La taza de té

 

la taza de te

Yo creo que el entendimiento comienza, cuando admito mi ignorancia.

Si reconozco que no se nada… Tal vez como el filósofo Sócrates, podré dar el primer paso hacia la sabiduría.

En el mundo de la filosofía Zen, se cuenta una historia muy curiosa sobre un profesor universitario y un monje budista.

Cuentan que un profesor, desde su orgullo académico, quería comparar su conocimiento de la filosofía oriental, con la información que pudiera darle un monje experto en el tema. Entonces movido por la curiosidad y su ego, decide visitar un reputado maestro de la filosofía Zen, quien lo recibe en el templo. Este lo invita a seguir y le señala un cómodo lugar frente a él. El maestro, mirándolo fijamente, le pregunta: -profesor ¿le gusta el té?

El catedrático, responde afirmativamente; el monje le extiende una taza, para que la sostenga mientras vierte en ella un fino chorro de la bebida caliente, desde una pesada tetera. El líquido sube con rapidez hasta llegar a unos milímetros de distancia del borde y el profesor, inquieto levanta la mirada hacia el monje, quien continúa sirviendo hasta que la infusión se derrama. El profesor molesto se levanta de un salto, dejando caer la taza al suelo, -que está haciendo, le dice, perdiendo el control, a juzgar por el grito-…el monje muy sereno, levanta la taza, la llena nuevamente y con una sonrisa, se la ofrece al profesor, y agrega: -esta taza de té, se parece a su mente, usted no puede recibir nada nuevo, porque está demasiado lleno-.

El primer paso está en desarrollar la humildad suficiente para iniciar el camino desde una mente abierta y dispuesta, gracias a que está vacía, como la mente del principiante, en el proceso del encuentro consigo mismo.

Si estoy convencido de que lo “se todo”, y hasta conozco la causa última de mi sufrimiento, frente a la evidencia que indica lo contrario, entonces me encuentro como el profesor universitario, lleno de falsos conocimientos teóricos, tomados de los libros que otros escriben.

Si no desisto de las viejas explicaciones, que aparecen en los libros de texto, no puedo abrirme al campo de otras posibilidades, para experimentar por mi mismo.

Suzuki el gran maestro del Zen, decía: “en la mente del principiante hay posibilidades infinitas, en la del experto hay pocas”.

En el proceso del conocimiento interior, la sinceridad es la materia prima, para aceptar en primer lugar, que nada se.

Debo vaciar mi mente, para enfocar el problema, con la mente que tiene el principiante. Para luego asumir la responsabilidad, pues sólo yo y nadie más que yo, tengo las respuestas que me dicta el sabio interior. Depende de mí y a pesar de mí.

Entonces la sabiduría, se va alcanzando, al pasar el tiempo, con la experiencia, pues el entendimiento es progresivo y cuando se vive, no cuando sólo se lee.

La sabiduría a diferencia de la racionalización consiste en entender que el objetivo es pasar de la acusación de la mente, a la comprensión de la misma.

Al fin y al cabo, qué prefiero: ¿tener la razón, o disfrutar la felicidad que produce el aquietamiento de la mente?

Yo creo que, en esta etapa de mi vida, estoy descubriendo que he tenido pensamientos, sentimientos y comportamientos que ya no valen la pena, pues están des-actualizados… es decir, estoy dándome permiso de vaciar mi taza de té para pensar, sentir y actuar de manera diferente, en forma creativa, enfocado en mi nueva realidad, es decir más conectado aquí y ahora.

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