Conversaciones conmigo mismo…sobre los demás

Yo creo que la sabiduría consiste entre otras cosas, en la capacidad para reconocer humildemente la sabiduría del otro y pienso que la sabiduría aumenta cuando tomamos conciencia de nuestra propia ignorancia, sobre todo cuando se trata del autoconocimiento.

Cuentan que en cierta ocasión se encontraba caminando el iluminado con sus discípulos y al pasar por un lago, dijo: observad como los peces saltan y de esta manera se “divierten”.

Uno de los acompañantes repuso: “¿y tú cómo sabes, que eso “divierte” a los peces si no eres un pez?”

Los demás discípulos miraron al maestro, esperando la reacción de este, pues consideraban un irrespeto la pregunta del novicio y al mismo tiempo sentían curiosidad por conocer la respuesta del gurú.

Entonces el maestro con dulzura y amabilidad dijo: ¿Y tú cómo sabes que yo no soy un pez, si tú no eres yo?

Yo creo que de eso se trata la sabiduría… en re-conocerme y sobre todo en aceptarme. Y descubrir que soy un milagro ambulante y que tengo la posibilidad de andar haciendo milagros gracias al amor.

Y que no debo preocuparme por el camino de otros, las acciones de otros, las vidas de otros, si al menos no me ocupo de la mía, que es la que en verdad debe ocuparme.

Creo que pasamos mucho tiempo criticando las acciones de los demás sin darnos cuenta que somos los demás de los demás. Y que puedo ahorrarme muchos sufrimientos, si no me comparo con otros.

El día que practique todo esto, van a terminar las conversaciones conmigo mismo, sobre los demás.

Hacer lo que se ama

Yo creo que la mejor manera de ofrecerle un homenaje a Steve Jobs, es recordar su sentido discurso en la Universidad de Stanford en el 2005, cuando ya sabía que tenía un cáncer de páncreas.

Resume de manera muy especial, algunas de las ideas que hemos venido expresando, durante estos años, en el blog. Espero sea tan inspirador, como lo fue para mí.

Enemigo mío

Yo creo que en los momentos de tristeza hacen falta motivos de esperanza. Y creo que nos dejamos hundir fácilmente en la desesperación, porque creemos que todas las puertas se cierran. Pero en el fondo, es nuestro propio pensamiento quien se encarga de despertar los fantasmas del temor. En otras palabras, somos nuestro peor enemigo. Entonces la lucha fundamental se establece entre nosotros mismos, con lo que pensamos y con la manera cómo pensamos.

Entrenar el pensamiento se convierte en una tarea importante. Nada tan peligroso como dejar suelta la imaginación. Esa loca hace estragos, si no se controla. Entonces dejar volar el pensamiento puede ser contraproducente si no se canaliza hacia algo productivo.

El pensamiento sin horizonte, sin meta, sin objetivo, comienza a divagar en el campo de todas las posibilidades. Y encuentra acomodo en los lugares más inesperados y en forma de coincidencia, nos corrobora precisamente lo que estamos sospechando, pues se cumple la profecía.

Con el poder del pensamiento no se juega y sería bueno conducirlo para evitar dolorosas consecuencias. No al azar en psicología decimos que si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiamos nuestra manera de actuar. Y por lo tanto el pensamiento puede y debe ser educado desde tempranas edades, para ir construyendo un mundo mentalmente más sano.

¿Pero qué es un pensamiento sano? ¿Quién tiene un pensamiento sano, como para encargarlo de la formación de futuras generaciones? Si existe un malestar en la cultura como diría Sigmund Freud, entonces somos el resultado de ella y por lo tanto la reproducimos de manera exponencial.

Yo creo que educar un hijo o un alumno, supone entre otras cosas…enseñarle a pensar. Pero para ello, debo aprender a hacerlo. Y si mi pensamiento a veces, es mi enemigo…entonces necesito vencerlo, para que la tristeza, el temor, la angustia y la ansiedad tengan dimensiones adecuadas en relación con la realidad. Y luego de lograr el cometido, mostrarles, ¡cómo lo hice!

¿Es posible conquistar la felicidad?

Yo creo que todos tenemos derecho a la felicidad. Y también creo que, no nos han enseñado ha conquistarla.

Entonces si nos apoyamos en el pensamiento del Dalai Lama, Tenzin  Gyatso encontramos que él cree que, el propósito fundamental de nuestra vida, es buscar la felicidad,  y que esto se logra con el “entrenamiento de la mente”. Sin embargo, así planteado, esto no es fácil de alcanzar, si desconocemos cómo se hace dicho entrenamiento.

Teniendo en cuenta mi formación como psicólogo, entiendo desde la ciencia, que el objetivo principal de este entrenamiento, consiste en ayudar a quien se encuentra en estado depresivo, a controlar sus pensamientos de tristeza o melancolía, debido entre otras elementos como el bioquímico, a la manera como piensa.  Entonces se necesita educar la mente para que él aprenda a resolver sus conflictos internos, y de esta forma facilitar sus relaciones consigo mismo y con los demás. Entonces la palabra “entrenamiento de la mente” no deja de tener un sabor cognitivo, como del orden del pensamiento intelectual.

Para el Dalai Lama, «entrenamiento de la mente» no se refiere al entrenamiento de la capacidad cerebral intelectual, sino mas bien a la connotación que proviene de la palabra tibetana Sem, que tiene un significado parecido al de «psique» o «espíritu», y que comprende lo intelectual, sumado con el sentimiento desde lo emocional, mediado por la manera cómo se piensa.

