El dolor existe… y el sufrimiento es mi creación.

hombre-guapo-meditando-piso_23-2147791983Yo creo que en la medida en que va pasando el tiempo, en medio de esta crisis de la salud pública y económica, generada por la pandemia y la cuarentena, la angustia y la desesperación se van apoderando de aquellos a quienes les cuesta soltar.

¿Qué es lo que hay que soltar?

En términos generales, la propuesta consiste en soltar el pasado, para poder vivir en el presente, preparando el futuro.

Buda, decía que: – “El mundo está lleno de sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el apego, por lo tanto, la supresión del sufrimiento está en la eliminación del apego”.

Al meditar estas palabras de Siddhartha Gautama, concluyo que me he llenado de falsas expectativas asociadas a lo que creo es la felicidad y por lo tanto he construido un panorama de falsas ilusiones, para respaldar mi propio mapa de creencias y para aferrarme a él y percibir el entorno según dicha cartografía distorsionada.

Por todo ello, ahora entiendo por qué los índices de ansiedad, estrés y depresión se han disparado, precisamente porque el encierro, sumado a una mente sin control, van creando pensamientos catastróficos, donde solo existen futuros apocalípticos, signados por la muerte, la desesperación y la desesperanza.

Si lo miro a nivel mundial, me pregunto: ¿Es factible ser y estar feliz en medio de las malas noticias, que hablan de muerte, quiebras económicas y escasez de recursos y empleo, más aún cuando la convivencia y el encierro han incrementado las crisis familiares y principalmente de pareja sin mencionar la violencia contra los niños?

Yo creo que sí es posible construir una propuesta de felicidad, a partir de una actitud proactiva inspirada por la esperanza. Estoy convencido de que nada es imposible para el ser humano que se atreve a salir adelante, movido por la certeza y la confianza en sus propias capacidades.

De esta salimos…si en el presente logramos un cambio, dentro de nosotros mismos, iluminados por un proyecto de vida, cargado de sentido y de vida futura.

Vivir aquí y ahora, es permitir que los eventos sucedan, porque tienen que suceder y observar, desde un silencio reflexivo, sin resistencia y sin forzar nada, ni tratar de controlar lo incontrolable.

En este punto el secreto está en renunciar a lo pasado y abrirse a lo porvenir sin miedos que paralicen la marcha hacia el futuro.

Es tiempo de desapego. Ya no es momento de aferrarse a lo perdido. Es ahora cuando se presenta la oportunidad para soltar y de esta forma liberarme y volar sin ningún tipo de lastre.
Anthony de Mello decía con frecuencia que: -la felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de la naturaleza de los acontecimientos en sí mismos-.

Por lo tanto, el desapego se produce cuando soy capaz de despedirme del pasado con amor y aceptación, porque si logro esto, permito la llegada de nuevas experiencias para seguir creciendo como persona.

Se que, en lo profundo de mi interior espiritual, habita la perfección, que me permite sanar todo miedo, pesar o dolor.

Las cosas pasan como tienen que pasar, para mi aprendizaje y crecimiento personal.

Al final confirmo,  en estos momentos de cambio universal. que el dolor existe y que el sufrimiento es mi creación mental. Y este descubrimiento trae unas maravillosas recompensas: la paz interior, la serenidad y la capacidad incondicional para dar y recibir amor.

Destruir para construir.

nino-pequeno-que-pone-botella-plastico-bolsa-basura_23-2148309924Yo creo que los cambios que vienen son grandes y significativos.

La clave está en destruir para construir y de esta forma comenzar de nuevo, a partir de los aprendizajes adquiridos, como una preparación para los desafíos del futuro. De nada vale aferrarse a lo conocido. Es preferible y más inteligente, permanecer abierto frente a lo que está por venir.

Romper el paradigma de la comodidad no es cosa fácil, más aún cuando la cultura predominante, enseña a valorar lo superficial, desde el tener o el sentir placer, sobre el ser.

Ahora, más que nunca, ser persona, es mucho más importante que aparentar lujo, poder o fama. Definitivamente, tener valores como ser humano, será la verdadera riqueza.

