Envejecer con gracia…

old-people-616718_960_720Yo creo que es posible envejecer con gracia. El paso inexorable del tiempo va dejando huellas en nuestros cuerpos. No podemos negar frente al dictamen contundente de las fotos familiares, que nuestros rostros van cambiando año tras año. Y que, ese proceso sucede de manera imperceptible, para nosotros, en el día a día. Nuestros cuerpos, no son los mismos de antes y lo notamos cuando con vana ilusión pretendemos ciertas metas cotidianas.

Negar el proceso natural del envejecimiento es resistirse a la realidad implacable de la normal evolución de la naturaleza. Sin embargo el espíritu puede permanecer joven y armonioso si lo cultivamos para esas últimas etapas de nuestras vidas físicas.

El cuerpo es la envoltura del alma. Si con el cuerpo pecamos y somos esclavos de sus arrebatos de placer, con el alma sanamos cada golpe del destino sobre nuestras carnes. Es decir, la lucha al final de los días va siendo otra.

Con el paso de los años la sabiduría llega como premio maravilloso a tantos septenios de excesos en todo sentido. La graduación final ocurre como recompensa por el choque lógico de la verdad innegable: ya no tenemos cuerpo para seguir gozando como gozabamos antes. El goce ahora es de otro tenor. Nos llenamos de alegrías y momentos especiales, vemos lo que nos rodea con ojos nuevos y encantados. Y sentimos la vida de manera diferente, si nos fuimos cultivando para ello, con anterioridad.

El paso de los años tambien los vemos al reencontranos con nuestros viejos amigos. Y en forma atrevida comentamos lo deteriorado que está fulano o fulana. Así mismo de manera irónica, aquellos, los de antes, siguen siendo los muchachos y las muchachas de entonces; como si no pasara el tiempo . Y de forma misteriosa, nos vamos asustando por la desaparición repentina de nuestros contemporaneos, virtud a la muerte, que siempre está presente y nos recuerda la brevedad de este paso por la tierra.

Envejecer tiene su gracia. Claro si contamos con la fortuna de una buena salud y algún dinero con qué sobrellevar los últimos momentos de soledad o compañía que nos depara el destino.

Tiene su encanto cuando, como Pablo Neruda, anunciamos y denunciamos que : “hemos vivido”… intensamente cada instante de nuestra vida, al estilo de Borges.

Yo creo que envejecer tiene su gracia, cuando sólo podemos dar buenos consejos, en lugar de malos ejemplos.

Abrazoterapia…

Creo que los milagros existen. Es decir, creo en milagros… principalmente en aquellos que se producen gracias al amor. Es por esto por lo que creo en el poder de la afectividad.

 

Para mí, la historia comienza con la lectura del libro Love, Medicine and Miracles HarperPerennial 1990 (Amor Medicina Milagrosa, en la edición española) escrita por el médico cirujano Bernie S. Siegel, donde narra la historia de pacientes excepcionales que padecen cáncer y muestra como el amor y la afectividad hacen milagros en sus procesos de salud.

 

Más allá de lo que dice el Doctor Siegel en el libro, que de por si, ya es muy impactante, lo que más me inquietó fue el poder sanador que tenemos, dentro de nosotros mismos, en la afectividad y la manifestación del amor.

 

Entonces, buscando en los orígenes de la afectividad, encontré cómo la familia, es el primer y más importante lugar donde se dan los milagros del amor.

 

Es necesario aclarar que no existen padres perfectos… sólo existen hombres y mujeres que desde el amor, buscan la realización de sus hijos. Y afortunadamente, en el cuidado y conducción de la familia, contamos con herramientas eficaces como el amor y la afectividad. 

 

El Doctor Bowlby, famoso por su teoría del apego dice que: “El niño tiene un concepto de la persona de apego según la experiencia de la relación con esa persona. Si consigue el atraer a la persona que reclama se sentirá competente”.

 

Esto nos permite concluir que a la base de toda la arquitectura de la personalidad además de los factores genéticos constitutivos del cerebro, las condiciones del ambiente que rodean al niño y las influencias sociales, el amor y las relaciones afectuosas si cumplen un papel definitivo.

 

Todos los estudios apuntan a demostrar cómo el amor y la afectividad, tienen un papel importante en la salud, el bienestar,  y la armonía, así como en los bajos niveles de estrés de las personas.

 

Frente a este panorama, surge la pregunta: ¿qué nos impide expresar la afectividad y el amor?

