Si tuviera tres semanas de vida…

baby-1399332_960_720Yo creo que, si tuviera tres semanas de vida, las viviría de manera muy diferente, al estilo de vida que he llevado hasta el momento.

Esta semana, en mi ciudad, en una calle que conocemos como la Loma de los González, ocurrió un accidente fatal. El video que circuló en redes sociales ofrecía una escena impresionante, pues mostraba como un camión, en loca carrera, a consecuencia de fallas mecánicas, arrasaba con todo lo que encontraba a su paso.

Quedé muy impresionado y reflexivo, en torno a la pregunta sobre la vida y la muerte.

Pensé…no es lo mismo cuando el médico te avisa, luego de revisar tus exámenes de laboratorio, que tienes poco tiempo de vida, comparado con la persona que muere de repente…gozando de buena salud.

Jugando con la imaginación, me sitúo en ese momento trascendental de la entrevista con el galeno, quien me dice con voz triste pero profesional, que solo tengo tres semanas de vida.

Toda mi existencia pasa frente a mi en cuestión de segundos y con profunda tristeza y melancolía, reconozco la verdad de mi sentencia. Me digo, -voy a morir y no se que hacer con este tiempo que me queda-.

Pasado el impacto inicial, me doy cuenta de que tengo infinitas ganas de hacer aquello que no hice durante toda mi vida.

Me pregunto: si yo tuviera tiempo y recursos ilimitados, ¿qué haría?

Seguramente, viajaría a los lugares que siempre soñé y que de una forma u otra pospuse, esperando un mañana que nunca llegó.

Probablemente, pasaría más tiempo de calidad con mis seres queridos; debido a que como los consideraba eternos, desde un pensamiento mágico infantil, creía que no íbamos a faltar, y en consecuencia actué muy confiado, dejando para después, el beso y el abrazo que pude dar en su momento.

Con certeza pediría perdón por mis faltas y errores cometidos.

Trabajaría sin necesidad económica. Lo haría por vocación y para sentirme útil y productivo, recibiendo una remuneración generosa, que facilita mi subsistencia para de esta forma seguir prestando servicio.

Tendría las conversaciones difíciles que, como un experto escapista, evadí muchas veces.

Entonces despierto de mi pesadilla imaginaria y me centro en el aquí y ahora, en donde todavía estoy vivo y saludable y me doy cuenta de la importancia de vivir conscientemente.

Así descubro que este juego de la fantasía de la muerte me ha servido para elaborar un nuevo y mejorado proyecto de vida con sentido existencial.

Desde la serenidad reflexiono y hago un inventario de las actividades diarias, laborales y personales que tienen mayor valor para mí.

Con más detalle emocional, identifico cuáles son las relaciones más importantes de mi vida.

Sin falsos orgullos, describo y reconozco mis contribuciones más significativas a nivel laboral y profesional.

Identifico y defino, desde la pasión, los tipos de labores que me gusta hacer.

Me enfoco de verdad, en las tareas a las que quiero dedicarle más tiempo y energía.

Me propongo visitar con frecuencia a esas personas que tienen mayor influencia positiva en mí, porque reconozco que son seres excepcionales que tienen mucho para enseñarme.

Reconozco con humildad, aspectos de mi conducta y personalidad donde me siento más vulnerable, buscando fortalecer, cambiar y mejorar.

Y asumo con responsabilidad el encargo de influir beneficiosamente en las personas con quien tengo contacto.

Yo creo que, al final de mi existencia terrena, quisiera ser recordado como una persona respetuosa del proceso vital de los demás y como alguien que vivió intensamente cada minuto de su recorrido, pues tengo la certeza de que debo transitarlo, como si tuviera sólo tres semanas de vida.

1 comment

  1. Beatriz Rojas   •  

    Buenos días, me gustó mucho el artículo, realmente nos pone a pensar en nuestra vida actual; pero desafortunadamente uno quisiera vivir al máximo día a día lo que mas anhela pero la situación real es bien diferente; sueños, anhelos, esperanzas se quedan rezagadas esperanzadas y nada más, a veces por factor tiempo, dinero, personas , ect….
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    Somos los arquitectos de nuestras propias realidades. Depende de ti y a pesar de ti. Juan

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