Nada más aplicable para estos tiempos de crisis económica, que las palabras del Mahatma Gandhi cuando decía: -“Un hombre debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”-. En este momento, el Covid-19 es el mejor parámetro para medir, el valor de la persona, independientemente de su capacidad económica, laboral o social.

En medio de este panorama de receso mundial, generado por la pandemia, retomo la visión futurista del escritor norteamericano Mark Twain, cuando haciendo una crítica a la sociedad de su época afirmaba: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios”.

Vivo rodeado de posesiones innecesarias. Para nadie es un secreto que la economía de mercado busca motivarme como consumidor para que compre cosas que ni necesito, ni deseo. Y me doy cuenta de cómo esta inmensa industria del deseo me bombardea con llamadas telefónicas, mensajes subliminales y promociones tentadoras, pretendiendo que realice compras innecesarias, que en el fondo procuran llenar vacíos existenciales.

Entonces me pregunto: ¿Qué es vivir? ¿Cómo estoy viviendo? ¿Para qué vivo?

Gracias a este tiempo de aislamiento he aprendido a vivir mejor, con menos dinero. A vivir mejor con menos problemas de apariencia… ahora me mantengo con la misma pantaloneta y tres o cuatro camisetas que adoro.

A vivir mejor, consumiendo la comida que preparo en casa. A vivir mejor con menos contaminación pues llevo meses sin utilizar transporte que afecte el medio ambiente.

Yo creo que el secreto está en distinguir entre necesidades y deseos; porque una cosa es lo que necesito y otra muy diferente lo que deseo.

Con esta cuarentena he descubierto que el poder y la riqueza están en la capacidad para centrarme menos en la apariencia material y fijarme más en la calidad de las relaciones con las personas.

Ahora la clave es renunciar, para poder ganar la vida. Este proceso se da como consecuencia de la nueva percepción frente a los signos e invitaciones para el cambio que trae la pandemia.

El proceso de duelo es obligatorio.

Destruir para construir, será la constante durante un buen tiempo; por lo tanto, la creatividad y la capacidad para desapegarme, serán las protagonistas para salir adelante aprovechando este vacío… fértil.

Beneficios psicológicos y espirituales de la cuarentena.

hombre-rostro-que-relaja-sillon_23-2147800039Yo creo que, este nuevo tiempo de aislamiento debido a la presencia del Covid-19 en su pico más alto, me ha servido para reflexionar sobre los efectos de la cuarentena en mí comportamiento y en el de los demás.

Décadas atrás, mis profesores destinaban largas horas de trabajo académico para explicar siete conductas humanas que debíamos observar y en lo posible controlar, para alcanzar los cielos del éxito personal en nuestros anhelados proyectos de vida.

Decían: -la lujuria, la ira, la soberbia, la envidia, la avaricia, la pereza y la gula son los enemigos de la sabiduría y la profundidad espiritual y de alguna manera nos condenan a permanecer atados a un mundo físico, relativo.

Ahora, con los tiempos que se avecinan, cuando pase esta pandemia, me pregunto con frecuencia, si la crisis económica que ya se insinúa, ¿me va a llevar hacia las “profundidades de la espiritualidad” cultivando en mí, virtudes como la templanza, la generosidad, la laboriosidad, la paciencia, la caridad y la humildad?

Al menos, lo que voy descubriendo a mi alrededor, me permite tomar conciencia de lo relativo del lujo y el placer; por ejemplo, ya estoy aprendiendo a disfrutar placeres muy sencillos.

Así mismo, frente a la posible escasez de comida, hoy consumo hasta el último grano de arroz servido en el plato, apreciando la generosidad del Universo y entendiendo lo poco importante que es poseer bienes materiales, frente a la primacía de la salud; He entendido que de nada vale tener dinero en el banco, si mis pulmones y mi sistema circulatorio están colapsados.

Al principio del aislamiento, la pereza la consideraba un premio, con todo el tiempo disponible para no hacer nada. Ahora me gusta estar ocupado, para darle sentido a mi existencia, haciendo tareas que valgan la pena, antes de morir.