 

Varias son las razones: Nos da pena abrazar y mostrar afecto, por el temor a ser rechazados o mal interpretados.

 

Sentimos angustia si nos abrazan, porque en algunos casos desde pequeños, no nos acostumbraron a esas manifestaciones de cariño.

 

Y finalmente lo confundimos, con sexo, por el umbral tan delgado que existe al abrazar un cuerpo si nuestras intenciones son otras.

 

El abrazo es terapéutico.  Se podría comenzar a difundir la “abrazoterapia”, como una manera de disminuir los niveles de violencia. Como una forma especial de controlar el estrés. Y una manera privilegiada de alejar el miedo y la ansiedad, sobre todo en una sociedad como la nuestra, que ha perdido su horizonte y está buscando la felicidad en el “dinero fácil“, cargado de culpa y violencia. No será que ¿estamos perdiendo mucho tiempo y esfuerzo, ganando dinero?

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¿Niños manipuladores?

Yo creo que los niños manipuladores, actúan así, como consecuencia del mal manejo de quienes estamos encargados de su formación…

En este video vemos claramente, cómo el niño busca la reacción de la madre… sin embargo ella está practicando el arte de no patrocinarle ese tipo de conducta inadecuada. Cuando el niño se calme y pida su atención de manera diferente… entonces la madre podrá atenderlo… de resto no.

Con buena ayuda profesional, es posible cambiar esas tiránicas conductas de manipulación por inteligentes comportamientos cooperativos por parte del niño.

No es el castigo físico, ni la violencia lo que educa… sino la estrategia de quienes oficiamos como educadores.

Antes de morir…

Yo creo que, antes de morir, es importante elaborar una lista de actividades, momentos y tareas por hacer. 

A esta actividad, le sacamos el “cuerpo“, por la angustia inherente que despierta la certeza de la muerte, como algo inminente e ineludible y como una obligatoriedad de todo ser vivo.

Lo curioso es que todos estamos condenados a muerte. La diferencia con algunos es que conocen la fecha exacta de la partida.

Creo por el momento que tengo algunas tareas pendientes antes de morir: amar, perdonarme, perdonar y por supuesto, cumplir la misión.

En este caso que vamos a ver…el Doctor Randy Pausch, cumplió hasta el final con su misión:

El perdón es posible…

Yo creo que el perdón es posible.

Y creo que es posible, porque requiere de una toma de conciencia en torno al manejo de nuestros recuerdos. Podemos ser selectivos con ellos. Es decir, si elijo recordar sin rencor, obtengo beneficios porque me libera del lastre del pasado.

Perdonar es concederle al otro la posibilidad de la equivocación. En un mundo de humanos, nuestra falibilidad hace parte del inventario.

Cuando se dice: “yo perdono, pero no olvido” se esta cargando con el peso del resentimiento y la necesidad de venganza. Las venganzas no son buenas porque dañan a las mismas personas que albergan estos deseos y sentimientos.

Perdonar, también es reconocer nuestro propio papel en el proceso de la ofensa. A veces no nos damos cuenta, que pudimos ser nosotros mismos los causantes de ese daño. Y para liberarnos de ese peso, proyectamos en los demás toda la culpa del hecho: “Por culpa tuya”….se convierte en el encabezado de nuestras frases y comentarios. También es bueno decir: “Por culpa mía”, como una manera de responsabilizarse de los hechos.

Es tan fácil juzgar y tan difícil defender. Es tan fácil acusar y tan difícil disculpar.

Acusar a alguien por su pasado, es negarle su posibilidad de corrección al futuro. Condenarlo por lo que hizo, tiene sentido si se le invita a un cambio y a una corrección para el presente y el mañana.

Muy distinto es cuando quiero dañar al otro intencionalmente. Cuando me obsesiono por destruirlo o acabarlo. Y por lo tanto ya no es un problema de perdón, sino un resultado del resentimiento y las ganas de desquite.

Cuando caminamos por la vida y los años llegan, vamos reconociendo nuestros errores, pecados y ofensas para con otros. Y al mismo tiempo vamos pidiendo perdón, en primer lugar a Dios, a nuestros seres queridos y al grupo social que nos rodea.

Porque el perdón, es el mejor regalo que podemos darnos a nosotros mismos y el primer paso para, examinar, observar y comprender la conducta de otros que nos ofenden y de esta forma, a pesar de las circunstancias, perdonarlos.

Yo creo que si es posible perdonar, desde el corazón, cuando he comprendido, que, en esa experiencia dolorosa, hay una enseñanza y un aprendizaje para mí.