El profe

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Yo creo que las primeras experiencias infantiles, se convierten en arquitectos que diseñan nuestro futuro, sobre todo a nivel vocacional.

Mi madre, quien me motivó a leer libros de psicología y filosofía, también me enseñó a ver cine cuando estaba niño y adolescente. Fueron muchas las películas que vimos, desde dibujos animados, aventuras, suspenso, ciencia ficción y más adelante, aquellas de profundo contenido psicológico, pues éramos asiduos asistentes a las salas del cine Libia, cerca al parque de Bolívar en Medellín, y a la del Subterráneo, donde se proyectaban las películas “para pensar”.

Mi mamá aún disfruta las cintas de Cantinflas, no solo por lo cómico del personaje, sino por el alto contenido de crítica social, que se puede respirar entre chiste y broma.

En esa época de transición entre niño y preadolescente, tal vez estaría terminando quinto de primaria, o iniciando bachillerato, recuerdo que proyectaban “El Profe”, con Mario Moreno. Fue la primera película donde lloré, por la sensibilidad que me generaba, lo que sería mi profesión futura.

En la película, el profesor se ocupaba de sus alumnos. No solo en el campo del aprendizaje, sino en la vida misma de cada uno de ellos. Entonces, me ayudó a descubrir que en el fondo había un proceso de acompañamiento integral, que hacia del maestro, un garante del crecimiento personal e intelectual de sus pupilos.

Ese día, realmente quise ser profe, para convertirme en arquitecto de futuros.

Ahora comprendo la enorme responsabilidad que tengo, porque influyo con mi comportamiento, mis ideas, y mi forma de enseñar, en el pensamiento, el comportamiento y el sentimiento de mis alumnos y de esta forma estoy presente en sus futuros.

Cuando estoy frente a los estudiantes, lo que hago es comunicar mi historia personal, mi recorrido.

Entonces estoy obligado a ser congruente porque, soy el modelo viviente de lo que predico.

Mi mapa de creencias, mis actitudes y valores, se transparentan a través de mi discurso. Como también estoy en continuo cambio y crecimiento, es mi deber renovarme, auto-actualizarme, evaluarme, corregir el rumbo, para mostrar el camino a otros.

Pues al fin y al cabo como maestro educo para la trascendencia.

Así, cuando inicio la clase, se que estoy siendo escuchado y observado. Y se, que voy a quedar en el recuerdo del futuro, tal vez, no por la materia que dicto, sino por mi estrategia para leer el mundo, por mi manera de auto-observarme y por la forma como hice parte de la historia, de cada uno de ellos.

Yo creo que, en el día del maestro, debo ser yo quien dé infinitas gracias, a mis alumnos.

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