Durante esta cuarentena, para algunos de mis amigos y allegados, la impotencia y los duelos por las pérdidas, han hecho que los pensamientos suicidas, la tristeza, la depresión y la ira, sean protagonistas durante este confinamiento, obligándolos a cometer actos de violencia física y verbal, dentro de los hogares y sitios de trabajo.

Entonces, en estos momentos, ni siquiera hay personas a quien envidiar. Lo más democrático que existe es una pandemia, pues toca a todos por igual, llevándonos a un lugar común, de pobreza, desesperanza, abandono e inseguridad.

Y la soberbia ya no aparece en primer plano. Por estos días, nadie es superior, ni más poderoso que otro, si lo miro desde la perspectiva del narcisismo o la vanidad. La peluquería, los cosméticos, la ropa de marca, las fiestas y reuniones sociales, los viajes de lujo, los buenos restaurantes, los paseos costosos a lugares exóticos y soñados, quedaron congelados en los avisos promocionales de los comerciantes, impidiendo demostraciones de poder adquisitivo.

Incluso, no es importante si uso un tapabocas de marca o uno hecho en casa, si los dos me protegen del virus enemigo. Además, prefiero el de bajo costo, por los ahorros que debo hacer.

Yo creo que es tiempo de profundidades espirituales, porque esta pandemia al menos a mí, me ha enseñado la importancia de la paciencia, la humildad, el desapego y la alegría, para enfrentar al principal enemigo:… el miedo a morir… desde el ego.

Hacer las preguntas precisas, en el momento preciso.

pexels-photo-4246265Yo creo que toda buena investigación comienza con una excelente pregunta.

Un arte particular habita la manera como se hace una entrevista. A través de ella, es posible obtener información valiosa, de las personas con quienes conversamos, siempre y cuando formulemos las preguntas precisas, en el momento preciso.

Algunos años atrás, cuando oficiaba de decano en una facultad de psicología, me correspondía dentro de mis múltiples tareas, la de entrevistar candidatos para ocupar los cargos de profesor de cátedra.

Recuerdo que los aspirantes llegaban a mi oficina, preparados para demostrar sus conocimientos científicos, enseñar sus títulos y publicaciones más recientes y acompañados de un buen número de propuestas para mejorar la carta descriptiva y el plan de estudios del programa de psicología. Sin embargo, la sorpresa en sus rostros era evidente cuando luego de saludarlos con amabilidad, les preguntaba: – ¿usted es feliz?

Y la razón de mi inquietud, se fundamenta en la creencia que tengo, de que no es conveniente, un profesor infeliz, al frente de un salón de clase, y mucho menos en los primeros semestres de una carrera.

Este mismo postulado puede extenderse a cualquier oficio. Personalmente, sentiría inseguridad, si me someto a una cirugía, o realizo un vuelo en helicóptero o incluso recortarme el pelo, con una persona que no ama su trabajo y por lo tanto no es feliz ejerciéndolo.

Regresando al arte de preguntar, que pasaría si ahora el cuestionario estuviera dirigido hacia mí mismo:

Por ejemplo, Juan – ¿eres feliz con la profesión que tienes o con las tareas que realizas para ganarte la vida? -.

¿Podrías describir con más detalle que es aquello que te apasiona de tu trabajo?

Como llevas muchos años ejerciendo tu profesión. - ¿Todavía te apasiona?

Sin dudarlo, la respuesta sería afirmativa, pues confirmo que mi actividad profesional corresponde a lo que quiero hacer, porque desde muy chico era mi vocación. Esto permite que la labor que realizo todos los días me motive a levantarme cada mañana.

Reconozco la importancia de trabajar en lo que me gusta, para alcanzar más fácil lo que quiero. Aunque a veces me asalta el miedo de romper los convencionalismos, y esto hace que sea tentador seguir el camino del deber ser. Con frecuencia el sentimiento de responsabilidad se vuelve prioritario y por momentos me impide ver la posibilidad de otras posibilidades.

