La luna no puede ser robada

Yo creo que este Koan nos puede ayudar a iniciar la reflexión.

Ryokan, el maestro Zen, llevaba la vida más sencilla posible en su pequeño refugio en la montaña. Una tarde, un ladrón entró en su refugio y no encontró absolutamente nada de valor.

Ryokan volvió y lo pilló. “Has caminado mucho para visitarme”, le dijo al ladrón, “y no deberías irte con las manos vacías. Por favor toma mis ropas como regalo.”

El ladrón estaba perplejo. Tomo las ropas y se marchó de allí.

Ryokan se sentó desnudo a contemplar la luna.”Pobre amigo“, musitó, “ojalá pudiera haberle dado esta preciosa luna.”

Yo creo que al mejor estilo, podríamos responder como aquel maestro, cuando le preguntan porqué anda “desnudo”; y el dice: “no tengo nada, para que nada me posea”.

Nuestro problema está en lo que consideramos nuestras posesiones. Y sentimos que debemos defenderlas de cualquier agresor. La realidad es que nadie puede quitarnos lo que no nos pertenece. Yo creo que nadie nos quita nada, o nos roba. A veces nos hacen un favor, liberándonos del peso de la custodia.

“Ese hombre me quitó mi mujer”; no es cierto, mas bien ella se quiso ir con él. Conozco muchos casos de hombres y mujeres seductores (ladrones), que no consiguen su objetivo, pues la propuesta es rechazada con argumentos muy poderosos; entre ellos, la autoestima, que implica el amor consciente, que sabe el riesgo de la aventura y el costo que representa.

Cuentan que en cierta ocasión, un hombre llevaba a la vista de todos, un precioso diamante que, por supuesto, atrajo la atención de un ladrón. Lo interesante del asunto es que, aquel hombre, no mostraba ningún temor por ser robado. Así fue; cuando el ladrón se acercó al hombre del diamante, éste se lo entregó diciendo: llévatelo que se que vienes por él.  El ladrón aprovechando la oportunidad, salió en veloz carrera. Pero al rato, curiosamente regresó con el diamante y devolviéndoselo al hombre a quien había robado, le dice: “vengo por algo más valioso que usted tiene: su desprendimiento”.

Nadie tiene un carro, más el bien el carro lo tiene a él. Nadie tiene una casa, más bien la casa lo tiene a él. Nadie tiene la posesión de otro ser humano, más bien el otro quiere estar con nosotros. O nos hace creer que es nuestro.

Decir “mío”, puede ser riesgoso. Por el autoengaño sutil y “anestesiante” que significa, el creer que hace parte de nuestras posesiones.

Nada traemos al mundo… nada nos llevamos. El proceso de acumular posesiones produce una ceguera que impide ver los verdaderos tesoros, más espirituales y trascendentales, como por ejemplo el amor incondicional, que deja ser.

La luna no puede ser robada. La paz no puede ser robada, el amor no puede se robado, salvo para quien tiene miedo de perderlos.

Yo creo que es prioritario trabajar las sombras del miedo infundado, que nos impiden ver.

Necesidad de poder, necesidad de saber, necesidad de amar y ser amado

Yo creo que lo que busca todo ser humano está asociado con el poder, el saber y el amar. Todos tenemos necesidad de poder, necesidad de saber y necesidad de amar y ser amados.

El poder que da el dinero, o la posición administrativa, o incluso el conocimiento, asociado con el poder que da el saber, en el fondo busca que podamos amar y ser amados. Es decir, buscamos ser reconocidos y admirados y/o en el peor de los casos… temidos.

Entonces, en palabras de J. Krishnamurti es necesario transformar la mente y “una transformación semejante sólo puede tener lugar mediante una educación correcta y el total desarrollo del ser humano.

Yo creo que, cuando se habla de educación es necesario asociarla a la educación de la y para la libertad.

Dice Kirhnamurti en el texto que se titula “el arte de vivir”,que esa revolución, que propicia la educación de la mente, ha de ocurrir en la totalidad de la mente, y no sólo en el pensamiento.  El pensamiento, después de todo, es sólo un resultado y no la fuente, el origen.  Tiene que haber una transformación radical en el origen mismo y no una mera modificación del resultado.  Al presente, nos entretenemos con los resultados, con los síntomas.  No producimos un cambio vital desarraigando los viejos métodos de pensamiento, liberando a la mente de las tradiciones y los hábitos. Es en este cambio vital en el que estamos interesados, el cual sólo puede originarse en una correcta educación.

La función de la mente es investigar y aprender. Por aprender no entiendo el mero cultivo de la memoria o la acumulación de conocimientos, continua Krishnamurti, sino la capacidad de pensar clara y sensatamente sin ilusión, partiendo de hechos y no de creencias e ideales.  No existe el aprender, si el pensamiento se origina en conclusiones previas.  Adquirir meramente información o conocimiento, no es aprender. Aprender implica amar la comprensión y amar hacer una cosa por sí misma.