Así, “entrenar la mente” para él, se refiere a la implementación de una “adecuada disciplina interna”, que permita experimentar una transformación en nuestra actitud y un cambio de perspectiva en el enfoque de nuestra vida.

Esta “disciplina interna” supone tener en cuenta los factores culturales y sociales que influyen en nuestro pensamiento y sobre todo el conocimiento del método para reprogramar la mente.

Lo primero consiste en identificar aquellos factores, desde nuestra educación y formación del pensamiento, que conducen a la felicidad y los que llevan al sufrimiento. Una vez hecho eso, dice el Dalai Lama, es necesario eliminar gradualmente los pensamientos que llevan al sufrimiento, mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad. Ése es el camino o método.

Ahora, según el budismo, existen cuatro fuentes para nutrir la realización o felicidad personal: la riqueza, la satisfacción mundana, la vida espiritual y la iluminación.

Sin pretender ser religiosos o espirituales, invitando a los lectores a alcanzar la iluminación, se podría proponer que la búsqueda de la alegría y la felicidad se hagan desde una perspectiva más mundana. Pues dice la gente del común, que la salud, el dinero y el amor son la clave del contento.

Sin duda, la buena salud, es necesaria para una vida plena. El dinero por ejemplo o las posesiones materiales y el grado de riqueza que acumulamos, podrían ser decisivos a la hora de ser feliz; así como las buenas amistades y los compañeros con quien compartir afecto. Pero lo más importante es la capacidad para disfrutar y la disposición del pensamiento desde el optimismo, para interpretar las adversidades y los problemas, como componentes contradictorios y necesarios de la felicidad.

En esta perspectiva, el secreto último parece consistir, en la capacidad para armonizar la mente. Y esto se logra cuando aquietamos el pensamiento y en clave de oración, meditación o silencio absoluto, controlamos el parloteo mental y logramos un silencio reparador, para ver más allá y comprender que nuestro estado natural, es la felicidad.

El día que yo me vaya. In-memorian del juglar.

Yo creo que sobran las palabras cuando el maestro, en su propia voz, nos puede iluminar con ellas.

Facundo Cabral, hizo parte de mi historia personal, cuando hace algún tiempo, oficiaba como psicólogo radial en Caracol Radio, al lado de Baltasar Botero. Entonces tuve el inmerecido privilegio de entrevistarlo. Y fué así como, saboreando las palabras de Facundo, comprendí que lo mejor que puede pasar en la vida…es hacer lo que a uno le gusta.

Así que, en memoria del juglar…¡quiero simplemente                                              re-escucharlo!

Ser feliz en una relación

Yo creo que continuamente nos preguntamos: ¿Hay alguna manera de ser feliz en las relaciones?  Y algunos autores como Neale Donald Walsch intentan responder a este interrogante, a través de su texto Conversaciones con Dios, en su primera parte.

Según Walsch, hay una manera de ser feliz en las relaciones; y consiste en utilizarlas para el fin que les es propio, y no para el que les hemos designado. Pues según su argumento las relaciones son una prueba constante para crear, expresar y experimentar las más elevadas facetas de nosotros mismos.

Sostiene el autor que cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que se quiere), es porque se habían iniciado por una razón equivocada. Es decir, las relaciones cambian -más a menudo de lo esperado- cuando se han iniciado por razones que no son beneficiosas o que de alguna forma no conducen a su supervivencia.

La mayoría de nosotros establecemos relaciones, buscando lo que podemos sacar de ellas. El verdadero objetivo de una relación es decidir qué parte de mí mismo quiero ver “expuesto”; y no qué parte de la otra persona puedo capturar, conservar y controlar.

Entonces el resultado es una enorme presión sobre la otra persona, forzándola “a ser” y actuar de una manera contraria a lo que realmente es su esencia. Así nace el resentimiento, el enojo y la desilusión porque esa persona, no dio la medida de tu expectativa.

Y para enfrentar dicha presión, la otra persona busca recuperar su auténtico yo,  actuando de acuerdo con su verdadera identidad,  y es cuando dices que tu pareja ha cambiado y que está muy extraña y que no entiendes su conducta.

De otro lado creemos que la tarea del otro es completarnos. Pero el objetivo de una relación de pareja,  no es tener a otro para que te complete; sino disfrutar de la compañía del otro para tener la oportunidad de compartir tu completitud.

Yo creo que lo fundamental en una relación de pareja es permitir que el otro sea él mismo.

Si dejamos que cada uno se preocupe de sí mismo, de su esencia, de lo que hace, tiene y siente; de lo que quiere y pide, y por supuesto obtiene; de lo que busca, crea y experimenta… entonces las relaciones servirían para construir un compromiso de crecimiento personal mutuo, donde exista la libertad de ser auténtico, sin máscaras ni escondites.

Sin embargo nuestra lucha se centra en controlar al otro para que no se vaya. Pues tenemos miedo del engaño, la desilusión, el abandono y la soledad. Si tengo claro que no necesito al otro y permito que cada quien haga lo que necesita hacer para realizarse, entonces estoy amando realmente, porque, insisto, amar es dejar ser.

Definitivamente, antes de establecer una relación con otro, primero hay que fortalecer la relación consigo mismo, ya que es fundamental honrarnos, cuidarnos, amarnos, valorarnos, para no buscar esa estimación, en el afuera, en cabeza y conducta de otros.

La felicidad en una relación de pareja entonces se fundamenta en la capacidad de ser uno mismo y permitir que el otro sea. Más que en el control obsesivo de lo que hace, piensa, motiva y decide el otro. Dicho esto, la pregunta no es: ¿me amas? Sino más bien, te amo porque me permites ser yo mismo…entonces: ¿me dejas ser yo mismo?