Los abrazos que cambian el mundo

Yo creo en el poder sanador de los abrazos.

Nada tan reconfortante y cálido como sentir el abrazo espontáneo de un niño.

O el abrazo fuerte de la madre cuando está esperando eternidades, la llegada de su hijo perdido.

Creo en el abrazo de la reconciliación entre dos hermanos que se han peleado y además creo en el abrazo protector cuando una catástrofe o emergencia nos ha llegado de sorpresa.

Creo en el abrazo amoroso del padre cuando recibe a su hijo asustado por una pesadilla.

Y creo en el abrazo de felicitación cuando nuestro equipo ha ganado el campeonato.

Creo en el abrazo acompañante cuando un ser querido ha muerto.

Y creo en el abrazo estremecedor de los niños especiales cuando triunfan en sus olimpiadas.

Creo en la ternura del abrazo entre los viejos.

Creo en la verdad del abrazo de la pareja después del erotismo y la pasión.

Y creo que si todos nos abrazáramos, este mundo sería distinto.

Definitivamente creo en la abrazoterapia.

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Qué podemos y qué no, en la formación de los hijos

Creo que, entre los padres de familia, gravita una constante preocupación en torno a nuestro papel en el proceso formativo de los hijos.

Por estos días asistí a un taller de padres de familia, organizado por un importante colegio de la ciudad y gracias a las variadas actividades propuestas esa noche, me llamó la atención un texto, que precisamente por lo sencillo, posee esa profundidad característica, solo perceptible para quienes tienen ojos para ver y oídos para oír.

Al texto original, le he hecho algunas modificaciones gramaticales y de forma pero no de fondo, para hacer más fluida la lectura.

Al mismo tiempo, como desconozco el autor del mismo, pido a mis lectores, me iluminen, el origen del escrito.

El texto comienza así:

Hijo, hija:

Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.

Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprenderlas.

Puedo dirigirte, pero no responsabilizarme por lo que haces con tu vida.

Puedo instruirte en lo qué es malo y bueno, adecuado e inadecuado; pero no puedo decidir por ti.

Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.

Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.

Puedo hablarte del respeto, pero no te puedo exigir que seas respetuoso.

Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo seleccionarlas por ti.

Puedo educarte acerca del sexo y la sexualidad, pero no puedo dirigir y controlar tus conductas sexuales.

Puedo hablarte acerca de la vida, pero no puedo construir una reputación para ti.

Puedo decirte y mostrarte que el licor es peligroso, pero no puedo hacer que te abstengas de consumir, si no es una decisión tomada por ti.

Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.

Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti,

Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.

Puedo darte pistas en cuanto a la ética, pero no puedo hacerte una persona moral.

Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo vivir por ti.

Hijo, puedes estar seguro de que hago todo esto… porque te amo. Sin embargo, lo que hagas con tu vida, dependerá de ti…

Y aún cuando esté a tu lado, como padre, las decisiones trascendentales de tu vida, solo tú podrás tomarla.

Yo creo que, al menos el texto ilustra qué podemos hacer los padres y que no, en relación con la formación nuestros hijos. Y confrontarnos día a día con la pregunta: ¿qué estilo parental requieren nuestros hijos hoy?

Espero comentarios, para enriquecer la reflexión.

La casa en el aire…

Con la muerte de el maestro Escalona, se cierra un hermoso capítulo en la cultura colombiana. Me refiero a la capacidad de narrar brevemente un acontecimiento acompañado de música, al estilo juglar.

Sin embargo, fuera de hacer un sentido y humilde homenaje al compositor Rafael Calixto Escalona Martínez,  quiero referime como psicólogo, a una de las letras de sus ya inmortales composiciones: La casa en el aire.

Yo creo que como padre, a pesar del deseo, es muy difícil instalar a la hija en una casa aérea, léase inaccesible, para evitar de esta forma, que cualquier oportunista pretendiente (como se decía antaño), cautive a la “incauta paloma”.

En forma de canción, Escalona plasmó el temor de más de un padre, preocupado por el futuro amoroso de su hija.

El problema no está en aislar a la doncella, sino en trabajar decididamente para que ella adopte posturas de autocuidado y responsabilidad que le permitan tomar decisiones separadas de la carga hormonal, social y afectiva, que estos primeros noviazgos traen.

Con razón, el “intelectual del vallenato”, se hizo maestro, contando pedazos de vida, en este caso como padre, teniendo en cuenta su preocupación.

Paz en su tumba al irremplazable Escalona.

