La casa en el aire…

Con la muerte de el maestro Escalona, se cierra un hermoso capítulo en la cultura colombiana. Me refiero a la capacidad de narrar brevemente un acontecimiento acompañado de música, al estilo juglar.

Sin embargo, fuera de hacer un sentido y humilde homenaje al compositor Rafael Calixto Escalona Martínez,  quiero referime como psicólogo, a una de las letras de sus ya inmortales composiciones: La casa en el aire.

Yo creo que como padre, a pesar del deseo, es muy difícil instalar a la hija en una casa aérea, léase inaccesible, para evitar de esta forma, que cualquier oportunista pretendiente (como se decía antaño), cautive a la “incauta paloma”.

En forma de canción, Escalona plasmó el temor de más de un padre, preocupado por el futuro amoroso de su hija.

El problema no está en aislar a la doncella, sino en trabajar decididamente para que ella adopte posturas de autocuidado y responsabilidad que le permitan tomar decisiones separadas de la carga hormonal, social y afectiva, que estos primeros noviazgos traen.

Con razón, el “intelectual del vallenato”, se hizo maestro, contando pedazos de vida, en este caso como padre, teniendo en cuenta su preocupación.

Paz en su tumba al irremplazable Escalona.

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

Futurizando…

Martín Buber

Yo creo que la vida es un lienzo en blanco donde voy pintando mi obra maestra, dado que cada uno de nosotros, es el artífice de su propia vida.

 

Entonces, la pregunta que surge, a la manera de un escritor que enfrenta una hoja en blanco… es simple y profunda: ¿Qué quiero para mi vida? ¿Qué voy a escribir allí? ¿Con qué pinceles y colores voy a darle brillo y arte a cada elemento de mi existencia?

 

La respuesta no es fácil, máxime cuando quienes nos acompañan en el proceso, también se están construyendo como personas; me refiero a los padres y maestros. Ya que sabemos que el ser humano está en constante construcción… se hace y rehace todo el tiempo y se cuestiona en forma permanente sobre el futuro en su devenir.

 

Nos preguntamos con frecuencia para qué vinimos a la tierra y cuál es nuestra misión. Y por más que intentamos responder, nos quedamos cortos, gracias a la incertidumbre.

Así, lo primero que salta en nuestro auxilio, es la expresión llena de fe y esperanza que surge desde el interior: ¡Yo quiero ser feliz!

 

Pero. ¿Qué es ser feliz, en un mundo cercado por la depresión y la desesperanza?

 

Gracias a que habitamos un universo, que además de cosas buenas, también está lleno de injusticias y maldad, donde además, nos han vendido la idea, que felicidad es sinónimo de dinero y placer, debido al poder económico. Entonces me pregunto: ¿Cómo quiero vivir? Si estoy obsesionado por la competencia, en muchos casos, en contra de mi mismo.

 

Me declaro organizador de mi propio universo cuando decido construirlo en compañía de mis semejantes, comprendiendo sus diferencias fundamentales, sin obligarlos a pensar como yo.  Amando la otredad, en una danza maravillosa, al crecer en la relación YO-TU, al estilo de Martín Buber.

 

Me obligo a ser más persona cuando descubro que estoy acompañado y que sólo en comunidad es posible elaborar un proyecto de vida.

 

De esta forma, cuando me doy cuenta que no estoy solo, aparece al menos una opción posible:… mi proyecto de vida comienza y termina con el otro, con la comunidad, con la sociedad que me necesita como miembro activo y que puedo elegir una actividad que me realice desde el servicio.

 

Futurizando…el ser parte integrante de la comunidad… me pregunto: ¿Cuál es mi papel?

Arquitecto de futuros…

maestro2Yo creo que los maestros y profesores somos arquitectos de futuros.

Hace muchos años atrás, cuando estaba muy joven, en un programa de televisión, tuve la oportundidad maravillosa, de disfrutar un concurso, donde los participantes jugaban con las palabras, a partir de la letra inicial y una definición como pista. Con la letra A, decía el presentador: “profesional encargado de elaborar planos de casas y edificios, con buen gusto y armonía”. La respuesta por supuesto Arquitecto.

Me quedé pensando desde esa época y concluí, que los maestros somos arquitectos de futuros. Y con cuanta responsabildiad estamos ayudando en la construcción, de un estilo de vida, de un proyecto de persona, de un tipo de ciudadano para el mundo.

Y creo que la persona misma del maestro, es la que educa, con su ejemplo y testimonio de vida. Nada tan peligroso como un maestro, quien pretende estar al frente de un salón de clase, sin haberse trabajando antes, sin conocer sus límites o posibilidades, sin confrontar sus carencias o riquezas.

En otra ocasión más reciente, en una conferencia que dictó en Medellín, Colombia, Luis Espinoza Chamalú , le pregunté sobre la manera de seleccionar profesores para un centro educativo. La respuesta fue simple, profunda y contundente… el principal requisito para recibir docentes, dijo, es que sean felices.

Yo creo que el autoconocimiento, es el primer paso para optar el título de maestro; los conocimientos científicos vienen por añadidura, luego de una rigurosa investigación… y el propio autodescubrimiento llega, gracias a la cotidiana actividad, de preguntarse sobre sí mismo.

