¿Confiar o no confiar?…ese es el dilema.

robin-2103461_960_720Yo creo que observar en silencio es una experiencia maravillosa.

Me gusta detenerme a mirar el comportamiento de la naturaleza, pues para mí, es casi un acto meditativo.

Hace poco, descansando en una finca hotel, en el sector del eje cafetero colombiano, ese día en particular, disfruté mucho el estar acostado en la hamaca y observar el movimiento de un pájaro que, gracias a mi silencio y quietud, se acercaba sin temor.

Iba y venía repetidamente, portando en su pico pedazos de paja para construir un nido. El lugar era estratégico, había elegido la parte alta del techo de la finca, donde se forma un ángulo de noventa grados y entonces sobre la viga, construía como el mejor arquitecto.

Lo seguí con la mirada durante un buen rato, sobre todo para identificar de dónde sacaba la materia prima para su obra. Por un momento, se detuvo en una rama muy débil, la cual se partió por el peso de su propio cuerpo. Sin embargo, el pájaro extendió sus alas y sorteó fácilmente el impase, al salir volando. En ese instante, tuve una iluminación poderosa. Pensé -el problema no está en dónde se para, sino en la confianza que tiene en sus alas-.

Es un tema de confianza. El secreto no está en lo que hago, sino en lo que me permito hacer; porque sé que puedo hacerlo, desde mis propias capacidades. Y para creer en mis capacidades, debo hacerlo obra, es decir, darme cuenta de que sí puedo hacerlo. La ecuación no puede ser: primero creo en mí para hacer algo; más bien, la fórmula es, hago algo y cuando veo el resultado…creo en mí.

Lo asemejo a ese cuento del dragón que cojea, quien se encuentra con un ciempiés y al verle tantas patas le pregunta: -Cómo haces para manejar esa cantidad de pies? pues al menos yo, tengo muchos problemas para controlar esta sola pata que me queda-.

La verdad, responde el ciempiés, -yo no las manejo, ni las controlo…eso sí, confío en que se van a mover, cuando lo deseo-.

Si lo analizo desde otra perspectiva, la confianza se fortalece cuando no tengo a nadie en quien confiar, salvo en mí mismo. La presencia permanente del maestro dificulta la maestría del alumno. El maestro se debe ir, para que el discípulo pueda ver.

Narran que hace mucho tiempo, los alumnos en un áshram estaban muy angustiados por la futura muerte de su maestro. Le preguntaron en su lecho de muerte: -Dices que, si no te vas, no veremos-.

¿Qué es aquello que no somos capaces de ver, mientras tú estás entre nosotros? Y ¿Qué es lo que vamos a ver cuándo te hayas ido? -.

El maestro respondió: -Todo lo que he hecho ha sido sentarme en la orilla del río y darles agua. Cuando me vaya, espero que puedan ver el río-.

No es un asunto de controlar desde el miedo, es un tema de desear y creer.

Yo creo que, cuando confío en mi potencial, puedo lograr grandes cosas.

 

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