Las fantasías que no me dejan ver la realidad

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Yo creo que estar centrado en la realidad es una tarea compleja, cuando todavía no hemos despertado de la anestesia que produce la fantasía, sobre todo cuando creemos que vivir es un proceso fácil y sin complicaciones.

Hace poco, alguien me preguntó: ¿cómo había hecho la elección de mi carrera profesional?, pues se encontraba en el dilema de elegir entre muchas opciones, la más indicada para él.

Entonces, recordé a mi maestro Bernardo Isaza Echeverri quien, al mismo tiempo, era profesor de física y titular del grupo 10 grado en el Instituto San Carlos de La Salle.

Don Bernardo, como le llamábamos, mientras explicaba la primera ley de la termodinámica: “la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma “, aprovechaba la clase para darnos lecciones para el sagrado arte de vivir y repetía con frecuencia, que lo más importante en la vida, era “escoger carrera y pareja”; pues con ambas y de ambas, íbamos a vivir el resto de nuestra existencia.

Una tarde en el laboratorio de física, preguntó al grupo sobre la carrera que deseábamos estudiar. Mientras mis compañeros hablaban de medicina, derecho, ingeniería y contaduría, yo guardaba silencio. En vista de mi mutismo, el profesor me preguntó directamente: -señor Posada: ¿usted que quiere ser en la vida? -. A lo que respondí: ¡quiero ser maestro como usted!

El profesor me miró por largo rato y con la misma seriedad de mi respuesta dijo: Posada, lo espero en el descanso, en la sala de profesores.

Quizá como un adelanto premonitorio de lo que iba a ser mi futuro, fue emocionante entrar a ese espacio exclusivo para los maestros. Explíqueme, continuó don Bernardo, ofreciéndome un tinto del cafetín, lugar sacrosanto que estaba prohibido para los alumnos, -¿por qué quiere ser profesor?-.

Es importante anotar que, don Bernardo, cada tarde llegaba al colegio en su carro último modelo, entraba al laboratorio completamente elegante, con un vestido a la medida, corbata italiana y calzado muy fino. Y para dictar la clase, se protegía de la tiza con una bata blanca de laboratorio, que lo hacía ver más imponente e importante.

Frente a su pregunta, profesor, cuando lo veo a usted tan feliz y realizado en la vida, y me doy cuenta cómo disfruta dictando la clase, y cómo se viste, además del vehículo que utiliza para transportarse, entonces concluyo que yo quiero ser tan exitoso como usted.

No se preste a engaño apreciado Juan Carlos, contestó: -Tengo dos jubilaciones y además, mis ingresos económicos, no se los debo al magisterio, sino a mi negocio, pues soy el dueño del almacén Calzado Italiano y la ropa que uso, la saco de allí, para hacer publicidad.

Ese día comprendí que las apariencias engañan, que como joven vivía en un mundo de ilusiones que chocaban con la realidad y que no era la carrera en sí la que me hacía exitoso, sino la manera como desde mi actitud, lograba destacarme en cualquier profesión que eligiera.

Al estar centrado en la realidad, puedo diferenciar lo que es falso o ficticio de lo que es real y genuino. Así, el proceso de solucionar problemas se me facilita en tanto que, con los pies en la tierra, puedo percibir, aunque sea doloroso, la mejor alternativa.

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