Lo malo de tener éxito

Yo creo que tener éxito tiene sus cosas positivas, pero al mismo tiempo, si se mira bien, puede llevarnos a la inercia y de esta forma a la falta de inventiva.

Hace pocos días, en una reunión de trabajo, escuché a uno de los jefes pronunciar esta reflexión profunda y sincera: -¡el éxito es lo peor!-Entonces desde la sabiduría que le dan los años, miró a cada uno de los asistentes con una sonrisa de satisfacción y terminó diciendo: -porque nos quita la creatividad-.

Me quedé conmovido por la solemnidad de aquel momento y pensé en lo trascendental de este comentario.  Y durante toda la semana medité en la importancia de las derrotas.

Yo creo que gracias a la adversidad, se hace posible el pensamiento creativo. Y que debido, precisamente a las situaciones de crisis, el ser humano crece en medio de los problemas y los fracasos. Cada día trae su afán, y en el balance de lo positivo y negativo, podemos capitalizar para nuestro crecimiento.

El conflicto surge, cuando nos instalamos en nuestra zona de confort y creemos que todo está dado y cumplido; entonces una especie de pereza creativa nos invade y nos anestesia todos los mecanismos de lucha y nos quedamos quietos, merced a la parálisis paradigmática. Así, cambiar se hace necesario, pero la rutina como un nuevo enemigo, nos señala el camino acostumbrado de lo fácil…sin esfuerzo. Nos aferramos a nuestros triunfos del pasado, sin descubrir que las razones de dichos éxitos pertenecen al ayer y que los logros del mañana necesitan nuevos instrumentos y estrategias.

El coraje y la pasión se recuperan cuando se enfrenta una situación límite, que nos obliga a ser creativos y que nos impulsa a recuperar lo perdido, debido a la insatisfacción.

Por eso yo creo que no es bueno dormirse en los laureles del éxito, y más bien quedar insatisfechos,  para exorcizar el demonio de la mediocridad que nos impide dar lo mejor de nosotros mismos.

Mente poderosa

Yo creo que la mente es poderosa. Creo que la sugestión obra y que no sabemos manejar nuestros pensamientos.

Planteado así, es urgente entonces iniciar un curso acelerado de control del pensamiento. Nada tan peligroso como dejar suelta a la imaginación…esa “loca” que se sale con las suyas cuando no le indicamos un norte.

Cuando la imaginación va al garete, es posible toparse con sorpresas incómodas. Pues al perder el control sobre el pensamiento, este va jugando con las múltiples combinaciones que su creatividad le permite y entonces, monta escenarios tan fantásticos, que podemos caer en su trampa y terminar creyendo que aquello, en lo que hemos pensado, se pueda convertir en realidad.

Con la mente podemos crear salud o enfermedad. Nada tan complejo como el pensamiento del hipocondríaco a quien le basta un mínimo estímulo para disparar un trastorno que pueda despistar al más despierto de los médicos y de esta forma comprobar que se va a morir, a pesar de la incredulidad de los galenos.

O qué decir del celotípico, que ve enemigos para la exclusividad de su amor, pues considera que la infidelidad está a la vuelta de la esquina y cualquier momento es propicio para vivir escenas de pasión, hasta con los sujetos menos provocativos. El otro, siempre será sospechoso, debido a la certeza que le invade, por supuesto desde su fantasía, del hecho de que su pareja va a ser infiel.

El pensamiento puede con todo, si va de la mano de la sugestión. Cuántas personas se han enfermado gravemente, a consecuencia de una palabras, comentarios u órdenes sugestivas provenientes de una autoridad espiritual o en el peor de los casos de “brujos lingüísticos” que tienen en el poder de la palabra, la capacidad para enfermar al paciente, para hacerlo depender de por vida y de esta forma tenerlo bajo control, para obtener beneficios incluso de tipo económico.

Así mismo, creo en el poder de la mente para construir cosas buenas. Atraer salud, prosperidad y felicidad. Y generar cambios significativos en nuestras vidas, afectivas, laborales, profesionales y económicas.

Creo que la mente es poderosa cuando se tiene fe.

Creo que la mente se fortalece cuando nuestros pensamientos se concentran en un proceso, proyecto, idea, o concepto. Como creo que es posible crear salud, cuando el pensamiento está enfocado en ese propósito. O si no véanse los casos de personas que frente a todo pronóstico, superan enfermedades complejas.

Creo que el pensamiento tenaz logra grandes empresas y es capaz de superar las dificultades al abrir, en forma creativa, el campo de todas las posibilidades.

Definitivamente creo que en los colegios y universidades debería existir un curso para aprender a controlar el pensamiento, para enseñar a focalizar la mente a través de pensamientos productivos.