El aprender sólo es posible cuando no hay coacción de ninguna clase. Y la coacción adopta muchas formas, ¿no es así?  Hay coacción a través de la influencia, a través del apego o la amenaza, mediante la estimulación persuasiva o las sutiles formas de recompensa, sostiene Krishnamurti.

Sigue exponiendo Krishnamurti, que la mayoría de la gente piensa que el aprendizaje es favorecido por la comparación, mientras que en realidad es lo contrario.  La comparación genera frustración y fomenta meramente la envidia, la cual es llamada competencia.  Como otras formas de persuasión, la comparación impide el aprender y engendra el temor.  También la ambición engendra temor.  La ambición, ya sea personal o identificada con lo colectivo, es siempre antisocial.  La así llamada ambición noble es fundamentalmente destructivo en la relación.

Krishnamurti nos invita a desarrollar una buena mente; una mente capaz de habérselas con múltiples problemas de la vida como una totalidad, y que no trate de escapar de ellos volviéndose de ese modo contradictoria en sí misma, frustrada, amarga o cínica.  Y es esencial que la mente se percate de su propio condicionamiento, de sus propios motivos y de sus búsquedas.

Puesto que el desarrollo de una buena mente constituye uno de nuestros intereses fundamentales, es muy importante el modo como uno enseña, concluye Krishnamurti, pues tiene que haber un cultivo de la totalidad de la mente y no sólo la transmisión de informaciones.  En el proceso de impartir conocimiento, el educador ha de invitar a la discusión y alentará a los estudiantes para que investiguen y piensen de una manera independiente.

Finaliza su comentario Krishnamurti diciendo que la autoridad, “el que sabe”, no tiene cabida en el aprender. El educador y el estudiante están ambos aprendiendo, a través de la especial relación mutua que han establecido; pero esto no quiere decir que el educador descuide el sentido de orden en el pensar.  Ese orden no es producido por la disciplina en la forma de enunciaciones afirmativas del conocimiento, sino que surge naturalmente cuando el educador comprende que en el cultivo de la inteligencia tiene que haber un sentido de libertad.

Quien no cambia, lo cambian

Yo creo que en estos tiempos de la postmodernidad, todo es rápido y competitivo. Por lo tanto se requiere estar preparado para actualizarse y adaptarse a las nuevas tendencias y tecnologías. Esto quiere decir que, quien no cambia, con el tiempo lo cambian, pues la generación más joven y creativa, por esas lógicas de la vida, está llamada a quedarse con las riendas de la empresa, el negocio o el mercado.

Para cualquier empresa el reto consiste en prepararse para el futuro. Y esa preparación comienza con la toma de conciencia de nuestras fortalezas, amenazas, debilidades y oportunidades.

Sin embargo en ningún colegio, universidad, o institución educativa nos enseñan cómo prepararnos para el cambio y ser más competitivos, léase competentes, en un mundo cada vez más desafiante.

A primera vista, este comentario parece dirigido a los empresarios. Pero yo creo que llegó el momento de ver a la familia y a la pareja como las mejores empresas que existen, “por las ganancias que ofrecen” y por la prioridad que merecen y hemos desatendido.

Yo creo que estamos perdiendo mucho tiempo ganando dinero. Y al mismo tiempo nuestro éxito financiero no justifica nuestro fracaso a nivel personal y emocional en la familia y la pareja.

Soy de los que piensa, que en la pareja se aplican muy bien todos los principios de servicio al cliente. Y que cuando no se ofrece un buen servicio, nuestro cliente interno, buscará los buenos oficios de otro proveedor.

Con frecuencia escucho, como principal demanda de las parejas, la queja reiterada en la necesidad de cambio del otro. Es cierto, las expectativas de un cliente pueden no tener límite, pero también es cierto que a veces en pareja fallamos en lo más esencial, a la hora de comunicarnos, respetarnos, amarnos y/o colaborarnos.

Por ejemplo: ¿cuánto hace que no buscamos un momento romántico y especial para hacer el amor? Lo digo porque si nos descuidamos, se vuelve un lugar común, predecible, programado y carente de toda excitación, novedad y asombro; con razón algunos maestros orientales recomiendan el encuentro íntimo una vez al año. O si se va a vivir la experiencia cómo mínimo cada semana, que sea entonces un evento especial, único e irrepetible para que avive la posibilidad de sorprendernos.

De otro lado… ¿cuánto hace que no endulzo el oído de mi pareja con frases, positivas, reconocedoras de talento, habilidad o llenas de autoestima para elevar su autoconcepto y más bien nuestro discurso se ha llenado de quejas, reproches y reclamos?

