Ojos para ver, oídos para oír

Nuestra vida gira en forma acelerada y nosotros con ella. Sin embargo, yo creo que, dejamos pasar de largo muchas oportunidades que la vida nos presenta, porque es necesario tener ojos para verlas. Y esos ojos se entrenan, pues el proceso de ver no es tan simple como parece y de alguna forma se requiere una mirada especial para poder percibir aquellas sutiles señales que nos regala el universo.

La explicación más sencilla la tenemos cuando un par de personas, que se encuentran presenciando el mismo fenómeno, opinan sobre él. La primera podrá decir que aquello es lo peor que le ha pasado a su vida. Mientras la otra dirá, por el contrario, que es lo mejor que le puede suceder a su existencia.

Esto significa que un mismo hecho puede servir o no a nuestros propósitos. Y que depende de nuestra manera de interpretar y acomodar los fenómenos como podemos aprovechar esto que llamo señales del universo.

Cualquier evento puede ser trascendente o intrascendente según el punto de vista de quien lo mira. Lo interesante del asunto es tener la capacidad para abrir el entendimiento, para escuchar la opinión y la experiencia de otros, pues esto de alguna manera, enriquece.

Escuchar es otra de las habilidades que necesitamos desarrollar. Observe por ejemplo qué sucede en nosotros, cuando nos permitimos escuchar. Lo más difícil es guardar silencio. Porque es tanto nuestro afán de hablar, que olvidamos la presencia del otro y el potencial escondido que tiene fijar nuestra atención en lo que el otro dice y cómo lo dice.

Un buen propósito para nuestro crecimiento personal, es tener ojos para ver y oídos para oír. Y así disciplinarnos para pensar antes de hablar. Escuchar antes de hablar. Mirar, observar para luego comprender. Démonos el tiempo necesario para procesar. Ahora entiendo la importancia de la pausa para ver y oír.

¿Miedo de qué?

Yo creo que, posiblemente lo que más nos asuste es el fracaso. Entonces surge la posibilidad de ver el fracaso desde diferentes ópticas. Y no como aquello terrible que nuestros educadores nos hicieron ver. En otras palabras el fracaso no es fracaso si aprendemos de él y tenemos la oportunidad de cambiar. Fracaso sería no responder a la pregunta ¿qué pasó? Y quedarnos tan tranquilos sin hacer nada al respecto.

Ahora, lo que más parálisis produce en el ser humano, es el pensamiento mismo sobre el miedo. De lo que tengo miedo es de tu miedo decía William Shakespeare, siguiendo la sentencia del proverbio chino cuando reza que quien teme sufrir ya sufre el temor. O en palabras del escritor español Francisco de Quevedo: “El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

Sospecho que el miedo es una anticipación de lo que puede pasar sin que haya sucedido, salvo en nuestra imaginación. Y que muchos de nuestros temores son infundados por la expectativa que tienen los otros, sobre todo nuestros padres y seres queridos, con respecto a nuestro desempeño.

Pienso que en virtud a la construcción catastrófica que nuestro pensamiento hace apoyado en la emoción, los panoramas se tornan oscuros e imposibles, incluso para aquel acostumbrado a fracasar anticipadamente con su imaginación.

Ahora tampoco se trata de caminar por la vida sin un mínimo de cuidado y temor. Pues no se trata de ser temerario. Citando nuevamente a de Quevedo: “Siempre se ha de conservar el temor, más jamás se debe mostrar.” Se podría suponer que de alguna manera es bueno conservar algo de miedo, dado que nos hace prudentes, pues según Alonso de Ercilla y Zúñiga, otro escritor español del siglo XVI: “El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente”.

De todas formas desde la sabiduría popular decimos que “nadie le ha puesto calzones al miedo” y que existe como un mecanismo de defensa. Sin embargo siempre es adecuado preguntarse ¿miedo de qué? para al menos minimizar el impacto de aquello que nos asusta y desde el principio de realidad ver las cosas en su justa proporción.

