase.

Yo creo que cuarenta años después, sentí que los mejores momentos de mi juventud, volvían de la mano de mis compañeros como si se hubiesen congelado en el tiempo.

Agradezco a la vida esta maravillosa oportunidad para reencontrarme con mi pasado y de esta forma vivir en el presente, soñando futuro.

Gracias a la vida…por la vida.

celebrando la vida unoYo creo que compartir momentos importantes y significativos en familia, es fundamental a la hora de establecer nexos afectivos.

En muchas culturas, sentarse a comer alrededor de una mesa llena de alimentos, es el acto más poderoso y sobre todo representativo de la unidad familiar y social. Así, bautizos, funerales, aniversarios, negocios y propuestas matrimoniales se convierten en la excusa perfecta para compartir viandas y recetas maravillosas.

Es por esto por lo que el calor del hogar se siente más intensamente en la cocina y en la mesa del comedor.

En el seno de mi familia, desde hace varias semanas, los preparativos para la cena de cumpleaños, eran un secreto a voces . Mi suegro cumplía noventa y había que celebrarlos con bombos y platillos, pero el homenajeado no debía enterarse.

celebrando la vida tresLa planeación del evento se compartía en medio de palabras claves y gestos sobreactuados. La red social familiar evitaba a toda costa, mandar mensajes que delataran los preparativos. El uso del teléfono celular se limitaba a lo básico, para esconder la sorpresa al cumpleañero. Y cada vez que nuestro querido viejo se acercaba al grupo que conversaba animadamente, ya en la sala o en la cocina, el silencio se hacía sospechoso y evidenciaba que algo “oscuro” se tramaba a sus espaldas. Sin embargo, él seguía inocente a juzgar por su aparente serenidad, aunque todos sabemos de su lucidez e inteligencia intacta, a pesar de los años.

De manera providencial, el nueve de noviembre mi suegro y yo cumplimos años. En esta ocasión él noventa y yo cincuenta y ocho.

Es importante anotar que ambos aniversarios tienen un significado profundo, porque celebramos el milagro de la vida. Él por llegar a los noventa y yo por haber renacido en este año, luego de recuperar mi salud.

Recuerdo cuando me lo presentaron y lo conocí. Buen conversador, amable y cariñoso, su generosidad y enorme corazón me enamoraron de él y su familia.

Ese día, orgulloso de su hija se interesó mucho en sondear mi procedencia e interés por su niña, para determinar si yo era merecedor o no de su princesa.

celebrando la vida dosLuego de tantos años espero haber pasado la prueba. Pues cada vez que me encuentro con él y su mirada cálida, amorosa y paternal, me recuerda el profundo amor que siento por él, con la certeza de que el sentimiento es mutuo.

Puedo decir que es mi segundo papá, porque si bien es cierto tengo al propio en el cielo, éste que todavía sigue vivo, es mi ángel protector terreno, porque todos los días me cubre con sus oraciones y bendiciones paternas.

Yo creo que hoy debo dar gracias a la vida por tener la maravillosa oportunidad de celebrar en familia y al calor de una deliciosa cena, con mi segundo padre, estos ciento cuarenta y ocho años de vida.

Mi suegro con sus noventa años, en medio de risas, chascarrillos y recuerdos de sus viajes y correrías por Colombia, gracias a su humor negro y elemental, me permite ser y estar consciente de que la vida vale la pena vivirse… desde la sencillez y la alegría.

Hasta que la muerte los separe.

pexels-photo-3285178Yo creo que la expresión: “matrimonio y mortaja del cielo bajan” merece analizarse detenidamente.

Si bien es cierto la muerte parece signada por el destino, ¿podría decirse lo mismo de la unión de pareja? Porque si esto así fuera, indicaría que no es posible hacer de manera consciente una elección de compañero, porque obedecería más bien a los caprichos de la suerte.

De otro lado, en la filosofía popular de mi país, se dice que cuando se sueña con la muerte, es porque alguien se va a casar y viceversa. El soñar con matrimonios significa que una muerte cercana pronto se producirá. ¿Será porque deja de circular entre los “vivos”?

En mi caso, contraer nupcias ha representado lo contrario, porque el estar casado me ha dado nueva vida. Me ha permitido renacer.

Hace rato que no voy a un matrimonio. Tiene sentido porque a mi edad no es frecuente que los de mi generación se casen. Es más propicio para los que ya estamos entrados en años que los encuentros sociales se produzcan en los funerales. Bueno, por este tiempo de pandemia, ya ni eso se ha podido.

De todas formas, es un hecho que no ha pasado de moda contraer nupcias, pues al fin y al cabo es un ritual muy importante para recordarnos el compromiso de compartir la vida con otra persona.

