Cuando lo importante es encontrar el propósito.

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Yo creo que a veces nos sentimos perdidos cuando no encontramos el propósito que le de sentido a nuestras vidas. Entonces nos preguntamos: ¿para qué nacimos? ¿Qué sentido tiene mi vida?

Momentos de oscuridad intensa acechan la esperanza de vida. Nubarrones oscuros se ciernen sobre nuestra existencia, cortando cualquier espacio para la luz. Sin embargo, una palabra amiga, una lectura juiciosa o la mirada atenta de la realidad que nos circunda, se convierten en procesos terapéuticos que nos permiten darnos cuenta y hacernos cargo y la iluminación, inunda todo con un nuevo aliento, y entonces se ve clara la razón de ser y esto le da sentido al para qué estamos en la tierra. Continuar leyendo

¿Quién soy…para juzgar?

audience-1866738_960_720Yo creo que juzgar es muy fácil; lo difícil es ponerse en el lugar del otro…cuando se juzga.
Desde niños hemos sido receptores de juicios. El entorno se obsesiona calificando nuestro comportamiento. Crecemos en medio de críticas y dedicamos gran parte del tiempo a hacer lo mismo con los demás. Esto nos convierte en unos jueces implacables del quehacer del prójimo y al mismo tiempo, queremos estar eximidos de la evaluación que nos hacen los demás. Continuar leyendo

Comunic…arte

workplace-1245776_960_720Yo creo que la comunicación es un arte.
Y la certeza proviene de la experiencia cotidiana, cuando al momento de comunicarme, encuentro situaciones tan diversas, como las maneras individuales que cada uno tiene de interpretar lo que digo. Continuar leyendo

Cuando se aproxima el fin.

time-3038213_960_720Yo creo que tenemos dificultades para cerrar ciclos. Y debemos reconocer que hay procesos inconclusos que, al quedarse así, impiden una correcta elaboración del duelo.

Los ciclos sin cerrar van y vuelven indefinidamente, pidiendo a gritos su conclusión.

Y descubro que lo que nos impide cerrar un ciclo, es el miedo al desenlace que sospechamos; así como en otros momentos, tiene que ver con la necesidad de permanecer atados a aquello que realmente no queremos cerrar, porque en el fondo, nos conviene tener motivos de queja, para poder pasar por víctimas o victimarios.

También hay ciclos que no se cierran, debido a la falta de trabajo sobre el orgullo y el obligatorio desarrollo de la humildad, condiciones necesarias para lograr la aceptación y el reconocimiento de los factores causantes de la parálisis, en la resolución de temas pendientes.

Al revisar asuntos inconclusos, me percato del miedo a enfrentar el encuentro conmigo mismo, debido al dolor en el ego que se produce, al mirarse así mismo.

Le tenemos miedo a lo que no entendemos. Rechazamos todo lo que se sale de nuestro control y atacamos cualquier cosa que nos saque de la zona de confort y de las supuestas seguridades con las que nos rodeamos.

Miremos por ejemplo cómo nos da terror, enfrentar el tema de cerrar el ciclo laboral, con todas las implicaciones que ello trae a nivel económico y de reconocimiento social. Postergamos, hasta el límite de lo posible, hablar de jubilación, porque lo relacionamos con la muerte de nuestra propia utilidad.

Jubilarse tiene que ver con la palabra júbilo o alegría de terminar un trabajo que desarrollamos en buena parte de nuestra vida. Sin embargo, si la valía y el orgullo personal dependían de esa labor, se hace muy difícil separar la actividad, de la identidad. Me refiero por ejemplo a aquel que, ejerciendo una profesión u oficio a lo largo de los años, ahora debe darle paso a las nuevas generaciones de profesionales y trabajadores, quienes incluso están mejor preparados que él, al tiempo que debe reconocer que, sus habilidades y conocimientos no son los mismos que lo hicieran competente en el pasado.

No se cierra el ciclo cuando sigo pensando y opinando en pasado… duelo sin elaborar como el de aquel, que comienza sus frases diciendo “cuando yo trabajaba en…” nostalgia característica de quien no ha soltado su identidad pasada.

Yo creo que es importante hacer un proceso terapéutico de pre-jubilación, para aprender a cerrar ciclos laborales y como una preparación obligatoria para entender cuando se aproxima el fin y de esta forma, exorcizar incluso otros temores a cerrar ciclos vitales, como los de la paternidad, en el “síndrome del nido vacío” o como los asociados con la pareja, ya por muerte natural o emocional de la misma, temas de los que hablaremos en futuras publicaciones.

 

 

 

 

Tu no eres mi felicidad

couple-2180533_1280Yo creo que es un error depositar en los demás, las razones de la felicidad. Pretender que nuestra felicidad se debe a la presencia de ese otro, sería como decir que: si “tu faltas”, mi felicidad se acaba; o no pude disfrutar del concierto de ayer, porque tú no estabas… o mi vida no tiene sentido porque tú no estás…aunque suenen románticas dichas expresiones.
Yo creo que tú no eres mi felicidad. Eres el objeto en el cual he depositado mi búsqueda de felicidad, como un espejo.
Más bien diría: -Yo me permito ser feliz a través de ti.Contigo o sin ti, la felicidad es mi conquista personal, propia, individual y no puedo responsabilizarte por mi infelicidad. En otras palabras, es un proceso subjetivo, donde cada quien, debe trabajar en lo suyo como, por ejemplo, la diferencia entre el Yo y el Ego.
El Yo ama al otro, como es, no pretende cambiarlo, respeta lo que es y permite la libre expresión de ese otro ser, sin sentir miedo. En tanto el Ego como su nombre lo dice, busca dominar y controlar al otro para su propio beneficio, limitando sus expresiones y obligándolo a actuar conforme a un libreto egoísta, que está cargado de miedo al abandono.
Amar es permitir que el otro sea, con otras palabras: dejarlo libre…para que, si el otro encuentra su felicidad en un lugar diferente, entonces como consecuencia de ese verdadero amor, permita su vuelo.
Pero como tenemos miedo a la soledad y al abandono, consideramos al otro como una posesión valiosa, entonces los celos se apoderan de nosotros y en cualquier lugar vemos enemigos codiciosos de lo que “yo tengo”. Lo protegemos a capa y espada, marcamos territorio y como animales en celo atacamos hasta la sombra.
Y creemos que la felicidad es el otro…cuando decimos: ”soy muy feliz porque te tengo”. Esta es una frase muy peligrosa…cuando la miramos con cuidado. Pues el otro, no se tiene…no es una posesión. -“Usted es mía”, diría el inseguro…sin contar con el deseo del otro, que bien podría respondernos…-Yo no soy suya…yo más bien… ¡me le presto a raticos!-.
Entonces yo creo que la felicidad soy yo…y que me siento muy agradecido, si tú decides acompañarme y permites que te acompañe durante un buen rato en este camino, mientras construimos nuestros respectivos proyectos de felicidad, sin posesiones, sin dominaciones… pero eso sí, con generosos préstamos.