También descubro que hay preguntas confrontadoras que, a toda costa evito responder, afortunadamente sin lograrlo, porque, aunque anticipo el dolor de la respuesta, con humildad y sin orgullo, sé que debo enfrentarme con mi propia sombra.

Entonces si me pregunto: – ¿Al día de hoy cómo quisiera que fuera mi existencia? Para responder me aferraría a mi propósito vital, para conseguir que la vida no vaya pasando sin intervenir en ella.

Tengo la certeza de que los cambios no son fáciles; sin embargo, la recompensa es mayor cuando se saborean los frutos de la transformación.

Yo creo que nunca es tarde para empezar a vivir la vida que quiero, gracias a las preguntas apropiadas, en el momento apropiado, para obtener respuestas apropiadas por lo operativas.

El poder del agradecimiento.

pexels-photo-302804Yo creo que el agradecimiento, tiene la virtud de producir una energía protectora, que puedo utilizar para fortalecer mi sistema inmune.

El fin de semana tuve un sueño lleno de magia, luz y color. Soñé que estaba en una finca, en compañía de las personas que amo, disfrutando de la libertad de poder caminar a mi antojo en medio de la naturaleza, mientras respiraba el aire puro, contemplando la majestuosidad del paisaje campesino. Por un momento, vino una ráfaga de pensamientos, conectando ideas lúcidas, y entonces tomé conciencia del costo del aire.

En el sueño me dije: -Durante tantos años he respirado de manera gratuita el aire que me regala el Universo y ahora con esta amenaza de ser contagiado por el virus respiratorio, el solo hecho de calcular la cuenta de honorarios médicos, por un día de cuidados intensivos y con respirador abordo, me hace estar agradecido con todas las cosas gratis que me regala la vida-.

Este tema de la gratitud viene a colación, por una bella y profunda historia que un familiar cercano me envío hace poco, recomendándome que la escuchara y la tuviera en cuenta para publicarla en el blog.

pexels-photo-221076Es la historia de una persona que se perdió en un bosque y que a pesar de su experiencia no pudo hallar la manera de salir de allí. Al principio no encontró nada para comer y vagó durante tres días, sin probar alimento. Perdió toda esperanza y pensó que moriría de hambre y sed. Cuando en medio de aquel terreno vio un manzano. Estaba tan emocionado que recogió varias manzanas para alimentarse mientras lo rescataban. Al comer la primera manzana, su felicidad no tenía límites. Se sentía muy agradecido con el regalo de la vida y oró dando gracias por tantas bendiciones. Sin embargo, se mostró menos agradecido cuando comía la segunda manzana y ya con la quinta, el agradecimiento había desaparecido. Con cada manzana que comía, la felicidad disminuía, porque sencillamente no podía disfrutar más. Tanto que, al llegar a la octava manzana, empezó a tirar las restantes, mientras se quejaba de lo monótono del sabor.

Dicen los expertos en economía que esto se conoce como “la ley de utilidad marginal decreciente”. Tremendo nombre para referirse a la gratitud que va decreciendo. Es decir, tomar las cosas por sentado, como un merecimiento, que no necesita ser agradecido.

En el cuento, perderse en el bosque, es una metáfora perfecta que representa la manera como la cuarentena me cogió desprevenido y sin saber como salir de allí y la octava manzana, simboliza mi falta de gratitud, por los regalos que la vida me da y que doy por descontados.

La última manzana puede ser tan dulce y sabrosa como la primera, pero dejo de sentir placer precisamente por la abundancia de las sensaciones iniciales.

El problema realmente no está en las manzanas, sino en quien las degusta.

Cuando algo se prohíbe o se restringe, comienza a ser valorado, por su escasez.

En este aislamiento, para mí ha tomado valor lo que antes daba por sentado. Incluso lo más pequeño, como jugar con Matt, el gato que ahora ocupa mis afectos, porque todo se convierte en fiesta cuando tanto mi hija, como él, vienen a visitarme.

Valorar un abrazo, hablar con otras personas en vivo y en directo, dar una vuelta al parque, salir a comprar los víveres o sentir el aire golpear en mi cara mientras recibo el sol, son pequeñas grandes cosas que daba por sentadas, y que ahora tienen un alto precio por su significado de ausencia.