De todas maneras, quienes practican técnicas de meditación ya tienen ventaja.

Viajar fortalece la autopercepción.

Yo creo que viajar, es una de las actividades que más amplía la percepción del mundo. Sin embargo lo que más se beneficia, gracias a los viajes, es nuestra auto-percepción, pues aprendemos de nosotros mismos y de nuestras capacidades para la adaptación.

Lo primero que impacta al viajero, es la agitación de las personas en las terminales aéreas internacionales y la manera como cada quién viaja: sus atuendos, expresiones, idiomas y equipajes nos van ofreciendo una dimensión amplia, ancha y ajena de las diferentes culturas y lo lejanas que se encuentran. Y con ellos, la pregunta de a dónde van y de dónde vienen, así como nuestra ignorancia en relación con sus pensamientos, deseos e ilusiones.

Pero lo que más nos cuestiona, es nuestra propia experiencia de sentir como pasan las horas dentro de un avión, y de esta forma se percibe, la distancia entre nuestro punto de origen y el destino planeado y por lo tanto la conciencia de lo pequeños que somos frente a la inmensidad del planeta tierra.

Al descender, los olores, colores y sonidos van marcando la nueva diferencia. Los acentos y tonos de la piel, así como los rasgos faciales, indican que somos extranjeros y que estamos en desventaja en todos los sentidos. Entonces nos cuestiona nuevamente, nuestra incapacidad para comunicarnos de manera adecuada y nos asalta el temor de dar a entender algo diferente a aquello que se pretende decir, solicitar o reclamar.

La ropa es distinta merced a los rigores del tiempo, y nuestra indumentaria habitual no sirve de nada frente a las bajas temperaturas del ambiente, cuando se viaja en invierno.

Y eso que aún no hemos hablado de la comida, que por lo primitivo de nuestro condicionamiento, nos invita a la añoranza de la alimentación materna y entonces por doquier buscamos algo que se parezca en su sazón.

El mes de diciembre en estas tierras, solo es soportable por la novedad de la experiencia y por la generosa compañía de la familia que se ha embarcado en esta aventura de pasar la navidad lejos de casa. Así descubrimos en cada momento la capacidad del ser humano para adaptarse, y cómo va aprendiendo de cada experiencia.

Sin embargo lo más sorprendente es nuestra autoconciencia. El “darse cuenta” se facilita con cada desafío. Todo nuevo viaje se convierte en un aprendizaje y en una forma de crear conexiones cerebrales para aprender de nosotros mismos y nuestras capacidades.

Responder a la pregunta: ¿quién soy yo? Es más fácil cuando se lee, o cuando se viaja.

Un alto en el camino

Yo creo que de vez en cuando es necesario hacer un alto en el camino para descansar y si es posible, también para meditar.

Sin embargo, en tiempo de vacaciones sacamos pocos momentos para la reflexión y el análisis; pues nos dedicamos a las actividades frenéticas y comerciales de comprar regalos y elementos para las fiestas de fin de año. O nos sumergimos en el mundo placentero y corporal de la alimentación lipídica, aumentando así los niveles de colesterol con el firme propósito, pero culposo, de retornarlos a sus medidas normales; además de ingerir bebidas embriagantes, de manera obsesiva, como si se sospechara que los manantiales de alcohol se fueran a agotar en corto tiempo; dejando de lado la importancia de hallar en las vacaciones, un descanso para el cuerpo y una maravillosa oportunidad para encontrarse consigo mismo.

Entonces para  muchos, este “tiempo de descanso”, se convierte en una maratón física y emocional, obteniendo como resultado un cansancio mayor y la solicitud expresa del cuerpo, de unas vacaciones urgentes, para descansar de las mismas vacaciones.

De otro lado, la vacancia y el tiempo libre, también deben planearse, más aún cuando se realizan en familia, dado que es importante darles gusto a todos y cada uno de los miembros de la misma, debido a que por sus diferentes edades, tienen expectativas distintas.

Así planteado, el objetivo del descanso de las actividades académicas y laborales se ve alterado por la avalancha de ruido, merced a las detonaciones y a la música característica y los abusos de quienes pasados de licor, pretenden que los demás soporten sus eufóricas manifestaciones etílicas, ofendidos porque no les seguimos el ritmo.

Yo creo que festejar es importante y que agradecer por un año de trabajos y alegrías, consecuencia de los logros cumplidos, es bueno… pero es importante reconocer, que también como todo, tiene un límite.

Es fundamental, darle tiempo y espacio a la reflexión, a la calma y a la meditación para hacer un alto en el camino y evaluar de una manera juiciosa, a guisa de balance, qué se logró durante el año y qué correctivos son necesarios, para el que comienza.