Donde menos se espera…

Yo creo que nuestra percepción falla cuando nos dejamos llevar por una primera impresión. “Donde menos se espera salta la liebre”… decían con frecuencia nuestros ancestros y esta expresión popular, cada día tiene más vigencia, cuando se trata de emitir un juicio o una opinión sobre alguien.

Lo maravilloso de un ser humano es su humanidad. Y esta merece todo nuestro respeto en relación con su persona y más aún cuando a primera vista o por comentarios, formamos un concepto a priori de las personas.

Este es el caso de Susan Boyle y el famoso concurso cazatalentos ingles: ¡Cero y van dos! 

Aproximaciones a la muerte…

Yo creo que es bueno conocer la muerte, para vivir la vida.

Pues creo, que para comprender la muerte, es importante verla como una situación límite, que puede provocar cambios radicales en la perspectiva de la vida.

La conciencia de la muerte nos hace vivir en el presente y como dicen los estoicos, es necesario contemplar la muerte si queremos aprender a vivir.

Y frente a la pregunta: ¿Qué es la muerte?, podríamos aproximarnos tentativamente a la respuesta, tomando en principio, como referencia, los conceptos de algunos filósofos.

Por ejemplo en palabras de Kierkegaard, la muerte es una fuente de angustias creadoras y la vida es la posibilidad de las posibilidades.

Dicho así, ya tenemos mucho de donde tomar… al entender la muerte como propiciadora de creatividad y la vida como el plano para el ejercicio de dicha creatividad.

Y Heidegger, jugando con las palabras sostiene, talvez como una respuesta a  Kierkegaard, que la muerte es la “imposibilidad de las ulteriores posibilidades”; Es decir, que cuando nos morimos, ya no va más, “game-over”, como aparece en los juegos de video.
 
De otro lado Fernando Savater, ve la muerte como la máxima reductora de la ética. Y esto nos lleva a preguntarnos ¿qué sucede con aquellos quienes frente a la inminencia de la misma, actúan en forma inmoral e irresponsable?

Y José Saramago en su texto: Las intermitencias de la muerte, (2006) se pregunta: ¿qué pasaría si la muerte declarara un cese de actividades?

Surgen muchas preguntas para nosotros:

¿Qué sucede cuando morimos?

¿Existe alguna forma de prepararnos para morir?

¿Se puede ayudar a una persona a morir?

¿Es posible ayudar al espíritu del recién fallecido?

¿Por qué se dan y cómo asumir la muerte de niños y de jóvenes?

¿Cómo entender las diferencias espirituales entre muertes violentas, suicidios y muerte natural?

¿La muerte duele?

¿Es bueno estar dopado, para no sentir dolor en el momento de morir?

¿A dónde va la gente que muere?

¿Qué actitud se debe tener con respecto a quien se murió?

¿Se debe hacer algún tipo de “limpieza” de la ropa y objetos de uso personal del difunto?

¿Se debe conservar fotos del fallecido?

¿Se puede o no, tocar un cadáver?

¿Cuánto tiempo se debe esperar para sepultar un cadáver?

¿Es recomendable la cremación?

¿Es recomendable la donación de órganos?

¿Es importante rezar?

¿Es prudente hacer “pedidos” al fallecido?

¿Es bueno visitar cementerios y salas de velación?

¿Cuánto tiempo se tarda habitualmente para que el espíritu del fallecido alcance los planos superiores de la conciencia?

¿Hay vida después de la muerte?

En fin, este tema exige muchas aproximaciones y espera muchas respuestas desde la tanatología.

La importancia del silencio

woman-2915271_960_720Yo creo que el silencio es muy importante. Además lo considero obligatorio para meditar. Lo difícil es, vencer el parloteo mental. Eliminar, por así decirlo, esos pensamientos parásitos que nos rondan cada vez que intentamos encontrarnos en el silencio.

En una cultura como la nuestra, donde no hay espacio para el vacío, le tenemos miedo al silencio; entonces la soledad del habitáculo que llamamos hogar, léase un pequeño apartamento, se llena de fantasmas acuciantes y encendemos la radio y la televisión y conectamos el computador y hasta el dispositivo de música y todo aquello que haga ruido, para no sentirnos tan solos y evitar el encuentro con nosotros mismos.

Le tenemos miedo al silencio porque nos conecta con nuestra interioridad. El silencio nos obliga a reflexionar, a escuchar lo que no queremos oír, a confrontarnos con nuestros propios fantasmas o como diría Jung, con nuestra sombra.

En el silencio podemos ser creativos gracias al vacío fértil. Sin embargo nos recuerda la muerte como significación del silencio absoluto.

Y qué angustia no escuchar nada. No sentir que a nuestro alrededor, se mueve el alboroto de los semejantes.

El silencio también nos permite escuchar la naturaleza de las cosas y de la vida, por ejemplo en un día de campo.

Y finalmente nos ayuda a escuchar la palabra del otro cuando tiene algo para compartir. Pues, hacer silencio es un acto de respeto y un ejercicio valiente cuando se trata de controlarnos, para no soltar la ira acumulada o la opinión inoportuna e impertinente.

Y es un acto terapéutico porque sana al escuchado, quien se siente acogido.

En definitiva, el silencio es importante, porque nos ayuda a examinar y comprender nuestros sentimientos, para crecer en sabiduría.