¿Se nos olvidó conquistar a nuestra pareja eternamente? Pues recordemos, como se hace en el servicio al cliente empresarial, que es obligatorio montar un programa de fidelización con pequeños grandes detalles llenos de amor, ternura y camaradería.

¿Ya “consignó” hoy, su cuota de amor? Si no lo ha hecho, es el momento de abrir una “cuenta bancaria de amor” por su pareja, donde se consignen, besos, abrazos, ternuras y “eroticidades” varias, para deleite y placer de nuestro cliente principal…pues tenemos la esperanza de que nos acompañe toda la vida.

En fin, yo creo que, quien no cambia, lo cambian.

No basta con desearla…

Yo creo que no basta con desear la paz, creo que es obligatorio hacer algo por ella.  Esta frase la encontré en una valla en lo alto de un edificio en New York y me conmovió profundamente. Pues confirmé como dedicamos mucho tiempo a hablar y a decir cosas bonitas e impactantes pero se nos olvida volver acción y testimonio todo aquello que enunciamos.

Así mismo recuerdo una canción, que repetía este estribillo: “…no, no, no basta rezar, “¡hacen falta muchas cosas para conseguir la paz!”.

Y…esas “cosas”, de las que habla la canción, no son mi más ni menos que de todas nuestras conductas, pensamientos y palabras violentas.

La paz nace cuando aquietamos nuestro pensamiento. La paz surge cuando somos capaces de controlar nuestros impulsos agresivos y dañinos contra otros, la vida o la naturaleza. Cuando somos generosos y altruistas, en lugar de envidiosos y egoístas. La paz es la consecuencia de nuestra forma de pensar constructiva, oblativa y amorosa.

Si al momento de conducir un vehículo, lo hago desde la paz interior, el resultado se ve reflejado en mi comportamiento compasivo, pues el instrumento que guío, es un arma mortal en potencia.

Si al momento de hablar, calculo las consecuencias agresivas de mis palabras, estoy contribuyendo a la armonía social y emocional de quienes me escuchan.

Si al momento de tomar una decisión estoy pensando en el beneficio de todos, incluyéndome, ya estoy aportando a la equidad y a la justicia.

Yo creo que, como lo expresa San Francisco de Asís, no basta con desear la paz, es importante ser instrumento de ella.


Con el presente, construyo el futuro

Yo creo que somos los arquitectos de nuestra propia vida. Somos los constructores de nuestro destino y tenemos la responsabilidad de construir bien.

Sin embargo, todo comienza con el legado genético obligatorio que recibimos.  Somos el resultado de un grupo de genes que, de generación en generación, van programando nuestra existencia. No podemos negar la poderosa influencia de esa herencia del pasado, pues somos el resultado de los logros y los aciertos de nuestros antecesores.

La genética es tan importante que marca el destino de nuestros actos e incluso de nuestras enfermedades pues, cargamos con el código genético de la tendencia a la obesidad, la tristeza, la alegría o la locura.

A esto debemos sumarle el tipo de padres que nos correspondieron. Ya  hemos dicho que para la psicología, papá o mamá no es necesariamente quien nos engendra, sino quien nos educa. Y ese papel en el mundo post moderno, lo realiza la abuela, la tía, la empleada del servicio o la vecina de turno, que “generosamente” se ofrece para cuidar esos hijos temporales.

Los años maravillosos de la formación del carácter y la personalidad, de los valores y de las creencias y convicciones se cumple entre los cero a siete años de edad. Esto significa que recibimos como dogma de fe, cualquier expresión, comentario o frase de nuestros formadores.

Acto seguido somos el resultado de la escuela, colegio o centro de educación a donde asistimos en estos primeros años. Sin ningún tipo de defensa, para esta influencia positiva o negativa, creemos al pie de la letra lo que nos dicen, nos insinúan, nos corrigen o nos premian los maestros.

Entonces nuestro comportamiento es conducido, formado y educado de acuerdo con las convicciones, expectativas, esperanzas y temores de aquellos que están al frente de dicha formación.

El siguiente elemento formativo que vamos a encontrar, en el camino de la construcción de nuestro proyecto de vida, es la sociedad y la cultura en la que estamos inmersos. Esto significa que ya no nos parecemos tanto a nuestros “padres” como al tiempo en que nos corresponde vivir.  Somos más parecidos a lo que nos ofrecen las redes sociales de comunicación, que a nuestras propias familias.

Y para completar este panorama, es importante anotar, cómo en la construcción de nuestro proyecto de vida, los propios traumas, temores y anhelos influyen decisivamente en el mismo.

