El destino y sus diferentes significados.

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Yo creo que, de todos los recuerdos importantes de mi infancia, tengo varios asociados con mi padre y su gusto por la música.
Él había separado un lugar especial de la casa, que llamaba el estudio y que, con ayuda de un equipo de sonido de alta fidelidad, tocaba discos de variada naturaleza… desde Chopin a Bach, pasando por la música de países orientales para volver a Latinoamérica con el bossa-nova brasilero, y la música brillante que tanto le gustaba, hasta boleros al estilo de los tres diamantes o los embajadores.
Un día maravilloso, en el que disfrutaba su música, me invitó a compartir con él, ese momento de elevación espiritual, pues lo veía muy plácido, con los ojos cerrados y dejando que la sinfónica inundara la casa de acordes y armonías selectas, mientras yo me transportaba o incluso jugaba a ser director de la orquesta.
Luego de dos o tres conciertos, decidió cambiar al mundo del bolero, mientras me explicaba en qué consistía el ritmo. La voz de Leo Marini llenó el espacio… sin embargo más allá de las notas musicales, me atrapó de manera profunda, la letra de una canción donde narraba su encuentro con una gitana: – “…leyendo la palma de mi mano, queriendo saber mi destino”-.
Muchos años después, en una revista de negocios, leí las palabras de Jack Welch: “…el mayor poder que tenemos consiste en la capacidad para visualizar nuestro destino y por supuesto para generar un cambio en nosotros mismos” … y en ese momento comprendí la conexión entre lo vivido en mi infancia y lo que estaba por vivir, construyendo futuro.
Pues, no muy lejos de aquel encuentro con la palabra destino, entendido como suerte, mi abuela paterna en un momento delicioso de visita en su cocina, donde hacia tortitas de nata de leche, me enseñó que destino eran los oficios que tenía por hacer. En otras palabras, se refería a las tareas cotidianas organizando su casa.
Y un poco después en un viaje familiar…fuimos llamados a abordar con la expresión “pasajeros con destino a la ciudad de Cartagena”,, para terminar de comprender que destino también significaba, lugar a donde queremos llegar. 

Así mismo, ya mayor, también comprendí que cuando se recibe por ejemplo algún dinero, siempre es bueno saber que destino se le va a dar a dicha ganancia.

El sagrado arte de vivir nos desafía a visualizar nuestro destino, al preguntarnos desde sus tres significados: a qué venimos a la tierra… desde las tareas que hay por hacer; segundo a dónde queremos llegar y tercero esperando a que el Universo conspire a nuestro favor, para que el proyecto se cumpla.
Yo creo que cuando tenemos clara la tarea, y la ponemos a rodar lo demás viene por añadidura.

 

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