Lo que ahora valoro.

IMG_7620Yo creo que, la expresión que le escuchaba a mis padres ahora cobra sentido: – “sólo se valora lo que se tiene… hasta que se pierde”-. O en palabras de Martin Heidegger: “sólo comprendemos el funcionamiento de la máquina cuando esta se descompone”.

Y esto se aplica entre otros temas, a la experiencia de la salud que, por estar sano, precisamente no permite tomar conciencia de esta, diferente de la experiencia de la enfermedad que me obliga a cotizar la salud perdida.

En este momento de mi vida, estoy valorando lo que antes no valoraba.

Desde el placer de dormir y comer, hasta el maravilloso encanto del baño diario independiente, sin requerir apoyo externo.

Es decir, el proceso de la enfermedad me ha enseñado la importancia de la autonomía y la capacidad para atender mis asuntos más elementales y primitivos, así como la humildad para comprender que, en el fondo, no soy autosuficiente, ni todopoderoso.

Entonces he descubierto que El Ego tiene miedo de soltarse, de entregarse, porque de hacerlo, esto significaría su muerte.

Luego de este camino que recorro con la enfermedad, nuevamente confirmo que mi objetivo en la vida debe ser, fundirme con la “Unidad” y esto sólo se logra si sacrifico el Yo. Porque mientras haya una “Yoidad” también habrá una “Otredad” y un miedo profundo de no ser “reconocido” o, mejor dicho: “diferenciado”.

En escritos anteriores he citado a Rumi, el místico islámico, y hoy nuevamente recuerdo el pasaje donde el amado llama a la puerta de la amada. Al otro lado de la puerta una pregunta inquietante: – “¿Quién es?”- a lo que el amado responde: – “Soy yo”-, Y la voz de la amada dice: – “No estoy”-. Así que la puerta siguió cerrada, porque no había espacio para dos.

Luego de un buen tiempo de soledad, meditación, reflexión y añoranza, el amado volvió a llamar a la puerta de la amada. La voz de la amada preguntó nuevamente: -“¿Quién es?”- a lo que el amado respondió: -Soy tú”-, entonces la puerta se abrió.

En su momento no comprendía al maestro Jesús, cuando decía que: – «Quien quiera conservar la vida la perderá»-. Ahora entiendo que el secreto está en morir a la apariencia de lo corporal para poder disfrutar de la “vida eterna”, porque el Yo debe morir, para nacer en el Ser. Entendiendo que el Ser no es mi ser, sino el Ser.

Me estoy dando cuenta de que el Yo, con el que aún me identifico, no puede iluminarse.

Ahora el objetivo es lograr el sacrificio del Yo, es decir darle muerte al Ego.

El problema está en toda la energía que invierto en la identificación con el Yo y lo tanto que desconozco a mi propio Ser.

Estoy buscando en el lugar equivocado. Todo este tiempo me he dedicado a encontrar la respuesta a la pregunta: ¿Quién Soy Yo? y creo que la pregunta es: ¿Qué Soy Yo? Para poder responder ¿Para Qué Soy Yo?

Yo creo que la respuesta es el amor. El amor cura porque tumba las barreras que edificó el miedo y deja entrar al otro para formar la Unidad. El que ama no pone su Yo en primer lugar, sino que experimenta una Unidad Mayor, porque el que ama siente con el amado como si fuera él mismo.

En el libro La Enfermedad Como Camino, de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke encuentro este texto bastante propicio para la reflexión que venimos haciendo: – “Nunca existirá el ser humano completamente sano, sin enfermedad ni muerte, nunca existirá el amor que todo lo abarca, porque el mundo de las formas vive de las fronteras. …Entonces quien descubre la falsedad de las formas en su conciencia es libre. En un mundo polarizado, el amor conduce a la esclavitud: en la Unidad, es libertad”.

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