Elaborar el duelo se facilita… cuando me permito sentir.

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Yo creo que elaborar un duelo, frente a una pérdida significativa, es una tarea obligatoria que requiere absoluta conciencia para identificar la diferencia entre el dolor y el sufrimiento.

Entonces, se nos dificulta el proceso, cuando ocultamos los verdaderos sentimientos y nos escondemos detrás de máscaras de falsa fortaleza.

Así mismo, no hacemos el duelo, si evitamos compartir con otros lo que estamos sintiendo. Esos pactos de silencio realmente no ayudan a su elaboración. Esto se da porque es común, aislarse de familiares y amigos sabiendo que la construcción de una red de apoyo social es necesaria para sentirse acompañado en el camino del dolor.

De otro lado refugiarse en pastillas tranquilizantes tampoco es conveniente, pues produce un adormecimiento debido a su efecto anestésico que, no solo no desaparece el dolor, sino que lo inhibe o lo congela, dando como resultado un retardo en el proceso de sanación. Esto aplica igual en los casos en los que se abusa del alcohol y de sustancias psicoactivas, por supuesto, aumentando el problema.

También he percibido, que otro mecanismo perjudicial para el proceso de elaboración del duelo es jugar a ser víctima. Que se presenta cuando pretendemos reclamar atención y cuidados especiales, gracias a nuestro estilo demandante y a la necesidad de autocompasión, para demostrar lo miserable que es nuestra vida, y de esta forma vender la idea de que somos los seres más desgraciados del universo.

En este orden de ideas, es inadecuado, durante el duelo, tomar decisiones importantes como: casarse, cambiar de lugar de residencia o de trabajo, divorciarse o hacer inversiones. Como tampoco es recomendable ante la muerte o divorcio de la pareja, involucrarnos en relaciones amorosas sin haber concluido el duelo anterior.

En esta misma línea de pensamiento, ante la muerte de un hijo, es una pobre estrategia decidir inmediatamente tener otro, o realizar un proceso de adopción.

Evitemos comparar nuestro duelo con el de los demás. Cada duelo es un proceso individual y único. Y si hemos tenido varios duelos, hemos podido comprobar que cada uno de ellos ha sido diferente, único e irrepetible.

Mientras que conocemos personas que elaboran duelos en muy poco tiempo, sabemos de otros que pueden emplear muchos años y atascarse en el proceso de elaboración por varios motivos, más personales y particulares, como el obtener ganancias secundarias permaneciendo en el estado de queja y llanto, sin poder evolucionar y salir del dolor, quizá porque en el fondo, sospechan que no les conviene.

Propongo que aprendamos a manejar la presión que produce el comentario de los demás acerca del tiempo que supuestamente debe durar nuestro duelo.

Yo creo que algunos, seguimos llorando porque creemos que le estamos fallando a la persona muerta, si sonreímos, la pasamos bien o estamos realizando una actividad que nos produce placer y alegría.

En definitiva, habrá personas que elaboren los duelos mejor, o peor, pero lo que sí es claro es que nadie lo hará igual que yo, por lo tanto, no puedo compararme y debo trabajar a la velocidad que me dicte el corazón, permitiéndome sentir, por supuesto desde la sensatez.

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