Los excesos en gastos de tipo económico y los abusos en materia de alimentos y bebidas, pueden ser manejados y controlados, para realmente darle un descanso al bolsillo, que grandes compromisos tiene, a partir de enero.

O será que toda esta parafernalia navideña, es una máscara desesperada, que busca anestesiar nuestros dolores y sufrimientos; procurando por unos días en medio de bailes, piscinas, fincas y asados, inducir una amnesia, para hacernos creer en paraísos ficticios.

Decía Cicerón: “…ni aún deseándolo o ansiándolo se nos ha dado el poder de gozar de tiempo libre…” y siguiendo su pensamiento, yo creo que tenemos problemas en la administración no sólo del tiempo, sino del dinero.

Que entonces, en estas vacaciones por un momento, hagamos un alto en el camino, para reflexionar, hacer la pausa y encontrarle sentido al descanso.

¿Existe la obesidad mental?

Yo creo que en estas épocas post-modernas, estamos inundados de información y a manera de “tentaciones”, estas “golosinas y grasas” informáticas van engordando nuestra mente.

No podemos desconocer que hace algunos años, éramos inconscientes de nuestra ignorancia, pero ahora es tiempo de despertar la conciencia para de esta forma decantar la información que consumimos día a día.

La manera como nos presentan la información, seduce y atrapa, entonces un titular bien diseñado se torna provocativo y nos obliga a leer lo que a la final no deja ser un simple comentario callejero que desata un mar de pensamientos y por supuestos malos entendidos. Lo problemático del asunto es que “atascamos” nuestras mentes indefensas con temas que se quedan sin procesar, y todo esto va causando una especie de “obesidad mental”, debido a que el cerebro queda “relleno” de información innecesaria, por lo superflua

Paradójicamente y de otro lado, aparecen consejos, trucos y estrategias para hacer frente a las montañas de información que consumimos cada día. Leemos acerca de la gestión del tiempo, la autogestión, la gestión del correo electrónico y cómo superar la dilación, pero hacemos caso omiso de todas estas recomendaciones y seguimos el camino del “atragantamiento informático”, gracias esa enorme industria que nos incrementa la “necesidad” de información.

Yo creo que la solución no es tan simple como parece y se vuelve compleja por la presión misma del medio que te obliga a estar informado.

No basta con decir no, frente a la avalancha de información. Se requiere generar un sinnúmero de estrategias, incluyendo las del autocontrol, para no recibir la montaña de boletines por correo electrónico,  los RSS sin importancia, los “trinos” tontos y sin profundidad  y la actualización del grupo de amigos en el Facebook . Lo mismo que crear la disciplina de desconectarnos del “dispositivo inteligente” para no a estar de guardia, veinticuatro horas, al pié del teléfono móvil.

En definitiva yo creo que nos hemos vuelto adictos a la información, por la descarga hormonal que ofrece este estilo de vida acelerado, que solo proporciona información de bajo nivel creando una experiencia vacía, sin profundidad intelectual, ni emocional.

Estamos perdiendo tiempo valioso, pegados de las páginas de internet, que no aportan realmente al sagrado arte de vivir.

Lo paradójico de este acelere es que la información no va a ninguna parte; pues se queda para la posteridad en el ciberespacio. Estará allí siempre y cuando la necesites en el futuro…entonces ¿cuál es el afán? Yo creo que tiene que ver con la vanidad de ser el primero en estar enterado.

Sabemos de los beneficios físicos y mentales de decir no a los excesos; incluso si optamos por ignorarlos. Beneficios similares se pueden obtener gracias una dieta de adecuada información, como por ejemplo, seleccionar la más alta calidad de información “nutriente” para el cerebro y el alma.

Ser exigente, evitando la basura informática, al buscar información profunda, confiable y llena de contenido nutritivo.

Ahora, yo creo que la familia y la escuela, tenemos responsabilidad en esto.

Si hacemos un análisis general del contenido de la “dieta mental” de nuestros jóvenes encontraremos que está compuesta por dibujos animados, video-juegos, telenovelas, realities, videos musicales, programas de televisión y páginas de internet cargadas de información sin filtro.

Si no tenemos claro que los escándalos “venden” y  alimentan las revistas y los noticieros, seguiremos consumiendo dicha información, que debido a la inmediatez de la “chiva”, con frecuencia, carece de investigación profunda.

Yo creo que algunos sectores de los medios de información dejaron de informar, para seducir audiencias. Mientras tanto la familia va perdiendo su protagonismo, desplazada por la tecnología de los juegos de video y el computador. Los niños se atacan y se amenazan por las redes sociales o vía chat gracias a su aprendizaje en los juegos de video, las películas y la televisión, y la pareja matrimonial pierde su prestigio, seguridad y estabilidad, por las publicaciones en facebook y demás redes sociales que precipitan separaciones de pareja, como lo han demostrado estudios recientes.