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

Futurizando…

Martín Buber

Yo creo que la vida es un lienzo en blanco donde voy pintando mi obra maestra, dado que cada uno de nosotros, es el artífice de su propia vida.

 

Entonces, la pregunta que surge, a la manera de un escritor que enfrenta una hoja en blanco… es simple y profunda: ¿Qué quiero para mi vida? ¿Qué voy a escribir allí? ¿Con qué pinceles y colores voy a darle brillo y arte a cada elemento de mi existencia?

 

La respuesta no es fácil, máxime cuando quienes nos acompañan en el proceso, también se están construyendo como personas; me refiero a los padres y maestros. Ya que sabemos que el ser humano está en constante construcción… se hace y rehace todo el tiempo y se cuestiona en forma permanente sobre el futuro en su devenir.

 

Nos preguntamos con frecuencia para qué vinimos a la tierra y cuál es nuestra misión. Y por más que intentamos responder, nos quedamos cortos, gracias a la incertidumbre.

Así, lo primero que salta en nuestro auxilio, es la expresión llena de fe y esperanza que surge desde el interior: ¡Yo quiero ser feliz!

 

Pero. ¿Qué es ser feliz, en un mundo cercado por la depresión y la desesperanza?

 

Gracias a que habitamos un universo, que además de cosas buenas, también está lleno de injusticias y maldad, donde además, nos han vendido la idea, que felicidad es sinónimo de dinero y placer, debido al poder económico. Entonces me pregunto: ¿Cómo quiero vivir? Si estoy obsesionado por la competencia, en muchos casos, en contra de mi mismo.

 

Me declaro organizador de mi propio universo cuando decido construirlo en compañía de mis semejantes, comprendiendo sus diferencias fundamentales, sin obligarlos a pensar como yo.  Amando la otredad, en una danza maravillosa, al crecer en la relación YO-TU, al estilo de Martín Buber.

 

Me obligo a ser más persona cuando descubro que estoy acompañado y que sólo en comunidad es posible elaborar un proyecto de vida.

 

De esta forma, cuando me doy cuenta que no estoy solo, aparece al menos una opción posible:… mi proyecto de vida comienza y termina con el otro, con la comunidad, con la sociedad que me necesita como miembro activo y que puedo elegir una actividad que me realice desde el servicio.

 

Futurizando…el ser parte integrante de la comunidad… me pregunto: ¿Cuál es mi papel?

Arquitecto de futuros…

maestro2Yo creo que los maestros y profesores somos arquitectos de futuros.

Hace muchos años atrás, cuando estaba muy joven, en un programa de televisión, tuve la oportundidad maravillosa, de disfrutar un concurso, donde los participantes jugaban con las palabras, a partir de la letra inicial y una definición como pista. Con la letra A, decía el presentador: “profesional encargado de elaborar planos de casas y edificios, con buen gusto y armonía”. La respuesta por supuesto Arquitecto.

Me quedé pensando desde esa época y concluí, que los maestros somos arquitectos de futuros. Y con cuanta responsabildiad estamos ayudando en la construcción, de un estilo de vida, de un proyecto de persona, de un tipo de ciudadano para el mundo.

Y creo que la persona misma del maestro, es la que educa, con su ejemplo y testimonio de vida. Nada tan peligroso como un maestro, quien pretende estar al frente de un salón de clase, sin haberse trabajando antes, sin conocer sus límites o posibilidades, sin confrontar sus carencias o riquezas.

En otra ocasión más reciente, en una conferencia que dictó en Medellín, Colombia, Luis Espinoza Chamalú , le pregunté sobre la manera de seleccionar profesores para un centro educativo. La respuesta fue simple, profunda y contundente… el principal requisito para recibir docentes, dijo, es que sean felices.

Yo creo que el autoconocimiento, es el primer paso para optar el título de maestro; los conocimientos científicos vienen por añadidura, luego de una rigurosa investigación… y el propio autodescubrimiento llega, gracias a la cotidiana actividad, de preguntarse sobre sí mismo.

Donde menos se espera…

Yo creo que nuestra percepción falla cuando nos dejamos llevar por una primera impresión. “Donde menos se espera salta la liebre”… decían con frecuencia nuestros ancestros y esta expresión popular, cada día tiene más vigencia, cuando se trata de emitir un juicio o una opinión sobre alguien.

Lo maravilloso de un ser humano es su humanidad. Y esta merece todo nuestro respeto en relación con su persona y más aún cuando a primera vista o por comentarios, formamos un concepto a priori de las personas.

Este es el caso de Susan Boyle y el famoso concurso cazatalentos ingles: ¡Cero y van dos!