Yo creo que estar agradecido genera un campo de fuerza protectora que me inmuniza. He decidido cambiar el miedo, por el agradecimiento.

Como nada sucede al azar, y cada cosa tiene su significado oculto, me estoy preparando para el cambio que se aproxima.

Vemos según como somos.

pexels-photo-1024403Yo creo que con el paso del tiempo y frente a la expectativa del fin de la cuarentena y de la pregunta: ¿cómo va a hacer mi regreso a la “realidad” ?, comprendo que el miedo no es a morir contagiado, sino a morir de hambre.

Si a los fenómenos que suceden a mi alrededor, evito proyectarles mi propio Yo, esto de algún modo facilita la paz y la serenidad interior, y puedo entender por qué lo que está ahí afuera carece de esencia, porque todo está dentro del foco de mi perspectiva. Por lo tanto, si concibo las cosas según mi interés, entonces el miedo, la ansiedad y la expectativa catastrófica se apoderan de mí. En conclusión, no puedo darle rienda suelta a la fantasía pues, al fin y al cabo, la imaginación es una loca que no debo dejarla suelta.

En otras palabras, si lo explico a partir de la psicología y lo comparo con el pensamiento budista, concluyo que el proceso de percibir es engañoso.

¿Pero cómo hago para no ver las cosas desde la perspectiva de mi interés personal o subjetivo?

Para la psicología contemporánea, el estudio de la percepción ha sido motivo principal de sus investigaciones y trabajos de campo, tratando de demostrar la manera particular como cada especie y cada persona en especial, perciben diferente y por diferentes motivos, el mundo que les rodea.

Esto significa, que la realidad no es la realidad, sino una construcción subjetiva, donde cada individuo proyecta su interés, o su necesidad, o su programa genético, para interpretar el mundo. Es claro que, un mismo fenómeno, puede ser leído de manera distinta, por quienes lo observan.

Las emociones condicionan mi percepción, cuando evalúo un objeto o un evento. Debido a que lo describo, no tanto desde aquello que está en el objeto o el evento, sino desde lo que se encuentra dentro de mí mismo.

Estoy programado genéticamente para alejarme o acercarme a los elementos en la naturaleza que puedan ser beneficiosos o dañinos y esto me permite tomar decisiones. De manera que, la reacción por el sentimiento de temor hacia la amenaza del covid-19, explica el papel del miedo en la manera como enfoco el entorno. Es decir, mis sentimientos están diseñados para tener una mayor reacción particular y afectiva hacia aquello que pueda atentar contra la integridad de mi cuerpo, en materia de salud o de muerte. De ahí la confianza o desconfianza hacia aquello que pueda hacerme daño o no.

Los juicios afectivos siempre se relacionan con el Yo, e indican el estado de aquel que enjuicia en relación con el objeto de su juicio. En este sentido, si la iluminación me regala una distancia crítica de los sentimientos que producen los juicios egoístas, podría cambiar mi manera habitual de percibir.

El maestro Bhikkhu Bodhi, enseña que lo que busca con la práctica de la meditación es. – “cambiarse a sí mismo en vez de cambiar el mundo”-.

Entonces el budismo a través de la meditación mindfulness me permite comprender, en este caso particular de la cuarentena y del aislamiento voluntario, que la posibilidad de contagio es alta, que dependo del autocuidado y que no puedo seguir evitando el contacto con los demás, porque antes de esta pandemia, si recuerdo bien, caminaba sin miedo a un contagio, confiado en la capacidad genética de mi cuerpo para producir inmunidad.

Yo creo que, en esta preparación para salir de la cuarentena, estoy entendiendo que el riesgo de vivir es precisamente morir y que mientras llega la hora final, tengo mucho por hacer. La diferencia está en la conciencia de la vulnerabilidad de mi cuerpo, no sólo frente al virus de turno, porque posiblemente vengan muchos más, sino frente a cualquier otro evento, porque como decía mi padre, hay que estar vivo para morir, pero debo cuidarme si quiero retrasar la llegada de la parca.