Pronósticos personales para el 2011

Yo creo que, en contra de cualquier pronóstico, el año que viene va a ser muy bueno. Y tengo fe en que todo lo que está por venir, llegue con la capacidad de resiliencia que cada uno de nosotros puede desarrollar.

En este año que comienza, el ser humano tendrá la enorme ventaja de sobreponerse a la adversidad, pues el año que termina ya nos ha puesto a prueba de muchas maneras.

Para Enero todas las ofertas de labor remunerada y fuentes de ingreso económico que ha diseñado creativamente se harán realidad gracias a la fe y al trabajo intenso que ha desplegado para acertar en el objetivo.

En Febrero verá los resultados que el amor y el afecto han generado alrededor de su familia, su pareja y los seres queridos. Porque nada es imposible desde el amor.

Desde Marzo podrá disfrutar de los beneficios que le regala el ejercicio físico para su salud y bienestar psicológico, pues un buen régimen de actividad física será de gran ayuda para fortalecer su calidad de vida.

Abril será el tiempo propicio para la reflexión y el cambio. Dado que es bueno hacer un alto en el camino para recomponer las cargas, botar equipaje innecesario y perdonar, para ser perdonado.

El mes de Mayo le brindará la hermosa oportunidad de agradecer la maternidad, la vida y los hijos. Y para rendirles un sentido homenaje a todas aquellas mujeres que decidieron continuar adelante con el encargo de ser madres responsables y amorosas.

Junio le regalará el optimismo, la alegría y la sonrisa, de una buena autoestima. Porque nada más adecuado y oportuno que el amarse a sí mismo con balance y equilibrio.

En Julio sentirá todo lo que se logra con decisión, trabajo creativo y en equipo. Porque la autoeficacia le mostrará todo aquello de lo que es capaz.

Agosto será el tiempo para dejar volar su imaginación, con las cometas de sus sueños, empujadas por los vientos de la esperanza.

Septiembre le permitirá celebrar el amor y la amistad. Con sinceridad y corazón limpio. Para descubrir en cada ser humano, riquezas y dones.

Usted como mago, brujo o alquimista podrá mostrar sus habilidades en Octubre ya que este mes le pedirá que transforme: el odio en amor, la guerra en la paz, la injusticia en equidad y los malos entendidos en oportunidades para el acuerdo y la concordia.

Noviembre hará que recuerde lo espiritual y profundo que es, al saber que cada día que pasa, usted está más muerto que ayer.  Y le pedirá que a cada acto que viva, le de la trascendencia que merece, pues jugamos a la vida y a la muerte en cada instante de nuestra existencia.

Diciembre será el mejor mes para dar gracias por todos los beneficios recibidos y una excelente oportunidad para dar regalos de tranquilidad, generosidad, paciencia, ternura, comprensión y escucha a todo aquel que lo necesite, con envolturas de besos y abrazos, para darle calor a la navidad.

Estos son mis pronósticos personales para el 2011 con la certeza de que será nuestro año.

Somos ricos y estamos llenos de necesarios innecesarios

Yo creo que somos ricos y no nos hemos dado cuenta. Aunque algunos se sienten muy pobres, a pesar de todos los beneficios que la vida les regala, entonces pienso que más allá de la estratificación socio económica, que por supuesto marca, el concepto de riqueza o pobreza tiene mucho más que ver con la actitud frente a la existencia, que con la capacidad adquisitiva.

Se escucha por ahí, que esa persona “es tan pobre, que dinero es lo único que tiene”.  Y por supuesto conocemos muchas personas que a pesar de las limitaciones económicas, están llenas de alegría y espíritu creativo.