Yo creo que es el momento de revisar con amor y esperanza la oportunidad maravillosa de comprender que somos el resultado de muchos elementos y al mismo tiempo, somos los arquitectos del futuro, pues tenemos la capacidad de construir y generar cambios en nuestra vida a partir de la esperanza de que siempre hay un amanecer… para comenzar de nuevo.

Los celos deben ser entendidos…

Yo creo que los celos son el resultado del miedo que nos produce el sospechar que otra persona se adueñe de lo que tenemos. Desde allí nace el problema cuando creemos que se posee o se tiene una persona. Esa afirmación “usted es mío(a)”,  encierra la poderosa sospecha de la inseguridad generada por la libertad del otro. Las personas no se tienen como si fueran objetos de uso personal.  Cada quién es libre de optar por compartir la vida con quien desea.

Existen celos normales, sin embargo, el aspecto obsesivo de los celos garantiza para el celotípico la necesidad de confirmar sus sospechas a pesar de que las evidencias muestren otra cosa. Lo que hace que fabrique fantasías solo posibles en la mente del celoso.

Los celos también se explican como el resultado de relaciones significativas anteriores, cuando desde la familia, los niños aprenden a temer que otros puedan entrar a disputar atención o afecto de sus seres queridos.

El celoso se siente descuidado por su amado. Porque los celos se producen como consecuencia de no atender las “necesidades” del demandante.  A fin y al cabo el otro nos quiere en exclusiva. Nuestro propio dolor, nuestras sospechas paranoides, y nuestros ataques de celos son el producto de un individuo que no está recibiendo suficiente atención.

Yo creo que al estudiar los celos no solo encontramos emoción, también mucho contenido importante desde las ideas, recuerdos y fantasías de abandono y olvido. Soy celoso por algo que me pasó y tengo miedo a que vuelva ocurrir….en la fantasía.

Como dice Thomas Moore, reducir los celos a un fallo del ego es pasar por alto su complejidad. Hay que “oír” a los celos para entender su historia en nuestra vida y en nuestra familia.

Como en una novela, en la historia de los celos intervienen personajes poderosos como el moralista, el policía, el detective, el ultraconservador y por supuesto el paranoico.

Yo creo que los celos bien entendidos sirven para cuidar el hogar y la estabilidad de la pareja y la familia, porque etimológicamente celar es lo mismo que vigilar, en este caso la integridad y la interioridad del orden establecido, ya que los celos ayudan a poner límites y reflexión al evitar el dolor de la separación y del divorcio.

Yo creo que los celos deben ser comprendidos y tenidos en cuenta, no como una simple inseguridad sino como un llamado de atención del asustado celoso, quien teme perder lo que cree suyo.

 

La experiencia proviene de los malos juicios

Yo creo que cada cosa que nos sucede, es una excelente oportunidad para aprender. Pues hasta en medio de la adversidad se puede encontrar el tesoro de la enseñanza o la moraleja. Nada de lo que nos pasa es al azar, pues se convierte en maestro, cualquier acontecimiento, si sabemos extraer de él, los aprendizajes para la vida.

Barry Le Patner dice que: “…el buen juicio proviene de la experiencia y la experiencia proviene del mal juicio”. Dicho así sería bueno levantarle un altar a las equivocaciones. Son precisamente nuestros errores los que nos guían en el sagrado arte de vivir. Son nuestros fallos, los que nos permiten corregir el rumbo.

Con frecuencia, con mis estudiantes de la universidad, hablamos de la importancia de perder. Pues cuando se pierde, para el que está despierto, surge la pregunta ¿por qué no se dio lo que se esperaba? Entonces el buen juicio recomienda implementar los correctivos del caso para intentarlo de nuevo. Es precisamente allí,  donde se descubre, cómo la equivocación permite plantear la pregunta: ¿Qué debo corregir?

Me lo imagino como en un juego de video, donde el sistema pide hacer determinadas cosas adecuadamente, pues de lo contrario no se puede pasar al siguiente nivel. Entonces el jugador como un reto personal, busca la solución a la pregunta: ¿Qué estoy haciendo mal?

Al revisar con juicio nuestras actuaciones y pensamientos, nos damos cuenta de cómo algunos errores repercuten en el curso de los acontecimientos. Afortunadamente a veces, la vida nos regala una segunda oportunidad para recomponer lo andado.

En el camino de la vida, en la construcción de nuestro proyecto, es importante evaluar continuamente, para observar progresos y fracasos.

Una buena pregunta, es el comienzo de una buena investigación. Y el examen cuidadoso de los hechos garantiza, para quien lo quiere, la esperanza de encontrar pistas para enderezar el rumbo.

Para quien está alineado con el Universo, el campo de todas las posibilidades se abre más aún.

Entonces, que al hacer balance de este semestre, sea la esperanza y no la derrota la que impere, pues se trata de aprender de las equivocaciones, para seguir adelante.