Estamos anestesiados

Yo creo que estamos anestesiados. Y gran parte de ese adormecimiento se debe a nuestra propia incapacidad para reconocer la fuente y la causa del analgésico. Puede ser que le tenemos miedo al dolor y en consecuencia buscamos cualquier pretexto para evadir la responsabilidad de enfrentarnos con nuestros propios agentes de angustia.

O talvez nuestros padres y educadores hicieron todo lo posible para aislarnos de la realidad, ocultando hechos y acontecimientos, que según ellos, podrían perturbar la calma angelical de los “inocentes” niños, que todavía “no entendían” la realidad de las cosas.

El problema es que al crecer… seguimos siendo ignorantes de muchas realidades ambientales, familiares, sociales, culturales y psicológicas que nos toman por sorpresa y asaltan nuestra buena fe e inocencia.

Seguimos creyendo en príncipes azules y damiselas encantadoras que oficiarán como excelentes compañeros de viaje. Seguimos soñando con los personajes de celuloide que a través de los medios de comunicación se convierten en el prototipo del éxito. Y seguimos comprando ilusiones y prestigio y fama, al adquirir el computador, teléfono o vehículo de moda, para asegurar la respetabilidad perdida, gracias a que papá y mamá, escuela y maestros, nos enseñaron a preocuparnos demasiado por el qué dirán.

Con la premisa de ganar más, para gastar más, esta enorme sociedad de consumo nos anestesia con productos para el placer y la diversión, haciendo que olvidemos por un momento nuestros problemas reales.

No queremos hablar de aquellos temas “prohibidos en familia”. Por ejemplo la proximidad inexorable de la muerte. Entonces todos los miembros del clan huyen espantados con el tema y nadie quiere asumir el compromiso del diálogo relacionado con seguros, herencias, deudas y asuntos pendientes por cerrar.

Otro ejemplo. Cuando se tienen vidas paralelas, con hijos y otros compromisos abordo, y luego como por arte de magia, vienen a reclamar lo que sienten que es propio… sorprendiendo a más de uno, sobre todo cuando en el funeral, preguntan quién es aquel o aquella que llora tanto y nadie conoce.

Así mismo temas como la infidelidad, entendida como la existencia de otra persona en la vida de nuestra pareja, que al compartir la intimidad, no solo sexual sino dialogal, nos hace partícipes de un triángulo incómodo, que se torna más molesto, cuando somos ignorantes, aunque no todos los demás, pues todo el mundo sabe, menos yo. Entonces no queremos hablar del asunto y le echamos tierra o nos hacemos los que no vemos para anestesiar el dolor y pasar invictos aunque desdichados.

O cuando invertimos grandes cantidades de tiempo y dinero en diversiones pasajeras y hasta peligrosas para obtener placer temporal y evitar el encuentro son nosotros mismos.

Estamos anestesiados y la mayoría no lo sabemos… o pretendemos no saberlo para evitar sufrir. Sin embargo el despertar nos ayuda a ver la realidad en otra perspectiva y nos permite actuar desde la conciencia, pues al darnos cuenta, el cambio viene por añadidura y eso tiene su toque de esperanza.

2 comments

  1. diana gil   •  

    Vivimos tan anestesiados que soportamos relaciones dependientes, humillantes y patologicas con tal de no enfrentarnos al dolor de la perdida ,con tal de no enfrentarnos a un ejercicio de total conciencia,vivimos besando sapos ,con tal de que nada nas duela ,esperando que aparezcan principes de cuentos….nada solo sapos

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    Completamente de acuerdo… algunos no quieres despertar…prefieren los anestésicos Juan

  2. Blanca Villegas   •  

    Gracias Dr. Juan Carlos, me ayuda a reflexionar y poner en práctica con mi hijo.
    Por favor sigue escribiendo, me gusta mucho leerte.

    Saludos,

    Blanca Villegas
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    Blanquita es un gusto y un privilegio poder ayudar. Gracias por tu comentario. Juan

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