Somos la memoria

Yo creo que somos la memoria. Y esa afirmación surge de la certeza de la importancia capital de la memoria en nuestras alegrías y sufrimientos. Se sufre en la medida del recuerdo de aquellos eventos tristes o estresantes que como lentes avizores, nos informan de la cercanía de otro suceso parecido. Entonces la memoria se convierte en un mecanismo de defensa.

Somos la memoria presente en nuestros aprendizajes. No al azar, al escoger una profesión u oficio, nos valemos del recuerdo para poder enfrentar los desafíos ocupaciones que nos trae el día a día. En situaciones tan sencillas como cocinar, una buena dosis de memoria se hace obligatoria, para calcular la cantidad de agua que lleva la preparación de un exquisito plato.

La memoria nos permite socializar y compartir. En una amena conversación con otros, cuando se trata de recordar los momentos más significativos del último paseo que hicimos en familia, las fotos ayudan a la evocación.

Y qué decir de la memoria que nos permite ubicar la forma de regresar a casa, luego de un día de trabajo.

Con la muerte de Gabriel García Márquez, el premio Nobel de literatura, nos quedó la reflexión nostálgica y terrible de que somos la memoria. Al morir, nos queda presente su memoria, viva en cada texto que concibió desde su realismo mágico. Sin embargo, la vida misma le jugó una mala pasada, pues de manera irónica, como un personaje de novela, la memoria se fue ausentado de su prodigioso cerebro, dado que al final de sus días, padeció de una muerte adelantada, debido a que en sus últimos cuatro años, su memoria ya no era la misma. Entonces nuestro “Gabo” había desaparecido.

Yo creo que cuando una persona pierde la memoria, todos y ella misma, somos extraños. Diría que es lo mismo que estar frente a un muerto-viviente. Ya no es posible reconocer al otro, quien durante tanto tiempo fue compañero de caminos, cuitas y conversaciones, pues cada acto cotidiano, parece nuevo y diferente.

Yo creo que si se va la memoria, se va la persona. Ese ser maravilloso que fuimos construyendo a partir de recuerdos, vivencias y experiencias. Ahora sin memoria, no soy nada, ni nadie. Me percibo como un extraño, principalmente para los demás.

De todas maneras esto tiene una maravillosa recompensa…sin memoria, yo creo que tampoco hay sufrimiento, para la persona amnésica, pero si, para quienes le acompañamos, mientras elaboramos duelo, por su muerte anticipada.

4 comments

  1. Blanca Villegas   •  

    ¡Excelente artículo!, gracias Dr. Juan Carlos por tu tiempo y dedicación al escribir.

    Afectuoso saludo,

    Blanca Villegas J.

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    Muchas gracias Blanquita por tu motivación y voz de aliento. Ahora que estoy retomando la escritura. Juan

    • Juan Carlos Posada Mejía Juan Carlos Posada Mejía   •     Autor

      Muchas gracias Blanquita por tu motivación y voz de aliento. Ahora que estoy retomando la escritura. Juan

  2. alejandra vargas   •  

    Es un verdadero orgullo tener a un profesor como lo es usted, MAESTRO lo admiro mucho gracias por todo el conocimiento que nos aporta en cada clase.. mil y mil gracias Dios lo bendiga a usted y a todos sus seres queridos… un abrazo
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    Alejandra Muchas Gracias por tus palabras y tus bendiciones Juan

  3. Pedro Hernández   •  

    Saludos Sr. Juan

    Excelente,

    Muchas Gracias
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    Muchas gracias por su comentario. Juan

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