Las malas acciones

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Yo creo que el Universo tiene una sabiduría perfecta, donde no existen acciones malas o buenas por sí mismas, sino más bien comportamientos correctos o incorrectos, cuando se realizan iluminados por la realidad de la situación. Esto permite evaluar si dicha conducta, es adecuada o inadecuada, a la luz de las circunstancias.

Cuentan que, en cierta ocasión, un joven aspirante a monje consultó al maestro Dogen sobre el profundo llamado de su corazón para entrar a un templo y dedicarse de lleno al estudio del budismo; pero dudaba de hacerlo debido a que sus obligaciones con la familia se lo impedían, pues su madre ya era anciana y dependía de él completamente. Por lo tanto, si entraba a un templo, ya no podría enviarle dinero para su mantenimiento y ella moriría en virtud del abandono.

– ¿Qué debo hacer en esta situación? – preguntó. ¿Hago bien o hago mal, si me dedico completamente a ser monje?

El maestro Dogen, de manera sincera pero prudente respondió: -esa es una pregunta muy difícil, que no puedo responder por ti. Definitivamente es tu problema y sólo tú puedes encontrar la respuesta indicada. Sin embargo, continuó -siento que encontrarás la manera de hacerte monje, y al mismo tiempo, cuidar de la salud y seguridad de tu madre-.

Me doy cuenta de que la respuesta del maestro Dogen, estuvo basada en la lectura de esa realidad específica del joven discípulo. Tal vez en otro caso, la respuesta podría haber sido diferente.

Ahora, ¿cómo saber qué es lo correcto? Buda con frecuencia decía que: “si hacemos una buena acción seremos felices, si hacemos una mala acción seremos infelices”, al referirse a la ley de causa y efecto del karma. ¿Pero me pregunto cómo saber si la acción que estoy haciendo es buena o mala? ¿cómo distinguir perfectamente lo que es el bien del mal?

En el budismo, este problema, no es un tema intelectual que se pueda resolver desde una definición teórica; más bien es un asunto visceral, intuitivo, que parte de la lectura juiciosa del cuerpo y su malestar interior, frente a una situación práctica de la vida real. Algo parecido a lo que el mundo católico llama la conciencia moral, cuando hacemos algo que nos incomoda desde el deber ser.

Aquí lo fundamental es evaluar la situación total, desde todos los ángulos.

Yo creo que, el mal o el bien, no siempre concuerdan con nuestros conceptos. Por lo tanto, no podemos juzgar lo que es correcto e incorrecto sobre la base del sentimiento o del pensamiento

En la filosofía budista, la pregunta por el bien y el mal, no se considera un problema para resolver en la mente sino un fenómeno tangible, de la vida real, práctica y cotidiana. Y la respuesta es contundente: la acción buena corresponde a la acción correcta.

En otras palabras, es la acción más apropiada para la situación real… si quiero actuar adecuadamente, debo sintonizarme con dicha situación, tal como es, dado que, paradójicamente, la misma acción puede ser buena o mala, adecuada o inadecuada, dependiendo de las circunstancias.

La meta es alinearme con el Universo para armonizarme con él.

Esto se logra, trabajando por un estado de equilibrio interior, que se refleje en el exterior. Lo que va a ser palpable en el equilibrio físico y mental, para que esté a tono con la situación.

De tanto practicarlo, se volverá “la norma” de mi vida. Con esta “norma”, podré ver que es correcto y que es incorrecto, o que es bueno y qué es malo a cada momento, en forma intuitiva.

Debido a que la vida está llena de problemas, lo que le da sentido, precisamente es el proceso de resolver problemas difíciles, pero no desde lo que siento o pienso, sino con la práctica de “hacer silencio”, para observar la realidad y con base en ella, actuar desde la lógica del Universo que muchas veces, no es mi lógica.

Porque, las mismas circunstancias me dicen qué hacer y qué no hacer, independientemente del prejuicio, el deseo, o del apego.

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