¿En donde está la diferencia? Yo creo que está en la forma de mirar el mundo. Pues gracias a la manera de percibir, se puede observar un mismo fenómeno de dos maneras opuestas. Por ejemplo cuando se contempla medio vaso con agua, el pesimista dice en forma contundente: “veo medio vaso de agua vacío”. En tanto el optimista sostiene que está frente a un vaso medio lleno de agua. Entonces si es el mismo vaso con agua, ¿por qué es posible encontrar diferentes puntos de vista?

Las explicaciones pueden ir desde la carga bioquímica que nos hace depresivos, o el estilo educativo frente a la desesperanza aprendida o la manera social y cultural de ver el mundo con cierto dejo pesimista.

La esperanza existe, más aún cuando somos ricos en creatividad, y manejo optimista de las oportunidades. Y cuando a pesar de la adversidad somos capaces de ver la puerta que se abre en medio de la incertidumbre.

Somos ricos en solidaridad, y en acompañamiento hermanado, como lo demuestran las campañas sociales en busca de ayuda para el más necesitado.

Y somos ricos en alegría y amistad cuando un cercano está triste y confundido.

Así como somos ricos en epítetos y frases malsonantes cuando se trata de agredir y censurar el quehacer de los demás.

A veces se nos olvida que somos ricos. Y vemos pobreza donde no la hay e ignoramos riqueza pues no vemos la fuente…porque creo que no es un problema de cuenta bancaria si no más bien de conciencia de abundancia, pues rico es aquel que no necesita y hay ciertas necesidades creadas innecesariamente.

Estamos anestesiados

Yo creo que estamos anestesiados. Y gran parte de ese adormecimiento se debe a nuestra propia incapacidad para reconocer la fuente y la causa del analgésico. Puede ser que le tenemos miedo al dolor y en consecuencia buscamos cualquier pretexto para evadir la responsabilidad de enfrentarnos con nuestros propios agentes de angustia.

O talvez nuestros padres y educadores hicieron todo lo posible para aislarnos de la realidad, ocultando hechos y acontecimientos, que según ellos, podrían perturbar la calma angelical de los “inocentes” niños, que todavía “no entendían” la realidad de las cosas.

El problema es que al crecer… seguimos siendo ignorantes de muchas realidades ambientales, familiares, sociales, culturales y psicológicas que nos toman por sorpresa y asaltan nuestra buena fe e inocencia.

Seguimos creyendo en príncipes azules y damiselas encantadoras que oficiarán como excelentes compañeros de viaje. Seguimos soñando con los personajes de celuloide que a través de los medios de comunicación se convierten en el prototipo del éxito. Y seguimos comprando ilusiones y prestigio y fama, al adquirir el computador, teléfono o vehículo de moda, para asegurar la respetabilidad perdida, gracias a que papá y mamá, escuela y maestros, nos enseñaron a preocuparnos demasiado por el qué dirán.

Con la premisa de ganar más, para gastar más, esta enorme sociedad de consumo nos anestesia con productos para el placer y la diversión, haciendo que olvidemos por un momento nuestros problemas reales.

No queremos hablar de aquellos temas “prohibidos en familia”. Por ejemplo la proximidad inexorable de la muerte. Entonces todos los miembros del clan huyen espantados con el tema y nadie quiere asumir el compromiso del diálogo relacionado con seguros, herencias, deudas y asuntos pendientes por cerrar.

Otro ejemplo. Cuando se tienen vidas paralelas, con hijos y otros compromisos abordo, y luego como por arte de magia, vienen a reclamar lo que sienten que es propio… sorprendiendo a más de uno, sobre todo cuando en el funeral, preguntan quién es aquel o aquella que llora tanto y nadie conoce.

Así mismo temas como la infidelidad, entendida como la existencia de otra persona en la vida de nuestra pareja, que al compartir la intimidad, no solo sexual sino dialogal, nos hace partícipes de un triángulo incómodo, que se torna más molesto, cuando somos ignorantes, aunque no todos los demás, pues todo el mundo sabe, menos yo. Entonces no queremos hablar del asunto y le echamos tierra o nos hacemos los que no vemos para anestesiar el dolor y pasar invictos aunque desdichados.

