La lucha entre el deber ser y el querer ser

Yo creo que libramos una lucha interior entre el deber ser y el querer ser. Es claro que el “deber ser” lo impone la cultura, la moral o la ética y que está dado desde el exterior. Como algo que hay que seguir muchas veces sin que medie la razón o la conciencia racional. Y del otro lado está el querer ser, como algo que opto desde mi interior, que parte del deseo y que algunas veces va en contra vía de lo esperado por el grupo social y que por supuesto el colectivo condena por salirse de lo ordenado por la norma.

Sin embargo hay ciertas cosas que naciendo desde el querer ser, pertenece a la propia capacidad de discernimiento y que hacen parte del libre albedrío. Y es ahí cuando se plantea la posibilidad y la capacidad de optar que tiene el ser humano, por ejemplo, por aquello que le hace más persona aunque no sea una decisión popular.

Lo ideal es encontrar un equilibrio entre el deber ser y el querer ser. Para que esta armonía nos permita vivir entre semejantes, respetando las normas y las reglas de juego, sin faltar a nuestro deseo e interés personal; sin sentir que nuestra dignidad está siendo vulnerada o peor aún confirmar que nuestros derechos o los de otros, están siendo pisoteados.

La propuesta consiste en desarrollar “nuestro buen gusto moral”, para de esta forma fortalecer nuestra capacidad de discernimiento y resolver los dilemas que plantea la vida, frente a decisiones morales, desde el deber ser versus el querer ser.

En nuestra vida cotidiana, con frecuencia nos vemos atrapados en medio de las siguientes afirmaciones: “yo debo llegar temprano a casa”, “yo debo pagar la tarjeta de crédito”, “yo debo estudiar inglés”, “yo debo llamar a…” “yo debo respetar la reputación de…” y este tipo de expresiones terminan por bloquear la acción, consiguiendo que no hagamos nada de lo dicho. Si lo explicáramos de manera psicológica, encontraríamos que el bloqueo se encuentra precisamente en la utilización de la palabra “debo”, como una orden que viene desde afuera.

Qué pasaría si empleáramos la expresión: “yo opto por estudiar”, “yo elijo llamar a”, “yo decido pagar la tarjeta de crédito”, “es mi decisión, llegar temprano a casa”; “yo respeto la reputación de…”esto automáticamente ubica el poder dentro de nosotros mismos.

Somos responsables de nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos y cada acción humana puede ser filtrada por el tamiz maravilloso de la sensatez, que nos permite ser justos en la manera como nos relacionamos; entonces utilicemos sabiamente, este poder.

3 comments

  1. James W   •  

    Juan Carlos, me dió gusto “encontrarte” y ver que andas en funciones públicas todavía. Te mando un abrazo fuerte y felicidades x tu Blog.
    Saludos!
    Jimmy Warren

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    También me gusta saber de ti. Gracias Jimmy. Jua
    n

  2. Lourdes Jaime Bomeisl   •  

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  3. JJ   •  

    El “deber ser” y el “querer ser”. Creo que ha tocado Usted uno de los puntos cruciales de la ética. En Filosofía se han escrito muchas mentiras, quizás piadosas, y muy especialmente en el campo de la ética. El problema del “deber ser” es que existen tantos como culturas, grupos, sociedades o, incluso, personas. No hay un “deber ser” objetivo y universal. Si ni siquiera conocemos en profundidad “el ser”, eso que llamamos “realidad”, ¿cómo podemos aventurarnos a sostener la existencia de “un deber ser” único y absoluto? Esta falso dualismo entre “el ser” y “el deber ser” es, por otra parte, una fuente de frustración vital, puesto que nos damos cuenta, a través de la historia que nunca o casi nunca ese “deber ser” que ha gozado de tan buena prensa, se ha hecho realidad. Una cosa es predicar y otra dar trigo o de lo dicho a lo hecho hay mucho trecho.
    No existe, pues, el “deber ser”, sino el “querer ser”, la voluntad, el instinto de vida y de conservación, quizás más a nivel de genes que de individuos concretos. La vida, sea lo que sea, es algo que tiende a complicarse, crecer y perpetuarse en plantas, animales y personas, desde los más pequeños microorganismos hasta los más complejos. Evidentemente, tampoco hay un “querer ser” único y objetivo, y ello genera conflictos entre individuos y entre grupos. Los conflictos pueden solucionarse de dos formas: o por la imposición o mediante el diálogo, según la relación de fuerzas existente. Afortunadamente, la civilización evoluciona hacia soluciones de negociación de tal forma que podemos definir las nuevas tendencias éticas como un compromiso entre voluntades que cristaliza en “acuerdos de mínimos” o “pactos de convivencia”. Pero deberíamos tener el valor de enfrentar la verdad desnuda y desenmascarar las viejas mentiras piadosas de la ética.
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    Qué buen comentario el suyo. Estoy de acuerdo con usted, pues yo creo que los “pactos de convivencia” y los “acuerdos mínimos” sólo son posibles entre personas que están dispuestas a dialogar y consideran al otro como un interlocutor válido. Juan

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