Renacer, celebrar y agradecer.

Juan Carlos Posada Mejía Isla Saona  Mano JuanYo creo que esta semana fui plenamente consciente del hecho de estar vivo.

Exactamente por esta época hace un año, comenzaron a preocuparme los síntomas de lo que aún no sabía, era un linfoma.

Diciembre se convirtió en un mes plagado de angustia e incertidumbre, pues todos los que me conocían y observaban la lesión en mi cuello, decían con tono de preocupación que era importante hacerme valorar por un médico especialista.

Recuerdo que había programado con mi esposa unas vacaciones en la playa, las que luego del diagnóstico certificado, tuve que “postergar” frente a la duda que ofrecía el futuro.

Entonces la nostalgia por la vida se hizo más poderosa, aunque la esperanza de sobrevivir siempre estuvo presente soñando con celebrar, en algún momento, frente al mar.

Casi un año después, pasada la quimioterapia y la radioterapia, los médicos especialistas, me dieron de alta, sumando a mi felicidad el permiso de recibir sol, por supuesto, siguiendo los protocolos y los cuidados pertinentes.

Sin pensarlo dos veces compré un paquete turístico para estar en contacto con el mar y durante cinco días disfrutar de la magnificencia de la vida inconsciente, representada en el océano.

Juan Carlos Posada Mejía Republica Dominicana (2)El mar caribe tiene la magia y el encanto de los siete tonos aguamarina. Así como la inmensidad de lo profundo, como es el misterio de la vida y de la muerte.

Pasé varias horas frente a él y fui consciente de que estaba vivo, aunque debo reconocerlo parecía un sueño, porque no sabía si me encontraba en el paraíso terrenal o celestial y porque llegué a confundirme por tanta dicha acumulada.

En compañía de mi esposa, dimos gracias a la vida. Al mismo tiempo que disfrutamos de cada instante como si fuera la última vez.

Tanto en el amanecer o como en su atardecer el mar representa el enigma de la resurrección. 

Al mismo tiempo, el mar permite cargar energías y sobre todo limpiar el alma de las impurezas de la mente.

Estoy feliz y agradecido porque fue un año de múltiples aprendizajes y sobre todo de valoración. En virtud de que sólo comencé a dimensionar lo que “tenía”, cuando lo vi amenazado por su posible desaparición.

Lo más significativo de este viaje de vacaciones, fue el reencuentro conmigo mismo y con el sagrado arte de vivir. Y con la certeza de la muerte, con la que he pactado una tregua, mientras termino todos los encargos pendientes.

En este paso temporal, en tanto tramito las tareas y asuntos por resolver, y siga vivo en esta vibración, yo creo que será buen momento para renacer, celebrar y agradecer… los regalos de la vida.

 

1 comment

  1. Claudia Elena Gómez   •  

    Gracias Juan por compartir tu proceso.
    En este momento estoy acompañando a mi padre también a sobrellevar algo parecido. Y leerte hace pensar diferente y estar centrada
    ************************
    Sabias palabras, mi apreciada Claudia Elena, pensar diferente y estar centrada. Juan

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