O cuando invertimos grandes cantidades de tiempo y dinero en diversiones pasajeras y hasta peligrosas para obtener placer temporal y evitar el encuentro son nosotros mismos.

Estamos anestesiados y la mayoría no lo sabemos… o pretendemos no saberlo para evitar sufrir. Sin embargo el despertar nos ayuda a ver la realidad en otra perspectiva y nos permite actuar desde la conciencia, pues al darnos cuenta, el cambio viene por añadidura y eso tiene su toque de esperanza.

¿Qué tan importante es el otro?

Yo creo que, ya como espejo o como ser de carne y hueso, el otro me confronta y le da sentido a mi mismidad.

En esta línea, la realidad de la presencia del otro, me invita a encontrar mi propio ser en función del nexo que tengo con mi semejante.

Y gracias a esta presencia, el yo busca su identidad, al diferenciarse de quien a su vez oficia como espejo: el otro.

En la relación de pareja, cada quien aporta su historia y recorrido personal. En palabras de Fritz Perls, uno de los padres de la Terapia Gestáltica, cuando sostiene que: “…Yo soy yo, tu eres tu. Yo hago mis cosas y tú las tuyas” se refiere a la importancia de la diferencia de cada quien… en cuanto al pensar, actuar, sentir o desear se refiere. El otro, al ser distinto, se convierte, a manera de contraste, en mi otra polaridad. Y para algunos esa sombra de mi “otro yo”, como diria Jung, genera miedo y evitación.

Continua Fritz Perls diciendo: “…si nos encontramos, qué hermoso, sino, que la vamos a hacer”; aquí subraya, la inevitable lucha, de algunas parejas, cuando pretendemos obligar al otro a pensar, actuar, sentir o desear semejante a nosotros. Pues la queja más frecuente es: no piensa como yo, no quiere como yo, no desea como yo”.

El otro es diferente y su presencia, actúa como espejo, ya que al final, la rueda de la vida o samsara, nos recuerda que la relación de pareja, es una excelente oportunidad para conocer y reconocer quienes somos; pues lo importante no es el otro, sino quien soy yo, cuando estoy en relación con otro.

Tocar fondo para volver a nacer

Yo creo que es necesario tocar fondo para volver a nacer. Y en el caso de los treinta y tres mineros de Chile, se observa esta metáfora cuando a setecientos metros de profundidad, quedan sepultados pero con vida y son rescatados dos meses después.

Tocaron fondo y sus vidas se transformaron, pues luego de esta experiencia de estar muertos en vida, ya no pueden ser los mismos. Su permanencia durante tantos días, en un encierro obligado, entre la zozobra y la esperanza de un nuevo comienzo, les permitió evaluar su vida y su muerte.

Tuvieron mucho tiempo para pensar y meditar, orar y suplicar por una oportunidad para vivir de nuevo. Y Dios para ellos, obra el milagro, a través de los ingenieros y de la tozuda esperanza de quienes sospechaban una posible supervivencia.

Me imagino la constante pregunta que pudo rondar por sus treinta y tres pensamientos:-Si Dios me concede la posibilidad de salir:… ¿qué voy a hacer con mi nueva vida?-.

La metáfora continuó durante esos días de encierro y meditación forzosa, pues al igual que una metamorfosis en el vientre mismo de la Madre Tierra, salen por un canal como el del parto, estrecho y tortuoso, para ver la luz de su renacer.

Entonces la tierra como en la canción de la cigarra brota treinta y tres hombres nuevos, cuestionados, arrepentidos y dispuestos a vivir conscientemente.

Creo que las experiencias límite son muy importantes para cambiar la forma de pensar, sentir y actuar. El rumbo de nuestras conductas irregulares se endereza, cuando se toca fondo, para luego permitirme tomar conciencia de la oportunidad.

Lástima que se necesiten este tipo de experiencias extremas, para tocar fondo y volver a nacer.