Dime lo que más deseas y te diré lo que más temes

lampara magica deseos

Yo creo que el deseo es la otra cara del miedo.

Esta semana volví a ser niño al disfrutar la película Aladdin, basada en el cuento sirio de Aladino  y la lámpara maravillosa, incoporado a Las mil y una noches, pues no pertenecía a la colección original árabe, sino que fue añadido en el siglo XVIII por el francés Antoine Galland, quien la tomó del cuentista cristiano maronita sirio Anṭūn Yūsuf Ḥannā Diyāb.

Recuerdo cómo en mi niñez, leyendo la historia del genio de la lámpara, soñaba con la posibilidad de pedir tres deseos. Ahora en mi adultez, la fantasía del niño sigue presente, claro está, desde el principio de realidad que regalan los años recorridos, para lograr hacer el pedido con sensatez.

Si hago un inventario de lo que más deseo, me topo con el miedo que precisamente ha generado el mismo deseo. Si lo miro desde el miedo, confirmo que al otro lado está mi deseo.

Pero ¿qué es lo que tiene el deseo que produce tanto miedo?

Posiblemente porque me han enseñado a temer, lo prohibido. Y el dilema está en que, entre más prohibido se muestra, más deseo genera.

Este juego entre miedo y deseo produce un malestar psíquico que el mismo Sigmund Freud describe con lujo de detalles. Pero no soy quién para explicar lo que de manera tan magistral ya hizo el padre del psicoanálisis.

De todas formas, he descubierto que desde niño he recibido una carga de miedos que no son realmente míos, sino de quienes fueron mis educadores. Dando como resultado unas conductas y unos pensamientos que, para los oídos del terapeuta, son disfunciones graves.

Por ejemplo, el deseo de ser un individuo integro y sin tacha, produce un sujeto perfeccionista y crítico de sí mismo.

El deseo de ser amado y aceptado por los demás, desarrolla la necesidad de ser necesitado.

El deseo de ser valioso y reconocido me introduce en la ansiedad por tener éxito.

El deseo de ser yo mismo, original y único me lleva fácilmente al aislamiento, al narcisismo y a la autosuficiencia.

El deseo de ser competente en lo que hago, me invita a especializarme tanto, que al mismo tiempo me inutilizo para otros menesteres.

El deseo de seguridad me hace apegado a otros y a falsas creencias.

El deseo de ser feliz me moldea como un ágil escapista de la realidad dolorosa, o me lanza a la búsqueda frenética del placer por el placer.

El deseo de protegerme de mis enemigos potenciales, me hace estar en pie de lucha todo el tiempo.

El deseo de estar en paz me convierte en experto evasor de todo aquello que signifique conflicto.

He sido educado con altas dosis de miedo, para evitar ser malo, miedo a ser indigno de amor, miedo a ser despreciable o carecer de valor, miedo a no tener identidad, miedo a ser inútil, miedo a necesitar apoyo u orientación, miedo a ser desvalido o a quedar atrapado en el dolor. Miedo a ser dañado o controlado por otros, miedo a perder la razón o a enloquecer.

Lo curioso de todo esto, es que cuando despierto, gracias a la terapia, me doy cuenta y me hago cargo de mi vida, y descubro que muchos de mis sufrimientos y temores realmente no valían la pena.

Yo creo que ahora, con el paso de los años, sé que puedo correr riesgos para mi propio aprendizaje, sin temor a e equivocarme, porque tengo claro que miedo y deseo son las dos caras, de la misma moneda.

4 comments

  1. Luis Murillo   •  

    Me encanta la forma como Juan Carlos, nos genera un cuestionamiento con cada uno de sus escritos.
    Gracias
    ************************************
    Gracias Luis por dejarte cuestionar. Juan

  2. JUAN GONZALEZ   •  

    Excelente escrito. Es la primera vez que te leo y no será la última.
    GRACIAS
    ****************************************
    Gracias por tu comentario. Juan

  3. Luis Fernando Diazgranados   •  

    Haber sido tu estudiante en la Universidad, te convirtió en uno de mis mejores referentes a la hora de pensarme, de actuar, de hacer terapia tanto para mi como para mis pacientes, de mirar la vida. Profe, mil gracias por que tu vocación de vida ha logrado impactar positivamente la mía. Un saludo muy especial.
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    Tus palabras Luis Fernando, me ayudan a darme cuenta y hacerme cargo de la responsabilidad tan grande que significa ser profesor. Muchas gracias colega.
    Juan

  4. raulayarzabustamante   •  

    siempre leo tu blog, y siempre saco algun aprendisaje. Con el tema de los temores especificamente me cuestiona el como no pasarselos a nuestros hijos, para aydarles a tener una vida mas “llevadera” y evitarles algunos sufrimientos futuros; aunque suena contradictorio, pues de ellos tambien debemos aprender y nos ayudan a formarnos……….ademas aprendiendo de estos nos evitamos con nuestras parejas una parte del conflicto,,,,jjjjjjjj ….saludos,,, suerte juan (Y)
    ******************************
    Gracias Raul por tus comentarios y reflexiones. Recibe un cálido abrazo.

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