Viene a cuento esto del matrimonio como sinónimo de muerte, porque hay una frase dentro de la ceremonia que siempre me ha inquietado. Aquella que proclama el ministro cuando dice: “Hasta que la muerte los separe”.

Ahora la entiendo, mucho tiempo después, como algo que no sólo se refiere a la muerte física, sino a la muerte de los sentimientos y valores dentro de la relación.

pexels-photo-6626093Entonces, a esta expresión, le agregaría estos complementos:

Hasta que la muerte del amor los separe.

Hasta que la muerte del respeto los separe.

Hasta que la muerte de la confianza los separe.

Hasta que la muerte de la pasión los separe.

Hasta que la muerte de la fidelidad los separe.

De todas formas, conozco historias de amor muy poderosas, donde ni siquiera estas muertes parciales los han separado. Porque se han jurado amor eterno, dejando al otro ser él mismo, y además porque a pesar de las vicisitudes de la convivencia, han logrado que la tolerancia, la paciencia, la inteligencia emocional y sobre todo el amor incondicional sean protagonistas.

Yo creo que vivir en pareja se facilita, cuando la muerte más lógica, es la del fallecimiento del ego.

Necesarios…innecesarios.

pexels-photo-804405Yo creo que Mark Twain tiene razón cuando dice que: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios “.

Reconozco que he vivido rodeado de innecesarios que yo creo necesarios.

Luego de pasar por este proceso de enfermedad camino a la muerte, o al menos con la sensación de que puedo morir, he pensado mucho en el valor de lo vivido hasta el momento. Para luego responder a la pregunta. – ¿Cómo quiero vivir después de esto, si tengo la oportunidad?

Acepto que estuve enfermo de “materialismo sistemático” intentando compensar vacíos existenciales, comprando objetos y posesiones materiales.

Sé que me subió la “fiebre de la competencia”, corriendo desesperadamente por alcanzar metas de prestigio y reconocimiento.

A veces sentí el malestar de la envidia y la codicia, y otras tantas se apoderó de mí el “virus del enojo”, frente aquello que no podía controlar.

Y durante muchos años estuve batallando contra el estrés, la depresión y la ansiedad que producían la preocupación por el qué dirán.

Ahora en este momento de mi vida, valoro lo pasado para aprender de ello, con el fin de prepararme en el presente, para lo que está por venir. Se que es una construcción que hago ahora, mucho más consciente y sensata.

Confirmo que es posible vivir con menos…angustia, menos dolor y menos ansiedad, siempre y cuando me permita soltar, para desapegarme de prejuicios, esquemas rígidos y sobre todo ideales impuestos por otros.

Mi vida se parece mucho a la historia del hombre que caminaba apresurado por un compromiso laboral pendiente. Su carrera, entre la ansiedad y el tumulto de la gente, no le permitió darse cuenta de que su zapato derecho había perdido la integridad de la suela y el calcetín ya estaba siendo amenazado por la inminente ruptura.

Desesperado por el afán y la falta de tiempo, deseó que un zapatero tuviese su puesto de trabajo por allí cerca. Como todo se confabula para que el Universo se manifieste en su sincronía, no muy distante de él, se encontraba instalado un zapatero.

Llegó como pudo a la esquina y sin mediar palabra se fue quitando el zapato dañado y se lo entregó al artesano esperando que lo reparara inmediatamente. Sin embargo, el experto reparador de calzado, luego de inspeccionar el daño, le dijo al cliente que ese tipo de suela no la tenía en el momento y que mañana con mucho gusto, al medio día, tendría la restauración lista.

ZapateroNuestro hombre entró en desesperación profunda y con un gesto de disgusto, le extendió un pago por adelantado esperando que el operario agilizara su trabajo. Sin querer recibir el dinero y, observando el enojo del cliente, el zapatero, que era un terapeuta muy sabio, curtido por el paso de los años, le insinuó una solución temporal mientras terminaba la reparación. Amigo, dijo: – le puedo ofrecer un par de zapatos usados que tengo acá, para que pueda caminar y mañana me los devuelve, mientras le entrego los suyos reparados-.

La molestia del cliente fue mayor. Usted cree, preguntó gritando, que -¿voy a usar los zapatos de otro?- A lo que el zapatero, con una calma pasmosa, le respondió: – Pues creo que sí, porque toda la vida ha sido capaz de andar con las ideas de otros-.

Yo creo que he andado mi vida adquiriendo y cargando muchos elementos innecesarios que creía necesarios como, por ejemplo, la expectativa de los demás.

He decidido andar ligero de equipaje, soltando el lastre de tantos “necesarios” que ahora sé, son innecesarios.