Todo esto nos indica que la psicología de la humanidad,  se está enfermando por ese “vacío ciberespacial” que genera ansiedad por estar conectado.

Yo creo que es el momento de hacer un alto en el camino, para desconectarnos por un instante y recuperar nuestra vida intima y personal, pues nos estamos volviendo “obesos mentales” por nuestro afán de ser superficialmente, cibersociales.

Ámame cuando menos lo merezca…

Yo creo que nada de lo que sucede, sucede porque si. En cada situación de la vida nos enfrentamos con elementos significativos, que toman importancia, sólo cuando nos detenemos a observarlos. Nada sucede al azar, cada evento, cada situación tiene una razón, aunque oculta para algunos, que tiene como objetivo ayudarnos a aprender, y por supuesto a re-descubrir nuestra misión en la tierra.

Yo creo que se resucita, cuando al tocar fondo, el impulso del golpe nos hace salir a flote. Al bajar a los infiernos de nuestros fantasmas y temores, y encontrarnos cara a cara con la realidad de nuestros miedos, surge de entre la bruma de las tinieblas, la luz esperanzadora de la nueva oportunidad, de la puerta que se abre, de la ventana generosa que muestra un nuevo amanecer. Sin embargo,  para ello se requiere un tipo de mirada especial.

Creo que la vida está llena de experiencias buenas y dolorosas y que a veces nos toma por sorpresa y sentimos que no estamos preparados para la confrontación. Pero precisamente de eso se trata: entender que cada alma tiene marcado su destino y que frente a la circunstancias adversas, la calma, la creatividad, la esperanza, la fe y la recursividad son nuestras aliadas certeras, para salir adelante.

Creo que cuando se trata de compartir con otros seres humanos, puedo afirmar que nada me asombra de su naturaleza, pues todo, en el campo de todas las posibilidades, puede suceder y es nuestra tarea, observar sin juzgar, pues soy parte de los demás y el otro de alguna forma es mi espejo.

Así, yo creo que por malas que sean las conductas de los demás y que, adicionalmente algunas de ellas nos hagan daño, es cuando más amor y perdón necesitamos prodigar a esos agresores y por supuesto a nosotros mismos.

El proverbio chino: “ámame ahora, cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito” muestra claramente la importancia de abrazar la fragilidad de la naturaleza humana, pues al sentirnos culpables, asustados o poco merecedores, es cuando más necesitamos del amor incondicional de nuestros seres queridos y de su abrazo sincero y reconfortante, para recobrar la fé perdida en nosotros mismos y de esta forma, vivir la resurrección.

¿Por qué no soy feliz?

Yo creo que una de las preguntas fundamentales que nos ronda con frecuencia, es aquella relacionada con la felicidad. Porque, cuando todo se nubla frente a nuestros ojos, surge del fondo de las tinieblas de la tristeza, la duda sin respuesta: ¿por qué no soy feliz?

Se podría responder en primer lugar, que la infelicidad es una consecuencia del pasado, que no se sabe manejar en el presente, para preparar el futuro.

Del pasado, porque fue allí cuando comenzó el proceso de acumular memorias tristes; recuerdos apesadumbrados  y experiencias traumáticas sin fin. Desde un pretérito inconsciente,  sin poder defendernos de los ataques del desaliento, sumado a las épocas intrauterinas, donde éramos los depositarios de las depresiones de nuestra madre,  o los beneficiarios de las alegrías de la anhelada espera de ella y del entorno familiar. Todo esto sin contar con la herencia hormonal, de la que no pudimos escapar, y que pasa su factura inexorable en la pobre recaptación de serotonina.

De otro lado, las primeras vivencias, los primeros eventos triunfantes y gananciosos, así como los primeros traumas, van acumulando nostalgias, a manera de balance, que no siempre muestran un marcador favorable.

Entonces llega el presente con su cúmulo de frustraciones, que no se pudieron manejar en su momento, porque no había los recursos o porque no fuimos entrenados adecuadamente para manejar  sentimientos y pensamientos perturbadores.

Esto explica, entre otras cosas, nuestro desánimo y desaliento actual. Pues nos falta repertorio cognitivo, que nos ayude, a manera de escudo protector, a pensar con esperanza hacia el futuro, a construir pensando en el mañana, a soñar en momentos mejores por lo indoloros, donde la luz y la claridad sean parte natural del paisaje.

Así, ¿Por qué no soy feliz? Es una pregunta entonces, que se puede resolver, más que en la búsqueda de las causas, en la pro-actividad jubilosa de la esperanza, pues, si no puedo cambiar mi pasado, si puedo cambiar mi reacción y mis conductas del presente, para construir futuro.